elecciones en cataluña convocadas desde la moncloa

Diez claves para interpretar los resultados del 21-D

Las elecciones en Cataluña sirven para medir el apoyo al independentismo, el futuro de la legislatura, la hegemonía en la izquierda y la derecha y el horizonte de Rajoy

Foto: El expresidente Carles Puigdemont, en el Parlament de Cataluña. (EFE)
El expresidente Carles Puigdemont, en el Parlament de Cataluña. (EFE)

El resultado de las elecciones catalanas es fruto de muchos factores, algunos de ellos alejados de la comunidad, y, por tanto, su interpretación será poliédrica y sus efectos son imprevisibles en toda la política española. Desde el futuro de Mariano Rajoy si el resultado es un ascenso del independentismo y su apuesta de aplicación del 155 con elecciones inmediatas tiene un efecto contrario al deseado, a la configuración del centroderecha y la izquierda para los próximos años.

[Sigue aquí en directo la jornada electoral]

Estas son las 10 principales claves para intentar entender el resultado:

1. Apoyo al independentismo

Las elecciones del 21-D tienen origen en el proceso independentista de la última legislatura en Cataluña. Desde 2015, los partidos soberanistas tenían un 47,7% de los votos y 72 escaños, que correspondían a la coalición de Junts pel Sí (PDeCAT y ERC) y a la CUP.

Es decir, tenían la mayoría absoluta de los escaños, pero no la mayoría de los votos, y ahora se trata de comprobar si el proceso soberanista, una vez frenado por el Estado, mantiene o amplía su mayoría en votos y en escaños. En este caso, se trata de sumar los votos y escaños de ERC, Junts per Catalunya y CUP.

Del dato podrá deducirse si hay desilusión de quienes creyeron en la república catalana o si, por el contrario, la independencia puede ser “implementada”, según la expresión utilizada por la CUP en campaña. Un voto superior al 50% mostraría por primera vez en la historia una mayoría en favor de la secesión, con las consecuencias que tendría, por ejemplo, sobre el mantenimiento del artículo 155.

Se disputa también la hegemonía política del catalanismo que, después de 40 años en manos del nacionalismo inicialmente moderado de Convergència y sus diferentes marcas, girará hacia ERC por primera vez desde la Segunda República. Ese dato marcará el tono de la estrategia del bloque independentista.

Se mide si provoca mas empatía la cárcel que sufre Junqueras —entre otros— o el exilio en Bruselas de Puigdemont y otros 'exconsellers'.

2. Apoyo al 155

Las elecciones han sido convocadas por La Moncloa, al amparo del 155 de la Constitución, lo que desde una parte de Cataluña ha sido visto como una agresión, una especie de invasión y eliminación de las instituciones de autogobierno.

El 155 lo han apoyado PP, Ciudadanos y PSC, y la suma de sus votos servirá para, por encima de los datos de las encuestas, comprobar el nivel de rechazo a esta insólita actuación del Gobierno. Podría decirse que la suma de los votantes de esos tres partidos apoya el control político y administrativo de Cataluña desde Madrid.

Una vez quitado el precinto al artículo de la Constitución, si fuera revalidado por un amplio porcentaje de catalanes, podría interpretarse para el futuro que no es un instrumento tan agresivo del Estado y, por tanto, puede ser utilizado sin coste político. Su aplicación termina legalmente en el momento en que se constituya un nuevo Govern, pero Rajoy podría pedir una prórroga en el Senado si los nuevos responsables de la Generalitat mantienen su intención de vulnerar la ley hacia la independencia. Y está pendiente una sentencia del Tribunal Constitucional, a instancias de Unidos Podemos, para establecer el manual de instrucciones del 155.

En este bloque se incluye con matices lo que se ha dado en llamar la 'mayoría silenciosa', es decir, la parte de la sociedad catalana que ha salido a la calle contra el proceso soberanista y ha colocado banderas españolas en los balcones. O lo que otros caracterizan como el nacionalismo español.

3. Apoyo al referéndum pactado

Quien defiende con más energía esta vía es Xavier Domènech, cabeza de lista de los comunes. PP, Ciudadanos y PSC lo rechazan expresamente, entre otras cosas, porque entienden que una decena de sentencias del Tribunal Constitucional impide esa vía. El PSC defendió esta consulta hace años, pero la actual dirección de Miquel Iceta la ha abandonado definitivamente.

