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España solo tramita el 4% de las peticiones de asilo en la frontera del Tarajal
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Más allá de la devolución de menores

España solo tramita el 4% de las peticiones de asilo en la frontera del Tarajal

La avalancha humana propiciada por Marruecos en mayo sigue generando caos en la ciudad autónoma con centenares de migrantes deambulando por la calle. Se han recibido más de 1.500 solicitudes de asilo, sobre todo por razón económica, pero hay otras

Foto: Marroquíes con cita en la oficina de asilo. (Javier Sakona)
Marroquíes con cita en la oficina de asilo. (Javier Sakona)

El ahora paralizado proceso de repatriación de menores no acompañados varados en Ceuta ha concentrado casi todos los focos desde las entradas masivas de más de 10.000 marroquíes el 17 y 18 de mayo por el espigón de la frontera del Tarajal. Son más de un millar de niños, adolescentes y adultos acogidos por la ciudad autónoma y otros tantos vagando por las calles, pidiendo comida a la puerta de los supermercados, acampados en el monte o haciendo ‘risky’, esto es, arriesgando sus vidas para intentar colarse en los bajos de alguno de los camiones que embarcan rumbo a Algeciras. Pero, aunque son quienes ocupan los titulares y preocupan sobremanera a ciudadanos e instituciones, los menores solos son solo parte del problema que desborda Ceuta, la punta del iceberg.

La onda expansiva de la avalancha de marroquíes propiciada por Marruecos en mayo alcanza mucho más, generalmente muy lejos de los focos: decenas de migrantes adultos en la calle y otros tantos acogidos, colas diarias para solicitar asilo en España, decenas de asentamientos repartidos por los alrededores de la ciudad, multiplicando el riesgo de incendios… Todo ello mientras sigue el goteo de entradas de inmigrantes.

Foto: Pedro Sánchez, junto al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas. (EFE)

Uno de los escenarios en el que aún se percibe el impacto de la avalancha de mayo es precisamente allí donde empezó todo. La frontera del Tarajal. Cada mañana una cola evidencia el otro aluvión, el de las solicitudes de asilo. Una pequeña multitud —hoy algo más de medio centenar— se concentra cada día ante el paso fronterizo, esperando su turno para formalizar su solicitud de protección internacional para su tramitación por la vía del procedimiento en frontera, aunque en realidad la frontera lleva cerrada a cal y canto por la pandemia desde hace más de un año un medio.

placeholder Naves del Tarajal para la acogida de inmigrantes. (Javier Sakona)
Naves del Tarajal para la acogida de inmigrantes. (Javier Sakona)

Su meta es un pequeño módulo de obra, inaugurado en 2015 por el entonces ministro del Interior Jorge Fernández Díaz para cumplir por la mínima con el requisito legal de disponer en el Tarajal de la preceptiva oficina de asilo, aunque no sirviera para nada. Desde su inauguración en marzo de 2015, permaneció inactiva hasta 2019, cuando Interior reactivó las instalaciones para tramitar la expulsión exprés de los 155 migrantes subsaharianos que saltaron la valla en agosto de aquel año, los últimos en protagonizar un salto masivo en Ceuta. Tras aquella devolución, Interior volvió a olvidarse de la oficina de asilo hasta el verano de 2020, cuando volvió a reabrirla para empezar a tramitar desde allí las solicitudes de asilo de inmigrantes acogidos en el CETI.

Hoy, su trabajo se concentra en atender el chaparrón de solicitudes de asilo de los inmigrantes marroquíes adultos que aún quedan en Ceuta desde la avalancha de mayo. En los últimos tres meses se han recibido más de 1.500 solicitudes de asilo, aunque solo cuatro de cada 100 prosperan, precisan desde la Delegación de Gobierno en Ceuta.

placeholder Marroquíes esperan una oportunidad para conseguir cita en la oficina de asilo. (Javier Sakona)
Marroquíes esperan una oportunidad para conseguir cita en la oficina de asilo. (Javier Sakona)

Pero la solicitud de asilo tiene un reverso peligroso. Si te dan el estatus de solicitante de asilo eres libre de cruzar el Estrecho y circular libremente por España, pero si no te lo dan… “El asilo es para muchas personas una oportunidad trampa, ya que solicitar asilo te da derecho a circular por el territorio nacional. Pero si se te deniega es automáticamente orden de expulsión y prohibición de entrar en España en 10 años”, precisan fuentes de la Delegación de Gobierno en Ceuta, que confían en que este matiz sea decisivo a la hora de frenar un posible efecto llamada de solicitantes de asilo.

