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Garicano: "Dejo la política, es el momento de volver a dar clases"
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ENTREVISTA CON EL DIPUTADO EUROPEO

Garicano: "Dejo la política, es el momento de volver a dar clases"

El economista de referencia de Ciudadanos deja la política. Volverá a la actividad académica, ahora en EEUU. Su salida es una más de las que se han producido en los últimos años tras emerger con fuerza después de la crisis de 2008

Foto: Luis Garicano. (Cedida)
Luis Garicano. (Cedida)

Luis Garicano (Valladolid, 1967) está a punto de quemar una etapa fundamental de su vida: deja la política y se marcha a dar clases a EEUU. Alcanzó la popularidad en noviembre de 2008, en medio de la crisis financiera, cuando tras una visita a la London School Economics (LSE), donde daba clases, la reina de Inglaterra, que había ido a inaugurar unas instalaciones, le preguntó que si la economía mundial tenía tantos desequilibrios, por qué nadie lo vio venir. Se desconoce si convenció a Isabel II, pero lo que está claro es que desde entonces ha vivido los años más convulsos para un académico acostumbrado a leer ‘papers’ y a contribuir al conocimiento económico. Su caso es otro más de las dificultades de la política española para integrar a personalidades ajenas al funcionamiento de los partidos políticos.

PREGUNTA. ¿Por qué abandona la política y deja el Parlamento Europeo?

RESPUESTA. Mi vocación profesional ha sido siempre la universidad, donde he ejercido durante casi tres décadas. Siempre he pensado que estaría en la política de paso, que estaría unos años. He estado tres años en el Parlamento Europeo, y creo que es el momento de volver a mi actividad. Lo dejo. Eso no quiere decir que deje de pensar en las políticas públicas, en ideas. En cómo mejorar la educación, la formación… Pero no desde la política activa.

P. ¿De qué manera ha influido la actual debilidad de Ciudadanos en su decisión?

R. De ninguna manera, no ha sido la clave de mi decisión. Ciudadanos está intentando su refundación y yo les deseo toda la suerte del mundo, pero eso no tiene nada que ver con mi decisión. Se basa exclusivamente en que yo quiero continuar con mi vida académica y tengo la oportunidad de hacerlo en la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos.

Foto: La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE/Fernando Alvarado)

P. ¿Cómo ha vivido la crisis de Ciudadanos desde Estrasburgo?

R. La he vivido con cierta distancia, yo no entré en la ejecutiva tras el congreso de marzo de 2020 con la idea de concentrarme en el Parlamento Europeo. No he estado en la política interna del partido. Temas como los de Murcia, etc. los he sabido por la prensa a la vez que el resto de españoles.

"Ciudadanos está intentando su refundación y yo les deseo toda la suerte del mundo, pero eso no tiene nada que ver con mi decisión"

P. Son significativas las dificultades que tiene la política española para integrar a independientes, por ejemplo, su caso. Es más fácil ascender dentro del partido desde los 17 o 18 años.

R. Sí, los partidos tradicionales tienden mucho a la endogamia y a nutrirse de gente que ha hecho toda su carrera desde sus juventudes. Hay una diferencia entre lealtad y competencia, y los partidos tienden a elegir a gente que diga lo que se les pide, más que a gente que pueda pensar por su cuenta. Sería muy bueno que mucha gente pasara un tiempo por la política. Ese debe ser el modelo más deseable.

P. Significativo también que los dos partidos que surgieron de la crisis económica sean hoy los que estén a la baja. ¿Vuelve el bipartidismo?

R. Es verdad, algunas personas interpretan eso como el fin del periodo reformista y en mi opinión eso es erróneo. La sociedad española todavía necesita regeneración y reformas.

P. Si Ciudadanos desaparece, se confirman las dificultades para crear en España un espacio liberal y centrista.

R. Sí que existe ese espacio, como en todos los países. Creo que los cambios y las reformas tienen que venir desde el centro, no desde la polarización. Yo espero que sea un accidente histórico que este Gobierno se haya apoyado en los extremos. Siempre habrá espacios para que los cambios se hagan desde el centro, como ha sido lo habitual.

Foto: La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE/J.J.Guillén) Opinión

P. Eso es verdad, pero también lo es que Ciudadanos, durante un tiempo, contribuyó a esa polarización. Estoy pensando en la plaza de Colón...

