Del 'bombo' a las vacunas: los frentes internos de Laya debilitan la diplomacia española
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Del 'bombo' a las vacunas: los frentes internos de Laya debilitan la diplomacia española

Una serie de tropiezos, coronados en la crisis de Marruecos, ha desatado las críticas internas. Muchos sienten que este último traspié es la gota que ha colmado el vaso

placeholder Foto: La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. (EFE)
La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. (EFE)

La gestión diaria del Ministerio de Exteriores se le ha atragantado a Arancha González Laya. En apenas 16 meses, la apuesta de Pedro Sánchez para renovar la acción exterior española ha acabado provocando un creciente malestar en su propia casa. Enfrentada con buena parte de la carrera diplomática por los retrasos al nombrar a más de una treintena de embajadores, con los sindicatos sublevados por asuntos como la vacunación del personal desplazado y con varios altos cargos quemados por su estilo de liderazgo, incluso algunos de sus colaboradores cercanos insisten en que González Laya está cada vez más aislada dentro del Palacio de Santa Cruz.

Una serie de tropiezos, coronados en la crisis de Marruecos, ha desatado las críticas internas. Muchos sienten que este último traspié es la gota que ha colmado un vaso que se ha ido llenando poco a poco. Diplomáticos en activo y retirados, altos cargos y trabajadores del servicio exterior hablan de "una política de personal que está suscitando mucha discordia" y retratan el liderezgo de la ministra como el de alguien que solo escucha a un pequeño grupo de colaboradores cercanos —la mayoría ajenos al ministerio— y que ha descuidado las tareas administrativas en favor de una agenda personal.

Al menos 32 jefaturas diplomáticas están a la espera de relevo, bien por jubilación o porque el jefe de misión ya ha cumplido el plazo habitual de entre tres y cinco años en un mismo puesto. Entre ellos, hay tres plazas sin embajador —Reino Unido, India y Bosnia Herzegovina—. Esto supone el bloqueo de relevos en casi una cuarta parte de las sedes diplomáticas españolas. Especialmente sangrante es el caso de Londres, que lleva casi cuatro meses sin embajador cuando la legación debería estar a pleno rendimiento para reconducir las relaciones tras el Brexit. "Hay cosas que tiene que hacer el embajador, que no puede hacer un cargo interino. Y no se están haciendo porque no hay embajador".

Foto: La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. (EFE)

El listado incluye plazas geopolíticas clave como Rusia, Israel, Grecia, Arabia Saudí o Canadá, así como destinos menos relevantes repartidos por Europa, África, Asia y América Latina. Los casos de Rusia e Irán son muy llamativos, ya que sus embajadores —Fernando Valderrama y Luis Felipe Fernández de la Peña, respectivamente— permanecen en sus puestos pese a haber cumplido 70 años, edad reglamentaria para la jubilación. También hay cargos vacantes en territorio nacional, como en Casa de América o Casa Mediterráneo.

La bomba del 'bombo'

Los retrasos en estas asignaciones, que en la jerga diplomática se conocen como el ‘bombo’, no solo perjudican la acción exterior, dicen las fuentes, sino que han generado ansiedad y frustración entre el personal. Algunos critican la "falta de respeto" de la ministra, quien acaba de cumplir 52 años, hacia sus carreras y la poca empatía con las situaciones particulares de los trabajadores. "Si no tiene tiempo de hacerlo ella por la pandemia o por lo que sea, puede delegarlo, pero es imperdonable y un poco humillante que considere que nombrar a sus diplomáticos es algo secundario".

"Lo de los traslados nos tiene a todos alucinados. Hay gente que lleva esperando meses en la incertidumbre total. Piensa que son traslados internacionales, que hay que pensar en qué hace tu pareja, tus hijos, dónde los escolarizas, dónde vas a vivir”, comenta una alta fuente diplomática. “Hace poco, le reprocharon este punto y contestó que ella se había trasladado desde Ginebra a Madrid en dos días. Obviamente, no se puede comparar su situación con la de otros", agrega.

Ya a principios de abril, cuestionada por la oposición en el Congreso por estas plazas sin asignar, González Laya negó que haya malestar y afirmó que los procesos de selección están "perfectamente dentro de los plazos" —en realidad, no existe un plazo estipulado y es potestad de la ministra hacer estos nombramientos—. Sobre los casos de embajadores jubilados en India y Reino Unido, aseguró que hay "dos personas que están haciendo las funciones de embajador". "Es una discusión para ver quién está en mejor posición de ocupar qué puesto", zanjó.

