Los hábitos que lo estropean todo

Esto es lo que te impide perder peso cuando tienes 20, 30 ó 40 años

Por mucha dieta estricta que sigas o por mucho deporte que practiques, si no abandonas algunas costumbres, tus esfuerzos para estar en plena forma no servirán de nada

Foto: Ríen, pero lo hacen igual de mal. (iStock)
Ríen, pero lo hacen igual de mal. (iStock)

Más allá de que tu metabolismo cambie, la piel se vuelva más flácida o la celulitis se haya hecho fuerte en tus muslos y abdomen, el hecho es que con el paso de los años se hace mucho más difícil adelgazar porque cometemos errores. Da igual la edad que tengas, siempre hay algo que impide que consigas estar en tu peso ideal. Claro que estos fallos los cometemos la inmensa mayoría, pero no te dejes llevar por el clásico 'mal de muchos, consuelo de tontos'.

Hay solución. Si seguimos la estrategia correcta y somos capaces de evitar los fallos más comunes en cada década, podemos conseguirlo. Solo hay que detectarlos. La experta en nutrición Karen Ansel recoge en 'Women's Health' los grandes errores que cometemos en cada década para que nuestra dieta no sirva prácticamente para nada. Estás a tiempo de solventarlos.

A los 20 años

Juventud, divino tesoro, ya, pero tienes unas manías muy poco saludables que hacen flaco favor a tus horas de gimnasio, tus modelitos divinos y tus ensaladas variadas. Entre las que seguro has cometido o cometes están estas.

Venga ya. Cortaos que tenéis cerca de 30, todos. (iStock)
Venga ya. Cortaos que tenéis cerca de 30, todos. (iStock)

Sales a cenar: y lo haces bastante a menudo. Tu cuerpo aún es capaz de quemar calorías rápidamente así que los excesos en comidas y cenas con amigos, amantes y familiares apenas hacen mella en tu vientre. Mentira. En realidad sí, y si en estos años hubieses optado por la versión saludable de la carta –al menos de vez en cuando– en lugar de pedir siempre platos ultracalóricos y grasos podrías mantenerte en plena forma. ¿La solución? Tratar de ir a los restaurantes con gente saludable y delgada. “Las investigaciones han demostrado que tendemos a seguir el ejemplo de la primera persona que pide del grupo”, explica Ansel, quien además recomienda reducir la cantidad de comida que ingiramos previamente el día que sabemos que comeremos fuera y cambiar de locales y no repetir siempre en el mismo, otra de las causas que hacen que tendamos a pedir el plato que más engorda, ya lo conocemos y es el que más nos gusta.

Comes viendo la tele: mirando el móvil, hojeando una revista… Las distracciones mientras comemos son uno de los peores aliados para nuestra barriga. “Cuando comemos delante del ordenador o mirando cualquier pantalla, comemos más y nos sentimos menos satisfechos que cuando lo hacemos en una zona sin aparatos tecnológicos”, asegura la experta. Por muy breve que sea, presta atención a lo que haces en el rato de la comida, y procura que sea principalmente comer y no andar mirando las redes sociales.

Picoteas a deshoras: sobretodo por la noche. Cuidado: los aperitivos nocturnos suelen acabar con cualquier plan de adelgazamiento, pero tienes tanta hambre que no puedes evitarlo. Pero si has comido a mediodía y has merendado, ¿por qué estás tan hambriento por la noche cuando tienes 20 años? “Nuestro cuerpo es inteligente y cuando no le damos la suficiente comida durante el día la reclama al caer la noche”, asegura Ansel, quien cree que acabar con esta dinámica destructiva es tan sencillo como no saltarse nunca las comidas, incluir alimentos saciantes en nuestra dieta y comer siempre a las mismas horas.  

A los 30 años

Época de cambios laborales, en la década de los treinta suele primar más la situación económica que la salud mental, y esto se traduce en comer y dormir mal: un combo perfecto para que te cueste el doble perder peso.

Te hace tanta ilusión cocinar platos saludables... (iStock)
Te hace tanta ilusión cocinar platos saludables... (iStock)

No tienes tiempo: para hacer ejercicio, para cocinar, para ir a la compra… En definitiva, el día no tiene horas suficientes para que puedas cuidarte adecuadamente. “Pero aunque parezca imposible, se puede hacer algo para trabajar por tu cuerpo”, asegura Ansels. La amplia oferta de gimnasios, con múltiples horarios y actividades adaptadas a las necesidades de cada usuario, pueden ser la clave para invertir unos minutos al día en hacer ejercicio.

La familia: especialmente cuando son pequeños, el cuidado de los niños requiere mucho tiempo. “Para una recuperación activa, el simple hecho de dar largos paseos con el bebé en su cochecito ayudará a ponerse en forma de una manera sorprendentemente rápida”, recomienda la también autora de 'The Calendar Diet: A Month by Month Guide to Losing Weight While Living Your Life' (Wagging Tail Press). A medida que crezcan, trata de incluir determinadas actividades como los paseos por el campo, practicar algún deporte de grupo o ir caminando a los sitios en lugar de en coche como hábitos de rutina familiares.

Tienes la nevera vacía: los viajes al supermercado se vuelven más complicados así que optas por llenar tu despensa de alimentos saludables envasados y comida rápida. Si en lugar de lanzarte a lo más rápido y sencillo, muchas veces alto en grasas y calorías, hierve una buena cazuela de alubias o arroz integral e ir preparando platos diferentes aderezados con frutos secos, semillas de chía, verduras o algo de pescado (sí, también vale con una lata de atún). Será menos repetitivo de lo que crees, te llevará poco tiempo prepararlo y además, con estos alimentos, te sentirás saciado durante más horas.  

A los 40 años

Hagas lo que hagas, el cuerpo va cambiando e inevitablemente tu metabolismo ya no es el que era a los veinte. Cualquier exceso en tu dieta va a parar casi al instante a tu cintura y la ensalada se ha convertido en la base de tu alimentación. No es buena idea. Probablemente, estás comiendo mal.

Claro, una década después siguen ahí. Y quieren comer algo que no sea de lata. (iStock)
Claro, una década después siguen ahí. Y quieren comer algo que no sea de lata. (iStock)

Cuidado con las proteínas: a medida que envejecemos, nuestros músculos empiezan a descomponerse y el metabolismo se ralentiza, lo que influye en que seas o no capaz de perder peso. Ansel asegura que a partir de los 40 la mayoría de nosotros comemos suficientes proteínas, “pero no en el momento adecuado”. Si lo hacemos por la noche el cuerpo no tiene tiempo para quemar esa energía y las almacena en forma de grasas. Si conseguimos programar la ingesta y consumir entre 20 y 30 gramos de proteínas a lo largo del día, podremos recuperar la pérdida de masa muscular y quemar las grasas de verdad.

Abusas de la comida preparada: ya te ocurría a los 30, y una década después sigues sin encontrar tiempo para comprar alimentos frescos y cocinar a diario. Comes regular y cenas mal, y esto es fatal para tu sistema digestivo que no está en plena forma para procesar la comida y eliminar las grasas innecesarias. Sabes que un sándwich de pavo con queso es mejor que pedir comida china o preparar una pizza congelada, pero apenas lo haces porque no encuentras el momento y es mejor coger el teléfono y esperar sentado (o poniendo lavadoras, terminando trabajo o ayudando a los niños con los deberes, nadie dijo que fuese fácil). “La clave es dedicar 15 minutos cada fin de semana a planear una cena saludable rápida para cada noche de la semana”, recomienda la experta. 

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