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El cierre del Silicon Valley chino revive el mayor miedo de la logística y la electrónica mundial
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VUELVE LA MANO DURA CONTRA EL COVID

El cierre del Silicon Valley chino revive el mayor miedo de la logística y la electrónica mundial

La política de 'cero covid' de Pekín desencadena el cierre durante 7 días de varias ciudades, entre ellas Shenzhen, sede del cuarto puerto más importante del mundo y hogar de marcas y fabricantes tecnológicos

Foto: Foto: Reuters/Tyrone Siu.
Foto: Reuters/Tyrone Siu.
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Desde que el covid-19 paralizó medio mundo, el transporte mundial de mercancías no ha dejado de ser un castillo de naipes. El negocio ha vivido en una 'perenne' fragilidad que en varios momentos ha amenazado con volverse a desmoronar, provocando importantes problemas en las cadenas de suministro globales, como los vividos el día en que el Evergreen encalló taponando una arteria clave como el canal de Suez. Las secuelas de aquel infarto tardaron semanas en poder ser digeridas y superadas.

Ahora, justo cuando las industrias de medio mundo estaban tratando de minimizar el desabastecimiento y los efectos secundarios provocados por el conflicto entre Rusia y Ucrania, han recibido un nuevo aviso a navegantes: la ciudad china de Shenzhen, una megalópolis de 17 millones de habitantes, ha anunciado un nuevo confinamiento durante al menos los próximos siete días. Todo con el fin de atar en corto el brote que ómicron está provocando en aquel lugar. La decisión se ha tomado después de detectar 60 nuevos positivos el pasado domingo.

Foto: Foto: Reuters.

No hay que olvidar que en aquel rincón del gigante asiático se encuentra el cuarto puerto más relevante del globo, que ha llegado a manejar un volumen superior a 26 millones de contenedores en un solo año. El 'déjà vu' se ha vivido en más puntos de la geografia china. Poco después de conocerse la noticia, sus vecinos de Doungguan han anunciado un cierre en términos similares. Ambas urbes siguen el camino, el de los cierres totales, reabierto el pasado viernes por el Gobierno de Changchun, capital de la provincia de Jilin, que hace frontera tanto con Corea del Norte como con Rusia, el primero en adoptar esta medida.

La idea que hay sobre la mesa es que en estos siete días dé tiempo a ejecutar un cribado masivo de la población, ejecutando al menos tres PCR a cada habitante y aislar a los afectados. Desde Pekín, no han dudado en señalar a Hong Kong como foco del problema, asegurando que el tránsito ilegal de personas desde la excolonia británica, que atraviesa una de las peores olas de coronavirus, es lo que ha generado esta situación.

Un ojo en los puertos...

Uno de los problemas que se presentan es que todavía no queda claro si los trabajadores de los puertos son considerados trabajadores esenciales o no. Incluso en el caso de que estas instalaciones puedan seguir funcionando al 100%, la capacidad contagiosa de ómicron, superior a la de las anteriores cepas, puede ponerlas en jaque, ya que puede provocar nuevos brotes entre los empleados y que estos tengan que guardar cuarentenas, mermando la mano de obra disponible.

Estas situaciones no son nuevas. En varios momentos del pasado curso, ya se vivieron cierres parciales en el puerto de Shenzhen, así como en el de Ningbo, a pesar de que los trabajadores de los muelles habían sido vacunados. La solución entonces fue intentar derivar el trabajo pendiente a otras terminales y aumentar el horario de estas con el fin de poder absorber esa carga extra en un periodo de tiempo razonable. Incluso se habilitaron barracones y 'residencias temporales' para que los empleados pudiesen aislarse y permanecer allí en caso de que surgiese algún brote.

