La Ruta de la Ruina: el zarpazo de Mohamed VI a la España profunda
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La carretera A-66

La Ruta de la Ruina: el zarpazo de Mohamed VI a la España profunda

Muchos marroquíes bajaban todos los veranos por la Vía de la Plata durante la operación Paso del Estrecho. Pero la cancelación de los puertos españoles deja sus negocios al borde del colapso

placeholder Foto: La autovía de la Ruta de la Plata, una de las principales damnificadas por la cancelación de la operación Paso del Estrecho desde puertos españoles. (Alejandro Martínez Vélez)
La autovía de la Ruta de la Plata, una de las principales damnificadas por la cancelación de la operación Paso del Estrecho desde puertos españoles. (Alejandro Martínez Vélez)

La gasolinera de La Maya solía vender 150 sándwiches de atún con tomate un día normal de verano. Todas las semanas llegaban cajas y cajas de este producto, que se esfumaba en apenas unas horas cuando pasaban por allí los marroquíes rumbo a Algeciras. Pero este miércoles, sin embargo, en esta estación de servicio en la provincia de Salamanca no han conseguido vender ninguno. “Mira, hemos tenido que bajarlos a un euro porque queda poco para su fecha de caducidad”, explica Lorenzo Colomo, dueño del complejo comercial.

El pasado 6 de junio, el Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí anunció que la operación Paso del Estrecho este año no cruzaría los siete puertos españoles por donde transitó hasta 2019. Esta decisión afectará de forma considerable a la economía española, pues cada verano cientos de miles de familias marroquíes regaban de dinero los negocios locales por los que pasaban con sus coches hasta los topes. Marruecos insistió en que se trata de una medida epidemiológica, pero los damnificados de uno y de otro lado del Estrecho no tardaron en acordarse del reciente rifirrafe político entre ambos países.

placeholder Un puesto de venta de billetes de ferri para Algeciras que lleva cerrado dos años, en el norte de Extremadura.
Un puesto de venta de billetes de ferri para Algeciras que lleva cerrado dos años, en el norte de Extremadura.

“Las cosas no se han hecho bien diplomáticamente hablando, y se ha metido por medio gente que no tiene ni idea de lo que estaban haciendo”, dijo recientemente José Ignacio Landaluce, alcalde de Algeciras, en referencia a la acogida española del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, en un hospital de Logroño. Su comunidad portuaria ha calculado que las navieras y los negocios asociados perderán en torno a 500 millones de euros, sobre todo porque Algeciras es el principal punto por donde cruzaron muchos de los 3,34 millones marroquíes que participaron en la operación de 2019.

Pero los restaurantes de carretera y las gasolineras también sufrirán las represalias de Mohamed VI contra España. “Es una muy mala noticia para todos, es la puntilla de un año y medio malísimo”, explica Nacho Rabadán, director general de la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio. “Si en 2019 pasaron por España 740.000 vehículos, esperábamos que en 2021 fueran más, porque muchos marroquíes en Europa llevan dos años sin ver a sus familias”.

Es una muy mala noticia para todos, es la puntilla de un año y medio malísimo

Rabadán calcula que los marroquíes habrían gastado, por lo menos, 85 millones de euros en las carreteras españolas. Y una gran parte de ese dinero habría ido a parar a la autovía de la Ruta de la Plata (A-66).

La Ruta de la Plata (¿y de la ruina?)

En los últimos años, la A-66 ha ido ganando peso como vía preferida para miles de marroquíes para volver a su tierra durante el verano. Muchos de los que vienen desde Bélgica o Francia cruzan la frontera y repostan en Irún —donde el combustible es más barato que en Francia—, continúan hasta Burgos y, en vez de seguir por la A-1 para pasar por Madrid, se dirigen hacia Salamanca, donde eligen la A-66. Aunque tienen que recorrer más kilómetros para llegar al puerto de Algeciras y cruzar el Estrecho, las carreteras están más descongestionadas y no tienen que pagar peajes.

placeholder Lorenzo Colomo, dueño de la gasolinera La Maya, en Salamanca.
Lorenzo Colomo, dueño de la gasolinera La Maya, en Salamanca.

En Castilla y León, estiman unas pérdidas de 25 millones de euros por la cancelación de la operación Paso del Estrecho. Solo en Salamanca, esas cifras ascienden a nueve millones, y en Extremadura también se va a echar de menos a los vecinos del sur. Para muchos negocios de la zona, sobre todo los anexos a la A-66, la temporada de turismo no depende de los británicos, alemanes o chinos, sino de los marroquíes.

A unos pocos kilómetros de Salamanca, al lado de un complejo industrial de venta de jamones, hay un pequeño hotelito destartalado llamado Los Reales. La carta está tanto en árabe como en español —con algunos errores como 'paelha' y 'caramales'—. El local está cerrado y no parece que vaya a abrir pronto, pero en la azotea hay varias toallas colgadas. Tras llamar dos veces a la puerta, se asoma a la ventana una mujer marroquí de 45 años.

“Llevamos cerrados desde la pandemia, estamos esperando a ver si hay operación Paso del Estrecho o no”, cuenta Liseria. Ella confía en que se reactive en algún momento porque, junto a su marido y sus dos hijas, regenta este local dedicado exclusivamente a sus paisanos. “Nos suelen llamar cuando llegan a Burgos y nos ponemos a preparar un bufé para ellos, a veces vienen varios autobuses a la vez y algunos se quedan a dormir”.

