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Portero de noche: delatar o esconder al señorito de los 'paseos' en el Madrid del Terror Rojo
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Portero de noche: delatar o esconder al señorito de los 'paseos' en el Madrid del Terror Rojo

En el verano del 36, los cadáveres amanecían tirados en las calles tras el timbrazo en el domicilio del día anterior. Según el último libro de Pedro Corral los cancerberos de fincas urbanas jugaron un importante papel

Foto: Tres cadáveres de los paseos de Madrid en 1936.
Tres cadáveres de los paseos de Madrid en 1936.

"A Antonio le importaba menos que le mataran allí. Aquella muerte sería como volver a nacer. Entró en el portal y abrió la puerta de cristales del cuchitril de la portería; un conocido vaho de puchero vino a su encuentro, y luego el portero, que se quitó las gafas para verle bien: —El señorito —gritó a su mujer, que guisaba en otra pieza y que apareció enseguida subiéndose el delantal. Refrenaron el entusiasmo con que le acogían siempre, bajando de tono para decirle: —Aquí llevan hechos dos registros y han detenido al señor del segundo. —Y lo han matado —añadió la portera. —Yo quisiera pasar la noche aquí —dijo Antonio. Y los porteros le subieron al piso de su abuela".

Antonio, personaje ideado por Edgar Neville, deambula por las calles del Madrid rojo de 1936 en el relato "FAI", de su obra 'Frente de Madrid' (1941), escondiéndose de la voracidad de los milicianos que pululan por la capital subiendo a las casas, tocando el timbre de los desgraciados elegidos para que les acompañaran a dar uno de los infaustos 'paseos' de aquel verano y otoño del comienzo de la guerra.

Foto: Exhumación de cadáveres en Soto de la Aldovea

En un pasaje anterior, el mismo Antonio antes de llegar a casa de su abuela visita otra portería: "Se encaminó a la calle de Hortaleza, recordando que en aquella calle estaba de portera una mujer que había sido niñera suya. —Carmen —dijo al entrar—, ¿te acuerdas de mí? A la mujer se le llenaron los ojos de lágrimas. —Ven, yo te esconderé todo el tiempo preciso. Bajaron al sótano donde vivía la portera y se pusieron a preparar una cama en un cuarto de baúles. Carmen subió luego a cerrar el portal y apagar las luces; después preparó la cena para los dos".

La obra de Neville, que pasa por propaganda nacional escrita poco después de la guerra es, sin embargo, muy real: porteros de fincas urbanas que podían delatar, pero también avisar y esconder a los inquilinos del edificio para que no cayeran en los paseos o en las detenciones que practicaban milicianos de la CNT FAI y que acababan en el cementerio de la Almudena o sembrando el suelo de las calles de la capital a la mañana siguiente, además de las checas, las cárceles milicianas donde podían ser de paso retenidos y torturados.

'Besugos' en las calles

Tal era la situación que, según recoge la nueva obra de Pedro Corral, 'Vecinos de sangre. Historias de héroes, villanos y víctimas en el Madrid de la Guerra Civil' (La Esfera), hacía falta un servicio de recogida de cadáveres por parte del Ayuntamiento, detalles que no se han publicitado mucho en los últimos tiempos de relatos sobre la Guerra Civil: "La aparición de asesinados por todo Madrid, a los que se denominó macabramente 'besugos' por la mueca de sus ojos abiertos con la veladura de la muerte, como los de los pescados, obligó al ayuntamiento de la capital a organizar un servicio de recogida de cadáveres. Los madrileños se acostumbraron pronto al paso de aquellos camiones que retiraban en distintos puntos de Madrid, generalmente muy de mañana, los cuerpos sin vida de los asesinados en la madrugada. Con regusto macabro se bautizaron como 'el carro de la carne".

placeholder 'Vecinos de sangre', de Pedro Corral. (La Esfera)
'Vecinos de sangre', de Pedro Corral. (La Esfera)

En ese contexto, el relato de Neville -que no está presente en 'Vecinos de Sangre'- no era sin embargo una fantasía, lo demuestra la documentación con la que vertebra su libro ahora Pedro Corral: los testimonios de los porteros —también de los vecinos— que recogió de forma obligatoria la nueva administración franquista tras la guerra para incorporarlo a la Causa General: hora de ajustar cuentas para quienes hubieran delatado a sus vecinos del bando vencedor atrapados en el Madrid Rojo.

