LA MUJER DE MÁS CONFIANZA DEL PRESIDENTE

Calvo, la pieza clave que necesita Sánchez a su lado para controlar el Gobierno bipartito

Ella ya no será la única vicepresidenta, pero sí la que pilotará el área política, y la que seguirá dirigiendo la Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios, el filtro último del Consejo de Ministros

Foto: Pedro Sánchez, junto a su mujer, Begoña Gómez, y Carmen Calvo y José Luis Ábalos (i), celebrando la victoria del 10-N en Ferraz. (EFE)
Pedro Sánchez, junto a su mujer, Begoña Gómez, y Carmen Calvo y José Luis Ábalos (i), celebrando la victoria del 10-N en Ferraz. (EFE)

Oficialmente, no hay confirmación total y absoluta, porque tanto la estructura del nuevo Gobierno como los nombres de los posibles ministros están guardados a buen recaudo y tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias se han conjurado para que no trasciendan antes de tiempo. Pero altos mandos del PSOE y del actual Ejecutivo en funciones dan por descontado que Carmen Calvo seguirá al lado del presidente. Ya no como su vicepresidenta única, sino como su vicepresidenta primera. Pero continuará siendo una pieza clave en el organigrama del nuevo Gabinete, al mando de la coordinación del Consejo de Ministros. Por ella pasará todo, filtrará todo. Prácticamente como hasta ahora, a falta de que se definan sus competencias.

El martes, cuando trascendió el sorpresivo acuerdo fraguado en apenas 24 horas entre el PSOE y Unidas Podemos, y que suponía que Iglesias se convertiría en nuevo vicepresidente, asomaba la pregunta obvia. ¿Y qué pasará entonces con Carmen Calvo? ¿Cuántas vicepresidencias habría en el nuevo Ejecutivo, en caso de que Sánchez consiga los apoyos necesarios para la investidura?

Ambas cuestiones ya se pueden dar por respondidas, a falta de que sea el propio presidente el que las confirme. Porque en las alturas del PSOE y del Gobierno, y también en Unidas Podemos, se da por sentado que Calvo mantendrá su puesto y que habrá tres vicepresidencias. Una, para ella misma, de contenido político; la segunda, para Iglesias, encargada de la coordinación del área social, y la tercera para Nadia Calviño, para pilotar todas las cuestiones económicas, como el secretario general comprometió en campaña y cuya imagen le sirve para 'centrar' el Ejecutivo. La previsión también es que los morados ocupen tres ministerios, también con competencias sociales. Ese mismo combo, de vicepresidencia y tres departamentos, fue el que Sánchez ya ofreció en julio —y rechazó Iglesias— y que hizo caducar en cuanto se estrelló su investidura. Ahora, el esquema sería en principio semejante, con la gran diferencia de que el líder socialista ha tenido que admitir que sea el secretario general de Podemos, al que vetó, el que ingrese directamente en el Ejecutivo.

En el nuevo organigrama habría tres vicepresidentes (Calvo, Iglesias y Calviño) y los morados ocuparían tres ministerios


Un Gobierno central con tres vicepresidencias no es un exotismo en la historia democrática de España, aunque no ha sido una distribución de poder habitual. Adolfo Suárez tuvo en su Gabinete a Fernando Abril Martorell como vicepresidente tercero entre 1977 y 1978, y el andaluz Manuel Chaves lo fue, con José Luis Rodríguez Zapatero en la Moncloa, entre 2009 y 2011. En este caso, habría tres para las tres grandes áreas del Ejecutivo (política, para Calvo; social, para Iglesias, y económica, para Calviño), aunque la pieza clave en ese organigrama sería la actual número dos. Calvo actuaría de contrapeso de Iglesias en ese primer escalón de poder.

