UN DIVORCIO QUE APUNTA A ELECCIONES

Calvo salva en el último minuto su semana más turbulenta... y hace respirar al PSOE

La vicepresidenta protagoniza el requiebro final con la ruptura con el separatismo tras cuatro días de agitación y cuestionamiento internos. La rectificación del Gobierno es celebrada en el partido

Foto: La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, el pasado 5 de enero en Cabra, Córdoba. (EFE)
La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, el pasado 5 de enero en Cabra, Córdoba. (EFE)

—Ella lo ha gestionado fatal. Ha salido achicharrada de esto.

—Podía haberse escondido por miedo a quemarse, pero esa no es Carmen. Hace bien su trabajo.

Esas dos pinceladas, de dos dirigentes socialistas, uno del partido y otro del Gobierno, resumen el sabor de boca que ha dejado la semana más turbulenta de Carmen Calvo (Cabra, Córdoba, 1957) como vicepresidenta del Gobierno. Cuatro días marcados a fuego por Cataluña, con un primer acto protagonizado por la sorpresa —la aceptación imprevista de la figura del relator—, un nudo en el que reinaba la confusión y en el que se oyó el malestar en muchas esquinas del PSOE y un desenlace también inesperado, en el que se consumó un frenazo del Ejecutivo en su estrategia. El Gobierno se plantó. Dio por rotas las negociaciones con el independentismo al no asumir su exigencia de que sobre el papel quedase plasmada su reivindicación del referéndum de autodeterminación. La consecuencia directa será la caída casi segura de los Presupuestos Generales del Estado de 2019 y el viraje de la nave hacia las elecciones generales, quizá incluso en el superdomingo del 26 de mayo. El partido, que había vivido una agitación nunca vista en estos ocho meses de Pedro Sánchez al frente del Gabinete, respiró aliviado. No habrá cuentas para 2019, pero tampoco más cesiones que habrían podido arrastrar a barones y alcaldes por el sumidero.

Los últimos compases de una semana que había sido "una puta locura", en palabras de uno de los colaboradores de la vicepresidenta, se escribieron en apenas media hora. A las 13:34, Calvo remitió a sus interlocutores del Govern, el 'vicepresident', Pere Aragonès, y la 'consellera' de Presidencia, Elsa Artadi, la última versión de la propuesta del Ejecutivo. El "destino final". Su diseño de mesa de partidos, con participación de fuerzas catalanas y estatales (PSOE y Podemos), con un facilitador al frente. El Govern se mostró dispuesto a seguir hablando, y a convocar una reunión para la tarde. Muy cerca de las dos de la tarde, sobre las 13:50, llegaba la respuesta de Calvo al grupo de whatsapp con Artadi y Aragonès: "Tenía que ser ahora. Entiendo que esto es un no. Suerte". Ahí acababa la negociación. El Gobierno activaba el freno definitivamente. A las 14:16, la número dos comparecía ante los periodistas acompañada de los ministros Nadia Calviño y Pedro Duque, 45 minutos después de lo anunciado. Un retraso infrecuente pero que ilustraba lo tensa que llegó a estar la cuerda.

"Entiendo que esto es un no. Suerte", escribió Calvo al Govern antes de comparecer, dar por roto el diálogo y señalar hacia unas posibles generales


Cataluña opacó toda la rueda de prensa, dibujada para vestir de largo la Agenda del Cambio, el compendio de reformas preparadas por el Ejecutivo a medio y largo plazo. Calvo, y no la portavoz del Ejecutivo, Isabel Celaá, daba cuenta del último documento entregado a los independentistas y de cómo había que "parar" la moviola a la vista de que no había avances y el soberanismo se empeñaba en incluir en el texto el referéndum de autodeterminación, que "nunca" podrá aceptar el Gobierno. En la sala se percibía una sensación de fin de ciclo. El abatimiento era palpable en los rostros de los colaboradores de Calvo y de los ministros. La ruptura con los separatistas hará caer los Presupuestos y sin ellos, reconoció la vicepresidenta, la legislatura "se acorta". Las caras largas, mal disimuladas, denotaban el mal gusto de una probable agonía del mandato socialista.

