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Detrás del emotivo adiós de Casemiro: la frialdad del Real Madrid es la envidia del Barça
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Rumbo al Manchester United

Detrás del emotivo adiós de Casemiro: la frialdad del Real Madrid es la envidia del Barça

El traspaso de la leyenda madridista ejemplifica la calculada estructura deportiva del equipo, mientras que en Barcelona se sufre por dar salida a contratos firmados en épocas doradas

Foto: Casemiro no pudo evitar las lágrimas en su despedida. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
Casemiro no pudo evitar las lágrimas en su despedida. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Florentino Pérez compareció con su característico gesto institucional a una jornada emotiva en el Santiago Bernabéu. Carlos Henrique Casimiro, más conocido como Casemiro, se despedía del Real Madrid con aires de auténtica leyenda merengue sobre el césped —18 títulos que incluyen cinco Champions League— y líder indiscutible dentro del vestuario. Una de las primeras frases que el presidente madridista pronunció en el acto fue la siguiente: "Hoy es un día para rendir homenaje a uno de nuestros grandes referentes de esta maravillosa época que está viviendo nuestro Real Madrid". "Está viviendo", en presente, remarcó. La crudeza del club blanco es así. Un día ganas la Champions League siendo indiscutible, aún disputando una temporada por debajo de tu nivel, como eje de la medular en la final de Saint Denis y al día siguiente el Madrid paga un traspaso cercano a los 100 millones de euros por hacerse con un futbolista de 22 años que juega en tu posición.

Casemiro aseguró que la decisión de marcharse al Manchester United —potencia económica a la altura del Madrid en historia y "grandeza", pero que deportivamente sufre una larga travesía por el desierto— la había tomado después de alzarse con la decimocuarta Copa de Europa. "Tras la final hablé con mi agente, sentí que había un fin de ciclo", aseguró el brasileño en su despedida: “No ha sido por dinero. El club ha sido bueno conmigo. Por dinero me habría ido hace tres o cuatro años”. Tanto jugador como equipo han acabado en buenos términos con, probablemente, la despedida pública más emotiva en años, pese a la ausencia de gran parte de la plantilla. Fue una operación relámpago, apenas cuatro días. Desde la plana mayor madridista se deslizó la oferta del Manchester United a Casemiro incluso antes de que esta llegase a los medios británicos. No hubo amago de contraoferta o mimo. Si el brasileño esperaba un gesto de cariño cuando transmitió la llamada del conjunto inglés, lo que se encontró fue a una directiva que valoró positivamente la operación económica. El futbolista tenía contrato hasta el 2025 y había renovado en el verano del 2021, no había discusión acerca de plantear otra firma.

placeholder Florentino Pérez, en una imagen reciente. (EFE/Javier Rojas)
Florentino Pérez, en una imagen reciente. (EFE/Javier Rojas)

En lo deportivo, la marcha de Casemiro solo aceleraba el traspaso de poderes iniciados con los fichajes de Eduardo Camavinga y Aurélien Tchouaméni para el centro del campo. Daba igual que Ancelotti sintiese cierta preocupación ante la precipitada marcha de su pivote, a quien puso de titular en el primer título de la temporada hace tan solo dos semanas, la Supercopa de Europa ganada ante el Eintracht. En público, Carletto exhibió tranquilidad: “Tenemos seis medios, que son Modric, Kroos, Tchouaméni, Camavinga, Valverde y Ceballos. Son suficientes, estos seis son muy, muy, muy buenos”. El pragmatismo y la concordia del italiano, que no solo es de cara a los jugadores, sino también de cara a sus superiores, es lo que más se valora del italiano dentro del club.

La dirección deportiva en Chamartín genera dudas lógicas y críticas entre los suyos por este mercado estival. La afición todavía no ha entendido como la delantera va a ser, un año más, Benzema y Mariano, al que se lleva tratando de dar salida por tercer verano consecutivo. La negativa a última hora de Kylian Mbappé, así como la ausencia de una intentona real por los servicios de Erling Haaland, dejó desnuda la planificación madridista, que había puesto toda la carne en el asador para hacerse con los servicios del delantero francés.