Y los independentistas entienden que es una pantalla superada, tras haberlo intentado en la anterior legislatura.

En función de los resultados, cabría la posibilidad de que hubiera algún tipo de negociación entre la Generalitat y el Gobierno central, con esta consulta pactada sobre la mesa. En función de los resultados podrá medirse la fuerza de sus defensores para negociar. Según las encuestas siempre citadas como mantra, ese porcentaje se sitúa en el 80% de los catalanes.

4. Hegemonía de la izquierda

Con las salvedades que dificulta la extrapolación de datos de diferentes elecciones, PSOE y Podemos vuelven a jugar otra batalla de su guerra por la hegemonía de la izquierda española.

Aunque las elecciones del 21-D se celebran bajo el eje soberanista o constitucionalista, puede entenderse el resultado como un refuerzo de ese liderazgo de la izquierda, a través de las listas que encabezan Iceta y Domènech.

Desde que PSOE y Podemos compiten en elecciones, siempre han ganado los socialistas, aunque con diferentes márgenes. La primera irrupción electoral del partido de Pablo Iglesias fue en las europeas de 2015, luego en autonómicas y municipales y en las generales de 2015 y su repetición de 2016.

Podemos intentó el sorpaso que nunca fue y logró vencer claramente, a través de sus diferentes marcas, en Cataluña. Ahora, con todas esas prevenciones y peculiaridades, se mide esa hegemonía que, según las encuestas, puede corresponder de nuevo a los socialistas.

5. Hegemonía del centro derecha

Si se cumplen los resultados de las encuestas, el PP tiene un problema serio, de momento en Cataluña, pero con opciones para extenderse a otras comunidades. Ese problema se llama Ciudadanos, con todo lo que implica que supere de forma muy holgada al partido de Rajoy.

Sería la primera vez que el PP compite en el espacio de centro derecha contra un partido con opciones de arrebatarle esa hegemonía y, precisamente, portando la bandera de España y arrebatándole las armas y símbolos políticos que hasta ahora le eran propios.

Ese hecho tiene una repercusión notable en el resto de España porque el PP gobierna gracias a un acuerdo con Ciudadanos y ahora puede enfrentarse al dilema de cómo gestionar ese acuerdo. Deberá decidir si reforzar el pacto engorda a su rival o si, por el contrario, la identificación entre ambos partidos debilita al de Albert Rivera.

El PP logró su resultado récord en Cataluña en las generales de 2011, por cierto, después de la sentencia del Constitucional sobre el Estatut, lo que desmonta algunos argumentos sobre el origen del proceso independentista. Desde entonces ha ido cayendo y es posible que sea el séptimo y ultimo partido del nuevo Parlament, con posibilidad de no poder tener ni grupo parlamentario propio.

6. El futuro de Rajoy

En la infructuosa legislatura que arrancó en 2016 con la investidura de Mariano Rajoy, casi el único asunto político ha sido el de Cataluña y su proceso soberanista. El presidente del Gobierno ha actuado como actúa siempre, ganando tiempo, y ahora se juega el poder mantener esa técnica que tanto domina que consiste en dilatar los plazos y adormecer las decisiones, a la espera de que el mero transcurso del tiempo solucione los problemas.

El resultado debe servir para medir su decisión de adelantar las elecciones convocadas al amparo del 21-D y otras actuaciones controvertidas que han quedado en segundo plano, como la gestión cuestionada del falso referéndum del 1 de octubre. Se ha implicado en la campaña y, por eso, un pésimo resultado del PP como el que se vaticina le sería también imputable y no solo a Xavier García Albiol, el candidato popular llamado a gestionar las difíciles circunstancias.

Queda en el aire su gestión de la legislatura, la presentación de los Presupuestos de 2018 y su política de pactos, especialmente con el PNV, que no quiere ni oír hablar del 155, pero desea volver a apoyar las cuentas del Estado. Se juega en parte que las próximas elecciones generales sean en julio de 2020 y hasta el que Rajoy sea de nuevo cabeza de lista del PP o que algunas de sus colaboradoras más cercanas puedan ser las sucesoras.