Alejar el cierre de los PGE

Los soberanistas acusaron a Sánchez de "romper" el diálogo, de falta de "coraje" y de haber comprado el discurso a la "derecha y la ultraderecha". Pero ya estaban avisados de que el presidente no iba a aguantar más. "Les mandamos un documento, prácticamente el mismo que el definitivo, a las 16:30 y las 19:30 del jueves. Y no contestaron. Les dijimos que no íbamos de farol, que había que cerrar todo esto y que tenía que estar listo para el Consejo de Ministros, porque íbamos a debatir sobre ello. Pero ellos creen que hay enredar todo el rato, y así no se puede trabajar. Nosotros fuimos de frente. Y antes de salir en rueda de prensa, les rebotamos el texto cerrado, la última propuesta", explicaban fuentes próximas a la vicepresidenta.

La vicepresidenta avisó a Aragonès y Artadi que el viernes quería dejar listo el diseño de la mesa de partidos, pero ambos querían seguir "enredando"

"Había que fijar un día y que no coincidiera con la votación de los Presupuestos [el próximo miércoles, 13 de febrero]. Está claro que sin cuentas no hay estabilidad, pero queríamos insistir en que son dos cosas distintas", abundaba uno de sus colaboradores. Otras fuentes apuntaban a la participación directa del director de Gabinete del presidente, Iván Redondo, a la hora de frenar la locomotora. "Es verdad que actúa mucho", admitían fuentes gubernamentales acerca de uno de los hombres que ejerce más influencia sobre Sánchez y al que no pocos en el PSOE culpan de la estrategia, a veces errática, a veces arriesgada, del Ejecutivo. De fondo, hay quienes aprecian "una guerra abierta entre Iván y Carmen". En Vicepresidencia niegan la participación de Redondo. En cualquier caso, la decisión final de congelar las conversaciones partió de Sánchez, como reconoció Calvo en su comparecencia.

Calvo salva en el último minuto su semana más turbulenta... y hace respirar al PSOE

Para llegar a ese acto final, el Gobierno, y especialmente Calvo, tuvo que cruzar una travesía negra, una montaña rusa que le dejó malparado. ERC anunció el lunes que 24 horas después registraría en el Congreso su enmienda de totalidad de los Presupuestos. Un gesto que irritó en la Moncloa, que consideraba una traición al marco de "confianza" que perseguía construir con los independentistas. El martes a primera hora, en una entrevista en TV3, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, hace saltar las alarmas internas. Reconoce que es una "posibilidad" que el Gobierno acabe aceptando la figura de un "notario", "alguien que dé de lo que se habla" en la mesa de partidos.

Fuentes de Vicepresidencia culpan a Iceta por haber levantado la liebre y haber dinamitado los planes del Ejecutivo. "Sin querer, lo suelta en la tele y todo se desordena. Pero, ¿quién tiene la culpa, el Gobierno que ha estado trabajando discretamente o quien lo lanza?". En el equipo de Calvo subrayan que entonces ella tuvo que salir antes de tiempo para apagar el fuego, "ordenar" el desaguisado. Aprovechó que tenía que someterse a las preguntas de la oposición en el Senado para confirmar ante los periodistas que había aceptado la figura del "relator", alguien que se dedicara a "tomar nota", coordinar los trabajos o convocar a las reuniones. Pero sus declaraciones confusas escandalizaron a la oposición e impactaron en una parte del PSOE que entendió que se había franqueado de improviso una línea roja solo con el fin de salvar unos Presupuestos que muchos daban por perdidos desde hacía semanas. De manera creciente, cuadros socialistas responsabilizaban a Calvo por haber "comprado el marco mental" de los independentistas, ya que ellos siempre han demandado un mediador internacional para visualizar la figura de un tercero que viene a arreglar un conflicto entre dos Estados en pie de igualdad.

Aquellos 63 minutos

Calvo dijo desde el principio que no se trataría de un "mediador", ni de un "observador". Pero su versión contradecía la del Govern, y no ayudó que pasadas unas horas desde la Moncloa se lanzaran dos comunicados en los que primero se habló de "relator" y luego de "facilitador". Al día siguiente, miércoles, la vicepresidenta acudió a la entrevista en la SER que tenía programada desde hacía una semana. Intentó minimizar la concesión del Ejecutivo, quitando hierro a la figura del "relator o algo así" que estaría al frente de la mesa de partidos. A la salida, Sánchez la llamó. Consideraba que se había organizado tal "confusión" ambiental —PP y Cs anunciaron una manifestación para el domingo y el patio interno seguía revolucionándose, con un Emiliano García-Page ejerciendo de primera voz de los críticos— que no quedaba más remedio que aclararlo, 48 horas antes de lo que estaba previsto.

