EL FUTURO DE LOS SOCIALISTAS

La cita Sánchez-Junqueras revuelve al PSOE y dispara el temor a un pacto con ERC y DiL

Los críticos se malician que el secretario general dé vida a un plan b para llegar a La Moncloa, vistas además las malas expectativas de la reunión a tres de este jueves con los dos emergentes

Foto: Pedro Sánchez, en su escaño en el Congreso durante el pleno sobre refugiados de este 6 de abril. (EFE)
Pedro Sánchez, en su escaño en el Congreso durante el pleno sobre refugiados de este 6 de abril. (EFE)

Visto el clima hostil, aunque a veces subterráneo, que domina en el PSOE desde hace meses, casi es fácil predecir la reacción que produce cualquier paso, bien del secretario general, bien de los críticos. Esta vez no iba a ser menos. El conocimiento de la reunión secreta de Pedro Sánchez con Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana de Catalunya y vicepresidente de la Generalitat, celebrada en Barcelona el pasado 15 de marzo, volvió a crispar los ánimos. A acrecentar las dudas y la desconfianza, a recrudecer las acusaciones entre Ferraz y las federaciones. El fuego no se llegó a propagar tanto como cuando el PSOE cedió senadores a ERC y Democràcia i Llibertat (DiL) para que pudieran formar grupo propio, pero desde luego sí caldeó los aparatos regionales, empezando por el andaluz. Ingredientes todos ellos que interfieren en la esperada 'cumbre' a tres bandas con Podemos y Ciudadanos, que se celebra este jueves en un ambiente de escepticismo, pues ni siquiera se descarta que la formación de Albert Rivera se levante de la mesa

Sánchez viajó el pasado día 15 a Barcelona para entrevistarse con el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. Y ahí teóricamente acababa su agenda de contactos públicos. Pero este miércoles 'La Vanguardia' reveló que también se vio, en secreto, con Junqueras, y sin que el jefe del Govern lo supiera. La cita, según fuentes socialistas, fue a petición de ERC, y se enmarca dentro de los contactos habituales que tiene Sánchez con otros líderes políticos, "y en la misma semana en que Junqueras despachó con Cristóbal Montoro". Ferraz no dio detalles del contenido de la charla, más allá de lo obvio, que se habló de Cataluña y de la situación económica, "pero no de la investidura". El secretario general tampoco ofreció demasiadas explicaciones. Se paró menos de 20 segundos ante los medios: se vieron porque no se conocían, y hay que dar "normalidad a conversaciones entre dos dirigentes de dos fuerzas distintas". "Yo soy un político que dice dentro lo que dice fuera", proclamó. Una forma de recordar -también a sus críticos- que mantiene su posición, la de no hacer "descansar la gobernalidad" en los partidos independentistas y no aceptar jamás un referéndum de autodeterminación. 

Pero eso no bastó para calmar el patio interno. En las federaciones de peso cundía la desconfianza, aunque no hubo cascada de testimonios a la contra. La única reacción pública, y porque era entrevistado en La Sexta, la del presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, que admitió que no conocía la reunión Sánchez-Junqueras y que no veía motivos para ocultarla, aunque sí advirtió de que cualquier entente con los separatistas contravendría la resolución aprobada por el comité federal el 28 de diciembre.

La cita Sánchez-Junqueras revuelve al PSOE y dispara el temor a un pacto con ERC y DiL

Por qué no informó antes

Era generalizada la queja por el hecho de que Sánchez no hubiera informado ni a su ejecutiva ni a los órganos de dirección, máxime cuando reunió a los poderes del partido el pasado sábado e incluso les hizo un minucioso relato de los pasos dados por él mismo desde las generales, incluyendo su cita con Puigdemont. Algunos consideraban esa ocultación "muy grave", ya que no se trataba de "una reunión más", aun respetando la "autonomía" del líder de poder despachar con un responsable de otro partido. En Ferraz, en cambio, respondían que no tenía por qué dar cuenta de sus reuniones, "como Susana Díaz tampoco lo hace con las suyas", una velada alusión a su periplo madrileño de la semana pasada y que adelantó este periódico. "Además, los críticos habrían saltado igualmente, porque buscan cualquier excusa para lanzarse contra Pedro", añadían los colaboradores del jefe. "No estaba reuniéndose con un delincuente. ¿De verdad que debíamos informar sobre eso?", añadía un alto cargo muy cercano a Sánchez. 