Vacunas y reformas

Más allá del cuerpo diplomático, otros trabajadores del servicio exterior se muestran decepcionados. Las promesas de modernización y justicia laboral —incluidas en la Estrategia de Acción Exterior 2021-2024— no han venido acompañadas de medidas concretas para frenar los recurrentes escándalos laborales (tan solo este 2021, hubo casos sonados en Noruega, Reino Unido e Israel) ni el malestar por la sobrecarga de trabajo en muchas de las legaciones españolas.

Uno de los temas que han provocado más indignación es el programa de vacunación del personal en el exterior, un problema que se mantiene incluso después de que dos diplomáticos españoles murieran por covid-19 en India y Ecuador. La ministra se reunió hace unas semanas con los sindicatos para tratar el tema y parecía que se había encauzado la situación. Pero pocos días después, las tensiones volvían a dispararse.

Foto: Una bandera de Noruega en una calle de Oslo. (Reuters)

"La falta de actuación por su parte y por la de su equipo es intolerable y, por tanto, exigimos el cumplimiento de Io prometido y dotar de certidumbre a los empleados públicos afectados [sobre el calendario de vacunación para el servicio exterior]. El incumplimiento del compromiso adquirido con todas las organizaciones sindicales y la ausencia de operatividad de su equipo directivo suponen una falta de ética impropia de la actuación de una Administración europea”, dijeron las principales organizaciones sindicales de Exteriores (CCOO, CSIF, Sisex, UGT) en un comunicado conjunto.

Sobre este asunto, González Laya ha repetido públicamente que su departamento tiene acordado un programa de vacunación en reciprocidad con más de 50 países, de forma que España vacunaría a los funcionarios extranjeros y viceversa, siempre según los planes nacionales de vacunación y sin una prioridad específica. Pero en destinos donde la vacunación avanza muy lenta o donde no se han alcanzado acuerdos, no hay solución a la vista. Oficialmente, desde Exteriores insisten en que trabajan con Sanidad para resolver el problema.

De Venezuela a Marruecos

El mal ambiente que anida en un creciente sector del ministerio hace que cualquier derrape intensifique las críticas, que ya trascienden las paredes del Palacio de Santa Cruz. "Nosotros somos como militares con traje de gala, intentamos hacer nuestro trabajo independientemente de nuestro malestar, pero la situación actual no ayuda", dice un alto cargo consultado. En febrero de 2020, cuando apenas llevaba un mes en el ministerio, tuvo que hacer malabarismos dialécticos para tratar de encajar al venezolano Juan Guaidó como presidente encargado (como le reconocían en ese momento España y otro medio centenar de países) y líder opositor (el cargo con el que se refirió el presidente Sánchez). “Es dos cosas a la vez”, justificó la ministra, quien fue la encargada de reunirse con Guaidó en su más reciente visita a España, en la que no fue recibido por Sánchez —lo que muchos interpretaron como parte del paulatino viraje de la política exterior española hacia Caracas—.

También generó muchos comentarios la foto que se hizo la ministra el verano pasado con el ministro principal de Gibraltar, rompiendo la tradición de sus predecesores de evitar contactos estrechos con la colonia británica y mantener el diálogo directo con Londres. Y, en noviembre, se metía en el charco de la ley del Gobierno para combatir las ‘fake news’ defendiendo que no se pretende limitar la libertad de expresión, sino controlar los medios que “manipulen a la población”.

Estos episodios pueden ser considerados menores y se enmarcan dentro de las críticas habituales en el espectro político a la acción exterior. Pero la reciente crisis con Rabat ha colocado a la ministra en una diana política complicada de eludir. Algunos incluso la ponen en las quinielas para la crisis de gobierno que prepararía Sánchez para después del verano, una hipótesis que también circula dentro del ministerio, donde empiezan a barajar nombres para sustituirla.

Foto: Ignacio García-Valdecasas.

"González Laya mostró una ingenuidad pavorosa cuando en abril [el 17-18] aceptó que el secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, de 72 años, enfermo grave de covid-19, fuese hospitalizado en España a escondidas. El secreto tardó cuatro días en salir a la luz", escribió Ignacio Cembrero en un análisis titulado "El precio a pagar por la ingenuidad de Laya", publicado en El Confidencial el pasado 7 de mayo. Diez días después, España asistía a la mayor avalancha migratoria de su historia, en la que más de 8.000 personas cruzaron la frontera irregularmente en 24 horas ante la indiferencia —cuando no animadas por ellas— de las autoridades marroquíes. Las fuentes consultadas creen que la ministra no utilizó los recursos y experiencia de Exteriores para lidiar con este episodio y, en su lugar, confió en un estrecho círculo de no más de cinco colaboradores.

