relevo en la moncloa

Sánchez forma un Gobierno transversal y efectista para hacer frente a PP y Cs

El presidente es casi el que menos trayectoria de gestión tiene y busca un equipo con experiencia que rompa el discurso de Ejecutivo apoyado por independentistas y radicales

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la comparecencia en que ha anunciado la composición de su Ejecutivo. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la comparecencia en que ha anunciado la composición de su Ejecutivo. (EFE)

España pasa de tener un Gobierno con un presidente que ha transitado antes por todos los escalones de cargos públicos a un Gobierno en el que prácticamente el que menos experiencia de gestión pública tiene es su presidente. Pedro Sánchez ha sorprendido con un Ejecutivo con muchas más mujeres que hombres por primera vez en la historia, con ministros con solvencia acreditada y trayectorias de gestión pública muy prolongadas y con algunos gestos que, según su entorno, le permiten mostrar una nueva etapa de España. Como el astronauta Pedro Duque en Ciencia y el periodista y escritor Màxim Huerta en Cultura, entre otros.

También es un Ejecutivo cargado de equilibrios y transversal, porque incorpora a varios independientes y a un juez como Fernando Grande-Marlaska, que fue propuesto por el PP para ser vocal del Consejo General del Poder Judicial. Y, por supuesto, es un Gobierno muy feminista, porque 11 de sus 17 miembros son mujeres, llegando a un listón sin precedentes, con el impulso y espíritu del 8-M y buscando recuperar para el PSOE la bandera de la igualdad.

Sánchez forma un Gobierno transversal y efectista para hacer frente a PP y Cs

Busca cerrar el paso al centroderecha, que parecía tener asegurado un inminente triunfo electoral, y recuperar al PSOE con el impulso que da el Gobierno y con mensajes efectistas. No incluye a ningún ministro procedente del espectro ideológico de Podemos y deja libre esa banda izquierda. La transversalidad no llega hasta ahí y deja en ese flanco un margen de vulnerabilidad, aunque ministras como Magdalena Valerio y Reyes Maroto tengan textos en los que defienden, por ejemplo, la derogación de la reforma laboral y otros tengan en sus gestiones actuaciones de izquierdas. A Pablo Iglesias le queda aquí un margen de oposición, aunque Sánchez busca lanzar el mensaje de que sólo el PSOE garantiza desde la izquierda un Gobierno sólido y con experiencia.

Las caras de ministros que tienen algo que ver con Cataluña neutralizan el discurso de Ciudadanos y se alejan de la imagen de Gobierno radical o hipotecado al independentismo o a Bildu. Hace 10 días era casi seguro en las encuestas un triunfo electoral de Ciudadanos y una mayoría absoluta de PP y Ciudadanos, y ahora Sánchez pretende que vuelvan a repartirse las cartas y se inicie la partida. Y, además, hacerlo con el BOE, los resortes del poder y un Gobierno potente y sacando de paso a Podemos de la mesa de juego.

La otra idea que transmite el nuevo presidente es que su Gobierno, el único que asume el poder en mitad de una legislatura y sin apenas tiempo para hacer el tránsito, no puede permitirse esperar un rodaje, ni el impulso de los tradicionales 100 primeros días. Por el contrario, la legislatura está tan en marcha como que debe gobernar con un Presupuesto ya elaborado y realizado por el Gobierno de otro partido. Nace con la intención de prolongar al máximo la legislatura para revertir la tendencia de caída de la izquierda.

Por eso hay ministros con larga experiencia en gestión pública, como Carmen Calvo, Nadia Calviño, Carmen Montón, María Jesús Montero, Luis Planas, Magdalena Valerio, Teresa Ribera, Isabel Celaá y Dolores Delgado. Han trabajado en los asuntos que deben asumir, sobre todo en comunidades autónomas, en la Comisión Europea, en anteriores gobiernos o en sus actividades profesionales. Alguno de ellos ha dejado impronta ideológica y de eficacia, como Montón en la Consejería de Sanidad de la Generalitat valenciana, donde logró revertir la privatización de hospitales, frente a potentes empresas.

Sánchez solo ha sido diputado, concejal y miembro del gabinete de un ministro, y ha tenido en cuenta la idea de rodearse de expertos de cada uno de los asuntos. "Antes de ser presidente, hay que sufrir y aprender. Si no, se sufre y se aprende en la Presidencia y a costa del país", dice Carlos Fuentes en 'La silla del águila'. Sufrir ha sufrido para llegar a La Moncloa, y añade ahora la inclusión de expertos en cada una de las materias para cubrir su carencia de gestión, aceptando subordinados que le mejoren o superen.

El anterior presidente socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, llegó a La Moncloa en 2004 con un Gobierno innovador, pero con ministros casi tan inexpertos como él en la gestión pública. Sánchez ha limitado las innovaciones para optar por la experiencia y también por una cierta continuidad con la historia de su partido, a pesar de que ganó las primarias con la idea de la ruptura. Sí suponen evidente novedad en la política de primera fila nuevas ministras como Calviño, Delgado y Maroto, entre otros.

Ha sumado a sus fieles, como Margarita Robles, Carmen Calvo y José Luis Ábalos. Este último no tiene experiencia de gestión pública, pero sigue el esquema que ya desarrolló José Blanco al compaginar el Ministerio de Fomento con el control de la Organización del PSOE. Y completa ese equipo Adriana Lastra como portavoz parlamentaria, un puesto vital porque deberá negociar cada una de las iniciativas con los distintos grupos parlamentarios.