Índice rojo y verde

La dirigente socialista es todavía vicepresidenta del Gobierno, ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad. Como tal, es la responsable de la coordinación de los asuntos de relevancia constitucional, de la preparación y seguimiento del programa legislativo y del apoyo inmediato al presidente. Pero además da asistencia al Consejo de Ministros y a las Comisiones Delegadas del Gobierno y sirve de puente entre el Ejecutivo y las Cortes Generales. Y preside, y esto es muy importante, la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios. Este es el órgano que sirve de filtro último antes del Consejo de Ministros. Se reúne semanalmente —normalmente, los miércoles por la tarde—, y prepara y discute todos los asuntos que luego se llevan al Consejo. Los que son de mero trámite forman parte del llamado índice verde, y los más delicados, que merecen la deliberación de los ministros, se agrupan en el llamado índice rojo.

Calvo, como vicepresidenta primera, sustituiría a Sánchez en su ausencia, como hasta ahora, y llevaría la coordinación del Gabinete

Como convienen fuentes del Gobierno y del partido, para Sánchez es fundamental que su partido retenga el control de la vicepresidencia política y del Ministerio de la Presidencia, precisamente porque su titular preside la Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios. No solo porque en ella se hace un control exhaustivo de la legalidad de las iniciativas, sino porque es la que controla los ritmos del Gobierno, la que decide qué se lleva y qué no al Consejo de Ministros, la que autoriza o veta leyes o textos de los distintos ministerios. Una norma puede salir de un departamento, pero si es parada en esta comisión, no llegará a la reunión semanal del Gabinete. "Para ese puesto se necesita o una jurista como Carmen [es profesora titular de Derecho Constitucional] o alguien que conozca bien la Administración por dentro, y Podemos no tiene esa experiencia. Pablo no tiene formación jurídica", conviene una ministra, que indica que la vicepresidenta "hace bien ese trabajo y no hay razón para quitarla". "Con un Gobierno de coalición, el papel de la Comisión de Secretarios y Subsecretarios es aún más importante, y sirve para controlar el Consejo", añade.

Calvo, la pieza clave que necesita Sánchez a su lado para controlar el Gobierno bipartito

La vicepresidenta primera es, además, quien sustituye al presidente cuando está ausente (por viajes o por enfermedad) y quien preside las reuniones del Consejo de Ministros en esos casos. Y como ministra de la Presidencia, dependen de ella cuatro organismos públicos: el CIS, el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Patrimonio Nacional o el Boletín Oficial del Estado.

Concurren en Calvo razones políticas para no ser defenestrada, señalan todas las fuentes consultadas. No está aún 'quemada' por el cargo y no ha tenido, por ahora, grandes tropiezos, si se excluye la negociación con la Generalitat y la figura del relator, cuya aceptación sí tensionó al PSOE. Pero ese diálogo se rompió por completo al insistir los independentistas en la necesidad de hablar de la autodeterminación, asunto que el Gobierno ha dicho siempre que no negociará porque no puede saltarse ni la Constitución ni las leyes. "Quitarla como vicepresidenta sería una desautorización no justificada", señalan en Ferraz.

Del 'Aquarius' a la exhumación de Franco

La vicepresidenta ha ido ganando terreno progresivamente desde 2017. Ella se acercó a Sánchez cuando había sido defenestrado por su partido, y apostó por él en las primarias de 2017. Había sido ministra de Cultura con Zapatero entre 2004 y 2007 y también diputada en el Congreso hasta 2011, pero después regresó a su actividad docente como profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba. Ella era de los pocos miembros de Gobiernos socialistas que habían decidido alistarse con Sánchez, porque todo el 'establishment' del partido estaba con su principal rival, Susana Díaz. Él la situó a su lado y la nombró secretaria de Igualdad de su ejecutiva. Formalmente, la número cuatro del escalafón. Pero cada vez le fue encargando más tareas. Negoció con Soraya Sáenz de Santamaría la puesta en marcha del artículo 155 en Cataluña y se convirtió en la portavoz oficiosa de Ferraz.