Algunas fuentes culpan a Iceta de haber levantado la liebre, lo que impidió una explosión controlada del relator, la figura que lo ha envenenado todo

La vicepresidenta compareció ante los medios en la Moncloa un total de 63 minutos. Dejó ante los informadores y ante dirigentes de su partido más "confusión" de la que incluso había inicialmente. Buscó rebajar el impacto, pero no logró clarificar la necesidad de un nuevo espacio de diálogo —ya opera la comisión territorial del Congreso y una mesa de partidos catalanes en el Parlament, aunque en ambos casos sin resultados—, ni quiénes se sentarían en él, ni por qué hacía falta la participación de un relator, ni qué se hablaría allí. Calvo, por ejemplo, fue ambigua respecto a la integración de fuerzas estatales, una demanda explícita del Govern.

Calvo salva en el último minuto su semana más turbulenta... y hace respirar al PSOE

La rueda de prensa aumentó la estupefacción interna. Todos los dirigentes que han tratado a la vicepresidenta destacan su "intensidad", su falta de "concreción", de "contención", y de linealidad en el discurso. Muchos apuntaban, tras escucharla, que fue "excesiva" y poco clara. En su entorno, sin embargo, subrayan que es una mujer que "cumple su palabra" y que debía actuar con "discreción" hasta que se encontrara un acuerdo. Por eso, dicen, no podía ser más explícita: "Hay que ser ambiguo para ser flexible".

La vicepresidenta, de la que muchos remarcan su "intensidad", no fue clara sobre la composición de la mesa el miércoles porque aún seguía negociando

Pero lo que estaba dispuesto a aceptar el Gobierno es lo que luego quedó sobre el papel: una mesa de fuerzas catalanas a la que podían sumarse PSOE y Podemos, partidos que están desdoblados en la comunidad (PSC y los comunes). Se trataba, pues, de que se sumaran las formaciones "comprometidas con la búsqueda de una salida para Cataluña", pero no otros partidos como el PNV. El Ejecutivo, mientras, seguía recibiendo críticas internas de quienes entendían que abrir una mesa de partidos podría "degradar las instituciones", como aseguró el expresidente Felipe González, hacer ver que la democracia española tiene un problema, déficit que el independentismo siempre quiere recalcar. Al carro se sumó incluso el portavoz socialista en la Asamblea de Madrid, el independiente Ángel Gabilondo, considerado un referente en el PSOE.

"Hace lo que le pide el presidente"

En los últimos días, varios dirigentes censuraban a Calvo por la "mala gestión de la crisis" y su "pésima estrategia de comunicación", y repetían que suele pecar de "soberbia". Pero la mayoría de los consultados insistían, en línea con Page, que no era "justo" endosarle a ella toda la culpa, porque "el problema de fondo era la decisión política", de la que era copartícipe y último responsable Sánchez. Mandos lejanos y cercanos al presidente coinciden en que la número dos del Gobierno "no es un verso libre" y no actúa por su cuenta.

Aunque hay quienes ven "mala gestión" en Calvo, la mayoría incide en que de la estrategia con Cataluña era copartícipe y último responsable Sánchez

En su círculo más estrecho, recuerdan que Calvo está "acostumbrada a trabajar en condiciones complicadas" y que no ha desviado su "rumbo". "Y ella hace lo que el presidente le pide. El único ámbito donde tiene más autonomía es, como el resto de ministros, en la competencia que es enteramente suya, Igualdad. Todo lo demás lo hace de acuerdo con el presidente", abundan. Desde su entorno insisten en que ella "ha dado y da la cara en los momentos más complejos desde que conoció a Pedro", tanto cuando estaba en la oposición, cuando ejerció de portavoz oficiosa del PSOE todos los viernes, como ahora ya en la Moncloa. "Y hace cero 'pasilleo', cero cotilleo", apostillan.