Ni buenos ni malos

Ajustar cuentas no es en cambio la intención del periodista, historiador y diputado por la Asamblea de Madrid en las filas del PP, Pedro Corral, con varios libros notables sobre la Guerra Civil ya a sus espaldas. Su nueva obra incide, eso sí, en una visión un tanto diferente a la que se ha tratado de imponer por parte de la izquierda tras las leyes de Memoria Histórica y Memoria Democrática. Se resume en que fue una tragedia y hubo muertos, víctimas, héroes y verdugos en ambos bandos. Vamos que no hubo unos buenos y unos malos.

"Es también 'Historia de una escalera' o 'Las bicicletas son para el verano', porque recoge los testimonios de los vecinos durante la guerra"

Es también como él mismo explica a El Confidencial algo así como ' Historia de una escalera' o el collage inmenso de todo Madrid que mostró 'Las bicicletas son para el verano', porque lo que recoge Corral son las declaraciones juradas de porteros y también vecinos de los inmuebles lo que da lugar a las historias del descansillo, de rencillas, de heroicidades, de compasión y de odio de la Guerra Civil en Madrid: "No es solo ya de los paseos, sino también del reparto de las provisiones, de la leña, de cómo en unos inmuebles se cuidaron unos a otros, por encima de las ideologías para poder pasar la guerra, mientras que en otros se delataron primero a los milicianos y después a las vencedoras tropas franquistas, por lo que llegaron a ser ajusticiados prácticamente todos", explica Corral.

¿Es una documentación inédita? Más bien poco utilizada y de forma relativamente reciente - en los trabajos de Gutmaro Gómez Bravo y Jorge Marco Carretero además de lso de Daniel Oviedo-Silva y Alejandro Pérez-Olivares-, y que ha sido puesto en duda de forma interesada en varias ocasiones porque pertenece a la Causa General franquista, lo que no la convierte en falsa ni mucho menos. Corral cita por ejemplo a Fernando del Rey y su ' Retaguardia roja', Premio Nacional de Historia que también utilizó documentos de la Causa General por considerarla veraz, aunque haya que ser cauto a la hora de valorarla.

placeholder Exhumación de cadáveres en Soto de la Aldovea.
Exhumación de cadáveres en Soto de la Aldovea.

De hecho, en este caso no solo no es partidista, sino que uno de los aspectos más notables se resume en que echa por tierra algunos clichés de la propaganda franquista. Según esas declaraciones juradas y las condenas resultantes posteriores, los porteros no se comportaron como catalizadores de odio de clase. No al menos tal y como se esperaba desde el franquismo, ya que aunque hubo muchas delaciones, en conjunto más de la mitad no lo hicieron o aún más, protegieron activamente a los inquilinos del Terror Rojo. Es decir que el propio archivo de la Causa General parece más que fiable en cuanto no cumplió las expectativas originales.

La documentación proviene de la Causa General franquista, pero echa por tierra su planteamiento

Así, los porteros ficticios de la obra 'Frente Madrid' de Neville se quedan muy muy cortos pues comparados a los reales de la obra de Corral, muchos de ellos 'héroes' para los nacionales según su propaganda antirroja por haber escondido y protegido a muchos de los que buscaban los milicianos, pero también por su observancia especialmente de la legalidad:

"A Juan Gómez Espinosa, conserje de San Bernardo 46, le hicieron sudar frío, y eso que era 9 de agosto, tres semanas después de empezar la guerra. Unos individuos armados llegaron para detener al dueño de la finca, Julio García Obeso, acusado de ocultar monjas, al que después asesinaron. El portero les advirtió que tenía que estar un agente de policía presente en el registro, pero los milicianos le respondieron que no hacía falta. 'Yo entonces llamé por teléfono a la Comisaría de Daoiz —relataba Juan Gómez— y me vio un miliciano y me apuntó con la pistola y tuve que colgar y se lo llevaron en un coche".

placeholder El chalet del 'Túnel de la muerte de Usera'. Foto de la Causa General.
El chalet del 'Túnel de la muerte de Usera'. Foto de la Causa General.

