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Una mano tendida y dos gasoductos: cómo Alemania se metió en la trampa del gas ruso
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Cuando Putin era un demócrata

Una mano tendida y dos gasoductos: cómo Alemania se metió en la trampa del gas ruso

Responsables son los actores políticos de las últimas décadas, tanto Merkel como los socialdemócratas de Scholz. Los Verdes afrontan ahora críticas por ceder a presiones de la industria

Foto: Putin y el excanciller alemán Schröder, en 2019. (Reuters)
Putin y el excanciller alemán Schröder, en 2019. (Reuters)
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Es el 8 de noviembre de 2011 y en la pequeña localidad de Lubmin, en el norte de Alemania, varios políticos posan satisfechos ante las cámaras para unas imágenes muy reveladoras. En el centro, delante de una enorme válvula circular colocada sobre un ducto, Angela Merkel y Dmitri Medvedev. Jocosos y sonrientes, la canciller alemana y el entonces presidente ruso giran la espita para indicar que ha llegado el momento: el primer tramo del gasoducto Nord Stream es una realidad y puede empezar a bombear cantidades ingentes de gas directamente desde Víborg en Rusia hasta Alemania, a través del mar Báltico, sin necesidad de atravesar Polonia o Ucrania.

Es un momento revelador, también, porque en la foto de familia de la puesta en marcha del Nord Stream 1 aparece otra figura clave de ese ambicioso proyecto energético: el excanciller Gerhard Schröder, predecesor y rival político de Merkel. La amistad y los negocios germano-rusos florecen, para solaz tanto de socialdemócratas como de conservadores. También con la venia de la Unión Europea, como demuestra la presencia del exjefe de Gobierno francés François Fillon y del primer ministro neerlandés, Mark Rutte —aún en el cargo—, así como la del entonces comisario europeo de Energía, Günther Oettinger.

Foto: El canciller alemán, Olaf Scholz, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters/Henry Nicholls)

Los protagonistas de esta historia, sin embargo, son los representantes de Alemania, porque la historia versa sobre la reconstrucción de un fiasco. Sobre la cadena de errores de cálculo y malas decisiones políticas que condujo a la actual fatídica dependencia germana del gas ruso, mientras las fuerzas de Vladímir Putin destruyen Ucrania.

Aunque hay dudas legítimas sobre si impulsar en ese 2011 las buenas relaciones con Moscú fue de verdad un error y sobre si Rusia ya pensaba entonces en jugar sucio, los acontecimientos posteriores ponen Alemania en la picota, porque la dependencia energética germana es hoy uno de los principales escollos para cerrar el grifo del gas a Putin.

Foto: 'Apagón'. (HBO)

Desde el comienzo de la invasión rusa el 24 de febrero, los países de la Unión Europea han transferido unos 19.000 millones de euros a las arcas del Kremlin como concepto de suministro de gas, según cálculos actualizados a diario del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio. La foto de Lubmin tiene bastante que ver con eso, ya que Alemania es el principal comprador europeo del hidrocarburo ruso.

Putin habla alemán y tiende la mano

La historia empieza en realidad mucho antes y, en todas sus ramificaciones —más complejas de desenredar—, puede remontarse incluso a la extinta República Democrática Alemana (RDA), que construyó los primeros gasoductos entre la actual Rusia y territorio alemán. Pero la parte de la historia que nos ocupa está relacionada innegablemente con Putin. Otra de sus fechas simbólicas es el 25 de septiembre de 2001. Un joven Putin, entonces apenas dos años en el poder, se convirtió ese día en el primer jefe de Estado ruso en pronunciar un discurso en el Bundestag, el Parlamento alemán.

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El viejo adversario geopolítico, que había trabajado como espía de la KGB en Dresde, cautivó a su público al hablar además en la lengua de Goethe en la Cámara. "Rusia es un país europeo con intenciones pacíficas", aseguró, grandilocuente, el líder ruso en su intervención. El Bundestag lo despidió con una ovación de pie. "Putin hizo una oferta para una nueva forma de cooperación entre Rusia y Europa", consideró en una reciente entrevista con el diario 'Die Welt' Friedrich Merz, entonces y hoy, de nuevo, líder de la oposición conservadora en el Parlamento.

Aunque hoy califica a Putin abiertamente de "criminal de guerra", Merz ha sugerido que no haber estrechado entonces de forma más calurosa la mano tendida del ruso fue un error. Otros observadores, en cambio, creen que no hubiese servido de mucho, porque atribuyen ya desde esa época una naturaleza taimada a Putin. El nuevo mandamás ruso había lanzado poco antes la brutal ofensiva militar contra los separatistas chechenos.

