Es noticia
Menú
Feijóo descarta a Vox como socio preferente y ofrecerá al PSOE que gobierne el más votado
  1. España
TRAS EL ACUERDO EN CASTILLA Y LEÓN

Feijóo descarta a Vox como socio preferente y ofrecerá al PSOE que gobierne el más votado

El PP cierra filas para justificar la coalición porque "no había más remedio", mientras los de Abascal celebran una victoria "histórica" en Castilla y León, sobre todo porque han logrado imponer sus pretensiones iniciales

Foto: El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. (EFE/Lavandeira jr)
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. (EFE/Lavandeira jr)

El PP ha cruzado una de las que, hasta ayer, para muchos era una línea roja al sellar su primera coalición de gobierno con Vox. El presidente en funciones de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, firmó un acuerdo de gobierno con el partido de Santiago Abascal para evitar una repetición electoral. La formación de ultraderecha llevó sus exigencias hasta el final y esta vez no se conformó con acuerdos programáticos. El pacto supone un antes y un después. El limbo en el que se encuentran los populares con la transición de Pablo Casado a Alberto Núñez Feijóo ha favorecido que haya un cierre de filas, incluso entre los que hasta hace apenas un mes renegaban de dar legitimidad a Vox. “No había más remedio” es la consigna general que se escucha entre presidentes regionales, diputados y cargos medios.

De hecho, algunos de los dirigentes que en los chats privados habían jaleado la dureza del discurso de Casado contra Abascal durante la moción de censura a Sánchez hoy bendecían al nuevo socio. El ala 'centrista' encaja el nuevo escenario desde el pragmatismo y quita hierro a la crítica de la izquierda por pactar contra la ultraderecha: “El PSOE no está para dar lecciones. Gobierna con Podemos y pacta con Bildu”.

Foto: El presidente en funciones de Castilla y Léon, Alfonso Fernández Mañueco (d); y el candidato de Vox, Juan García-Gallardo (i). EFE

En el equipo del presidente de la Xunta, ponen el foco en las declaraciones en las que este ha responsabilizado a los socialistas de no dejarles más opción que sumar con Vox al negarse a facilitar un Gobierno en Castilla y León con su abstención. El futuro líder del PP ya marcó desde ayer distancia con este acuerdo y, a futuro, según han confirmado a este diario desde el entorno del gallego, los de Abascal no serán un socio preferente. El programa que desplegará Feijóo a partir del congreso del 1 y 2 de abril irá destinado a romper la política de bloques y “devolver la centralidad política a España”.

Con esta premisa, uno de los acuerdos de Estado que el nuevo PP ofrecerá al PSOE será un compromiso para permitir que gobierne la lista más votada de cara a las próximas elecciones en Andalucía y las municipales y autonómicas de 2023. El discurso se centrará en la necesidad de acabar con los extremos y evitar la fragmentación cada vez mayor de los parlamentos. “Si estamos obligados a gobernar con Vox o Podemos, perdemos capacidad de negociar y se acaban imponiendo”, reflexiona un veterano del PP. En Andalucía, donde se celebrará la próxima cita electoral, marcan ya distancias con lo que ha pasado en Castilla y León: “Cada territorio es distinto”, sostienen. El propio presidente de la Junta, Juanma Moreno, salía al paso para evitar que lo sucedido con Alfonso Fernández Mañueco marque un precedente en el partido. "Castilla y León es Castilla y León, y Andalucía es Andalucía", suscribía.

Foto: El presidente de la Xunta de Galicia y candidato a la presidencia del PP, Alberto Núñez Feijóo. (EFE/David Fernández) Opinión

Sobre el papel, el mensaje aguanta, aunque incluso los que están codo con codo con Feijóo reconocen que con Pedro Sánchez al frente de los socialistas será difícil volver a los consensos del antiguo bipartidismo. El otro obstáculo para esta apuesta, que ya se barajó con Mariano Rajoy como presidente en 2014, está en los alcaldes. En mayo del próximo año hay municipales, y muchos temen verse en la tesitura de Mañueco. La mayoría, antes de perder un ayuntamiento, estaría dispuesta a sellar acuerdos con Vox. De ser así, Feijóo ya no podría achacarlo a la “etapa de Casado”, como ayer se escuchaba en los pasillos de Génova. Hasta ayer mismo, se justificaba que el gallego no tomaría decisiones hasta ser coronado y se insistía en que se había dado autonomía a Mañueco para desbloquear el Gobierno.

