los cuatro líderes políticos nacionales se la juegan el 21-D

La legislatura y la estabilidad de España se juegan en Cataluña

Rajoy presentará los Presupuestos en cuanto haya Govern y se levante el 155, pero el Ejecutivo da por hecho que no habrá cuentas en 2018 si hay repetición de elecciones

Foto: Xavier García Albiol y Mariano Rajoy, en un acto de campaña electoral. (Reuters)
Xavier García Albiol y Mariano Rajoy, en un acto de campaña electoral. (Reuters)

Mariano Rajoy explicó hace tiempo a un colaborador que ser presidente del Gobierno es decir "no" 99 veces al día y en la única ocasión en la que se dice que "sí" y se actúa hay que rezar para acertar. El presidente del Gobierno tiene mucho que rezar hasta el 21-D, porque se la vuelve a jugar. Pocas veces unas elecciones autonómicas condicionan tanto una legislatura de España, en su contenido, en su duración y también en las estrategias políticas de los principales líderes.

Mariano Rajoy

Cuentan que en una de las primera reuniones para pactar la aplicación del artículo 155 la socialista Carmen Calvo fue quien propuso que se disolviera el Parlament y se convocaran elecciones en Cataluña en unos meses. Rajoy respondió con una frase irónica con la que ponía en duda que se pudiera hacer: "Cuando me pregunten que con qué base legal convoco elecciones diré que porque lo dice Carmen Calvo".

Luego el presidente del Gobierno, con la fe del converso, aceptó esta posibilidad y, además, en el último momento tomó la decisión de la convocatoria inmediata para el 21 de diciembre, haciendo caso omiso a voces como las de su candidato, Xavier García Albiol, que pedían un año de margen con el 155. Una de las muy escasas decisiones aparentemente arriesgadas en la vida política de Rajoy, pero que, en la práctica, es tan conservadora como que busca minimizar el tiempo del 155. Una decisión por la que tendrá que rezar mucho hasta el jueves para que todo no vuelva a estar como antes del 1 de octubre.

[¿Qué combinaciones son posibles para formar gobierno?]

Esta decisión de Rajoy se examina el 21-D en Cataluña. Si diluye la mayoría independentista sus exégetas explicarán que vuelve a mostrarse su olfato político y seguirá su leyenda, engrosada con hitos como el de su renuncia a someterse a una investidura y dejar paso a Pedro Sánchez y su posterior elección con la abstención del PSOE o el haber ignorado a los que le pedían que se echara a un lado para que hubiera Gobierno en 2016.

El PP puede quedarse sin grupo parlamentario y puede ser la séptima fuerza política de Cataluña, pero Rajoy habrá acertado si hay un resultado que desactive el 'procés'. Nadie recordará su decisión de poner un candidato como Xavier García Albiol, que entrará desde el jueves en fase de sustitución inmediata.

El líder del PPC, Xavier García Albiol. (EFE)
El líder del PPC, Xavier García Albiol. (EFE)

Si se desactiva el independentismo, Rajoy podrá levantar el 155 y no pedir una prórroga en el Senado. Inmediatamente, según el Gobierno, se pondría en marcha la tramitación de los Presupuestos de 2018, que ya fueron negociados en septiembre y que se retiraron en el último momento. Da por hecho el Ejecutivo que tendrá el apoyo de Ciudadanos, PNV y Nueva Canarias y la aprobación de esas cuentas garantizaría que el fin de la legislatura sea en julio de 2020.

En caso contrario, el plan B del Gobierno es mantener el 155 y congelar los Presupuestos. Porque podría ser que no hubiera forma de investir un nuevo Govern y que por tanto, hubiera que repetir elecciones en Cataluña y en ese caso, el Gobierno da por hecho que no habrá presupuestos de 2018 y habría que esperar a los de 2019. Rajoy quedaría tocado, pero sobreviviría, como siempre, y de nuevo dando la patada al balón de la solución para Cataluña, que quedaría aplazada 'sine die'. Para Rajoy ganar tiempo siempre ha sido ganar.

Si hubiera que repetir elecciones, Rajoy quedaría tocado, pero sobreviviría, como siempre. Para él ganar tiempo siempre ha sido ganar

Si el independentismo sale fortalecido, casi todo habrá sido en vano. Se pondrá en cuestión lo que parecía una idea genial: la convocatoria inmediata de elecciones. Y volverá a primer plano la pésima gestión desde La Moncloa del 1 de octubre. La única ventaja para Rajoy es que ahora se ha roto el precinto del 155, se le ha quitado gravedad con su uso y se ha visto lo imposible que es una independencia unilateral que no reconoce nadie. Pero el presidente estará más débil para negociar.

Pedro Sánchez

Son las primeras elecciones del líder del PSOE desde que ganó sus segundas primarias el pasado mes de mayo y solo eso ya le sirve para testar sus opciones y estrategias. Tiene la ventaja de que parte de un resultado tan malo en anteriores elecciones que, con seguridad, la noche del 21 de diciembre podrá proclamar a los cuatro vientos que por primera vez desde 2009 su partido ha mejorado. No tendrá que volver a usar frases de consuelo de noche electoral como aquella de "hemos vencido a las encuestas".

