MONTERO AVISA: O INVESTIDURA YA O URNAS

Sánchez e Iglesias no contemplan más contactos hasta pasar la "investidura fallida"

Las dos fuerzas dan por hecho que será difícil retomar las reuniones hasta que alguno de los dos líderes se mueva, y no se prevé. El PSOE insiste: espera respuesta a su Gobierno de cooperación

Foto: Las portavoces de PSOE y Unidas Podemos, Adriana Lastra (d) e Irene Montero, este 27 de junio en el homenaje a las víctimas del terrorismo en el Congreso. (EFE)
Las portavoces de PSOE y Unidas Podemos, Adriana Lastra (d) e Irene Montero, este 27 de junio en el homenaje a las víctimas del terrorismo en el Congreso. (EFE)

Las negociaciones para la investidura entre PSOE y Unidas Podemos han quedado suspendidas. No están rotas, pero sí paralizadas y previsiblemente postergadas hasta más adelante. Para la formación morada, en cambio, ni siquiera habrían empezado dada la negativa a constituir grupos de trabajo para abordar un programa de legislatura con base en equipos. La última reunión en la Moncloa entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias fue infructuosa y marcó un punto y aparte, acercando el choque de trenes con acusaciones cruzadas y amenazas poco veladas, mientras ambas fuerzas se instalaban abiertamente este jueves en la guerra por el relato, en argumentar la culpabilidad del otro y en descargar responsabilidades. En este escenario, no se atisban más contactos, al menos por ahora, hasta después de que Sánchez se presente por primera vez a la investidura, cuya fecha cerrará el próximo martes con la presidenta del Congreso, Meritxell Batet.

Desde Unidas Podemos hablan ya abiertamente de "investidura fallida" y no ven más mimbres que reconducir las negociaciones durante el mes de agosto de cara a una segunda sesión de investidura en septiembre. Un extremo que los socialistas descartan elevando el órdago al señalar que o investidura exitosa en julio o nuevas elecciones. La construcción del relato era el concepto fetiche más repetido entre unos y otros tras la celebración este jueves en el Congreso del homenaje anual a las víctimas del terrorismo. En privado, se reconoce un mayor bloqueo del que se manifiesta en público, si bien son conscientes de que la actual situación política se ha hecho más imprevisible y nada se puede descartar. Quien logre imponer su relato condicionará el siguiente movimiento.

La fase de la discreción, imprescindible para armar un acuerdo evitando injerencias externas, ha saltado por los aires y se ha pasado directamente a la fase de las acusaciones, antesala de los desacuerdos. Ninguna de las partes está dispuesta a ceder en sus posiciones de partida —Gobierno en coalición contra Gobierno de cooperación—, y se comienzan a echar cuentas sobre quién perdería más en una hipotética repetición electoral, no tanto para justificar estrategias propias como para dar más o menos credibilidad a la amenaza del otro. Entre medias, comienzan a entrar en juego otras voces de peso como las de sindicatos u otros colectivos influyentes, desde el mundo de la judicatura al de los servicios públicos. Presiones y guerra por el relato.

Montero reitera el "compromiso irrenunciable" de su grupo para "que haya un Gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos que garantice derechos sociales"


Mientras siguen pasando los días —este viernes se cumplen dos meses exactos desde que se celebraron las elecciones generales del 28 de abril y Sánchez solo ha sumado a sus 123 escaños el apoyo del diputado del PRC—, la portavoz de la formación morada, Irene Montero, reiteraba el "compromiso irrenunciable" de su grupo parlamentario para "que haya un Gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos que garantice derechos sociales". Un compromiso que, sin embargo, no veía correspondido al volver a asegurar que el PSOE les habría trasladado su preferencia de buscar el apoyo de la derecha. Si bien se ha solicitado varias veces en público la abstención de Ciudadanos y PP, los socialistas desmienten este extremo.