El argumento de parte de la nueva dirección resulta contradictorio, porque la intervención ante el Comité Ejecutivo Nacional de Casado después de las elecciones en Castilla y León fue especialmente dura con Vox, cerrando la puerta a llegar a pactos con el "populismo" radical. “Creo que siempre hay que anteponer la opción difícil a la cómoda y nuestros principios no sirven de nada si no nos atenemos a ellos en los momentos complejos…”, dijo entonces. Desde el PP europeo, también recibieron ayer como una “triste sorpresa” el acuerdo y su presidente, Donald Tusk, expresó su confianza en que "sea un accidente", y no la norma en España. Se da la circunstancia de que Tusk ha censurado el pacto con Vox al final de una reunión de líderes del PPE en París, en la que estaba presente Pablo Casado. El líder europeo ha defendido que su "colega", todavía presidente del PP, era una "garantía" para mantener al PP "en el centro derecha" y evitar los "flirteos con los radicales".

Foto: La portavoz del PP, Cuca Gamarra, en la sesión de control al Gobierno. (EFE/Emilio Naranjo)

El eurodiputado y presidente del comité organizador del congreso del PP, Esteban González Pons, también etiquetó a Vox de partido de ultraderecha desde la convicción de que hay que marcar las diferencias con el PP, que es un partido de centro derecha. La reflexión es compartida por otros cargos del partido para los que ha sido un error dejar que se cree la ficción de que Vox es lo mismo que los populares: “Nuestros votantes deben saber que ellos están con Marie Le Pen y Viktor Orbán”. Desde el grupo popular en el Parlamento Europeo, también se avala el pacto con Vox y se cita el precedente de Austria, donde los conservadores gobernaron con los ultras.

Vox 'salva' a Feijóo

Mientras el PP pelea por justificar su primer acuerdo de gobierno con Vox, los de Santiago Abascal celebran una victoria que califican de "histórica", sobre todo porque han logrado imponer sus pretensiones iniciales en el reparto de sillones sin moverse un ápice. La línea roja era no ser "ni más ni menos" que Ciudadanos y tener el mismo trato que ellos recibieron en 2019 cuando, con un procurador menos que Vox, lograron la presidencia de las Cortes, la vicepresidencia del Gobierno y tres consejerías. Es exactamente lo que ha cedido Mañueco, tras varios intentos fallidos y un tira y afloja que se ha alargado hasta pocos minutos antes de la sesión constitutiva de las Cortes.

Todas las miradas se centran ahora en Alberto Núñez Feijóo. Pero mientras la izquierda le señala por "permitir" que la "extrema derecha vuelva a un Gobierno 40 años después", en palabras de Adriana Lastra, Vox echa un capote al gallego y le desvincula del acuerdo alcanzado en Castilla y León. "Él aún no es presidente del PP. Está completamente al margen", suscriben fuentes del partido, que sostienen que en la relación entre Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo sigue existiendo una página en blanco. Los dos dirigentes no han intercambiado una sola palabra, pero el presidente de Vox tampoco ha hablado con Pablo Casado, que ejerce de una manera simbólica el liderazgo del PP. La negociación, insisten, se ha desarrollado "exclusivamente" con Alfonso Fernández Mañueco y dentro de los márgenes autonómicos.

Foto: El presidente de la Xunta y del PPdeG, Alberto Núñez Feijóo. (EFE/Lavandeira)

Feijóo siempre ha sido beligerante con los de Santiago Abascal desde las lindes gallegas, y ese es precisamente uno de los motivos que llevan a Vox a pensar que lo sucedido en Castilla y León no garantiza que el todavía presidente de la Xunta pueda o quiera reproducir ese pacto en la arena nacional, pero sí esperan que sea un "primer paso" para que el PP abandone los "complejos" y se abra a pactar con el partido situado justo a su derecha.

Los de Santiago Abascal ven el relevo de Génova como una oportunidad para reconducir las relaciones con un partido con el que compiten en las urnas, pero con el que también están destinados a entenderse, como se ha visto en Castilla y León. La relación con Pablo Casado, sin embargo, llevaba meses rota. Todo comenzó a torcerse en el incendiario discurso del dirigente durante la moción de censura a Sánchez, y nunca llegó a recuperarse. Vox espera que Feijóo sea más "quirúrgico" y abandone la política "ofensiva" y de "trazo grueso" de su antecesor, pero tampoco esconden su creencia de que la búsqueda de la "centralidad" del mandatario gallego podría hacerles crecer aún más en su carril.

El PP ha cruzado una de las que, hasta ayer, para muchos era una línea roja al sellar su primera coalición de gobierno con Vox. El presidente en funciones de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, firmó un acuerdo de gobierno con el partido de Santiago Abascal para evitar una repetición electoral. La formación de ultraderecha llevó sus exigencias hasta el final y esta vez no se conformó con acuerdos programáticos. El pacto supone un antes y un después. El limbo en el que se encuentran los populares con la transición de Pablo Casado a Alberto Núñez Feijóo ha favorecido que haya un cierre de filas, incluso entre los que hasta hace apenas un mes renegaban de dar legitimidad a Vox. “No había más remedio” es la consigna general que se escucha entre presidentes regionales, diputados y cargos medios.

Alberto Núñez Feijóo PSOE Vox Partido Popular (PP)
El redactor recomienda