Sin marroquíes, ni camiones ni abuelos

A menos de 15 kilómetros del bar de Liseria, en el Cruce de Arapiles, Inma se lamenta por el dinero que va a dejar de ingresar en sus dos restaurantes. “Que no vengan los marroquíes nos va a suponer una pérdida del 30% de facturación este verano”, cuenta desde el otro lado de la barra. Inma, como todos los entrevistados, describe un verano “ruinoso” que, sumado a la catástrofe económica de la pandemia, podría ser un mazazo definitivo para los establecimientos comerciales de esta carretera.

placeholder El bar marroquí cerrado desde la pandemia, uno de los principales afectados por la cancelación de la OPE.
El bar marroquí cerrado desde la pandemia, uno de los principales afectados por la cancelación de la OPE.

“Hay una falsa opinión de que los marroquíes solo vienen con el bocata, son sucios y no consumen. Pues hay algunos que sí y otros que no, igual que los españoles, pero en general gastan mucho”, continúa. Además, añade, dejan más dinero de lo habitual porque no piden menú, sino fuera de carta. “Vienen familias enteras que comen merluza, lubina, dorada o chuletillas de cordero”. Por si fuera poco, los miles de marroquíes que bajaban por la A-66 todos los años aprovechaban para hacer acopio de productos que, o bien llevaban a sus familias en Marruecos o, a la vuelta, se traían a sus casas en Europa. En las gasolineras han dejado de vender miel, con la que ganaban un generoso margen.

Unos pocos kilómetros después, María Jesús pasea por el jardín de su hotel, Cuatro Calzadas. Ella parece más tranquila pese a que la ausencia de los marroquíes supondrá un mordisco del 25% de su facturación veraniega. “En la comida eran más raritos, pero venían al hotel a dormir y ahí sí que sacábamos dinero”, matiza. Al contrario que la mayoría de los empresarios consultados, María Jesús confía en que el turismo español reactive la economía de la región.

"Somos los que vamos a pagar el pato de una represalia por esta persona del Frente Polisario"

Más pesimista es Lorenzo Colomo, porque si hay un sitio donde los marroquíes han parado siempre ha sido en La Maya, donde habilitaron otros baños para que se pudieran lavar los pies antes de rezar. “Si no se hubiera cancelado, todo ese descampado que veis allí estaría lleno de coches hasta las trancas de marroquíes”, explica Colomo a las puertas de su gasolinera. Él, como todos los empresarios de la zona, ve la situación con resignación. “Somos los que vamos a pagar el pato de una represalia política por esta persona del Frente Polisario”.

Colomo calcula que va a dejar de ingresar alrededor de 800.000 euros entre sus dos negocios, pero aún se aferra a una última esperanza: que los marroquíes decidan ir en el último momento a Portugal, después de que el país luso alcanzara un acuerdo ‘in extremis’ con Marruecos para abrir el puerto de Portimao, a 170 kilómetros de Huelva. “Si abren la ruta de Portugal, podrían salvar la carretera”, reitera Colomo, quien también es el presidente de la Federación Regional de Castilla y León de Asociaciones de Estaciones de Servicio.

"¿No crees que es una mala noticia?"

Misma tesis sostienen en la gasolinera de Aldeanueva del Camino, en el norte de Extremadura, donde hay un puesto para vender tiques del ferri de Algeciras que lleva dos años cerrado. Al lado hay una furgoneta sin ruedas traseras. Entre los trabajadores de esta estación de servicio hay un debate sobre si, en caso de ir a Portimao, los marroquíes seguirían conduciendo por la A-66 o se desviarían en Ciudad Rodrigo para tomar carreteras portuguesas.

placeholder El restaurante y hotel La Palmera, también llamado Los Reales, lleva cerrado año y medio porque no vienen marroquíes.
El restaurante y hotel La Palmera, también llamado Los Reales, lleva cerrado año y medio porque no vienen marroquíes.

"Yo les digo que no, que por aquí no hay peajes", explica el dependiente. “Hace dos años recuerdo pasar noches enteras trabajando, llegué a hacer 400 transacciones en una sola madrugada”, destaca. En algunos hoteles en Extremadura, no muy lejos de Aldeanueva del Camino, ya han tenido una bajada del 80% de las reservas.

De momento, pocos trabajadores se atreven a hacer una predicción para el verano tras el reciente anuncio de la vía portuguesa. Aunque se habilite Portimao, muchos marroquíes ya han hecho planes para volver a su tierra en avión o a través de los puertos de Sète (Francia) o Génova (Italia), por lo que es poco probable que en 2021 se vuelva a ver la tradicional estampa de 'caravanas' marroquíes al mismo nivel que en 2019.

Una consecuencia indirecta (y positiva) para muchos conductores españoles es que habrá menos atascos este verano. Pero como explicaba Inma, dueña de los dos restaurantes del Cruce de Arapiles, es absurdo alegrarse por ello. “Es como si en tu supermercado te pones contento porque ya nunca hay nadie y no hay cola”, concluye. “¿No crees que a la larga será una muy mala noticia?”.

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