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'Venom': el reverso tenebroso de Spiderman da más pena que miedo

El carisma infinito de Tom Hardy evita el desastre en esta adaptación al cine de las desventuras de uno de los principales archienemigos de Spiderman

Foto: Bajo la capa de efectos especiales de 'Venom', se esconde Tom Hardy. (Sony)
Bajo la capa de efectos especiales de 'Venom', se esconde Tom Hardy. (Sony)

La oscuridad tiene el magnetismo y el atractivo de lo prohibido, de lo peligroso. Batman, con sus traumas y contradicciones, siempre ha sido más sugerente que el pulcro e intachable Superman. El doble juego y la provocación de Catwoman, infinitamente más estimulantes que la transparencia y la ingenuidad de Wonder Woman. Sin misterio solo queda la muerte por aburrimiento. Y el sello Marvel, que sigue en expansión exponencial, lo sabe. Después de experimentar con secuelas, 'reboots' y hasta reuniones de la pandilla, tocaba buscar debajo de las piedras para mantener la maquinaria en marcha. Y en principio, la idea de recurrir a Venom, uno de los principales archienemigos en los cómics de Spiderman —héroe pusilánime donde los haya—, se antojaba una premisa con posibilidades.

Frente a un superhéroe con mallas de licra, entrañable huérfano, sobrino cumplidor, víctima de 'bullying' y fotoperiodista precario como el Hombre Araña, Eddie Brock/Venom era el reverso 'noir' y destructivo del gran salvador de la patria y el orden público. Solo había que convertir al villano en un antihéroe al estilo 'Deadpool', conseguir una gran estrella como cabeza de cartel, buscar un relato con un ligero trasfondo social y encadenar escenas de acción frenéticas y virguerías visuales para resolver la ecuación en positivo.

Tom Hardy y Venom, el simbionte alienígena del que es huésped. (Sony)
Tom Hardy y Venom, el simbionte alienígena del que es huésped. (Sony)

Pero resulta que 'Venom' —que aunque es un personaje Marvel no forma parte de su 'universo cinematográfico'— es, a grandes rasgos, una película fallida. A pesar del carisma infinito de Tom Hardy, de contar en la dirección con Ruben Fleischer ('Bienvenidos a Zombieland', 2009), de completar el reparto con actores tan solventes como Michelle Williams —nominada cuatro veces al Oscar— y Riz Ahmed —nominado a un Globo de Oro y ganador de un Emmy—, 'Venom' se queda a medio gas, con un tono difuso en el que las escenas cómicas no acaban de funcionar y la trama avanza gracias a las decisiones absurdas y contradictorias de los personajes. Fleischer parece desorientado, sin saber exactamente qué quiere contar y, por ende, cómo.

Fleischer parece desorientado, sin saber exactamente qué quiere contar y, por ende, cómo

La película tarda demasiado en arrancar, con una presentación de personajes excesivamente larga y reiterativa. Sin un mísero Peter Parker al que enfrentarse y con la necesidad de un protagonista menos odioso que el original, 'Venom' opta por oponer por un lado a Eddie Brock (Hardy), un reportero de investigación con conciencia social, olfato periodístico y mucha temeridad, y por otro a Carlton Drake (Ahmed), un magnate de una empresa de ingeniería genética con muy poca ética y muchas ganas de multiplicar los ceros de su cuenta bancaria.

Otro momento de 'Venom'. (Sony)
Otro momento de 'Venom'. (Sony)

Aunque de cara a la opinión pública la corporación de Drake experimenta con material biológico alienígena para mejorar la raza humana y erradicar enfermedades y flaquezas, en realidad esconde propósitos menos altruistas y utiliza a mendigos como cobayas humanas. Cuando Brock intenta destapar estas irregularidades, el reportero acaba despedido y desacreditado: el cuarto poder acaba derrotado frente a la supremacía de las multinacionales. Y para mayor desgracia, Anne (Williams), su novia, también lo abandona.

La corporación de Drake experimenta con material biológico alienígena para mejorar la raza humana

Durante el primer tercio del metraje, el director se limita a seguir el deambular de Brock por las calles de San Francisco, presentándolo como un hombre bueno, pero a la vez con su puntillo seductor de crápula. Brock tiene el físico apabullante de Hardy, pero evita las confrontaciones directas e, incluso, se deja maltratar por los vecinos; Brock puede acabar las noches acodado en la barra de un bar encadenando whiskies, pero también se preocupa por los vagabundos del barrio; Brock puede rondar la casa de su exnovia por las noches, pero procura ser cordial con el hombre con el que ella ha rehecho su vida. A ratos el protagonista parece un bufón torpe y a ratos un personaje sombrío parido por la mente de Frank Miller, pero Hardy consigue mantenerlo a flote. El problema es que esa indefinición se traslada al tono general de la película.

Michelle Williams y Tom Hardy, en 'Venom', dirigida por Ruben Fleischer. (Sony)
Michelle Williams y Tom Hardy, en 'Venom', dirigida por Ruben Fleischer. (Sony)

Después de un preámbulo en el que el director se toma su tiempo, cuando llega el momento en que el ciudadano corriente se convierte en el superhombre —en este caso, en un antihéroe—, Fleischer se quita de encima la transformación de manera atropellada, sin darle apenas relevancia. En una incursión dentro de los laboratorios de Drake, el protagonista acaba 'contagiado' por material genético alienígena y se convierte en el huésped de Venom, un 'simbionte', un ente extraterrestre con hambre de destrucción, que a la vez que parasita su cuerpo lo dota de poderes extraordinarios.

'Venom' se convierte en lo que debería haber sido desde un principio: una película de acción sin más pretensiones que el puro entretenimiento

Y es a partir de entonces cuando 'Venom' se convierte en lo que debería haber sido desde el principio: una película de acción sin más pretensiones que el puro entretenimiento. Humano y simbionte funcionan como un dúo cómico antagónico que se boicotea constantemente mientras huye de los mercenarios del villano Drake. Además, las persecuciones por las calles de San Francisco, las explosiones y los tiroteos desvían la atención de un desarrollo poco claro y sin coherencia interna.

Cartel de 'Venom'.
Cartel de 'Venom'.

Pero la maniobra de distracción se vuelve imposible cuando personajes sin conocimientos básicos de ingeniería saben manejar instrumentos de aeronáutica de la mayor complejidad y cuando incluso el desenlace se atreve a contravenir reglas que los personajes se empeñan en subrayar una y otra vez en los diálogos. Es difícil hacer de trilero con pelotas de baloncesto, y más cuando no se tiene claro a qué se está jugando. Un tropiezo que quizás acabe con las opciones de continuación de una saga propia para este personaje, pero no con el filón infinito de cómics adaptables que ha encontrado Hollywood.

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