El nuevo presidente del Gobierno y secretario general del PSOE es el primero que llega a La Moncloa por una moción de censura, de tal forma que ha tenido que improvisar un Consejo de Ministros en solo cuatro días. Con negativas de algunos a los que les propuso acceder a un Gobierno cuya duración se desconoc e, pero que, en todo caso, no supera los dos años, aunque tiene voluntad de permanencia. El veterano diputado José Enrique Serrano, que ya fue jefe de Gabinete de Felipe González y de José Luis Rodríguez Zapatero, ha estado a su lado para crear la estructura del nuevo Gobierno y el rápido traspaso de poderes. También Iván Redondo, su asesor de comunicación, que antes trabajó para José Antonio Monago y Xavier García Albiol, ambos del PP.

A ese Gobierno le ha puesto 'guindas' como la de Huerta o Duque, dos fichajes que serían muy propios de Albert Rivera para un Gobierno de Ciudadanos y que, como el resto del Ejecutivo, muestran que Sánchez se ha sentido con las manos libres para hacer el equipo que ha querido hacer. Ha incluido a una colaboradora de Susana Diaz (Montero) y, a la vez, a Luis Planas, que intentó presentarse a las primarias al PSOE andaluz. Su llegada a la dirección del PSOE y a La Moncloa contra todos le han permitido tener libertad casi absoluta, sin hipotecas como la representación de diferentes territorios o el reparto de cuotas por sectores del partido. Aunque no ha descuidado la fuerza orgánica de Andalucía, la principal federación socialista.

Montero ha negociado presupuestos andaluces con Ciudadanos y se suma a otros nombres que también buscan cerrar ese paso al partido de Rivera y achicarle al máximo ese espacio. La transversalidad buscada tiene también mucho que ver con la necesidad de negociar permanentemente en un Congreso donde el PSOE está en clara minoría.

Este Gobierno es débil parlamentariamente porque tiene solo 84 diputados asegurados, y por eso, desde el viernes, el nuevo presidente deja ver que ahora solo puede aspirar a hacer gestos y tomar medidas que recuperen a la izquierda y cierren el paso al centroderecha. La propia composición del Gobierno tiene altas dosis de marketing político.

Hace una semana, el discurso del PP y Ciudadanos era el del 'Gobierno Frankenstein' e hipotecado a los independentistas, y Sánchez ha intentado frenarlo con los nombramientos de Josep Borrell y Meritxell Batet. Y con Calvo, coautora del 155.. Las primeras decisiones de Sánchez han irritado más, significativamente, al independentismo que al PP.

Otro de los argumentos y relatos de Rajoy y su equipo era repetir que el Gobierno nace con el voto de Bildu, los herederos de ETA, y Sánchez ha incluido a Grande-Marlaska, juez que ha combatido a ETA, y a Delgado, fiscal especialista en yihadismo. El nuevo ministro del Interior, además, fue propuesto por el PP para el Consejo General del Poder judicial y, por tanto, no puede ser atacado por supuesta proximidad a Bildu o al independentismo. Frente a la acusación de Gobierno en manos del PNV, la ministra de Hacienda procede de Andalucía y ha cuestionado la fiscalidad vasca y como respuesta al voto de Bildu y las acusaciones consigientes, Sánchez ha puesto la cara del juez Marlaska. "El juez que, entre otras cosas, me encarceló por dos veces", tuiteó Arnaldo Otegi.

Sigue, además, la tradición de jueces en Interior, desde Juan Alberto Belloch a Juan Ignacio Zoido.

También en clave interna del PSOE, el nuevo Gobierno tendrá a los dos únicos socialistas que han ganado primarias internas: Sánchez y Borrell.

Sánchez forma un Gobierno transversal y efectista para hacer frente a PP y Cs

El otro relato del PP y Ciudadanos en contra de la moción de censura y del nuevo Gobierno era el de la estabilidad económica y el riesgo que su llegada suponía para la recuperación. Por eso, Sánchez ha incluido a la responsable de la estabilidad presupuestaria en Europa, Nadia Calviño, con el mensaje del europeísmo que también está presente con Borrell. También un mensaje a los llamados mercados, a las agencias de 'rating', de las que tanto habló Rajoy el pasado jueves en el Congreso, y a la prima de riesgo. En economía, nada de radicalidad.

En el análisis de Sánchez, la novedad y el cambio de ciclo eran fortalezas y las ha reforzado con el número de mujeres, con independientes, con gestos efectistas y con esa transversalidad. Y la debilidad era la credibilidad y, por eso, se explican nombramientos como Borrell, Calviño, Montero o Montón, con cuentas de resultados en la gestión pública.

Y sigue el esquema de los tres pilares de su propuesta: el feminismo, la economía y la política territorial. Se suma la intención de los gestos que den imagen de nuevo tiempo político. Según un dirigente del PSOE próximo a Sánchez, "se trata de cambiar la imagen de los ministros cantando 'El novio de la muerte' por la del astronauta".

Para los próximos días o semanas quedan los nombramientos en siguientes escalones, algunos tan trascendentes como el de fiscal general del Estado, para el que se barajan nombres como el de Pedro Crespo, fiscal del Tribunal Supremo. Ese cargo es vital para la gestión del conflicto en Cataluña, sumado a la gestión política que haga Batet.

También del equipo del presidente en La Moncloa, del que se caerán algunos de los colaboradores con los que ha hecho la travesía desde la dimisión al frente del PSOE y la renuncia del escaño a su llegada a la Presidencia. Por ejemplo, su jefe de Gabinete, Juanma Serrano, y la responsable de Comunicación, Maritcha Ruiz, dos de sus más estrechos colaboradores.

Aplica la máxima de que los líderes no suelen querer testigos de su pasado y por eso mudan parte de la piel en cada ascenso. Otro de sus retos, por eso, es lograr hacer homogéneo y compacto un equipo nuevo con muy escasos puntos de contacto, salvo algunas excepciones.

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