"Esclava con sueldo de piojo": los sindicatos noruegos contra la embajada de España
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Los trabajadores demandan a la embajada

"Esclava con sueldo de piojo": los sindicatos noruegos contra la embajada de España

El caso de una sevillana ha vuelto a poner el foco en las discutidas condiciones laborales del servicio exterior español en Oslo. Irán a juicio en mayo tras una demanda colectiva de los trabajadores

Foto: Una bandera de Noruega en una calle de Oslo. (Reuters)
Una bandera de Noruega en una calle de Oslo. (Reuters)

"La trataron como a una esclava y con un sueldo de piojo". Así resume NTL, el mayor sindicato de funcionarios noruegos, las condiciones laborales de Lidia M. Santamaría durante sus últimas semanas como mayordomo en la residencia del embajador español en Noruega. El caso de esta sevillana, de 36 años y madre soltera de un hijo de 10, ha vuelto a poner el foco en las discutidas condiciones laborales del servicio exterior español en Oslo que, tras años de denuncias, irá a juicio en mayo en el país nórdico tras una demanda colectiva de los trabajadores.

La relación de Lidia con la residencia comenzó hace un año y durante nueve meses fue bien, relata la empleada en una entrevista con El Confidencial. Aunque su salario de 239.000 coronas brutas al año (unos 23.300 euros) era bajo para el coste de vida en Noruega –incluso un 33% menor a los 35.000 euros que la OCDE considera la línea de pobreza relativa para el país nórdico–, ella lo consideraba aceptable. Eran tres empleados para atender la residencia, ocupada en ese momento por la embajadora María Isabel Vicandi, con la presencia intermitente de su marido.

Entre sus tareas estaban organizar desayunos, comidas y cenas, hacer la colada y la plancha, organizar la casa y tareas menores de contabilidad. Lo importante para Lidia es que se le permitía un horario flexible, acordado verbalmente con la entonces embajadora, con tardes libres para poder hacerse cargo de su hijo y desempeñar trabajos eventuales para completar sus ingresos. Con una nómina de 1.600 euros mensuales brutos, lograba llegar a fin de mes gracias a la ayuda económica de sus familiares en España. Pero todo cambió el pasado septiembre.

Foto: La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. (EFE)

La llegada del nuevo embajador José Ramón García Hernández a la residencia, con su esposa y tres hijos menores, trajo nuevas dinámicas de trabajo. "Nos informaron que el embajador pretendía que trabajáramos de lunes a domingo, y también por las tardes, para hacer las cenas. Que siempre hubiera alguien en la residencia. Sin ninguna paga extra", explica Lidia, agregando que la legislación noruega establece pagos extra por nocturnidad, fines de semana y festivos.

Una conversación incómoda

El Confidencial ha tenido acceso a una grabación en la que los entonces tres empleados de la residencia diplomática exponen ante un consejero de la embajada su imposibilidad de trabajar los fines de semana que pedía García Hernández, quien todavía no había llegado al país.

Al comenzar la conversación, el consejero explica que "el embajador desea que haya siempre alguien en la residencia. Que se establezcan turnos para que, respetando la legislación laboral local, haya siempre una persona incluyendo sábados y domingos". Durante los siguientes 30 minutos, los trabajadores tratan de explicar que esa modificación "no se ajusta" a lo que firmaron en su momento. Eso los obligaría a cambiar todos sus horarios para dar continuidad y desempeñar tareas ajenas a sus competencias.

—Mi hijo es lo primero. Tengo que tener un horario [fijo], según la ley noruega, compaginado con mi hijo –dice Lidia en la grabación.

—En mi caso, tengo otro trabajo los fines de semana con el que subsisto. Solo con este sabemos todo el mundo que no se puede subsistir. No puedo con este sueldo solo –asegura David Gómez, onubense de 31 años, otro de los empleados que trabajaba durante la semana en la residencia y las tardes y fines de semana en un hotel.

—Yo ya ejerzo más allá de mis funciones y lo saben aquí mis compañeros. Un día va a llegar un inspector de trabajo y me va a decir ¿qué hace usted subido a una escalera arreglando un enchufe? –tercia otro, quien ha declinado ofrecer comentarios.

El relato de los empleados va más allá del cambio de horario y embajador, sino de unas condiciones que han ido empeorando con el paso de los años, haciendo que el personal rote continuamente, que cada vez viva más lejos porque "económicamente no podemos sostener una proximidad" al lugar de trabajo, que todos excedan sus funciones en la residencia y, a la vez, deban sean pluriempleados fuera para pagar las facturas en la costosa capital noruega.

"Mi hijo es lo primero. Tengo que tener un horario [fijo], según la ley noruega, compaginado con mi hijo", dice Lidia en la grabación


—En la residencia hay muchísimos problemas de mal estado de muchas cosas, en la embajada también hay problemas. Todo va lento. Intentamos tirar las cosas adelante como podemos, incluso más allá de lo que podemos –trata de explicar David.