Quizá mensaje público a los dos meses

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, mantiene sin embargo un perfil más posibilista, asegurando que es optimista respeto a un acuerdo "que está mucho más cerca de lo que podría parecer" (en dos meses y medio), por lo que pide "tranquilidad". Se mantiene en su posición de mano tendida evitando entrar en un cruce de declaraciones y limitándose a conceder que "el plan A" de Sánchez sería buscar la abstención de la derecha, pero que cree que no se la darán, por lo que su única vía será pactar con Unidas Podemos. No se descarta, en esta línea, que en las próximas horas vuelva a lanzar a Sánchez un mensaje público pidiendo reconducir la situación e intentar llegar a un acuerdo que evite una investidura fallida.

"Podemos no nos ha dado respuesta, pero vamos en serio y responsablemente a la investidura. Para nosotros es ya", destacan en la Moncloa

En Ferraz ya advierten de que la gestión de los movimientos la tutela Sánchez muy personalmente, y ahora mismo él está ya en Osaka (Japón), donde este viernes arranca la cumbre del G-20, que se prolongará hasta el sábado, y el domingo enlaza con el Consejo Europeo extraordinario en Bruselas. Pero, por el momento, en el entorno más próximo del presidente son refractarios a nuevos encuentros con Iglesias salvo que este dé "una respuesta" a la oferta que tiene sobre la mesa desde hace 10 días. La respuesta que espera la Moncloa es que los morados se avengan a negociar sobre ese Gobierno de cooperación en tres ámbitos: parlamentario, programático e institucional, lo que supondría darles entrada en cargos intermedios, pero no en el Consejo de Ministros. Si, como ya intuyen en Ferraz, Iglesias no se apea de su demanda de un Ejecutivo de coalición, Sánchez no tiene previsto programar nuevas reuniones con él.

"No nos ha dado respuesta, pero vamos en serio y responsablemente a la investidura. Para otros será lo que sea. ¡Para nosotros es ya!", expresa un alto mando del Gobierno en funciones muy próximo al líder socialista, dando a entender que la fecha que este cierre con Batet no se irá muy lejos del calendario. La primera votación podría llegar el martes 9 de julio —en cuyo caso, cumplidos los plazos sin un nuevo jefe del Ejecutivo, habría elecciones el 27 de octubre—, el día 16 —lo que lleva a urnas el 3 de noviembre, en pleno puente de Todos los Santos—, el 23 —y comicios el 10 de noviembre— o, en un caso más extremo, el 30 —que conduciría a nuevas generales el 17 de noviembre—.

Sánchez e Iglesias no contemplan más contactos hasta pasar la "investidura fallida"

Una ventana a nuevos contactos, no obstante, se abriría si Sánchez apostara por finales de julio para el debate en el Congreso. Con algunas semanas por delante, podría o moverse él o esperar a que los demás lo hagan. Si, en cambio, opta por un pleno inminente, el 8 y 9, no habría mucho margen, más allá de provocar un encuentro meramente protocolario.

"Que no se confíen"

En todo caso, el mensaje que quiere seguir mandando la Moncloa es de fortaleza. De que no habrá más cesiones a Iglesias y de que no admitirá un Gobierno de coalición, por mucho que patalee y se empeñe. A las advertencias y reproches del miércoles trasladadas a los medios en público y privado, se sumó la sentencia del mismo presidente en 'La Vanguardia': "Quienes hemos ganado las elecciones somos los últimos en querer repetirlas. Pero otra cosa es comulgar con ruedas de molino". En plata: que no tragará, que no transigirá.

"Quienes hemos ganado las elecciones somos los últimos en querer repetirlas. Pero otra cosa es comulgar con ruedas de molino", subraya Sánchez

La idea de o investidura en julio o elecciones la expresó con igual rotundidad la ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, desde Barcelona. No habrá "una segunda vuelta" en septiembre, así que los partidos —y el aviso iba para Podemos— se deben "concentrar" en fijar posición en julio. "Que no se confíen y no hablen de primera investidura, porque entiendan que va a haber una segunda", mantuvo. Al tiempo, recalcaba que es "radicalmente falso" que Ciudadanos sea el socio prioritario de los socialistas, porque esa figura la representa Unidas Podemos.

Todo apunta ahora mismo a una investidura fallida, y el pesimismo es perceptible en Ferraz. No obstante, desde la cúpula del partido entienden que el coste de no hacer nada, de quedarse de brazos cruzados dos meses después de las elecciones, es mucho mayor que el desgaste que pueda sufrir Sánchez con un bofetón más en la Cámara.