Calvo salva en el último minuto su semana más turbulenta... y hace respirar al PSOE

En el Gobierno explican que el desenlace imprevisto de este viernes obedece, sobre todo, a que cuajó la consciencia de que los independentistas no iban a recular y, encima, ni siquiera estaba garantizada la tramitación de los Presupuestos. Todos los conocedores de las conversaciones enfatizan en que la ruptura sobrevino porque los soberanistas querían que se dejara claro no solo que se hablaría del referéndum de autodeterminación, sino que la mesa de partidos debía negociar cómo hacerlo posible. Y llenaban los textos de vuelta remitidos a la Moncloa de "soflamas independentistas". El Gabinete no podía tragar. Ya no.

Desde Vicepresidencia, igual que otras fuentes gubernamentales, señalaban que no influyó "en nada" en la decisión final ni la concentración de las derechas en Madrid del domingo ni la contestación interior, que atribuían al miedo a un descalabro en mayo. Pero otros altos cargos reconocían que es "ridículo" afirmar que no afectó el ruido ambiente exterior o interno. "Claro que todo eso te pesa, pero hemos intentado aislarnos. Todo surgió de golpe y sin la suficiente cocción", añadían. "En situaciones complicadas, la ayuda sirve de mucho", respondió Calvo a los críticos con patente disgusto.

"Más vale tarde que nunca"

En el Ejecutivo hay altos mandos que asumen que no se calibró "bien" el impacto de la figura del relator, pero la impresión generalizada es que se ha sobredimensionado la polémica. En cualquier caso, la trayectoria se rectificó con la comparecencia de este viernes de Calvo, mucho más precisa y directa que la de dos días antes. "Nos habremos dejado pelos en la gatera, sí, pero ya veremos", avisó un miembro del Ejecutivo.

Enseguida cundió una sensación de alivio en el PSOE, en los mismos que habían mostrado en los días previos su inquietud. "Valoramos que el Gobierno haya querido dialogar, pero valoramos muchísimo más que haya tenido claro cuáles son los límites. Con la Constitución y la soberanía nacional ni se duda, ni se negocia", advertían en el entorno del presidente manchego, Emiliano García-Page. El aragonés Javier Lambán celebró que se rompieran las relaciones con los separatistas. "No parece que estuviéramos tan equivocados los díscolos. Pero más vale tarde que nunca", decía a este periódico un mandatario autonómico.

Alivio en los dirigentes que se habían removido en los últimos días, pero también hay "tristeza" por haber emprendido un "viaje a ninguna parte"

No obstante, el parón del diálogo dejaba una sensación de "tristeza" en algunos cuadros. El Gobierno no había cedido más, sí, pero ¿para qué haber llegado tan lejos? "No tengo ni idea de por qué lo ha hecho, pero vaya viaje a ninguna parte", expresaba un miembro de la dirección federal. Opinaba esto un cargo de Ferraz: "Era un clamor. No quedaba otra, porque seguir negociando con los 'indepes' habría sido una sangría. Era una estrategia condenada al fracaso". "El daño que se ha hecho estos días es irreparable en la imagen. Se han reabierto heridas ya cerradas, han renacido desconfianzas", apuntaba un mando regional. Por eso hay quienes todavía tienen el corazón en un puño y desean que no haya más capítulos en un serial muy corrosivo internamente para el PSOE.

Calvo salva en el último minuto su semana más turbulenta... y hace respirar al PSOE

¿Y cómo sale Calvo? Para algunos, "abrasada", igual que se quemó su antecesora, Soraya Sáenz de Santamaría, con la 'operación Diálogo' encargada por su jefe, Mariano Rajoy, prueba de que Cataluña no hace más que calcinar liderazgos políticos. Para otros, la imagen de la vicepresidenta no sale tan deteriorada. "Ella hizo su función, no escurrió el bulto", la defienden los suyos con vehemencia.

En todo caso, ahora hay que mirar al capítulo siguiente. La concentración de las derechas en Colón, el juicio del 'procés', el debate de Presupuestos, la reacción de Sánchez. Y quizá un superdomingo electoral el 26-M, que algunos en la Moncloa ya perciben como "probable". Y, si se confirmara, volvería la pesadilla para barones y alcaldes socialistas que no quieren ver contaminada su campaña por Cataluña. Aunque quizá la crisis territorial ya está demasiado apegada a la piel de cualquier debate.

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