La número dos ha ido ganando poder de manera progresiva. Se ha convertido en la voz de Sánchez en el Gabinete. Patinó, para el PSOE, con el relator

Tras la moción de censura contra Mariano Rajoy, a la que ella empujó, Sánchez la eligió como vicepresidenta, ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, y con ella fue componiendo el Consejo de Ministros. A ella le encargó la coordinación del operativo de llegada del 'Aquarius' a España, la primera gran medida simbólica del nuevo Gobierno y con la que el presidente quería mostrar su política migratoria, de control de fronteras y a la vez humanitaria, y con la que buscaba implicar a la UE. Calvo puso en marcha el pacto de Estado contra la Violencia de Género y fue también la que lideró el largo y costoso proceso de exhumación de Francisco Franco, ganado en el Tribunal Supremo y ejecutado el pasado octubre. Y ella asumió, en los meses previos a la convocatoria de las elecciones del 28 de abril, la interlocución directa con la Generalitat. Su traspié fue incorporar la figura del relator, muy mal digerida dentro del PSOE, pero logró salvar la papeleta interna cuando las negociaciones con el Govern se rompieron. En ocasiones se le cuestionó su forma de coordinar el Ejecutivo.

Pese a que a veces ha recibido críticas, y a que en sus filas conocen sus defectos, Sánchez le ha demostrado una confianza total. Sigue formando parte de los 'maitines' —las reuniones de coordinación Ejecutivo-PSOE de los lunes en la Moncloa, a las que asisten el líder socialista y su jefe de Gabinete, Iván Redondo, además de sus números dos y tres en el PSOE, Adriana Lastra y José Luis Ábalos—, y ejerce de portavoz 'de facto' del Gobierno, especialmente en cuestiones delicadas. Isabel Celaá es la ministra portavoz, y aunque ha ido ganando seguridad, no integra el núcleo duro del Ejecutivo, y se nota. Calvo, en cambio, sí está en el corazón del poder, y es la voz más autorizada de Sánchez en el Gabinete. A ella encargó Sánchez que comandara las negociaciones con Unidas Podemos en el verano (junto con la número dos del PSOE, Adriana Lastra, y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero). Representaba el ala dura en las conversaciones, aunque las tres actuaban en delegación del presidente. Llegaron hasta donde él les indicó que podían llegar.

Calvo, la pieza clave que necesita Sánchez a su lado para controlar el Gobierno bipartito

Sánchez colocó a Calvo como número dos de la lista por Madrid tanto en las elecciones del 28-A como en las del 10-N. Y está a su lado siempre. "Es una pieza muy importante para Pedro, aunque sea discreta", recalcan en su entorno. Ella, por ejemplo, estaba enterada de la reanudación de las negociaciones con Podemos el lunes pasado, aunque las condujeran Lastra y, desde la Moncloa, el director de Gabinete del presidente, Iván Redondo, y ambos con la portavoz morada, Irene Montero. Pero no estuvo en la foto de la firma del preacuerdo entre Sánchez e Iglesias, y eso dio pie a las especulaciones. Eran infundadas, dicen en Ferraz y en el círculo de Calvo, porque ella sigue perteneciendo al primer anillo de poder del presidente.

¿Qué pasa con Igualdad?

En las conversaciones de julio, Sánchez llegó a ofrecer a UP la joya de la corona del proyecto socialista, Igualdad, hoy en manos de Calvo. El presidente se ha comprometido a mantener ese ministerio con rango de Vicepresidencia. Esto significa que o bien esa área no cambia de manos o bien pasa bajo el control de Iglesias (o tal vez de Irene Montero). Si se diera este último caso, probablemente Calvo fuera reforzada. Podría recibir la Portavocía del Gobierno —Celaá podría continuar como titular de Educación, aunque hay más dudas en el partido de que sea la más idónea para dar la cara por el Ejecutivo todos los viernes—, encargarse de la Política Territorial (como hizo Rajoy con Santamaría en su segundo Gabinete), asumir el Centro Nacional de Inteligencia (ahora en manos de la titular de Defensa, Margarita Robles)... Las mujeres del PSOE desaprueban que Igualdad pase a los morados, porque hay políticas en las que discrepan (el PSOE es partidario de abolir la prostitución, y UP, de legalizarla; o mantienen diferencias en identidad de género).