Sánchez e Iglesias no contemplan más contactos hasta pasar la "investidura fallida"

La batalla del relato

Más aún, en la sede ya apuntan a que el presidente, al menos ahora mismo, estaría más dispuesto a ir a nuevas generales antes que ceder a la presión de Unidas Podemos para entrar en el Consejo de Ministros. Cree que su relato —otra vez el relato— sería más comprensible para los ciudadanos: mientras el PSOE quiere hablar de programa y de avances sociales, los morados se concentran en los cargos del Ejecutivo. Sin embargo, esa huida hacia adelante suscita temor en otros cuadros que creen que una repetición de los comicios podría ser una lotería: el PSOE seguiría necesitando a Iglesias y se expone a que esta vez sí sumen las tres derechas y le arrebaten el Ejecutivo.

A la espera de la recomposición con los morados, hay movimientos en otros frentes: los presos de JxCAT apuestan por la abstención a Sánchez

Sánchez no tendrá investidura mientras no atraiga a Podemos. Pero, mientras, se producen algunos movimientos en otras fuerzas. ERC ya advirtió de que no pondría líneas rojas ni cheques en blanco —postura que reafirmó este jueves el presidente del Parlament, Roger Torrent—, tesis con la que se alinea EH Bildu, como manifestó su coordinador general, Arnaldo Otegi, en la polémica entrevista del miércoles en TVE. Pero ayer los presos de JxCAT —Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull— apostaron en una carta por la abstención en la reelección del líder socialista. Ellos no pueden votar porque están suspendidos de sus cargos, pero ejercen una presión añadida sobre los suyos en el Congreso. Pero el grupo posconvergente en Madrid está dividido —Laura Borràs, Míriam Nogueras y Jaume Alonso Cuevillas obedecen a Carles Puigdemont, más contrario a ayudar a Sánchez, y Sergi Miquel, del PDeCAT, se adscribe al sector moderado— y el sentido de voto no está fijado.

El escenario es siempre inestable y quedan (muchas) vueltas de guion. Pero la posibilidad de elecciones, ahora mismo, se ve más real que nunca.

Armengol y Revilla, investidos

En este nuevo ciclo político, el primer presidente autonómico en conseguir la investidura fue el primero que se sometió al examen de las urnas, Ximo Puig, que hizo coincidir las autonómicas valencianas con las generales del 28-A. El dirigente socialista logró ser reelegido este mes con los votos de Compromís y Unides Podem. Las tres fuerzas comparten Gobierno

También habrá Ejecutivo de coalición en Baleares. Este jueves fue reelegida como presidenta de las islas la socialista Francina Armengol, con el apoyo de 32 de los 59 diputados del Parlament balear. Armengol logró el respaldo de los 19 parlamentarios del PSIB-PSOE, de la representante de Gent x Formentera-PSOE-EUIB, los seis de Unidas Podemos, los cuatro de MÉS per Mallorca y los dos de MÉS per Menorca. Los regionalistas de El Pi (tres escaños), que mantuvieron la duda sobre su voto hasta el final, finalmente se abstuvieron. En contra votaron los 16 diputados del PP, los cinco de Cs y los tres de Vox. 

Este jueves también fue investido como presidente de Cantabria el líder del PRC, Miguel Ángel Revilla. Arranca así su cuarto mandato. El dirigente regionalista recibió el apoyo de sus 14 diputados y de los siete del PSOE: 21 escaños de un Parlamento de 35, una mayoría holgada que le permitió ser elegido en primera vuelta, informa EFE. No necesitó una segunda ronda, como hace cuatro años, cuando se abstuvo Podemos, ahora fuera de la Cámara. El PP y Cs votaron en contra y Vox se ha abstenido. Regionalistas y socialistas reeditan su pacto de gobierno para la legislatura 2019-2023. 

El martes pasado logró la investidura el socialista Guillermo Fernández Vara. Fue reelegido para un tercer mandato gracias a la mayoría absoluta de la que disfruta —la única del 26-M, junto con la del manchego Emiliano García-Page—, con la abstención de Podemos y Ciudadanos y el voto en contra del PP. 

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