el artífice de un cambio con joao félix

Cómo Gil Marín convierte al Atlético de Madrid en un club burgués

Miguel Ángel Gil Marín, silencioso y embaucador, se ha liado la manta a la cabeza y actúa como los jeques que sienten que pueden comprar lo más caro del mercado de fichajes

Foto: Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del Atlético de Madrid. (Efe)
Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del Atlético de Madrid. (Efe)

El fichaje de Joao Félix tiene un único responsable: Miguel Ángel Gil Marín. El consejero delegado del Atlético de Madrid y máximo accionista del club tiene esos aires de su padre Jesús Gil y Gil. Gastar 127,2 millones de euros en un chico de 19 años, que todavía no es una estrella, resulta una operación de máximo riesgo para un club que tiene un presupuesto de poco más de 400 millones de euros. Miguel Ángel se ha liado la manta a la cabeza y actúa como los jeques qataríes que sienten que pueden comprar lo más caro del mercado de fichajes. Ficha a Joao Félix porque tiene capital con las ventas de Lucas Hernández (80 millones de euros), Rodrigo Hernández (70 millones) y la que está por llegar de Griezmann (120 millones). El dinero en el campo y no en el banco. Es la postura que adopta la cabeza ejecutiva del club para mostrar que sigue la saga de su padre. Es la herencia genética-gestora de los Gil en el Atlético de Madrid.

Un fichaje el de Joao Félix que algunos les hace recordar el día que Jesús Gil, en 1987, adquirió a Paulo Futre por 400 millones de pesetas (2,4 millones de euros). Le llamaron loco. El hijo piensa a lo grande. Supera, incluso, las ambiciones deportivas un dirigente silencioso, que permanece en un segundo plano y no tiene las excentricidades del padre. Se mantiene alejado de los focos de la prensa y delega este papel en su socio, el presidente Enrique Cerezo. Gil Marín es calculador, hermético y embaucador. A Simeone lo tiene convencido de que es el nuevo glorioso, el mejor del mundo y nunca será más feliz que en el Atlético de Madrid. No es difícil porque el Cholo es de sangre rojiblanca, pasional, pero en esos momentos de dudas, de pensar que había que cerrar un ciclo para buscar otros desafíos, aparece Gil Marín. Un asado, una charla y prometerle que en el Atleti el proyecto puede ir más despacio, pero será ambicioso y competitivo.

[Cuando el Real Madrid aparca el fichaje de Mbappé]

El hijo del ex alcalde de Marbella y ex presidente del Atlético de Madrid está al frente del club desde 1993, cuando sufrió la transformación en Sociedad Anómina Deportiva, y desde 2004 controla el capital. Se hizo el máximo accionista con el 56%. Hoy tiene el 51% del accionariado. Es el que decide y ejecuta. El que tiene la última palabra. Da forma al proyecto y ha decidido que llega el momento de emular a su padre... y superarle. El fichaje-negocio de Joao Félix pone al Atlético de Madrid en el primer plano del fútbol mundial por la elevada cantidad de dinero pagado y las expectativas que crea un joven futbolista que se ve como una inversión de futuro, pero que en los años que esté en el Atleti puede convertirse en un Mbappé si es tan bueno como dice Andrea Berta, el director deportivo y mano derecha de Gil Marín.

Papá, ¿por qué somos del Atleti?

El Atlético de Madrid lleva años asentado entre los mejores equipos de Europa. Un equipo que, en el campo se supera y ya se codea con los grandes, y en los despachos sube de nivel. Con la dirección técnica de un icono como Simeone, que ha disputado dos finales de la Champions y es el último ganador de la Supercopa de Europa, en la victoria contra el Real Madrid. El Cholo es el escudo. Un club con la mitad de presupuesto que los dos poderosos del fútbol español, pero dirigido con los aires de grandeza que Miguel Ángel Gil Marín exhibe con los buenos contactos que le rodean (Jorge Mendes, una de las claves). Ha quedado demostrado en solo un año cuando ha tomado importantes decisiones: la renovación millonaria de Griezmann, pagar 70 millones de euros por el Lemar, reforzar el equipo con Morata en enero, convertir a Simeone en el entrenador mejor pagado del mundo junto a Guardiola, conseguir la renovación de Oblak… Decisiones importantes y millonarias. Algunas de ellas también de riesgo como la de Griezmann.

Joao Félix en el Museo del Prado. (EFE)
Joao Félix en el Museo del Prado. (EFE)

Estamos ante la versión más potente de Gil Marín. Una copia más perfecta, en el mundo del fútbol, del camino que cogió el padre padre para querer convertirse en una de las personas más influyentes y poderosas de España. Los rasgos de la personalidad se asemejan en esa idea de convertir al Atlético de Madrid en un club puntero y despojarlo de la etiqueta de ‘equipo del pueblo’. Gil Marín prefiere cambiar el famoso slogan ("Papá, ¿por qué somos del Atleti?") del niño que le pregunta al padre en un semáforo por la razón de pertenecer a un equipo que está sufriendo en Segunda división, por el del niño portugués de los 127,2 millones de euros que llega para ganar una Champions.

Hace tiempo que el Atleti salió de la alcantarilla, como otros de los famosos anuncios del departamento de marketing del club, cuando en 2002 presentaron al ‘Mono’ Burgos en un vídeo en las confluencia de las calles de Gran Vía y Alcalá. Era el regreso a la Primera división después de dos temporadas en el subsuelo. Había que volver a levantar la moral y el ánimo de una afición que presumía de su slogan para echárselo en cara, sobre todo, al madridismo. El 'pobre', pero orgulloso hincha que prefería identificarse con este sentimiento contra el opulento de la capital. Ahora ya no queda tan claro quién es el rico con esa rivalidad por ser el que manda en Madrid y permitirse el fichaje de un chico de 127,2 millones de euros. El Atleti ha llegado a la burguesía del fútbol gracias, en gran parte, al proyecto largo y constante de Gil Marín.

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