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Sánchez anuncia en Rabat la reapertura de la aduana con Melilla y que se creará otra en Ceuta
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Nueva etapa en la relación bilateral

Sánchez anuncia en Rabat la reapertura de la aduana con Melilla y que se creará otra en Ceuta

El punto más novedoso del comunicado es en el que ambos países se comprometen a "normalizar sus relaciones comerciales y de aduanas". Según Sánchez, significará la reapertura "gradual" de las fronteras

Foto: El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (d), se reúne con el rey Mohamed VI de Marruecos (i). (EFE/Mariscal)
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (d), se reúne con el rey Mohamed VI de Marruecos (i). (EFE/Mariscal)

España y Marruecos abrieron este jueves una nueva etapa en su relación bilateral. En un comunicado conjunto, y no en una carta como la del pasado 18 de marzo, ambos países se comprometieron a respetar 16 puntos que regirán el trato recíproco tras una de las mayores crisis diplomáticas de su historia. Contra todo pronóstico, la reunión entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el rey Mohamed VI acabó con una hoja de ruta para intensificar las relaciones a medio plazo y un compromiso en el corto: reabrir la aduana de Melilla y crear una en Ceuta.

[Pinche aquí para leer la declaración conjunta]

El incienso que perfumaba el lujoso salón del Palacio de los Huéspedes fue una metáfora del anuncio que llegaría pasadas las 11 de la noche en España: las dos viejas monarquías separadas por el Estrecho habían purgado sus rencillas del pasado y firmado la ‘pax’. Fuentes de Exteriores admitían que las discusiones sobre los asuntos de siempre seguirán, pero al menos, aseguraban, ahora hay un marco para arreglar las desavenencias.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su visita a Rabat. Fotografía: MAP.

España y Marruecos tendrán una vecindad “basada en los principios de transparencia, de diálogo permanente, de respeto mutuo y respeto e implementación de los compromisos y acuerdos suscritos por ambas partes”, reza el comunicado. Y, antes de que acabe el año, celebrarán una cumbre para discutir algunos de los aspectos que todavía colean. Será la primera desde junio de 2015, después de que se aplazase en numerosas ocasiones la de 2020.

Sánchez no ha celebrado nunca una reunión de alto nivel con Marruecos, y la de este jueves tampoco lo fue. Pero el acuerdo cambia el marco tras las durísimas tensiones de los últimos años. Desde ya, las delegaciones de ambos países trabajan con el horizonte de septiembre, con los ministros de Exteriores, José Manuel Albares y Naser Burita, al frente de los preparativos. Por debajo de ellos, se han constituido numerosos grupos de trabajo que se dan un plazo de tres meses para empezar a resolver asuntos concretos. De momento, ya hay algunos avances significativos.

Foto: Eduardo de Castro, presidente de Melilla. (Ciudad Autónoma de Melilla)

El más novedoso es que ambos países se comprometen a “normalizar las relaciones comerciales y de aduanas”. Según ha explicado Sánchez en una rueda de prensa posterior al encuentro bilateral, esto incluye la reapertura “gradual y ordenada” de las fronteras terrestres, cerradas para el tránsito de personas desde el 13 de marzo de 2020. Y afectará, lógicamente, al de mercancías. La aduana de Melilla, que fue clausurada por Rabat en 2018, podrá reabrir, mientras que Ceuta por fin dispondrá de una, como es vieja reivindicación en la ciudad autónoma.

Las caras en la delegación española, y muy especialmente del ministro Albares, mostraban la satisfacción del Gobierno por el acuerdo. Los adjetivos de histórico abundaban, e incluso el presidente del Ejecutivo quiso hacer un agradecimiento expreso a Mohamed VI: “Hemos encontrado una persona interesada en lograr un buen acuerdo”. Esta vez, fue el monarca el que dio el paso de invitar a Sánchez, pero la situación se desbloqueó por primera vez el pasado 18 de marzo, gracias a una polémica misiva enviada desde Moncloa que suponía un cambio histórico en la posición de España sobre el Sáhara.