Foto: Zelenski, en el Parlamento alemán. (EFE/EPA/Clemens Bilan)

Dietmar Schumann, que trabajó durante años en Moscú como corresponsal de la televisión alemana, está convencido de que Putin fingía y asegura haber visto, durante una reunión personal con él en 2002, cómo el líder ruso perdía los estribos y sacaba la rabia escondida detrás de su "apariencia amigable". "Cuando le pregunté por qué además de luchar contra los terroristas en Chechenia hacía la guerra contra su propia gente, su rostro se desfiguró y gritó furioso. 'La pregunta es una insolencia. Todo el mundo sabe que los chechenos son un pueblo de delincuentes", cuenta Schumann que le espetó Putin.

Un futuro lobista y los ideales socialdemócratas

Quien sí aprovechó la oportunidad fue Schröder. El canciller socialdemócrata construyó en esos años una buena relación con Putin. El alemán, criticado por ciertas maneras de macho alfa ya durante su vida política activa, hizo tan buenas migas con el ruso que se metió con él a una sauna en Moscú, según aseguran medios germanos, y ambos llegaron a pasar juntos sus vacaciones y algún cumpleaños, además de celebrar en familia alguna Navidad ortodoxa.

En abril de 2005, meses antes de que el alemán dejase el cargo, Schröder y Putin sellaron finalmente el acuerdo para la construcción del gasoducto que Merkel inauguraría en Lubmin seis años más tarde. Los planes de construir el Nord Stream 1, anunciados por los dos mandatarios durante la Feria de Hanover, fueron bien recibidos en Alemania y Europa porque, en ese momento, parecían acercar Rusia por fin al proyecto comunitario.

Foto: Un coche pasando frente a un cartel electoral en Alemania. (Reuters)

Era, además, un nuevo logro para la vieja premisa del comercio como puente para evitar guerras, promovida sobre todo por la socialdemocracia germana después del exitoso acercamiento del excanciller Willy Brandt al bloque del este en los años de la Guerra Fría. "Recuerdo hasta ahora que la magnitud del proyecto me dejó sin habla", rememora el periodista Andrey Gurkov, de la emisora DW, uno de los asistentes al anuncio. "Esa era la manera correcta, me pareció entonces, de integrar económicamente la Rusia postsoviética en la Europa unida", escribió Gurkov recientemente.

Gurkov no fue el único, porque la premisa del 'cambio a través del comercio' ha sido casi una doctrina de Estado en Alemania hasta la declaración de guerra de Putin. "En principio, con el ataque de Rusia contra Ucrania se han evaporado 50 años de mi agenda política", admitió en una entrevista con la revista 'Der Spiegel' uno de los liberales más conocidos, Wolfgang Kubicki. El actual vicepresidente del FDP abogaba hasta hace muy poco por el diálogo con el Kremlin y criticó las sanciones contra Rusia tras la invasión de Crimea en 2014. Posiblemente el único político alemán que no se ha arrepentido en voz alta es Schröder, que tras dejar la cancillería pasó de inmediato a trabajar como lobista para energéticas rusas. El exjefe de Gobierno, en tanto 'persona non grata' en su partido, sigue cobrando aparentemente suculentas sumas de las arcas del Kremlin.

Los conservadores y su instinto para los negocios

Pero la integración de Rusia, desde luego, obedecía también a intereses económicos contantes y sonantes. Y en los próximos años, estos fueron adquiriendo mucha mayor relevancia que la diplomacia del diálogo. El gas ruso representa hasta hoy un suculento negocio para la industria alemana. Además de los socialdemócratas del SPD, lo entendió así también el principal partido de gobierno en Berlín durante los últimos 16 años: la CDU/CSU de Angela Merkel, que tomó las riendas de la cancillería en 2005.

Foto: El presidente ruso, Vladímir Putin, entrega flores a la entonces canciller alemana, Angela Merkel, durante su última reunión en Moscú. (EFE/EPA/Pool/Kremlin)

Los conservadores no solo recibieron con los brazos abiertos el Nord Stream 1, sino que impulsaron con entusiasmo la ampliación, a partir de 2013, a un segundo ducto, Nord Stream 2. Merkel mantuvo su apoyo al proyecto, muy criticado por los países de Europa del Este tras la invasión de Crimea, y dio incluso luz verde a su entrada en funcionamiento poco antes de dejar el cargo en diciembre de 2021, cuando ya resonaban los tambores de guerra de Putin. El apoyo de los socialdemócratas, eso sí, siempre estuvo garantizado. El antiguo ministro de Finanzas de Merkel y actual canciller, Olaf Scholz, calificó aún en enero el Nord Stream 2 como un proyecto meramente "económico", antes de que el cambio de era iniciado con la guerra de Ucrania lo forzase a suspenderlo.