Sánchez pide ver "normalidad" en los encuentros entre dos líderes de dos fuerzas distintas. Ferraz insiste en que no se habló de la investidura

En Andalucía, había indignación pero también orden directa de Susana Díaz de contener el enfado y de evitar las declaraciones. Los dirigentes andaluces -igual que otros mandos regionales- no estallaron, porque en el fondo están convencidos de que el líder del PSOE no llegará a formar Gobierno y porque se rehúye cualquier interferencia con el proceso de negociación. Aun así se eleva la presión.

La cita secreta de Sánchez con el líder de ERC dio sostén a las sospechas que muchos en el PSOE albergan desde casi el comienzo de las conversaciones, cuando los barones ataron en corto al secretario general en la resolución del 28 de diciembre que marcaba la hoja de ruta de los pactos -unidad de España, no al referéndum, no al acuerdo con el PP-. Los críticos rechazaron siempre que la abstención o la ausencia de los secesionistas pudiera facilitar la investidura de Sánchez, aparte del sí de Podemos. Después, el pacto con Ciudadanos sosegó el ambiente. Pero que de la reunión de Sánchez y Pablo Iglesias de la semana pasada emanaran conversaciones entre el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, y el portavoz de En Comú Podem en el Congreso, Xavier Domènech, también promovió el abierto recelo de barones críticos como Susana Díaz o el aragonés Javier Lambán. Y eso que Iceta se empleó en negar que de su diálogo con Domènech vaya a salir ningún acuerdo o la posibilidad del referéndum para Cataluña. 

No hay estallido interno porque las federaciones han optado por no interferir en el proceso de negociación y porque aún se cree que las elecciones son inevitables

Los temores se acrecentaron visiblemente este miércoles tras conocerse la cita de Sánchez y Junqueras. En Andalucía, pese al silencio impuesto, era fácil palpar la indignación. Sentían que esa cita les daba la razón y confirmaba que la desconfianza con Ferraz “tenía motivos”. Por una parte, se mostraban convencidos de que “jamás” habrá un presidente socialista con el apoyo de los independentistas. “El primer voto que tendría en contra Pedro sería el de sus 90 diputados”, aseguraba un veterano, intentando dejar claro que no cabe pacto a favor de un referéndum en Cataluña porque “reventaría las costuras del partido”. “Nadie en el PSOE va a permitir eso”, insisten. “No se atreverá a eso”, asegura un diputado andaluz sobre la posibilidad de que el líder socialista cierre un pacto que contravenga lo dispuesto en el comité federal.

"Nadie entendería un giro de 180 grados"

Es cierto que Sánchez ha asegurado que volvería a someter a la militancia un posible acuerdo con Podemos. Los socialistas andaluces tienen muy claro que si eso llegara a ocurrir, se movilizarían para rechazar cualquier pacto que abra la puerta a los nacionalistas. Andalucía aportó 22 de los 90 diputados de Sánchez. ¿Y votarían en contra de Sánchez, llegado el caso? Creen que no se llegará tan lejos, aunque nadie oculta que la voz de los andaluces será clave.

La cita Sánchez-Junqueras revuelve al PSOE y dispara el temor a un pacto con ERC y DiL

En otras federaciones, la sensación es similar. "Confiamos en la palabra de Pedro, que no es cosa distinta de lo que aprobó por unanimidad el 28 de diciembre. Nadie entendería un giro de 180 grados ahora", comentan desde el círculo del presidente manchego, Emiliano García-Page. "No nos imaginamos al secretario general violentando los acuerdos del comité federal", abundaban en el entorno del jefe del Ejecutivo asturiano, Javier Fernández. 

La mesa a tres viene precedida por el choque de Iglesias y Rivera en el pleno. La dirección quita hierro y lo enmarca en el fragor del "debate parlamentario"

Las sospechas se cruzan con las bajas expectativas que, fuera de la sede federal, se albergan sobre la primera mesa a tres entre PSOE, Podemos y Ciudadanos de este jueves. Muchos dirigentes consultados creyeron ver en el durísimo duelo dialéctico entre Iglesias y Rivera en el pleno del Congreso un mal presagio, porque "cada uno estaba marcando su territorio pensando más en las elecciones", en expresión de uno de ellos. La dirección de Sánchez resta importancia a la refriega de los dos líderes emergentes, y lo atribuye al "acaloramiento propio de los debates parlamentarios", que no se tiene por qué reproducir en la mesa de negociación. Su objetivo ahora es que tras esta primera reunión salga otra y que a partir de ahí continúe el diálogo. El equipo designado por Sánchez no tiene otra idea en mente más que esa: que nadie se levantará por el castigo electoral que le supondría abocar al país a elecciones. 

