Marruecos, un estado confesional

Ayuno por obligación: "Ramadán: porque sí, porque lo digo yo"

En países como Marruecos, el Ramadán es una obligación. Una obligación que también afecta a ciudadanos con doble nacionalidad, porque prima el pasaporte marroquí y los apellidos

Foto: Foto: Reuters
Foto: Reuters

Suena el cañonazo que pone punto y final al ayuno. Son las 19.25 horas de la tarde de un martes de Ramadán. Es un momento muy peculiar. Casi mágico. Sucede al atardecer, cuando cae el sol, y sorprende por la calles vacías, la gente corriendo de lado a lado para llegar a romper el ayuno en familia o entre amigos.

Al cañonazo le sigue el Al-lahu-ákbar de la llamada al rezo de la mezquita de la Kasbah de las Oudeyax, la más próxima a la playa dónde está Salma*. Ella no hace Ramadán, pero tiene que fingir que sí. Hace varios años que tomó la decisión de rechazar el ayuno, pero nadie, ni siquiera su familia, se puede enterar.

Su decisión está basada en una cuestión de salud. Detesta los cambios de carácter y de personalidad que le provoca el malestar de la abstinencia: “He hecho Ramadán muchos años, pero me encontraba fatal. Las migrañas eran constantes debido a la falta de hidratación. Era insoportable. Mi cuerpo no está hecho para hacer Ramadán, así que en cuanto me independicé económicamente de mi familia, dejé de hacerlo. Además, yo no suelo practicar el Islam. No entiendo por qué tengo que hacer el mes del ayuno”, reconoce Salma a El Confidencial. Lo cuenta en voz bajita y mirando hacia los dos lados, para que nadie le oiga.

Ella no puede decir a su entorno que no lo hace. Y mucho menos, comer delante de ellos o beber una gota de agua. Según cuenta, es afortunada porque tiene muchas amistades extranjeras que no hacen Ramadán y puede saltarse la vigilia en sus casas. Y luego, en el "ftur" –palabra en árabe que se usa para la ruptura del ayuno - simula que no ha comido ni ha bebido en todo el día.

Como Salma, cada año hay más marroquíes que deciden no hacer el ayuno durante el Ramadán. Unos por salud, otros por principios y los demás porque son ateos o creyentes no practicantes. El Ramadán incluye a todos los marroquíes, excepto a los judíos. Si tienes apellido árabe, tienes que hacer Ramadán. También incluye a los marroquíes que tienen doble nacionalidad, la belga y la marroquí, por ejemplo, y han vivido toda su vida en Bélgica y no están acostumbrados a hacer Ramadán.

Hablar de esto en Marruecos es muy complicado, sobre todo en lugares públicos, aunque existe un debate creciente acerca de la oposición al Ramadán. Cada vez son más los jóvenes y adultos de mediana edad que deciden no hacerlo. Siempre en secreto. Y, generalmente, son los más independientes, los que más han viajado, los que más formación han recibido; por tanto, los que vienen de familias de mayor poder adquisitivo.

El poder del qué dirán

Para el psicólogo Reda Mhasni, de Casablanca, el ayuno es una cuestión más de presión social que de religión. “El islam dominante en Marruecos es un islam folclórico, en el buen sentido de la palabra. Es un islam muy superficial, pero ha de ser visible. Y eso afecta también al Ramadán. Y en esta misma línea, en Marruecos, la gente hace Ramadán por conformismo, por el ‘si lo hacen todos, tengo que hacerlo yo’, para que se vea y se sepa que hace Ramadán, no realmente por convicciones religiosas", aclara Mhasni.

Hace muchos años que el Ramadán ha dejado de ser un precepto religioso para convertirse en un artículo del Código Penal marroquí. El artículo 222 prevé penas de hasta seis meses de cárcel para el que rompa el ayuno en público durante el mes de Ramadán. “Con esta imposición, castigada incluso con penas de cárcel, todo el mundo va a hacer el Ramadán. No entiendo esto de ayunar a la fuerza, el porque sí, porque lo digo yo. Quien quiera o pueda o lo necesite que lo haga y quien no quiera o no pueda por los motivos que sea que no lo haga”, sentencia Mhasni. Los colectivos pro libertades individuales locales están de acuerdo en esta materia. Defienden que el Ramadán sea algo opcional y libre y no una imposición.