7. El futuro de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Cuando Pedro Sánchez resucitó el pasado mes de mayo, se marcó como estrategia recuperar el voto que le arrebató antes el partido de Pablo Iglesias. El líder socialista rompió la estrategia de la gestora socialista basada en el pacto de Estado permanente con Rajoy. Pero esa posición se la ha quebrado Cataluña y ha terminado en su apoyo a la aplicación del 155. Aun así, da por hecho que en la noche electoral podrá celebrar la primera recuperación de votos de los socialistas desde 2009.

Iglesias quiso marcar terreno en mayo con su moción de censura y desde septiembre, en su tendencia a crear marcos sobre los rivales políticos, se lanzó a crear el del “bloque monárquico” y el del “bloque del 155”, como reedición de lo que fue “la triple alianza”, en referencia a PP, PSOE y Ciudadanos. También Cataluña le ha obligado a cambiar el paso y, además, ha debido gestionar el hecho de actuar en Cataluña con una franquicia política que lidera Ada Colau.

Sánchez actúa también en Cataluña a través del PSC y durante estos meses ha habido también un alto nivel de identificación entre el líder del PSOE e Iceta.
Si se disipan el humo y el ruido de Cataluña, volverá para Sánchez e Iglesias la legislatura del Congreso al primer plano y ambos rivalizarán en iniciativas sociales o de izquierdas, pensando ya en las municipales y autonómicas de 2019.

¿Volverá en algún momento a la agenda política el argumento de la moción de censura contra Rajoy? En parte dependerá del resultado de hoy, porque son imprescindibles los escaños de ERC y PDeCAT y habrá que examinar con qué grado de relación con PSC y comunes salen del 21-D.

8. Combinaciones de Gobierno

Obviamente, el objetivo de unas elecciones es lograr un Gobierno. En este caso, los vetos cruzados y las incompatibilidades subjetivas de los grupos hacen difícil lograrlo. La noche del 21-D habrá que sumar escaños en busca de los 68 de la mayoría absoluta, que pueden lograrse con votos afirmativos o con abstenciones.

Las posibles combinaciones a comprobar, salvo sorpresa, son:

- Bloque independentista con ERC, Junts per Catalunya y CUP.

- Bloque constitucionalista con Ciudadanos, PSC y PP.

- Bloque de izquierdas con ERC, PSC y comunes.

- Alternativa transversal con PSC con apoyo de Ciudadanos y comunes.

Para los próximos días quedan incógnitas como la posibilidad de que encarcelados o fugados puedan ser diputados y, después, que incluso el nuevo 'president' de la Generalitat esté en prisión e imputado, hasta que sea condenado por el Tribunal Supremo, previsiblemente, en 2018.

9. Participación

Una de las muchas peculiaridades de estas elecciones es que se celebran en un día laborable, lo que unido a la movilización social y al hecho de que hayan sido convocadas desde La Moncloa da especial importancia a la participación. Ya la de 2015 fue la máxima en Cataluña al llegar al 77,4%. Ahora las previsiones muestran que podría superar el 80%, muy cerca de lo que puede entenderse como participación total, al depurar las personas que no pueden votar por distintas circunstancias personales y los errores del censo.

Diez claves para interpretar los resultados del 21-D

Hasta ahora, la mayor participación se ha registrado en las generales de 1982, casi del 80%, en unas elecciones que supusieron un cambio histórico en España y la mayoría absoluta de Felipe González.

En estas elecciones, esa participación se ha disparado un 81% entre los catalanes que viven en el extranjero respecto a las últimas elecciones autonómicas, celebradas el 27 de septiembre de 2015. Ese hecho altera la distribución de restos en cada una de las provincias que depende de muy pocos votos, lo que afectaría a las mayorías precisas para formar Gobierno.

10. Diferentes Cataluñas

La distribución de escaños por provincias en Cataluña desvirtúa la proporcionalidad y desfigura el resultado final. En Barcelona se eligen 85 diputados, mientras que en Girona son 17, en Lleida son 15 y en Tarragona son 18.

Además, los resultados de las anteriores elecciones catalanas muestran que el sentimiento independentista tiene una distribución muy irregular. Barcelona es la provincia menos independentista, con el 44%, pero decanta el conjunto de la comunidad. La más independentista, con el 64% de los votos, es Girona, de donde procede la mayor parte de los dirigentes que con Puigdemont han encabezado el proceso soberanista; seguida de Lleida con el 62% y Tarragona con el 49%. Es decir, que hay diferentes Cataluñas, por distintos factores, incluido el territorial.

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