"Acudimos con satisfacción moderada. El inicio de las conversaciones entre PSOE y C's tampoco fue fácil, pero cuando te sientas y hay voluntad, las cosas salen", repiten en el círculo de Sánchez. La formación de Rivera, sin embargo, no descarta abandonar la negociación si no ve avances palpables, y no está dispuesta a "abrir en canal el pacto", ni a revisar párrafo por párrafo el acuerdo suscrito para satisfacer a Podemos. La cúpula naranja sostiene que las cesiones ya se hicieron y el texto final es producto del equilibrio de cada una de las partes, así que Iglesias puede hacer algunas aportaciones, y sumarse a la alianza, sin desbaratar el camino recorrido hasta ahora por Sánchez y Rivera. 

Ferraz insiste en que no muda de estrategia

El alejamiento de C's se visualizó en la tarde del miércoles en Andalucía, cuando tumbó un decreto estrella de Díaz que pretendía colocar a 36.000 parados jóvenes y de larga duración. Un gesto que elevó aún más los niveles de alerta interna.

Susana Díaz, rodeada de mujeres en su visita al Museo Histórico Municipal de Écija, en Sevilla, este 6 de abril. (EFE)
Susana Díaz, rodeada de mujeres en su visita al Museo Histórico Municipal de Écija, en Sevilla, este 6 de abril. (EFE)

Esa perspectiva de ruptura con C's alimenta los temores de los críticos de que el PSOE al final acabe negociando con Podemos y necesite, para hacer prosperar la investidura (y garantizar su "supervivencia al frente" del partido), de ERC y DiL: es decir, algunos tienen miedo a "un cambiazo", a que Sánchez mude de socio en el último minuto, sin tiempo de reacción, cuando las federaciones no puedan oponerse a ese acuerdo porque la disyuntiva sería "o Mariano Rajoy vía nuevas elecciones o un presidente socialista". "Podemos estar moscas, ojo avizor, pero si nos ceñimos a las palabras de Pedro, hay que creerse que no acudirá a ninguna negociación sin C's. Es rehén de lo que dijo", señala un secretario de Organización. "Se me abren las carnes solo de pensarlo", tercia un dirigente de la confianza de Díaz. 

Las federaciones están en guardia, pero alegan que por ahora hay que agarrarse a las palabras de Sánchez y a su respeto a la resolución del 28 de diciembre

"Él arriesgaría mucho con ese movimiento. Si hace un viraje radical se mete en un lío de partido de puta madre", opina un veterano, uno de los muchos convencidos de que un pacto con Podemos y los nacionalistas "rompería el PSOE". "Es cierto que la preocupación y la desazón han aumentado. Se ha visto que el tripartito con C's y Podemos es imposible. Pero si él hace un cambiazo a última hora, que es lo que quería, y por lo que se fue a Portugal en enero, nadie en el PSOE podrá impedir el acceso a La Moncloa a un presidente socialista: ni la militancia en la consulta ni los barones. Nadie querrá cargar con la culpa de ir a nuevas elecciones", sentencia otra dirigente. Los aparatos regionales, en cambio, sí advierten de que si hay movimientos que contravengan la resolución del 28 de diciembre, harán "pedagogía" con sus bases para que voten en contra del acuerdo. 

En la dirección federal no quieren situarse en el escenario de un divorcio con Rivera. Rechazan de plano la posibilidad de un giro radical en la estrategia. Porque Sánchez "es un hombre de palabra" y porque no tendría sentido esa maniobra ahora cuando podría haberla orquestado hace un mes, en el primer debate de investidura, y ya habría salido elegido. "Él siempre ha insistido en que no será presidente a cualquier precio, y lo va a cumplir. No va a renegar de su pacto con Ciudadanos", insisten.

La pauta la marcarán los resultados del primer encuentro a tres. La expectación está garantizada. Las posibilidades de éxito no son tantas. Porque, de no haber un volantazo brusco, la previsión que sigue ganando fuerza es la de nuevas elecciones.  

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