nueva ministra de sanidad

Carmen Montón, el azote del PSOE contra las privatizaciones en Sanidad

La gestión de la hasta ahora consellera de Sanidad en Valencia ha estado marcada por su labor de desmantelamiento del modelo de concesiones sanitarias heredado del PP

Foto: La nueva ministra de Sanidad Carmen Montón. (EFE)
La nueva ministra de Sanidad Carmen Montón. (EFE)

Pedro Sánchez ha elegido a una convencida de la gestión directa y el control público sobre la atención sanitaria para el Ministerio de Sanidad. Si algo ha marcado los tres años de Carmen Montón al frente de la conselleria del ramo en el Consell que preside Ximo Puig es su batalla sin cuartel contra el modelo de concesiones hospitalarias heredado del Partido Popular. Su elección por parte del nuevo presidente del Gobierno va encaminada a lanzar ese mensaje de apuesta por una sanidad universal controlada desde lo público y sin concesiones a su posible mercantilización.

Nacida en Burjassot (Valencia) en 1976, hija de socialistas, licenciada en Medicina, milita en el PSOE desde que entró en las Juventudes. Su vida profesional ha estado vinculada de manera indefectible a la del partido del puño y la rosa, donde ha ocupado diversos cargos orgánicos y de representación, primero como concejal en el Ayuntamiento de Burjassot, y desde 2004 hasta 2015 como parlamentaria por Valencia en el Congreso de los Diputados. Posgraduada en políticas de género por la Universidad Rey Juan Carlos, forma parte de los sectores más feministas del PSOE y es una de la voces de su partido defensoras de la igualdad a todos los efectos entre hombres y mujeres. No en balde, fue secretaria de Igualdad en la Ejecutiva de Sánchez, aunque se inició en la política en Madrid en los sectores afines a Alfredo Pérez Rubalcaba.

Montón ha batallado contra Ribera Salud y extendió la sanidad a los 'sin papeles', lo que le valió un recurso de Rajoy al Constitucional

Amiga personal del líder socialista, vivió sus momentos políticos más duros cuando se vio en medio del enfrentamiento del nuevo presidente del Gobierno con barones como Puig, que forzaron su salida en el tormentoso comité federal de octubre de 2016. Ella se negó a firmar el escrito de dimisiones en el seno del comité que empujaba a Sánchez hacia la puerta de salida y tuvo que ser el 'president' valenciano el que estampase la rúbrica. Pese a ello la mantuvo en el gobierno autonómico para el que la llamó en 2015, no sin pocos roces y desconfianzas internas. Posteriormente Montón respaldó a Puig cuando el sanchismo le desafió con Rafa García como aspirante alternativo a la secretaria general del PSPV.

Montón con la vicepresidenta valenciana Mónica Oltra, con la que ha mantenido algunos desencuentros. (EFE)
Montón con la vicepresidenta valenciana Mónica Oltra, con la que ha mantenido algunos desencuentros. (EFE)

Este juego de equilibrios le ha permitido mantenerse en el Consell autonómico, no sin haber tenido algunos encontronazos sonados con la vicepresidenta Mónica Oltra, de Compromís, como cuando esta afeó el intento de nombramiento del marido de Montón en un puesto en una empresa de la Diputación de Valencia.

Una de sus primeras medidas tras su entrada en el Consell valenciano fue universalizar la asistencia sanitaria, aún desafiando la legislación del Gobierno de Rajoy, que excluía a los inmigrantes. La norma valenciana fue muy celebrada por la izquierda política y recurrida ante el Constitucional por el Ejecutivo del PP. El tribunal anuló el decreto autonómico, aunque de forma oficiosa los 'sin papeles' han seguido recibiendo atención en la Comunidad Valenciana. Ximo Puig ha pedido ya al nuevo Gobierno que haga lo posible por modificar la ley actial y extender la universalización del derecho a la salud.

Desde que pisó la Conselleria de Salud Universal la nueva ministra tuvo claro que uno de los objetivos de la legislatura era tratar de revertir las privatizaciones en hospitales comarcales desplegada por el PP. Lo hacía desde una convicción ideológica, en la que se han echado en falta argumentos objetivos sobre las bondades de esa suerte de marcha atrás en el modelo de cesión de la asistencia sanitaria. El primer hito de ese plan fue el regreso a la gestión directa y pública del Hospital del Alzira el pasado mes de marzo, el primero de los que puso en marcha Eduardo Zaplana con la sociedad Ribera Salud como constructora y gestora de un activo de titularidad pública pero en manos privadas y financiado mediante un sistema de pago per cápita en función de la población atendida.

En ámbitos del PSPV-PSOE se interpreta que Ximo Puig ha respirado al conocer que Sánchez elegía a una consellera no exenta de polémicas

También libró una pugna importante contra el Instituto Valenciano de Oncología, al que trató de limitar en su relación de extensión en tratamientos contra el cáncer del sistema público. La tensión en el proceso de renovación del acuerdo con el IVO alcanzó tal dimensión que provocó la intervención personal de Ximo Puig para salvar la situación. La fundación quería que se garantizase el derecho de los ciudadanos a acudir libremente a ese centro privado financiado con fondos públicos sin necesidad de ser dirigidos desde los controles del sistema de salud. Finalmente se alcanzó un acuerdo por el que los pacientes pueden solicitar ser atendidos en el IVO una vez hayan ingresado en él. Por gestiones polémicas como esta hay quien interpreta que Puig ha respirado al conocer el nombre de la nueva ministra de Sanidad.

En lo que se refiere al resto de hospitales privatizados, Montón ha evitado forzar reversiones antes de plazo que podían acarrear elevados costes económicas a la Generalitat y ha tratado de negociar con DKV la compra de la sociedad que gestiona el área de Dénia, pero se ha topado de nuevo con Ribera Salud y su derecho de tanteo sobre las acciones de la aseguradora.

Nombramientos polémicos

Pese a esta guerra abierta contra Ribera Salud, no ha dudado en mantener y renovar algunos conciertos sanitarios, como la hemodiálisis o las resonancias magnéticas, cuya licitación está ahora en suspenso temporal tras las reclamaciones de varios de los aspirantes. Esta es otra característica de la gestión de Montón en Valencia, su tendencia a protagonizar pulsos y polémicas en la aplicación de los reglamentos. Su política de nombramientos no ha estado exenta de polémica. Tanto el Partido Popular como el sindicato CSIF han denunciado que Montón ha favorecido la designación de cargos de confianza política para puestos de carácter técnicos o asistencial, como los gerentes de hospitales. Uno de los nombramientos más controvertidos ha sido el de el director general de Gestión Sanitaria. El puesto lo obtuvo un periodista, Germán Temprano García, que se impuso en el procedimiento de selección sobre otros cinco candidatos, aunque la Conselleria ha evitado hacer público el expediente del procedimiento.

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