 

A pesar de todos estos parches, los efectos se dejaron notar con fuerza. Muchos de los encargos tardaron semanas en despacharse y el precio medio de enviar un contenedor estándar se volvió a disparar, hasta el punto de alcanzar el pasado mes de agosto, coincidiendo con uno de estos episodios, su máximo histórico con 10.377 dólares. La situación no es inédita, pero la contundencia con que se está actuando en esta ocasión hace temer que los problemas ocasionados puedan ser mayores.

Además, hay que tener en cuenta que en China la norma de 'cero covid' sigue casi tan vigente como al principio de la pandemia. Mientras en Occidente se ha optado por una política de convivencia, tomando medidas como acortar los aislamientos dada la tasa de vacunación y la menor virulencia de la última mutación del virus, con el fin de no detener la actividad económica, en el gigante asiático no se han producido cambios de esta naturaleza. Y no parece que se vayan a producir en el corto plazo.

... y otro en las fábricas

Pero no solo el sector de la logística contiene el aliento ante esta medida, la más agresiva que se toma en el país desde que en 2020 cerrasen Wuhan y otras ciudades a cal y canto. También parte del gremio de la electrónica de consumo sigue atentamente lo que allí sucede. Shenzhen es conocido como el Silicon Valley chino. Esta manida fórmula, de la que se abusa en otras regiones del mundo al utilizarla para definir cualquier zona con una mínima concentración de 'startups', en este caso está más que justificada.

Foto: El museo parece una nave interplanetaria (Zaha Hadid)

Los cuarteles generales de varias de las mayores tecnológicas del país y, por tanto, del mundo se encuentran allí o en su zona metropolitana. En el censo municipal figuran nombres de la talla de Huawei, ZTE, BBK (el conglomerado que agrupa a Oppo, OnePlus, o realme), vivo, BYD (uno de los mayores fabricante de vehículos eléctricos del mundo), DJI o Tencent, por citar algunos de los más importantes.

Sin embargo, también tienen puesto allí un pie empresas menos conocidas para el público general como Pegatron o Foxconn, pero que son tan importantes como los nombres ya mencionados, ya que son los proveedores a los que recurren los mayores fabricantes de tecnología para la producción en masa de dispositivos y 'gadgets'. A pesar de que se han buscado alternativas en terceros países como la India o Vietnam por diversificar y asegurar la cadena de suministro, lo cierto es que un alto porcentaje de la electrónica y los electrodomésticos que se venden en todo el mundo se sigue montando y enviando desde esta remota región.

Precisamente, Foxconn ha sido una de las primeras en salir a la palestra. Ha anunciado que cerrará, en virtud del mandato de las autoridades, sus dos fábricas en la zona y que está a la espera de poder trazar un plan de reactivación, una vez se ponga fecha para ello. Sin embargo, sus responsables, en declaraciones a los medios, han asegurado que "han ajustado la línea de producción para minimizar el potencial riesgo del bloqueo de Shenzen". Esto no es baladí, ya que esta compañía es el principal fabricante de los iPhone de Apple y de otros muchos, como Nintendo, Amazon o Sony.

Hay que puntualizar que la planta que Foxconn tiene en el distrito de Guanlan no es la que más encargos de la manzana absorbe, algo que recae en las instalaciones que esta compañía, de origen taiwanés, tiene en la ciudad de Zhengzhou, que se ha ganado el sobrenombre de 'iPhone City'. Sin embargo, el caso del teléfono más popular del mundo puede dar pistas de lo que puede ocurrir si la situación se demora.

En 2020, algunos lanzamientos de la marca se vieron retrasados por las restricciones y hubo, en algunos momentos, ciertos problemas de 'stock'. En el caso concreto de los de Cupertino, si el confinamiento es corto y quirúrgico y no se extiende al resto del país, los problemas podrían no hacerse notar, pero es probable que otros fabricantes no tengan la posibilidad de diversificar así su producción. Precisamente Apple también sirve para hacerse una idea de cómo de expuesta está la electrónica de consumo a los problemas que ocurren en China. Si se consulta su guía de proveedores, se ve que una gran mayoría de plantas que proveen piezas para sus 'gadgets', un total de 251, está ubicada en aquel país.