González Laya también tiene sus defensores en el ministerio, que resaltan sus éxitos y justifican las demoras en los asuntos laborales y burocráticos por las vicisitudes de la pandemia. “No hay que olvidar que este Gobierno se ha enfrentado a la mayor crisis sanitaria global en 100 años. La ministra dirigió la mayor operación de repatriación de españoles en la historia, coordinando y gestionando con embajadas y consulados. Tendrá sus errores, pero está implicada al 100%”, defendió una fuente de la 'guardia de corps' de la ministra.

Modernización 'interruptus'

Cuando González Laya fue nombrada por Sánchez al frente del Ministerio de Exteriores, Unión Europea y Cooperación, en el servicio diplomático recibieron la noticia con una mezcla de expectativa y escepticismo. A su favor, la funcionaria venía de rubricar una exitosa carrera en el mundo de la cooperación, formada, políglota y con unas credenciales impecables. Pero su perfil técnico y económico, alejado de las complicadas interioridades del ministerio y de los matices de la diplomacia bilateral, sembraba las dudas sobre su idoneidad para uno de los considerados ministerios de Estado. "La gente está un poco desconcertada", resumió una fuente del servicio exterior ese lejano 12 de enero de 2020.

Al día siguiente, González Laya recibía la cartera con un discurso inspirador y lleno de optimismo que resumió con un sonoro "Spain is back and Spain is here to stay" (España está de vuelta y viene para quedarse). En esa primera comparecencia, González Laya desgranaba sus prioridades al frente del servicio exterior, prometiendo lograr para España “la proyección internacional que se merece”, reencauzar la política de cooperación e incorporar “un enfoque de género” en la diplomacia española. Al final del discurso, la ministra enumeró algunos asuntos pendientes “de orden doméstico”, incluyendo la mejora de las condiciones de trabajo y la modernización del servicio exterior.

Foto: La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. (EFE)

Algunos de los entrevistados recalcan que el ministerio "ya estaba hecho unos zorros” antes de la llegada de González Laya y su equipo. Problemas de personal, de asignación de los recursos, inversiones insuficientes y escasas oportunidades de reciclaje, falta de estrategia y visión, una carrera diplomática anticuada y todavía algo endogámica. Las quejas son estructurales. Por eso, las promesas de la nueva diplomática en jefe que hablaba de vientos de cambio elevaron las expectativas entre algunos cuadros. No fue así.

"El Ministerio de Exteriores es un desastre nacional. Lleva siéndolo muchos años, pero ya con este equipo es de no creérselo. La ministra se ha rodeado de un grupo de gente que no entiende nada de diplomacia, la mayoría ni siquiera tiene experiencia previa. Tienen un mensaje académico, alambicado, político, pero no saben cómo funciona una embajada, un consulado, el propio ministerio”, comenta un veterano embajador en activo que pide no ser identificado. "Se me llevan los demonios cuando les escucho hablar de digitalización. ¿Digitalización? Pero si utilizamos un 'software' antediluviano en un ordenador que da pena y no tiene ni las licencias para usar los programas", pone como ejemplo.

Mientras la inquietud crecía en el seno del ministerio, González Laya ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a la proyección exterior de España, concediendo decenas de entrevistas a todo tipo de medios nacionales e internacionales y realizando múltiples giras internacionales —más de 20 destinos visitados para reuniones bilaterales o cumbres, contando que cinco de sus 16 meses en el cargo no pudo viajar por la pandemia, según la agenda pública del ministerio—. "La sensación que tenemos es que se ha centrado en sus viajes y su agenda, pero ha abandonado el ministerio", comenta un embajador en activo con más de 20 años de experiencia.

La gestión diaria del Ministerio de Exteriores se le ha atragantado a Arancha González Laya. En apenas 16 meses, la apuesta de Pedro Sánchez para renovar la acción exterior española ha acabado provocando un creciente malestar en su propia casa. Enfrentada con buena parte de la carrera diplomática por los retrasos al nombrar a más de una treintena de embajadores, con los sindicatos sublevados por asuntos como la vacunación del personal desplazado y con varios altos cargos quemados por su estilo de liderazgo, incluso algunos de sus colaboradores cercanos insisten en que González Laya está cada vez más aislada dentro del Palacio de Santa Cruz.

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