Merkel se ha negado hasta ahora a dar explicaciones en público. En Alemania, aumentan las voces que le exigen un 'mea culpa' como el que han entonado algunos de sus compañeros de partido y también varios socialdemócratas, entre ellos el actual presidente federal y antiguo ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier. "Ella es responsable, como canciller, de esa política energética que nos ha colocado en esta dependencia energética de Rusia", criticó en una charla con corresponsales extranjeros Claudia Kemfert, del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW).

Buenos negocios a expensas de Ucrania

"Siempre lo criticamos y seguimos criticando lo ocurrido en los últimos 16 años", dice Kemfert. "Nosotros no entendimos nunca esa política. Nos hicimos muy dependientes de Rusia, a expensas de Ucrania. Y lo venimos criticando con claridad desde hace 10 años", asegura.

Foto: Olaf Scholz, canciller de Alemania. (Reuters)

Gurkov lo ve con algunos matices, pero también tiene un veredicto claro. "Si vemos hoy todos los pros y los contras, el primer tramo del Nord Stream [Nord Stream 1] no fue un error. La UE necesitaba ese corredor adicional, sobre todo teniendo en cuenta que el gas natural (...) debía garantizar la transición rápida a energías renovables en Europa occidental", apunta. El error, en cambio, fue el Nord Stream 2, porque su construcción obedecía claramente a los intereses geopolíticos de Putin, agrega. "Su objetivo principal no era ampliar las capacidades de transporte de gas, sino evitar pasar por Ucrania, para debilitar las finanzas y la política de seguridad de ese país", considera.

En un estudio recién publicado, el DIW se mete de lleno en la discusión actual y asegura que Alemania puede prescindir de inmediato del gas ruso, que cubría hasta el comienzo de la guerra de Ucrania el 55% de las necesidades energéticas germanas. En el país se libra desde hace semanas una batalla dialéctica cada vez más inflamada entre los que creen que la economía alemana puede aguantar las pérdidas derivadas de un embargo inmediato al gas ruso, y los que, por el contrario, temen un hundimiento económico si se aprueban las sanciones.

La excepción 'verde' y la presión de los empresarios

Kemfert es de las que están convencidas de que la fortaleza económica alemana puede afrontar el reto. Además, culpa a gigantes industriales como BASF y ThyssenKrupp no solo de haber fomentado la dependencia energética de Rusia en los últimos 17 años, sino también de estar ahora detrás del miedo del Gobierno a apoyar el embargo.

Foto: Foto: Reuters

"Lo que hace parte de la industria es irresponsable", señala. "Los políticos se han disculpado, han admitido sus errores, pero sigo esperando palabras de ese tipo de la industria, algo que me extraña y que me enfada", agrega. Además —dice—, "es muy preocupante que tomen como 'rehén' a toda la economía nacional y esbocen escenarios catastróficos en caso de que la industria química no reciba más gas ruso. Eso, en los hechos, no es verdad", asegura.

La experta energética no es la única con esas críticas, que en este caso alcanzan también a los Verdes, el único partido del actual tripartito de gobierno (socialdemócratas, verdes y liberales) que siempre tuvo una posición clara y que se opuso a la construcción de Nord Stream 2. Los ecologistas son ahora también los que más elogios reciben en Berlín por su gestión de la crisis con Rusia, por ejemplo por las palabras claras y resolutas de la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, y por los esfuerzos del titular de Economía, Robert Habeck, por encontrar pronto alternativas a las energías rusas.

Habeck, no obstante, se niega a apoyar las posibles sanciones europeas que corten el suministro de gas ruso. El economista Rüdiger Bachmann cree que eso se debe a que el Ministerio de Economía y Protección Medioambiental —la cartera de Habeck— escucha demasiado a los distintos representantes de la industria, y poco a expertos económicos. "Un grupo de lobistas de sindicatos y de asociaciones del sector industrial tiene a los políticos, sobre todo los del Ministerio de Economía, comiendo de su mano", criticó Bachmann recientemente en Twitter. Si tiene razón, tampoco los Verdes están haciendo ahora lo suficiente para sacar a Alemania de la trampa del gas ruso.

Es el 8 de noviembre de 2011 y en la pequeña localidad de Lubmin, en el norte de Alemania, varios políticos posan satisfechos ante las cámaras para unas imágenes muy reveladoras. En el centro, delante de una enorme válvula circular colocada sobre un ducto, Angela Merkel y Dmitri Medvedev. Jocosos y sonrientes, la canciller alemana y el entonces presidente ruso giran la espita para indicar que ha llegado el momento: el primer tramo del gasoducto Nord Stream es una realidad y puede empezar a bombear cantidades ingentes de gas directamente desde Víborg en Rusia hasta Alemania, a través del mar Báltico, sin necesidad de atravesar Polonia o Ucrania.

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