—Ustedes son empleados del servicio exterior y entienden que todo depende de Madrid –interviene el consejero.

—Sí, entendemos –responde el otro empleado–, pero cuatro años con un tubo fluorescente fundido...

La conversación termina, muy educadamente, con una advertencia: "Me gustaría reiterar que estas son las instrucciones del embajador, entonces puede haber aquí algún tipo de consecuencias. ¿Ustedes están dispuestos?", pregunta el consejero. Los trabajadores, muy educadamente, dejan la suya: "Pues sí, puede haber consecuencias. Pero también puede haber repercusiones en Noruega".

"Apegados a la legalidad"

Desde la embajada española en Oslo niegan tajantemente la versión dada por Lidia Santamaría y David Gómez. Afirman que siempre se ha cumplido a rajatabla con la legislación laboral local y que se respetaron los contratos y condiciones acordados con los empleados. Sobre el cambio de horario, aseguran que fue malinterpretado, ya que nunca se trató de una imposición sino de una petición del embajador, quien todavía no había llegado al país y desconocía la situación de la residencia y sus trabajadores. Además, apuntan que durante el fin de semana se realizan actividades oficiales en la residencia, por lo que la petición no era en absoluto descabellada. Según un planillo de los horarios organizados por la embajada a 5 de octubre que ha podido ver este diario, la idea era que Lidia y sus compañeros acudieran –turnándose– al trabajo los sábados.

placeholder Captura de los horarios programados por la embajada, en los que se espera que Lidia y sus compañeros trabajaran al menos el sábado.
Captura de los horarios programados por la embajada, en los que se espera que Lidia y sus compañeros trabajaran al menos el sábado.

Fuentes cercanas a la residencia también rechazan los señalamientos y consideran que, detrás del caso, hay una maniobra de los sindicatos noruegos para impulsar en la agenda pública su reclamo de instaurar un salario mínimo –actualmente inexistente en el país, salvo para sectores específicos–. Estas fuentes ven las declaraciones de la empleada en la prensa noruega como "difamatorias" y la acusan de pedirse una baja premeditada para cobrar su salario durante un año y recibir las prestaciones sociales noruegas. Sobre Gómez, apuntan que trabajó tres meses como eventual y no quedaron satisfechos de su trabajo.

La residencia del embajador en la capital noruega es un bonito edificio de más de 1.500 metros cuadrados en Bygdøy, una de las zonas residenciales más codiciadas de la ciudad conocida como "la playa de Oslo", una suerte de península rodeada de mar. La casa cuenta con dos plantas, sótano y ático, con seis habitaciones, varios baños y despachos y salones, además de una casita de invitados aledaña. El inmueble ha pasado por mejores momentos y los empleados aseguran que hacían algunas labores como la plancha en un sótano sin apenas luz, que varias habitaciones tenían goteras y la secadora estaba rota.

José Ramón García Hernández, exdiputado del Partido Popular por Ávila y Madrid, fue nombrado embajador en Noruega en Consejo de Ministros el pasado 1 de septiembre con un salario base de 44.747 euros de ocubre a diciembre –unos 15.000 euros al mes–, al que hay que sumarle los complementos por desplazamiento y equiparación de poder adquisitivo, según el portal de Transparencia. Doctor en Filosofía política por la Complutense y licenciado en ICADE, fue candidato a las primarias de 2018 para liderar el PP, en las que a la postre se impuso Pablo Casado. Fuentes cercanas a este diplomático de carrera lo describen como un profesional "exigente, pero de trato llano y sencillo".

Bajas colaterales

A la semana de esa conversación, la residencia rescindió el contrato de David, unos 15 días antes de que se cumplieran sus tres meses de prueba y pese a que, según él defiende, durante los dos meses anteriores no se habían producido quejas por su trabajo. No se contrató a un sustituto. Lidia, junto con un cocinero, pasó a ocuparse de la enorme mansión y una familia de cinco personas por el mismo salario. Poco después, el cocinero se dio de baja. La cosa se puso cuesta arriba. Lidia cuenta que intentó adaptarse. Varias lavadoras al día, planchar, servir comidas, recoger juguetes y limpiar cuartos. Sus tareas habituales se multiplicaron.

El "esfuerzo físico y la presión psicológica" de limpiar una mansión interminable –"sin tiempo ni para sentarme"– la llevaron a pedir la baja unas tres semanas después de la marcha de David, con continuos dolores de hombros, espalda y cabeza. "Estaba haciendo un trabajo de esclava. Las condiciones de trabajo empezaron a ser inhumanas en la residencia", asegura.