En otro caso, Lorenzo González Díaz, otro portero afiliado a UGT, en su caso en septiembre de 1936, "declaró haber servido a la causa franquista de una manera singular. En la finca de Eduardo Dato 7 donde trabajaba tuvo escondido al capitán de fragata Pablo Ruiz Marset, que «con la ayuda mía y de otras personas consiguió pasarse a la zona nacional». El portero apuntaba en su declaración que a este marino al que había ocultado, «el Generalísimo tuvo a vien (sic) hacerle ayudante suyo». En efecto, Pablo Ruiz Marset fue nombrado ayudante de Franco en diciembre de 1937". -P. Corral, 'Vecinos de Sangre' (La Esfera)-.

Delatores y héroes

"Algunos por una cuestión de miedo -relata Pedro Corral a El Confidencial- no opusieron trabas a los milicianos, otros se enfrentaron hasta el punto de que el de la calle Joaquín María López, miembro de la UGT lo hacía cada noche pistola en mano para disuadir a los que venían a dar el paseo. Por contra, el sindicato de porteros de la UGT como tal creó una red para pasar información de cada posible enemigo del pueblo que iba directamente nada menos que a la checa de Agapito García Atadell, una de las más brutales de toda la capital".

La cuestión es que los porteros de fincas urbanas tenían entonces ciertas atribuciones de colaboración con las autoridades policiales y, por tanto, estaban en cierta medida obligados a colaborar, otra cosa es el Madrid del verano de 1936, donde la revolución había tomado las riendas del orden y con ellas el de los asesinatos indiscriminados, lo que no es óbice para explicar que ese registro de los testimonios que hicieron los vencedores escondía una motivación injusta:

Los porteros estaban obligados por ley a auxiliar a las fuerzas policiales en sus indagaciones

"Los porteros no denunciaban por ser unos delatores envenenados por el odio de clase como los pintó la propaganda franquista, aunque algunos pudieran hacerlo y otros se excedieran en sus cometidos. Lo hacían porque estaban obligados por ley a auxiliar en sus indagaciones, registros y detenciones a las fuerzas policiales y, por extensión, a las milicias investidas como nueva autoridad por el gobierno republicano. Por otra parte, debían cumplir la obligación de denunciar y evitar en la medida de sus posibilidades los delitos que pudieran cometer en las casas los vecinos, pero también los policías y milicianos, aunque esto resultara heroico en muchas ocasiones".

Esa una visión que encaja con la de Edgar Neville y su relato FAI de 'Frente de Madrid' -propaganda de falange-, haciendo también añicos la idea que se barajó de esos porteros e "hijos de porteras" -en tono despectivo-, entre los conservadores y los vencedores, como unos rencorosos dispuestos siempre a delatar y a entregar a los milicianos a los sospechosos de 'enemigos del pueblo'.

Es curioso que precisamente Pedro Corral estuviera en el Ayuntamiento de Madrid durante la comisión del cambio de callejero de Madrid en aplicación de la Memoria Histórica, oponiéndose a la alcaldesa Carmena desde las filas del PP. Una de las calles que se cambió entonces fue la del General Moscardó, en el barrio de Cuatro Caminos, a una sola de distancia de quién escribe estas líneas y lo hizo por el nombre de Edgar Neville. Sí, el mismo escritor y cineasta cuyo relato abre este artículo. Ironías de los relatos partidistas de una guerra.

"A Antonio le importaba menos que le mataran allí. Aquella muerte sería como volver a nacer. Entró en el portal y abrió la puerta de cristales del cuchitril de la portería; un conocido vaho de puchero vino a su encuentro, y luego el portero, que se quitó las gafas para verle bien: —El señorito —gritó a su mujer, que guisaba en otra pieza y que apareció enseguida subiéndose el delantal. Refrenaron el entusiasmo con que le acogían siempre, bajando de tono para decirle: —Aquí llevan hechos dos registros y han detenido al señor del segundo. —Y lo han matado —añadió la portera. —Yo quisiera pasar la noche aquí —dijo Antonio. Y los porteros le subieron al piso de su abuela".

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