Si Sánchez, por una cuestión de ajuste, decidiera sacar a Calvo del Consejo de Ministros, su destino lógico sería la Presidencia del Congreso. Pero ya después del 28-A no estuvo en sus planes hacer ese movimiento, y ahora tampoco parece probable que lo haga. Los catalanes Meritxell Batet y Manuel Cruz siguen teniendo papeletas para seguir al frente de Congreso y Senado. Fuentes del Ejecutivo indicaban que si Calvo dejara el Gabinete, quizá Sánchez podría echar mano del secretario general de la Presidencia del Gobierno, Félix Bolaños —el responsable del aparato administrativo de la Moncloa y en quien recayó la coordinación del operativo para exhumar al dictador—, como ministro de la Presidencia.

Salvo sorpresas, ministros como Montero, Robles, Marlaska y Montero seguirán en el Gobierno. Ribera se mantendrá al frente de Transición Ecológica

En el futuro Gobierno de coalición, si Sánchez logra amarrar la investidura, los llamados ministerios de Estado (Exteriores, Justicia, Defensa e Interior) seguirían bajo la tutela del PSOE. Habrá relevo seguro al frente de la diplomacia española, pues Josep Borrell marcha a Europa, pero es más que probable la continuidad de Margarita Robles en Defensa y de Fernando Grande-Marlaska en Interior. Ambos son independientes. También lo es Dolores Delgado, titular de Justicia. Hace unos meses su sustitución parecía más probable, pero en este año y medio en el Gobierno ha sabido hacerse un hueco en el partido y ganar peso en el Gabinete.

También parece clara la permanencia de María Jesús Montero —lo lógico es que mantuviera Hacienda, aunque habría perdido relieve frente a la vicepresidenta Calviño— y José Luis Ábalos en Fomento. Este, hombre fuerte en el partido y en el Gabinete, podría ser candidato a la vicepresidencia de Calvo, pero en Ferraz se da por hecho que no será promocionado dentro del Ejecutivo, ya que dispone de un escaparate vistoso como secretario de Organización del PSOE. Ya está confirmado que en Transición Ecológica seguirá Teresa Ribera, por lo que corre más peligro Magdalena Valerio en Trabajo, cartera también ambicionada por Unidas Podemos.

Pedro Sánchez, con las ministras María Jesús Montero, Teresa Ribera y Reyes Maroto, el pasado 20 de febrero en Madrid. (EFE)
Pedro Sánchez, con las ministras María Jesús Montero, Teresa Ribera y Reyes Maroto, el pasado 20 de febrero en Madrid. (EFE)

Ni Sánchez ni Iglesias quieren desvelar aún la composición final del Gabinete. La estructura se está ultimando y pueden introducirse ajustes a lo largo de los contactos con los grupos. La intención del presidente, de hecho, es no dar a conocer a su equipo hasta que pase la investidura. Esa es la primera tarea, y en ella está implicada Lastra. En la búsqueda de apoyos. Primero se intentarán cerrar los respaldos de Más País (3), PNV (6), BNG (1), PRC (1), Teruel Existe (1) y Coalición Canaria-Nueva Canarias (2). Faltaría entonces o el sí de Ciudadanos (10) o la abstención de ERC (13). Sánchez era remiso a que su elección descansara en las formaciones independentistas, pero ya esa es la única vía disponible, dado el rechazo de los naranjas a apoyar un Gobierno de coalición progresista. Los republicanos se mantienen en el no, aunque en el partido y en el PSC se interpreta que acabarán absteniéndose para no votar lo mismo que PP y Vox y para no ser responsables de llevar a España a unas terceras elecciones.

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