Inmigrantes económicos

“Las solicitudes de asilo de Ceuta y Melilla son las más fáciles de resolver”, apuntaba hace apenas una semana la delegada del Gobierno, Salvadora Mateos, “puesto que en Marruecos no hay ninguna persecución salvo casos excepcionales, la mayoría viene buscando pasar a la península y tener una vida mejor económicamente”.

Es el caso de Mustaffa, de 28 años; su mujer, Aisha, de 25, y una amiga, Umeima, de 26 años, todos de Castillejos. Los tres trabajaban como porteadores en el cercano polígono del Tarajal, donde hasta otoño de 2019 se agolpaban cada día hasta 5.000 personas cargadas de mercancía rumbo a Marruecos. Hoy, ese polígono del Tarajal permanece desierto, la práctica totalidad de los negocios cerraron desde que Marruecos decidiera clausurar definitivamente el paso de mercancías para taponar el agujero del contrabando, dejando a Ceuta sin buena parte de sus ingresos y a miles de familias de las localidades marroquíes cercanas a Ceuta sin el único empleo posible en su región. Las pocas naves que permanecen abiertas son las tres que sirven de albergue provisional para los centenares de marroquíes adultos que entraron en Ceuta en las avalanchas de mayo.

Foto: Puertas de la frontera del Tarajal, que separa Ceuta de Marruecos. (EFE) Opinión

Mustaffa explica que ellos han solicitado asilo alegando problemas económicos. “Ahora vivimos en El Príncipe —una barriada cercana a la frontera—, venimos a buscar el éxito aquí porque hay un montón de problemas en mi país”, explica ayudándose del traductor de su teléfono móvil, que no siempre entiende su árabe marroquí coloquial. Ellos no están en las naves del Tarajal, viven en un piso de alquiler con compatriotas en su misma situación. Pagan 350 euros. “Muy caro, muchos gastos”.

Es consciente, como todos los que han pedido asilo por causas económicas, que es más que difícil, que pueden acabar con una orden de expulsión que les impediría volver a entrar en España en una década. Mustaffa se encoge de hombros a modo de balanza entre los pros y los contras: “Esto vale la pena, sufrimos muchos problemas en mi país, trabajábamos en el paso fronterizo del Tarajal y ahora tenemos más problemas económicos. No hay nada”.

Petición de asilo por atea

Pero no todos los casos son por motivaciones económicas. Hay muchas otras, la más habitual está motivada por la pertenencia al colectivo LGTBI, que forman una nutrida comunidad en el CETI. Pero hay muchas otras, es el caso de Salma (nombre ficticio), de 20 años. Sus motivos para huir de Marruecos se resumen en dos palabras: “Soy atea”.

Foto: Nao. (EC)

Lo dice escribiendo en su móvil. “Nadie lo sabe, solo mis dos amigas (junto a ella), tengo miedo de que se enteren, sobre todo ellos”, dice señalando con la mirada a un grupo de hombres que nos observa de reojo con la oreja puesta. No quiere revelar su nombre, ni tan siquiera su lugar de origen. Está muerta de miedo. Insiste en que ni siquiera diga cómo es, no quiere que nadie la pueda identificar. Sabe que en Ceuta no está libre tampoco de los prejuicios y el acoso que ha sufrido en Marruecos solo por pretender ser una mujer libre lejos de los preceptos del islam. Por eso lo oculta, nadie sabe, mucho menos su familia, que huye de la presión de la religión en su país. “Solo quiero ser una mujer libre”.