En el inicio de su segunda etapa se marcó como objetivo recuperar el espacio que le había quitado Podemos. Luego Cataluña le desvió de ese camino y apoyó la aplicación del 155. Porque su carrera viene a ser una sucesión de encrucijadas con caminos contraindicados y arriesgados: la investidura de 2016, las primarias, el 155... y ahora puede ser que tenga que situarse en una bifurcación entre ERC, los comunes y Ciudadanos. Cualquiera de esos pactos le supondría contraindicaciones fuera de Cataluña. Por ejemplo, si no pacta con Arrimadas, podría haber respuesta en Andalucía y si pacta con ERC los adormecidos barones regionales abrirían un ojo y quizás la boca. En este último supuesto, se abrirían puertas inciertas como la de una moción de censura a Rajoy que no quiere abrir por falta de apoyos.

Por eso, su sueño es la segunda vuelta de 2016, es decir, que Miquel Iceta sea presidente con votos o abstención de Arrimadas y Domènech, como entonces intentó él ser presidente del Gobierno gracias a Rivera e Iglesias. Luego le vendría la gestión de ese Govern en minoría negociando con Rajoy y el largo y tortuoso camino hacia la reforma constitucional, pero eso ya forma parte de otra pantalla, de otra encrucijada en su trayecto de superviviente. Esa reforma constitucional es su gran apuesta de 2018 para presentarse como "solucionador", pero para ello tendrá que empujar a la vez a Rajoy, a Iglesias y a los nacionalistas e independentistas, lo que puede ser demasiado trabajo si está abierta la herida de Cataluña, sin Govern, con el 155 prorrogado y con segundas elecciones autonómicas.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, y el primer secretario y candidato del PSC, Miquel Iceta. (EFE)
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, y el primer secretario y candidato del PSC, Miquel Iceta. (EFE)

La idea de Sánchez y su equipo es intentar retomar en enero su estrategia de reconquista de la izquierda, camino de las autonómicas y municipales de 2019. Siempre que Cataluña se lo permita.

Pablo Iglesias

Es la situación contraria: en las generales de 2015 y 2016 los resultados de la rama catalana de Podemos fueron tan excepcionales que ahora está claro que bajarán y mucho. Tiene como argumento para esa noche que en Cataluña los electores siempre diferencian como en ningún otro sitio entre los distintos tipos de elecciones y que en este caso la polarización entre nacionalistas catalanes e independentistas les ha atrapado y opacado. Pero tendrá que superar la contradictoria impresión de ser visto como un partido "español" en Cataluña y como un partido "independentista" en el resto de España. Tiene también que superar la impresión de que está tan en manos de Ada Colau como que no tiene capacidad de decisión en Cataluña.

El descenso previsto de la lista de Domènech, no obstante, presenta la contradicción de que sus escaños pueden ganar mucho valor si el resultado los sitúa en el fiel de la balanza de los pactos.

Su preferencia sería un Govern de izquierdas con PSC y ERC, con Domènech de 'president', aunque la objetiva aritmética y la subjetiva lógica de los demás juegan contra esa opción. La presencia de los socialistas le daría cobertura a la crítica de acuerdo con los independentistas y su reto sería poner en marcha un referéndum pactado, pese a ser política y legalmente imposible. Su batalla sigue siendo la de pescar en el mismo caladero de votos que el PSOE, en esa relación contradictoria similar a la que los planetas establecen con el sol: si pactan y se acercan mucho pueden quemarse y si se separan se congelan porque tendrán imposible gobernar sin los socialistas.

Con esa remota opción de izquierdas, Iglesias podría hasta volver a insistir con lo de la moción de censura contra Rajoy, que es imposible sin los votos del independentismo.

Pablo Iglesias saluda a Xavier Domènech. (EFE)
Pablo Iglesias saluda a Xavier Domènech. (EFE)

En todo caso, con Domènech gana Iglesias una voz en Cataluña y gana también no tener esa voz que tapa la suya en el Grupo Parlamentario del Congreso.

El líder de Podemos tendrá que decidir si en enero se incorpora a la comisión del Congreso que podría acabar con la reforma constitucional.

Albert Rivera

Puede ser el gran vencedor de la jornada electoral si se cumplen los pronósticos de las encuestas, aunque las semanas siguientes no se concrete en la investidura de Inés Arrimadas. De hecho, su problema puede ser, precisamente, que se han creado tantas expectativas que, aunque el resultado sea muy bueno, pueda parecer malo por estar por debajo del de los sondeos. Como ya le ha ocurrido en otras ocasiones.

Si se cumplen sus expectativas positivas, el líder de Ciudadanos podrá alardear de ser el que primero y el que más pidió la aplicación del 155 y de que Arrimadas llevaba pidiendo elecciones en Cataluña desde la misma noche electoral de 2015. Si le sale mal, es decir, si sube el independentismo, con seguridad dejará que Rajoy sea el padre y la madre del 155 y del 21-D.

La legislatura y la estabilidad de España se juegan en Cataluña

Con los matices de forma y fondo entre ambos, el éxito de Arrimadas será para Rivera vitaminas para fortalecerse en su relación con Rajoy, dando impresión de que el PP tiene por primera vez un rival poderoso en su mismo espectro ideológico. Y forzará a los populares a repensar su estrategia respecto a Ciudadanos, buscando también el equilibrio entre el acuerdo y el enfrentamiento, casi como el PSOE y Podemos.

Dirigentes de Ciudadanos prevén estos días que si el resultado es tan bueno como el previsto, en enero lanzarán una ofensiva para exigir el cumplimiento del pacto de investidura de 2016, intentando rentabilizar el protagonismo adquirido.

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