R. En aquel momento, cuando Albert Rivera dijo que no negociaría con el PSOE, pedí a la ejecutiva que se reconsiderase esa decisión para pactar entre un partido liberal y otro socialdemócrata, pero esa posición perdió en la ejecutiva. Esa es la historia y no la podemos cambiar. Fue una tragedia para España.

P. Fíjese que todavía se recuerda la posibilidad de que PSOE y Ciudadanos hubieran sumado 180 diputados en el Parlamento… Ese fue el mayor error.

R. Sí, ese fue el error clave.

"Los cambios deben venir desde el centro. Espero que sea un accidente que este Gobierno se haya apoyado en los extremos"

P. ¿Qué va a hacer ahora fuera de la política activa?

R. Me voy a ir a EEUU, voy a dar clases en la Universidad de Columbia, en Nueva York, además de escribir un libro y pensar en las crisis a las que nos enfrentamos. Se habla de una policrisis. Creo que hay un par de crisis a corto plazo, que las sabemos, la guerra y la crisis energética, pero a medio plazo hay otras crisis como la alimentaria, y luego tenemos una crisis potencial en la zona euro. Y a largo plazo, la crisis climática, sobre la que los europeos somos cada vez más conscientes.

P. ¿Qué une a todas esas crisis, la globalización tal y como la hemos conocido? Ha habido muchos ganadores, pero también muchos perdedores.

R. Es verdad que la globalización no la hemos gestionado bien. Desde el punto de vista geopolítico, pensamos que era posible el cambio político a través del comercio. Es decir, la idea de que si abres las fronteras y empiezas a comerciar con China o con Rusia, la gente se hace más rica y pedirá democracia y derechos humanos, y al final, dicho entre comillas, se vuelven occidentales.

placeholder Foto: cedida.
Foto: cedida.

P. Fukuyama…

R. Esa era la idea de Fukuyama, del consenso de Washington… Y al final todos felices y comíamos perdices. ¿Qué pasa? Lo que hemos visto en China es que esto no ha sucedido así. De hecho, en la última década se está volviendo cada vez más represiva. Ni han aumentado los derechos de los trabajadores, ni se ha respetado la propiedad intelectual ni los derechos humanos. Cada vez se están desviando más de las reglas que aceptaron. Con Rusia es todavía peor. El país que mejor representó esta idea fue Alemania, tienen la expresión ‘Wandel durch Handel’, el cambio por el comercio, y construyeron una relación de dependencia energética enorme con Rusia pensando que eso evitaría la guerra, y al final lo que ha ocurrido es que Putin ha aprovechado esta dependencia mutua para chantajear a Alemania. En mi opinión, debemos ir hacia una globalización entre quienes respetan los derechos humanos, el Estado de derecho o el medio ambiente, y los que no. Hay que ir hacia una coalición amplia: Australia, Nueva Zelanda, Indonesia, Japón, Corea del Sur, parte de Latinoamérica, Europa, algunos países de África, EEUU y Canadá, en la que tengas a los países que quieren defensa, comercio o derechos humanos. Para el resto, habrá que tener un comportamiento diferente. Lo que no podemos es seguir dando la mano a quienes nos la quieren comer.

P. Desde el lado de la economía, es evidente que se ha ensanchado la desigualdad.

R. No hemos gestionado bien el reparto de la riqueza creada por la globalización, la clave era compensar a los perdedores, y no lo hicimos. Cuando Occidente admitió a China en la Organización Mundial de Comercio (OMC), se pensó en que habría más riqueza, y es cierto, pero no en repartirla. Nos olvidamos de redistribuirla.

"No hemos gestionado bien el reparto de la riqueza creada por la globalización, la clave era compensar a los perdedores, y no lo hicimos"

P. Disculpe la expresión, pero ¿no está siendo Europa, en esta guerra, el tonto útil? Al final, lo que se observa es una batalla entre EEUU y Rusia que ha cogido a Ucrania en medio. La célebre trampa de Tucídides.

R. Situaciones tan complejas como esta tienen muchas lecturas, pero yo hago una muy sencilla. Hay un pueblo que está siendo atacado con terror y con métodos medievales y que quiere defenderse. Y nuestra obligación es ayudarles a defenderse. La geopolítica de China o EEUU es la tercera o cuarta derivada. Los ucranianos tienen razón y a Europa le interesa que estas cosas no le salgan gratis a Putin.

P. Es curiosa la unanimidad que se ha creado en Europa alrededor de su política de seguridad. Pocas críticas, algo inusual en un continente tan complejo como el europeo.

