La izquierda sondea un pacto entre partidos para aislar a Vox y acorralar a Ayuso
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ELECCIONES en MADRID

La izquierda sondea un pacto entre partidos para aislar a Vox y acorralar a Ayuso

Los socialistas alientan un cordón sanitario contra el partido de Santiago Abascal con el objetivo de poner en evidencia los posibles pactos poselectorales de la candidata del PP

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto al candidato del PSOE en Madrid, Ángel Gabilondo (2d). (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto al candidato del PSOE en Madrid, Ángel Gabilondo (2d). (EFE)

Los partidos del bloque progresista buscan fórmulas para materializar un cordón sanitario a Vox tras las elecciones de Madrid, más allá de haber renunciado a participar en debates con esta formación durante lo que resta de campaña. De entre las opciones que se están barajando, la que más peso coge es plasmar las firmas de los candidatos en un escrito por el que se comprometan a no pactar la formación del Gobierno con el partido de ultraderecha. Una suerte de manifiesto que buscaría acorralar a la candidata popular, Isabel Díaz Ayuso, al tratarse de la única que no ha cerrado la puerta a gobernar con Vox.

Este compromiso entre diferentes partidos tiene su antecedente más inmediato en las últimas elecciones catalanas, cuando las siglas independentistas prometieron no pactar un Govern con el PSC, aunque la lista de antecedentes es más amplia.

La campaña madrileña se tensiona aún más

El primer acuerdo de estas características se remonta a mucho más atrás, a 2003, al conocido como Pacto del Tinell. Entonces, los protagonistas fueron PSC, ERC e ICV. Estas tres formaciones acordaron "no establecer ningún acuerdo de gobernabilidad ni parlamentario con el PP, tanto en la Generalitat como en el Gobierno del Estado". Tiempo después, los socialistas catalanes reconocieron como un error esta polémica cláusula.

Tanteo sobre un compromiso por escrito

Desde la dirección de campaña del Partido Socialista, explican que "de momento" no hay nada cerrado, mientras que desde las candidaturas de Unidas Podemos y Más Madrid se inclinan más por esta opción, la del pacto con las firmas escritas, que por realizar algún tipo de acto conjunto con el objetivo de visibilizar la unidad de estas formaciones en el rechazo a lo que consideran actitudes antidemocráticas de Vox.

Foto: La candidata de Más Madrid, Mónica García, y la concejala Rita Maestre. (EFE)

Para los morados, sería un error representar durante la campaña electoral algo así como una 'contrafoto' de Colón. "Cada uno tiene que convencer a los suyos para que vayan a votar", indican estas mismas fuentes, subrayando la necesidad de optimizar el electorado de cada partido y que visualizar tres opciones homogéneas podría ser contraproducente para ello. Otra cuestión diferente que sí verían con buenos ojos, indican, sería algún tipo de manifiesto de condena a la ultraderecha con el compromiso de que no se va a pactar con ella tras el 4-M.

Más que una 'contrafoto' de Colón, el candidato socialista apelaba durante una entrevista en La Sexta a una "toma de posición conjunta de todos los demócratas para hacer valer la democracia". Dependiendo de los términos del compromiso por escrito, en cambio, se podría romper la dinámica de bloques, puesto que el candidato de Ciudadanos, Edmundo Bal, ha sido claro durante los últimos días, al asegurar que con sus votos evitaría la entrada de Vox en el Gobierno regional. Eso sí, se ha mostrado contrario a los cordones sanitarios.

Condena de los partidos y cordón sanitario a Vox

Ángel Gabilondo apelaba explícitamente en un mitin este lunes, tras conocerse la última carta con amenazas a un representante político, a la necesidad de establecer un “cordón sanitario con Vox, porque no se puede ni se debe gobernar con Vox”. Acto seguido, ponía el foco en Díaz Ayuso para preguntarse si va a aislar a Vox o no, "porque son un problema para la democracia". El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, advertía en un mitin electoral junto a Gabilondo este domingo de que "Vox representa una amenaza para la democracia".

En la misma línea se expresaba la candidata de Más Madrid, Mónica García, quien ponía en duda si Díaz Ayuso está de acuerdo en que "se debe decir basta ya a la política del odio y la intolerancia" que representaría Vox. La vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, apuntaba directamente al líder del PP, Pablo Casado, sobre quien dijo que si es "un demócrata", debe dejar claros unos límites que asoció a "cumplir la Constitución y respetar el marco de la UE y los derechos fundamentales". Tras ello, concluyó que "el PP está secuestrado por Vox".

Estrategia por la movilización

La negativa por parte de la formación de Santiago Abascal a condenar de forma explícita las amenazas en forma de carta ha supuesto un punto de inflexión en la campaña, pero también en el debate sobre el tratamiento político de la ultraderecha y la necesidad de exportar el modelo francés o alemán en forma de cordones sanitarios. Este lunes, era la ministra de Industria, Reyes Maroto, quien hacía pública una amenaza a través de una carta remitida a su ministerio que contenía una navaja "aparentemente ensangrentada".

Foto: Iglesias visita despensas solidarias en Vallecas durante la Semana Santa. (EFE)

Se da la circunstancia de que aunque Maroto no va en las listas del PSOE, dejará el Gobierno de España si Gabilondo logra presidir la Comunidad de Madrid tras el 4-M: será su vicepresidenta económica. La pasada semana, fueron el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, la directora de la Guardia Civil, María Gámez, y el exvicepresidente y candidato de Unidas Podemos a las elecciones en Madrid, Pablo Iglesias, quienes recibieron amenazas similares, en su caso, con cartas que contenían balas de Cetme.

Los partidos del bloque progresista pretenden alterar los marcos en que discurría la campaña electoral —con cambio de lemas incluido— para intentar convertir el 4-M en un plebiscito sobre la democracia y, así, movilizar a sus potenciales votantes. Las posibilidades de un vuelco electoral las vinculan con una participación récord, que anticipaba ya la última encuesta del CIS, pero también los sondeos privados. Y los registros históricos de mayor participación se han producido en contextos de polarización extrema, como fue el caso de las elecciones generales de 1982, un año y medio después del 23-F, y las catalanas de 2017 tras la DUI y la activación del artículo 155.

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