Te delatan tus vecinos

Teóricamente, la ley culpa la interrupción del ayuno en público y exime a aquellos que lo hagan dentro de sus casas o en privado. Sin embargo, según critican los expertos, eso no es siempre así. Tal y como explica Mhasni, “sumerge el Ramadán en una completa hipocresía muy arraigada en la sociedad marroquí".

De hecho, esta semana, la segunda desde que ha comenzado el Ramadán, una pareja ha sido arrestada por carantoñas, caricias y gestos de amor en el interior de un edificio abandonado. Fueron los propios vecinos los que llamaron a la policía. Las autoridades marroquíes primero quisieron comprobar si eran activistas y estaban llevando a cabo algún tipo de acto reivindicativo. Pero parece que no fue así. Simplemente, no hacían Ramadán. Ahora se encuentran a la espera de juicio.

“Cada año hay decenas de detenciones”, apunta el psicólogo y experto en Ramadán. Hace dos días en Casablanca, otra pareja fue detenida porque estaba fumando en el interior de su casa. Otra vez más, fueron sus propios vecinos quienes llamaron a la policía porque salía humo de debajo de su puerta. En 2016, dos jóvenes de 18 y 20 años fueron condenados a dos meses de cárcel por beber agua en público en Zagora, donde se suelen registrar temperaturas que rozan los 40 grados.

En ninguno de estos casos se tuvo en cuenta las admisiones y autorizaciones (viajar, sufrir una enfermedad, problemas de salud o tener la regla si eres mujer) que señala el Corán.

Caridad y solidaridad

Existe una gran parte de la población que siente el Ramadán como la fiesta que es. La ruptura del ayuno es todo un ritual. Suena el cañonazo y la gente corre a sus casa para ‘des-ayunar’ con sus familias. Las noches de Ramadán son un espectáculo de gente callejeando para arriba y para abajo. Comida y limosna para los más necesitados. Cenas compartidas, noches habitadas. Ciudades y pueblos repletos de gente hasta el amanecer. Gente que lo vive como una verdadera tradición que ha formado parte de su cultura durante años.

De hecho, según los colectivos por la defensa de las libertades individuales, el Ramadán mostraría más su esencia si siempre fuera contemplado de este modo. Si cada persona lo hiciese por que quiere y no por obligación. De esa manera, habría mejor clima durante el Ramadán, una época en la que aumentan casi al 100% los ingresos urgencias del Hospital Universitario de Casablanca debido a las reyertas callejeras y a los accidentes de carretera. Pero también por los casos de diabetes.

Redouan prefiere evitar toda “esa violencia simbólica, y no tan simbólica, y toda esa cohesión social que gira en torno al Ramadán”, explica por teléfono a El Confidencial. Siempre que puede aprovecha para viajar durante el mes del ayuno. Prefiere no estar en Marruecos y no enfrentarse a la desertificación de las calles durante el día y al ajetreo de las noches: “Yo no soy creyente, ni practicante, ni nada de nada. No me parece coherente que no rece y, de repente, durante el mes de Ramadán, me vuelva el más musulmán de Marruecos. Por eso prefiero no estar a enfrentarme al riesgo de ser denunciado o detenido. Por eso salgo del país y ya está”, reconoce.

Él, un artista que se dedica al mundo del cine y del arte, suele hacer giras por otros países y tiene visado para viajar al extranjero. Se lo puede permitir. Su amigo Jaouad, a quien le han denegado el visado varias veces, no puede salir del país.

Para Mhasni, todos estos marroquíes que se oponen a hacer el Ramadán, son unos valientes. “Las personas que se salen de las imposiciones religiosas y políticas del país son consideradas unas anticonformistas que amenazan el orden del país. Unos revolucionarios antisistema. Y ese rol no es fácil de asumir para ellos porque probablemente no quieren hacer la revolución", concluye.

*Nombre ficticio para proteger su verdadera identidad

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