Medidas drásticas en China por un nuevo brote causado por la variante ómicron

Mirando el calendario

Fuentes del sector contactadas por El Confidencial señalan que si la situación se descontrola y la contención del brote implica parar toda la actividad no esencial durante más tiempo, los problemas de oferta podrían dejarse notar con cierta fuerza. Hay varios factores a tener en cuenta. Estas mismas voces explican que el impacto final también depende del "aprovisionamiento de componentes" que hayan hecho recientemente, la capacidad para moverlos de una planta a otra en un corto periodo de tiempo, así como el número y la ubicación de los clientes a los que abastece cada instalación. La cuestión, en este caso, es el escaso margen que ha existido para hacer acopio de semiconductores a gran escala en los últimos meses.

El precedente más reciente fue el cierre de Xian, donde existen dos importantes plantas de memorias DRAM y chips NAND, propiedad de Micron y Samsung, respectivamente, algo que ocurrió en la recta final de diciembre de 2021. Estas piezas son clave para centros de datos o 'smartphones', entre otros. Varios analistas y las propias compañías alertaron entonces de que aquello podía suponer un lastre añadido al mercado de componentes informáticos, asfixiado casi desde el principio de la pandemia por una demanda que ha desbordado la capacidad de esta industria para atender todas las peticiones.

Finalmente, el cierre se extendió menos de un mes y el daño pudo ser controlado gracias a la capacidad de producción instalada en otros lugares y porque la mayoría de chips que se producen en aquella localidad se dedica al mercado doméstico.

Otra parte que podría verse afectada por estos contratiempos es la creación y lanzamiento de productos. No hay que olvidar que muchas de las grandes marcas tienen en alguna de las ciudades que han echado la persiana centros de desarrollo.

placeholder Carga de coches de BYD en el puerto de Shenzhen. (Foto: Reuters)
Carga de coches de BYD en el puerto de Shenzhen. (Foto: Reuters)

Por ahora, los inversores han reaccionado con pesimismo a estas noticias. Las principales empresas con sede en Shenzhen tuvieron un mal inicio de semana en la Bolsa de Hong Kong, tiñéndose de rojo. Tencent, el gigante de los videojuegos, fue el principal damnificado, al perder prácticamente una décima parte de su valor. BYD le siguió de cerca, con un 8,3% de retroceso. ZTE perdió un 7%. Otras multinacionales cuyas oficinas centrales se encuentran en otros puntos del país también fueron arrastradas por el pesimismo. Xiaomi, por ejemplo, cayó más de un 8%.

Las fuentes contactadas por este periódico destacan el panorama de incertidumbre, aunque todavía es pronto para hacer una evaluación de daños. Aseguran que no solo la capacidad productiva va a condicionar la aparición de problemas. Ponen el acento también en cómo evolucione la situación en Hong Kong, ya que su puerto es un punto logístico clave para el envío de mercancías a Occidente, especialmente en el caso de fabricantes de tecnología. Mientras tanto, aseguran que también hay que tener un ojo puesto en el conflicto en Europa del Este, ya que la invasión de Ucrania por parte de Rusia podría acabar generando problemas en el suministro de algunas materias primas y tierras raras, que acaben perjudicando los costes de producción en un contexto en que la inflación anda desbocada.

Desde que el covid-19 paralizó medio mundo, el transporte mundial de mercancías no ha dejado de ser un castillo de naipes. El negocio ha vivido en una 'perenne' fragilidad que en varios momentos ha amenazado con volverse a desmoronar, provocando importantes problemas en las cadenas de suministro globales, como los vividos el día en que el Evergreen encalló taponando una arteria clave como el canal de Suez. Las secuelas de aquel infarto tardaron semanas en poder ser digeridas y superadas.

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