R. Suecia y Finlandia están asustadas por Putin y España es la frontera sur. Está a las puertas de un continente que, como dice Borrell, es un jardín muy bien cuidado en medio de la selva. Todas nuestras fronteras son inestables. Y España es una de esas fronteras. Me alegro de que hayamos descubierto ese consenso, es positivo.

Foto: El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y la primera ministra sueca, Magdalena Andersson. (Reuters)

P. Pero es que a lo mejor es Europa, con sus políticas, y en ocasiones con su falta de políticas, quien más ha contribuido a que crezca esa selva de la que habla Borrell. Estoy pensando en el norte de África, se bombardeó Libia y Europa se retiró. También en Malí, mientras que Rusia y China sí que tienen una política.

R. Estoy muy de acuerdo. Si me pregunta sobre qué me ha parecido más negativo en estos años, la gran lacra es, sin duda, la política exterior por unanimidad, que nos deja este absurdo de ‘condenamos profundamente’, que ha generado hasta 'memes' en internet. La gente hasta se ríe. O se hace algo o es mejor callarse. La unanimidad en política exterior, a veces Chipre, a veces Malta, a veces Hungría, paraliza hacer algo más estratégico y eso lleva a que solo hacemos cosas inevitables porque de lo contrario nos vamos a pique. Nuestra única herramienta es el comercio, que estamos usando mejor, premiando a los países que respeten, por ejemplo, los derechos humanos.

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Foto: cedida.

P. No parece que la política de sanciones esté dando muy buenos resultados. Cada vez hay más países sancionados y muchas veces lo que sucede es que se refuerzan los regímenes autocráticos.

R. Yo diferenciaría las zanahorias, es decir, el sistema de preferencia generalizado, que tiene un impacto enorme, lo comprobé en un reciente viaje a Pakistán. El tema arancelario es potentísimo, y ahí Europa es una superpotencia. Otra cosa, es verdad, es que hay sanciones que son solo simbólicas y estoy de acuerdo en que se hacen para quedarnos tranquilos. Luego están las sanciones que se han impuesto a Rusia. Creo que le harán mucho daño a medio y largo plazo por su falta de tecnología para renovar el tejido productivo, pero mientras sigamos comprando petróleo y gas, lo que hace es que engorde el superávit por cuenta corriente de Rusia. El rublo está muy fuerte, y tanto la moneda ucraniana como el euro se están debilitando, aunque en este caso porque EEUU es más agresivo en la subida de tipos de interés.

"Hemos anunciado que dentro de seis meses dejaremos de comprar hidrocarburos, y eso ha elevado el precio. Ha sido la peor sanción posible"

P. Me llama la atención que Europa critique a Rusia por utilizar los hidrocarburos como arma de guerra, cuando es Bruselas quien lo ha inspirado. Ya se habla de sanciones bumerán.

R. Nosotros no deberíamos comprar gas y petróleo ruso para hacer daño a Putin, son 70.000 millones los que lleva ganados desde que comenzó la guerra. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué este efecto bumerán? Porque hemos anunciado que dentro de seis meses dejaremos de comprar hidrocarburos, y eso lo que ha hecho es elevar su precio. Y esta es la peor sanción posible, porque anunciamos que va a haber escasez en el futuro, con el resultado de que Putin sigue vendiendo lo que le da la gana pero a precios mucho más altos. Es un tiro en el pie.

P. ¿Cómo va a acabar esta guerra?

R. Es muy difícil saberlo. Yo creo que los europeos debemos dejar claro que no vamos a dejar a los ucranianos tirados en la cuneta. Son ellos quienes tienen que decir cómo debe acabar la guerra: son ellos los que sufren y los que reciben diariamente cientos de muertos.

Luis Garicano (Valladolid, 1967) está a punto de quemar una etapa fundamental de su vida: deja la política y se marcha a dar clases a EEUU. Alcanzó la popularidad en noviembre de 2008, en medio de la crisis financiera, cuando tras una visita a la London School Economics (LSE), donde daba clases, la reina de Inglaterra, que había ido a inaugurar unas instalaciones, le preguntó que si la economía mundial tenía tantos desequilibrios, por qué nadie lo vio venir. Se desconoce si convenció a Isabel II, pero lo que está claro es que desde entonces ha vivido los años más convulsos para un académico acostumbrado a leer ‘papers’ y a contribuir al conocimiento económico. Su caso es otro más de las dificultades de la política española para integrar a personalidades ajenas al funcionamiento de los partidos políticos.

Luis Garicano
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