El resto de la conversación transcurre vía WhatsApp con ayuda de Google, lo que a veces ofrece traducciones extrañas, pero te mantiene lejos de las miradas indiscretas. “Desde pequeña no creo en la religión. Pero por mi país y por mi familia lo oculto por miedo. Cuando llega el Ramadán me veo obligada a ayunar y me resulta difícil ganar [sic] mi libertad sexual y física. Solo quiero ser libre sin sentir miedo. No quiero estar sola solo porque pienso así y quiero ser una mujer libre. Espero que cada mujer de este mundo sea libre como quiera, y también deseo mucha fuerza y ​​paciencia para las chicas como yo que vivimos en el mundo árabe”, escribe.

"Tengo todos los papeles, pero cuando fui me dijeron que volviera mañana. Éramos solo cuatro personas, pero dijeron había mucha gente"

Ella ya tiene su solicitud de asilo. En teoría estaría a solo un paso de poner rumbo a la península. “Como solicitantes de asilo, una vez pasado un mes sin respuesta (silencio administrativo) pueden circular por todo el territorio nacional. Acuden a las dependencias de Policía a pedir autorización para embarcar y se les da. Solo tiene que proporcionar un domicilio”, aseguran desde Delegación de Gobierno. Pero no es tan fácil. La burocracia tiene sus trucos infalibles, algunos que no pasan de moda, como el clásico ‘vuelva usted mañana’ de Larra.

Este jueves, Salma tiene cita en la Jefatura Superior de Policía y no es la primera. “Tengo todos los papeles, pero cuando fui a la comisaría me dijeron que volviera mañana. Éramos solo cuatro personas, pero dijeron que volviéramos mañana, que había mucha gente”. Salma no tiene quién la ayude en el laberinto de la solicitud de asilo. Empezó los trámites en junio y todavía no tiene respuesta. “Espero que cuando vaya mañana haya una respuesta seria”. No sabe qué hará ni dónde irá cuando llegue a la península, no revela si tiene amigos o familiares que la esperen. Se enroca en cada pregunta personal. Lo único que tiene claro es que quiere ser “una mujer libre”, lejos de las “leyes religiosas” de Marruecos. “Solo quiero ir a un lugar donde la gente no me conozca para poder comenzar la vida que quiero sin restricciones y sentirme segura. Espero ser libre algún día y poder decir que soy atea sin miedo”.

Sigue el goteo de entradas

La gran mayoría de los inmigrantes marroquíes que deambulan por la ciudad entraron en el aluvión de mayo, pero no son los únicos. Las entradas han seguido en permanente goteo. Como antes de la avalancha. Como siempre desde hace casi dos décadas.

Foto: Varios inmigrantes encaramados a la valla de Melilla en un salto de 2015. (EFE)

Desde el 15 de mayo, según la comparación de los datos oficiales que ofrece Interior quincenalmente, han entrado en Ceuta más de 500 inmigrantes por vía marítima y alrededor de 180 por vía terrestre. Cifras que no contemplan las entradas masivas del 17 y 18 de mayo, cuyo volumen real aún está calibrando el ministerio, que, de momento, no se ha atrevido a dar una cifra exacta.

Pese al refuerzo de la valla y el cierre de la frontera por la pandemia desde hace más de un año y medio, la cifra de entradas de inmigrantes irregulares ha crecido exponencialmente en este 2021 en Ceuta, aumentando más de un 500% en el caso de quienes eligen entrar por la costa, en pequeñas embarcaciones o a nado, o quienes lo hacen por tierra, logrando saltar el nuevo perímetro fronterizo, cuyo volumen ha crecido casi un 165 por ciento. Datos que, especialmente en el caso de las entradas por vía marítima, doblan también a los registrados en 2019.

Un problema que hace ya años que desborda a Ceuta, pero que tras la crisis fronteriza de mayo ha alcanzado dimensiones inabarcables. La ciudad autónoma tiene acogidos a cerca de un millar de inmigrantes, la mayoría marroquíes, pero también argelinos y subsaharianos, en varias naves del polígono del Tarajal. Y para ellos, de momento, a diferencia de los menores, Interior no tiene “proceso de devolución”.

placeholder Said y Morad. (J. Sakona)
Said y Morad. (J. Sakona)

Said y Morad, de 24 y 22 años, están sentados en un bordillo. Son amigos y residentes a su pesar en las naves del Tarajal. Ambos son de Castillejos, ambos “se buscaban la vida” en su país de origen. El traductor de Google no es capaz de entenderlos, pero les alcanza para decir que están bien en las naves que sirven de albergue provisional, que les tratan bien, que hace mucho calor y que no hay problemas, pero aquello está atiborrado, explica con un gesto muy común en Marruecos, poniendo el pulgar por debajo de la barbilla.

