EL ROE SE ALEJA DEL COSTE DEL CAPITAL

¿Por qué la gran banca sufre otra caída de rentabilidad?

El ROE de la mayoría de bancos cotizados se desplomó en el primer trimestre del año. La rentabilidad es el gran reto de las entidades mientras BCE y banqueros se culpan entre sí

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Las dudas de la solvencia de la banca están disipadas en la mayoría de los casos, pero ahora deben centrarse en su rentabilidad después de más de una década destruyendo valor para sus accionistas. El retorno sobre el capital (ROE) generado está muy por debajo del exigido por los inversores (coste del capital), y la distancia se ha agrandado.

Economistas, inversores, banqueros y reguladores llegan a cierto consenso sobre la necesidad de que la banca sea rentable para asegurar la salud del sector financiero a largo plazo. Es la vía que tienen para generar capital de cara a que aseguren su solvencia de forma sostenible y tengan capacidad para dar créditos con los que financiar la economía real.

Por ello, la rentabilidad de los bancos, ha pasado de ser solo una preocupación interna a convertirse también en una prioridad de los supervisores, que piden fusiones si hace falta para avanzar en esta línea. Pero apenas hay avances. En el primer trimestre del año, seis de los ocho grandes bancos españoles cotizados empeoraron su rentabilidad respecto al año anterior.

Así, el ROE disminuyó en un ejercicio desde el 11,5% al 9,9% en BBVA, que fue la entidad en la que más se redujo aunque sigue en la parte alta; en Liberbank cayó desde el 4,4% al 3% según estimaciones propias, ya que es el único banco que no publica este indicador calculado como beneficio respecto a los fondos propios; en Bankia bajó del 7,5% al 6,6%; en CaixaBank, del 8,1% al 7,1%; en Banco Santander, del 8,67% al 7,85%; y en Bankinter desde el 13,3% al 12,62%. Por el contrario, se mantuvo constante en Banco Sabadell en el 7,2% en la comparativa interanual, aunque mejora respecto al final del año pasado, y sube en Unicaja en 50 puntos básicos hasta el 6,6%.

Varios de estos bancos han sufrido caídas del beneficio, lastrado en gran parte por el margen de intereses, y a la par, presionados por el supervisor, han elevado sus posiciones de capital, que es el denominador en el cálculo del ROE. De hecho, si las entidades avanzaran hacia un 12% de capital de máxima calidad (CET1 'fully loaded'), como exigen reguladores e inversores, mostrarían un problema aún mayor.

Los banqueros y el BCE se vienen echando la culpa entre sí de la falta de rentabilidad de la banca europea. Los banqueros llevan años esgrimiendo los mismos argumentos. Por una parte, la política de tipos al 0% ha llevado al euríbor en negativo, lo que hunde la rentabilidad del 'stock' de hipotecas a tipo variable —aún mayoría en España—, y presiona a la baja los tipos de los nuevos préstamos, sean a tipo variable o fijo. La razón es que cuando los tipos son reducidos, como reconoció el BCE, se hunde el margen de desintermediación entre captar y prestar dinero porque caen más los intereses del crédito que el coste de los depósitos.

Por otro lado, los bancos europeos tienen que pagar una especie de multa por su exceso de liquidez, ya que la tasa de facilidad de depósito está en el -0,4%. Con sus reservas actuales, las entidades del viejo continente pagan a la autoridad monetaria 8.000 millones de euros al año, según cálculos de los analistas. La tesis del BCE es penalizar el exceso de liquidez para incentivar el crédito, aunque como contrapartida el castigo a la rentabilidad de las entidades puede atascar el circuito de financiación a la economía financiera.

La eficiencia es clave

En cualquier caso, para el BCE no es excusa. En los últimos años, el organismo presidido por Mario Draghi había sido ambiguo sobre esta cuestión, ya que su política monetaria expansiva estaba ampliamente justificada y aplaudida por la mayoría del mercado. Incluso la banca tuvo más fácil recapitalizarse con los estímulos, al facilitar la limpieza de su balance y aumentar la solvencia de empresas y familias.

Sin embargo, en el último año ya hay más críticas desde la banca, desde donde se defiende que los estímulos ultraexpansivos fueron necesarios, pero ya no lo son, pese al bache de datos económicos que apuntan a una desaceleración cuya intensidad aún no está clara. Mientras los bancos piden una vez más al BCE que revise su política, los diferentes miembros del banco central se han alineado para asegurar que la baja rentabilidad del sector financiero no es culpa de los tipos de interés.

El más explícito fue el propio Draghi, que acusó a los bancos de quejarse mientras no mejoran en eficiencia. Se refirió así en su última reunión principalmente a Deutsche Bank y Commerzbank, pero lo hace extensible a todo el sector. Ya en 2017 aseguró en su última visita a Madrid que los bancos no han obtenido mejoras de eficiencia relevantes desde 2010. En el caso español, las ratios de eficiencia (costes sobre ingresos, cuanto más baja mejor) oscilan entre el 48% de Santander y BBVA y el 59% de Liberbank.

De hecho, los supervisores reclaman fusiones como la que están ultimando Unicaja y Liberbank para obtener sinergias con las que mejorar en rentabilidad y eficiencia, básicamente a través de recortes. "En el actual contexto de bajos tipos de interés, en el que muchos bancos están operando con rentabilidades por debajo de su coste de capital y con estructuras de costes muy pesadas, las fusiones son una alternativa clara para mejorar la rentabilidad y ganar en eficiencia", aseguró recientemente Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España. Aunque también piden fusiones transfronterizas, por las que los banqueros no están por la labor.

Así, los banqueros señalan a los tipos de interés y desde el BCE se acusa a las entidades de no mejorar en eficiencia. Pero eso no quita que haya debate en Fráncfort sobre si deben acometer medidas para paliar el daño de la política monetaria en la rentabilidad de los bancos. Draghi abrió la puerta y el mercado lo interpretó como la posibilidad de que haya una jerarquización de reservas para no penalizar todo el exceso de liquidez, pero Benoit Coueré, uno de los futuribles sucesores del italiano, se mostró en contra hace diez días, provocando fuertes caídas en el sector. El debate sigue sin resolverse, y mientras la banca sufre y busca vías urgentes de oxígeno.

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