Desde la residencia del embajador también niegan estas afirmaciones. Aseguran que Lidia apenas trabajó dos semanas antes de pedir la baja y que nunca llegó a laborar ningún fin de semana. También puntualizan que las tareas se ajustaban a la jornada legal de 7,5 horas diarias, por lo que el trabajo continuaba siendo el mismo, y que el trato con los empleados siempre ha sido digno y justo.

placeholder Una calle de Oslo en 2017 (Reuters)
Una calle de Oslo en 2017 (Reuters)

Cuando mejoró, Lidia intentó reincorporarse media jornada, pero –siempre según su versión– la embajada se negó, pese a que la legislación laboral noruega permite al trabajador este tipo de reincorporaciones parciales. Según una copia del acta de una tensa reunión entre el Norwegian Labour and Welfare Administration (NAV) para mediar entre Lidia y la embajada, esta sostenía que resultaría "imposible" adaptar las labores de Lidia para una reincorporación al 50% debido a la gran carga de trabajo que hay en la residencia. La reunión termina con una amenaza del NAV sobre enviar una inspección de trabajo a la embajada, que no llega a concretarse. Hasta la fecha, Lidia sigue de baja como empleada en la residencia.

Después de la marcha de David y las bajas de Lidia y el tercer trabajador de la residencia, la Embajada buscó sustitutos, pero se han estado sucediendo las renuncias. Se ha producido una renuncia apenas dos meses después de comenzar a trabajar y una segunda persona sustituta ha solicitado la baja médica.

"700 horas extra"

Como habían avisado los trabajadores, su historia no pasó desapercibida en Noruega. Lidia, afiliada al sindicato NTL, que agrupa a más de 50.000 trabajadores públicos, protagonizó la portada de la revista de la organización bajo el titular "Salario: 239.000 coronas. Lidia gana muy por debajo del umbral de pobreza según la OCDE como mayordoma en la residencia del embajador de España". En la publicación, de la que se hicieron eco otros medios locales, también se relataba el caso de David.

"[A Lidia] La trataron como a una esclava y con un sueldo de piojo", reitera Tove Helvik, secretaria sindical de NTL, en una entrevista con El Confidencial. Según la sindicalista, no es excepcional, sino parte de un patrón.

placeholder La portada de la revista con el reportaje sobre Lidia
La portada de la revista con el reportaje sobre Lidia

Este jueves, el sindicato noruego FriFagbevegelse publicó la historia de Olatz Trojaola, una de las predecesoras de Lidia Santamaría, quien denunció haber trabajado cientos de horas extra no remuneradas durante sus cinco años como mayordomo en la residencia. Trojaola, quien acabó pidiendo la baja y reside actualmente en Bilbao, aportó como prueba una carta de recomendación de Antonio López Martínez, embajador español en Noruega entre 2012 y 2016, en la que afirmaba que ella había demostrado "un permanente interés por el trabajo [...] y un encomiable deseo de superación que la ha llevado en ocasiones a superar ampliamente su horario laboral, llegando a sumar más de 700 horas extraordinarias en estos tres años".

La carta, con el membrete de la embajada, describe con detalles las tareas del mayordomo de la residencia, que incluyen "el mantenimiento del edificio y de su caseta aneja, con más de 1.500 m cuadrados, del solar de 3.000 m2 y del garaje de tres plazas, así como la calefacción y el agua caliente y la electricidad; del mobiliario, cortinas, alfombras, cuadros adornos, arreglos floreales; de la compra diaria/semanal [...] de la organización de desayunos de trabajo, almuerzos, cenas oficiales y buffets de hasta 50 personas".

"Les están robando"

Antes del episodio de Lidia en la residencia, NTL llevaba años impulsando en los tribunales una demanda colectiva presentada por al menos 16 trabajadores y extrabajadores de la embajada española en Oslo por irregularidades en el pago de las vaciones. Según el sindicato, la embajada habría estado deduciendo de los salarios de los trabajadores unos montos que luego utilizaría para pagar las vacaciones de sus empleados. Esto incumpliría, según el sindicato, el sistema noruego que estipula un ingreso extra de entre el 10% y el 12% del su salario bruto.

"Les está robando", resume Helvik, quien lleva trabajando en el caso desde 2017. El valor de los pagos vacacionales no efectuados e intereses recogidos en la demanda ascendería ya a algo más de 2 millones de coronas noruegas, unos 200.000 euros. Después de varios años de espera, la vista judicial comenzará del 25 al 28 de mayo en el Tribunal de Distrito de Oslo. "Ahora estamos encontrando muchas más cosas, solo estamos arañando la superficie", asegura Helvik, quien no descarta que vengan nuevas denuncias contra la legación diplomática española.

placeholder Vista general del Parlamento noruego en Oslo. (Reuters)
Vista general del Parlamento noruego en Oslo. (Reuters)

El Confidencial ha conversado con varios de los demandantes bajo condición de anonimato, quienes lamentan que llevan negociando casi cinco años –con un proceso de mediación por medio– sin que se les haya ofrecido ninguna solución "aceptable". "La embajada no quiso atender a razones. Ellos piden una reorganización del salario para hacer el paripé, no para pagar lo que deben pagar", dice uno de ellos.