Hoy, este es el enfoque que recogen los principales diarios oficialistas del país magrebí. “España considera la iniciativa de autonomía marroquí, presentada en 2007, como la base más seria, realista y creíble para resolver este diferendo”, dice la declaración, parafraseando la carta. Previamente, un comunicado de la Casa Real de Marruecos se congratulaba del logro en los mismos términos. Fuentes de Exteriores niegan que se trate de un cambio en la postura histórica de España y aseguran de que el nuevo ‘statu quo’ supone una gran oportunidad para resolver el conflicto. “Estamos dispuestos a sentarnos con el Frente Polisario si hace falta”, enfatizan.

Sánchez ha pasado de puntillas por el asunto en la rueda de prensa, en un día que comenzó con una durísima derrota parlamentaria infligida por sus propios socios de Gobierno. La censura del Congreso de los Diputados a la nueva posición española no fue tema de conversación en el encuentro entre el presidente y Mohamed VI, que se prolongó durante unos 40 minutos, la mayoría de ellos en idioma español, y finalizó con un té, “como si fuera una cena de amigos”, relatan fuentes conocedoras de la reunión. Tampoco se comentó en la cena que ofreció el monarca en su residencia privada y a la que, a diferencia de otras ocasiones, él mismo acudió, junto al príncipe heredero Mulay Hasan y la plana mayor del Gobierno marroquí. Ya lo dejó caer el propio Sánchez en el avión de camino a Rabat: "Lo que le importa a Mohamed VI es escuchar al presidente".

Las contraprestaciones por el Sáhara

Esta vez, el Ejecutivo ha conseguido algunos logros en contraprestación al giro sobre la colonia, en lo que Exteriores considera un punto de inflexión para la historia de las relaciones entre Marruecos y España. “Se abre un nuevo tiempo en la relación estratégica”, resumió el propio Sánchez. El reino alauita responde a la rectificación de España con una lista de compromisos, como hizo tras normalizar sus relaciones con Alemania. Sin embargo, muchos de ellos ya estaban en marcha antes de los movimientos de las últimas semanas.

Uno es la reapertura de fronteras, que ya se preveía para antes del 15 de junio, con el objetivo de garantizar el correcto desarrollo de la operación ‘paso del Estrecho’. También el avance de la cooperación en materia de migración, pues las repatriaciones ya se habían retomado desde el pasado 22 de marzo. O el restablecimiento de las conexiones marítimas —Marruecos era el gran interesado—, que desde hoy mismo ya están en funcionamiento. Por último, se retomará el grupo de trabajo sobre la delimitación de las aguas del Atlántico, aunque la declaración no hace ninguna referencia a la integridad territorial de España, que sí contenía la carta de Sánchez.

Sánchez viaja a Marruecos con la reprobación del Congreso respecto al Sáhara.

El presidente del Gobierno ha restado importancia a ese detalle y ha recordado que el acuerdo va a contribuir a “garantizar los intereses, la estabilidad y la integridad de nuestros países”, hasta tal punto que el documento prevé actualizar el Tratado de Buena Vecindad, vigente desde 1991. Y añade: “Los temas de interés común serán tratados con espíritu de confianza, a través de la concertación, sin recurrir a actos unilaterales o hechos consumados”.

Quizás esto último sea lo más importante. España tiene la garantía de Marruecos de que no enviará a miles de compatriotas hacia las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, como ocurrió la primavera pasada. El actual equipo de Exteriores respiraba aliviado en la noche templada de Rabat: mientras los trabajadores del Palacio de los Huéspedes rompían el ayuno y millones de espectadores marroquíes seguían la rueda de prensa en directo por televisión, la delegación española comparecía con la confianza de que nunca más tendrán que afrontar una crisis como aquella. Al menos, ahora el reino alauita ha empeñado por escrito su palabra.

España y Marruecos abrieron este jueves una nueva etapa en su relación bilateral. En un comunicado conjunto, y no en una carta como la del pasado 18 de marzo, ambos países se comprometieron a respetar 16 puntos que regirán el trato recíproco tras una de las mayores crisis diplomáticas de su historia. Contra todo pronóstico, la reunión entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el rey Mohamed VI acabó con una hoja de ruta para intensificar las relaciones a medio plazo y un compromiso en el corto: reabrir la aduana de Melilla y crear una en Ceuta.

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