Dentro de esta contradicción —a un club como el Real Madrid hay que exigirle que su rastreo de mercado vaya más allá de señalar a Mbappé como un jugador a fichar—, existe también una estrategia sosegada y planificada a años vista. El Madrid dejó de apostar todo por fichajes galácticos (¡Ojo! Sin renunciar a ellos) para hacerse con los servicios de futuras estrellas. Llegaron los Vinícius, Rodrygo, Federico Valverde, Ferland Mendy y compañía, así como otros que no han triunfado en el club blanco, pero que dejaron importantes traspasos como Take Kubo o Martin Odegaard. La parte más dura y estricta de esta nueva política estaba en la colada que planchar dentro del propio vestuario. Todo comenzó con Cristiano Ronaldo, el primero en echarle un pulso a Florentino Pérez. Su relación había tenido vaivenes con anterioridad (coincidiendo con sus sendas renovaciones), pero el presidente dijo basta y permitió el adiós de su gran estrella en el 2018. No solo era dejar marchar a su futbolista referencia, era desprenderse del jugador más importante de la historia del Real Madrid desde Alfredo Di Stéfano. 33 años tenía CR7, que dejó 100 kilos en caja en su traspaso a la Juventus de Turín. A día de hoy, es sencillo ver quien salió mejor parado de ese divorcio, pero la decisión del Madrid fue arriesgada y marcó un antes y un después.

Foto: Cristiano Ronaldo en un partido con el United. (REUTERS/Pedro Nunes)

Un mes antes de oficializarse el traspaso de Cristiano Ronaldo, en Barcelona se confirmó la renovación de Samuel Umtiti. “Mi cláusula no es muy grande, todo el mundo lo sabe y ya hay varios clubes interesados en mí”, llegó a asegurar el francés, poniéndose en el mercado. Hablaba, en particular, del Manchester City. En defensa de Josep Maria Bartomeu, Umtiti era uno de los mejores centrales del momento. La operación se cerró pronto... y pronto empezaron los problemas de rodilla del central, al que en la actualidad se le busca acomodo ‘low cost’ para que su sueldo no cuente para el límite salarial. Esa fue la tónica general del Can Barça durante años: los futbolistas —que, recuerden, son trabajadores que buscan lo mejor para sí mismos— llamaban a los despachos en época de victorias y el club les renovaba a lo grande, confiando en que está política de retención a base de sueldos salvajes iba a resultar en la consecución de más títulos. Un círculo vicioso que acabó por estallar. El precio a pagar por aquel equipo de ensueño de Leo Messi (¡quien renovó hasta en nueve ocasiones!), Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Gerard Piqué, Sergio Busquets y compañía todavía colea en la actualidad. La gestión de los blaugranas conlleva situaciones surrealistas en la actualidad, como la de borrar una publicación de Twitter por tener a Jordi Alba como protagonista debido a los mensajes de odio de los ‘culers’ o las habituales imágenes de Frenkie de Jong o Martin Braithwaite recibiendo insultos a diario por querer cumplir los contratos que firmaron.

En Valdebebas, ni siquiera Luka Modric se libra de cumplir la inquebrantable regla de los 30 años, pese a que el nivel del croata sobre el terreno de juego continúe siendo altísimo. A nadie se le firma una renovación de varias temporadas a partir de dicha edad. Sergio Ramos trató de romper este método al entender que su figura de capitán y líder trascendía a las órdenes directas de Florentino Pérez. Un pulso mediático que acabó por perder. El Madrid que no sabía despedir bien a las leyendas es ahora el que consigue un vestuario equilibrado y sin situaciones enquistadas (al margen del caso Eden Hazard). Un modelo de gestión basado en la frialdad y en una estricta rentabilidad deportiva que causa críticas, pero que, en el panorama económico del fútbol moderno, también genera envidia en la afición del eterno rival.

Florentino Pérez compareció con su característico gesto institucional a una jornada emotiva en el Santiago Bernabéu. Carlos Henrique Casimiro, más conocido como Casemiro, se despedía del Real Madrid con aires de auténtica leyenda merengue sobre el césped —18 títulos que incluyen cinco Champions League— y líder indiscutible dentro del vestuario. Una de las primeras frases que el presidente madridista pronunció en el acto fue la siguiente: "Hoy es un día para rendir homenaje a uno de nuestros grandes referentes de esta maravillosa época que está viviendo nuestro Real Madrid". "Está viviendo", en presente, remarcó. La crudeza del club blanco es así. Un día ganas la Champions League siendo indiscutible, aún disputando una temporada por debajo de tu nivel, como eje de la medular en la final de Saint Denis y al día siguiente el Madrid paga un traspaso cercano a los 100 millones de euros por hacerse con un futbolista de 22 años que juega en tu posición.

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