Los denunciantes cuentan que la situación ha ido empeorando desde que hace 10 años se congelaran los salarios –a excepción de una actualización del 3% con el IPC en 2019– y se ha traducido en un goteo constante de bajas y dimisiones. Denuncian que con esos salarios solo se puede sobrevivir con trabajos extra o con el sueldo complementario de una pareja. Al calor del conflicto, el ambiente en la embajada se ha enrarecido. "Mucha gente se va".

"Tengo muchos casos [de bajos salarios o condiciones irregulares] en embajadas, pero el caso de España es muy muy especial"

"Tengo muchos casos [de bajos salarios o condiciones irregulares] en embajadas, pero el caso de España es muy muy especial. No conozco ninguna otra embajada en Noruega que tenga estos salarios tan bajos. Lo vamos a documentar en la Corte", denuncia la sindicalista noruega, quien lamenta además la falta de colaboración desde la embajada española. "Sus abogados han intentado todo para impedir que el caso llegue a la justicia, todo el tiempo pidiendo tiempo para encontrar documentación, documentación que no es legible, luego el covid en 2020, el cambio del nuevo embajador, siempre alguna excusa todo el tiempo".

Desde la embajada niegan este punto y aseguran que se ha colaborado con el sindicato. Su postura es que los trabajadores reciben el sistema de 14 pagas español en vez de la compensación por vacaciones noruega, y siempre se ha compensado a los empleados la cantidad firmada en sus contratos.

¿'Dumping' laboral?

Ya en 2019, la prensa noruega se hizo eco de las denuncias de que la embajada española practicaba ‘dumping’ laboral –pagar a su personal salarios españoles para vivir y trabajar en Noruega, una práctica de competencia desleal repudiada por las autoridades europeas–. En septiembre de ese año, el conflicto salarial llevó a que el sindicato NTL boicoteara el Festival del Español que celebra anualmente la embajada –en colaboración con el ayuntamiento y UNICEF– y que fue finalmente cancelado por motivos de seguridad.

La polémica continuó con un toma y daca entre la embajada española –que lamentó que se "contaminara" una actividad "orientada a los niños con un tema que no tiene nada que ver es una acción muy seria e injusta"– y el sindicato noruego –donde replicaron que "es una paradoja que el festival se centre en los objetivos de sostenibilidad de la ONU y, al mismo tiempo, los empleados de la embajada no puedan vivir de sus salarios y tengan unas condiciones laborales insostenibles–.

Foto: La ministra española de Asuntos Exteriors, Arancha González Laya. (EFE)

La cuestión también ha llegado al Congreso y al Senado, donde en los últimos tres años se han presentado preguntas escritas al Gobierno cuestionando los bajos salarios, las vacaciones, la ausencia de seguros y el pago de horas extra acorde a la legislación local. La respuesta del Ejecutivo de Pedro Sánchez ha sido invariable: la ley vigente impide cualquier incremento salarial y se están adoptando medidas para cumplir la legislación noruega en materia de seguros. Según Moncloa, la paga extra de vacaciones noruega se ve compensada por las dos pagas extra del sistema español. Y sobre las horas extra, considera que la única manera de compensarlas con días libres.

"Los compañeros que trabajan en Suecia, Noruega y Finlandia perciben retribuciones que en muchos casos apenas rozan el salario mínimo local. Han sido muchos los trabajadores que han renunciado a su puesto de trabajo a los pocos meses", apuntan en un comunicado desde la UGT en España, añadiendo que "desgraciadamente no es algo nuevo" y que es "evidente la falta de voluntad de la Administración española de poner solución".

Por un trabajo de oficina en la embajada, los denunciantes con los que ha hablado El Confidencial reciben, según el caso, entre 230.000 y 270.000 coronas noruegas, unos 22.500-26.400 euros, lo que supone un 50 o 60% por debajo del salario medio noruego, un país con un PIB per cápita de casi 68.000 euros. El salario medio de un trabajador industrial en Noruega ronda las 476.000 coronas al año o 46.500 euros, mientras que el salario medio de un limpiador de hogar está en las 31.650 coronas, unos 3.100 euros mensuales, según un resumen elaborado por FriFagbevegelse.

"Una cosa son los salarios bajos, que lo son, pero que encima no te paguen lo que te deben...", asegura uno de los demandantes. "La situación es insostenible y es ridícula para el país".

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