Un reguero de asentamientos

Más allá del Tarajal, el panorama en las calles de Ceuta sigue siendo preocupante y no parece que haya una solución en el horizonte. No solo pululan decenas de niños y adolescentes. Son muchos, muchísimos, los adultos, la mayoría veinteañeros, que siguen en situación de calle, malviviendo en cualquier esquina o en asentamientos repartidos por buena parte de los montes de Ceuta. Gran parte han sido desmantelados, dejando tras de sí un reguero de restos. Muchos otros siguen habitados, repartidos por áreas de alto valor natural como García Aldave o el litoral de Calamocarro, escondidos en los acantilados, en las inmediaciones del CETI o en el emblemático Monte Hacho, desde el que una base militar vigila el Estrecho.

Su presencia no es solo un problema migratorio, es también un serio riesgo de incendio en zonas especialmente sensibles y en una ciudad en la que el viento es una presencia constante. Una chispa en las condiciones propicias puede arrasar los espacios naturales de la ciudad autónoma, de solo 19 km2, en un abrir de ojos. Bien lo sabe Miguel Ángel Ríos, jefe del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS). Sus hombres llevan tres meses acudiendo a conatos de incendio cerca de estos asentamientos, en muchos casos en zonas arboladas y cerca de la ciudad. Si soplara de levante peligrarían valiosos parajes de Ceuta, si sopla de poniente amenazaría a la ciudad autónoma.

Foto: Un grupo de inmigrantes son devueltos a Marruecos desde Ceuta. (EFE)

“Si se diera la regla del 30 (temperaturas superiores a los 30 grados, rachas de vientos del orden o superiores a 30 kilómetros por hora y una humedad relativa del aire inferior al 30%) Ceuta tendría un incendio muy grave como el que ya tuvimos hace dos años”, admite. Pero no es su única preocupación. La proliferación de estos avisos, que generalmente logran contener con rapidez, supone a diario un serio problema logístico para una dotación de bomberos de una ciudad pequeña como Ceuta con un hándicap añadido: no puede pedir ayuda a los bomberos de un municipio vecino. Los únicos vecinos disponibles están en otro continente. “Cada vez que recibimos un aviso mandamos una dotación de cinco bomberos y la ciudad queda desprotegida, en cada turno trabajan 12 bomberos y, si cinco están atendiendo estas llamadas o bajando a un inmigrante del techo de las naves del Tarajal y surge un rescate o un incendio en una vivienda, o cualquier cosa grave, estamos desprotegidos”.

Son los otros ecos de la entrada en aluvión de miles de personas en las ya históricas jornadas del 17 y 18 de mayo, una imagen que no se borrará de la retina de los ceutíes en muchos años y cuyas consecuencias siguen viendo en su día a día. Aquello no fue sino un terremoto, político, diplomático y migratorio, y las réplicas siguen sacudiendo la ciudad.

El ahora paralizado proceso de repatriación de menores no acompañados varados en Ceuta ha concentrado casi todos los focos desde las entradas masivas de más de 10.000 marroquíes el 17 y 18 de mayo por el espigón de la frontera del Tarajal. Son más de un millar de niños, adolescentes y adultos acogidos por la ciudad autónoma y otros tantos vagando por las calles, pidiendo comida a la puerta de los supermercados, acampados en el monte o haciendo ‘risky’, esto es, arriesgando sus vidas para intentar colarse en los bajos de alguno de los camiones que embarcan rumbo a Algeciras. Pero, aunque son quienes ocupan los titulares y preocupan sobremanera a ciudadanos e instituciones, los menores solos son solo parte del problema que desborda Ceuta, la punta del iceberg.

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