De oveja negra a protegido de la UE: Polonia se anota el tanto de la crisis con Bielorrusa
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Pelillos a la mar (Báltica)

De oveja negra a protegido de la UE: Polonia se anota el tanto de la crisis con Bielorrusa

Frente a la instrumentalización bielorrusa de la migración, Bruselas ha cerrado filas con un Gobierno polaco con el que, hasta hace poco, protagonizaba un choque frontal

Foto: Soldados polacos en la frontera con Bielorrusia. (Reuters/Cedida)
Soldados polacos en la frontera con Bielorrusia. (Reuters/Cedida)

—¿Qué les estás contando?

—Nada, solo estamos hablando —contesta al soldado Mohamed, un menor refugiado afgano que tramita su petición de asilo en la localidad lituana de Rukla.

—Tú, no puedes estar aquí.

—Pero soy prensa y es la vía pública.

—Da igual, hay estado de excepción.

La crisis en la frontera bielorrusa, donde miles de personas llevan semanas varadas en medio del fuego cruzado de esta batalla geopolítica, ha provocado la declaración de los estados de emergencia en Polonia, Lituania y Letonia, los tres Estados miembros afectados. El Gobierno polaco, liderado por el ultraconservador Partido Ley y Justicia (PiS), es el que ha ido más lejos, fijando una zona de exclusión de tres kilómetros que impide el acceso al puesto fronterizo a todas las personas no residentes en la zona, incluyendo medios de comunicación y organizaciones de ayuda humanitaria.

Los controles de policía se multiplican a lo largo de los más de 1.000 kilómetros de frontera que comparte Bielorrusia con la UE. "Hay ambiente de guerra", señala una activista de la ciudad polaca de Hajnowka. Periodistas o habitantes de las urbes limítrofes son sometidos a continuos controles. Las carreteras europeas que conducen al país que lidera con mano de hierro Alexander Lukashenko están plagadas de puestos de policías que, linterna en mano, vigilan coche por coche que no haya refugiados o migrantes a bordo. Les ha llegado el rumor de que hay taxis que ofrecen llevarlos a Alemania. Estos chequeos se extienden a la frontera entre Polonia y Lituania. A pesar de que el núcleo del espacio Schengen es la eliminación de barreras internas en la UE, hay en marcha controles fronterizos entre ambos.

La paranoia inunda la atmósfera del Este europeo hasta tal punto que los militares que patrullan el camino que comunica Lituania con Bielorrusia buscan a los pasajeros de los coches en Google. Tras comprobar que son medios de comunicación, tampoco les dejan aproximarse a la alambrada, a pesar de que Vilna no ha decretado una zona de exclusión como la polaca. "Es una situación complicada", se excusan los uniformados.

Estonia, que ha enviado un batallón militar a la frontera polaca, asegura que el acceso a los medios de comunicación se ha restringido en la frontera porque "sin darse cuenta, desempeñan un papel de inteligencia en nombre de la otra parte", en referencia a Bielorrusia y Rusia.

En este escenario de limitaciones a la libertad de expresión y de movimiento, Bruselas evita elevar el tono o emitir algún tipo de condena contra sus Estados miembros. Entretanto, no pocas organizaciones denuncian reiteradas violaciones de los derechos fundamentales en suelo comunitario. Es la UE del estado de excepción, que ampara todas estas medidas.

La unidad como escudo

De los pasillos de la capital comunitaria salen advertencias tímidas y veladas. "Es necesario responder de forma efectiva a esta situación de emergencia. Pero al mismo tiempo hay que respetar al 100% los derechos fundamentales y las obligaciones internacionales. Los dos puntos son cruciales y hay que encontrar la manera de reconciliarlos", señalaba recientemente Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en el Pleno de Estrasburgo. "Las autoridades de Bielorrusia deben proporcionar total acceso a las organizaciones de ayuda humanitaria", apuntó Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, eludiendo elevar la misma petición a las autoridades polacas.

Y es que la prioridad europea en esta crisis es, ante todo, proteger la imagen de unidad. "Este chantaje de cinismo ha tenido el efecto contrario: toda la UE ha cerrado filas con Polonia, Lituania y Estonia", zanja Von der Leyen. El bloque comunitario quiere evitar que Lukashenko y Putin se regocijen y consigan su cometido de dividirlo en esta "guerra híbrida" que están librando a las puertas de la UE. Los enemigos de Europa saben que una de las flaquezas del bloque es su incapacidad para actuar con una sola voz y buscan explotar esta debilidad para presionarlo y debilitarlo.

Foto: Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en el debate de este martes ante la Eurocámara. (EFE)

De hecho, esta semana la Comisión ha propuesto la activación de un mecanismo de emergencia que permitiría dejar a los solicitantes de asilo hasta 16 semanas en los centros de detención en Polonia, Lituania y Letonia. En la actualidad, el máximo son cuatro semanas. Aunque los países tienen tan solo entre tres y seis días para registrar las solicitudes. Bruselas reconoce que las cifras de personas atrapadas en el flanco oriental no son alarmantes y está recibiendo fuertes críticas por sus cesiones ante capitales como Varsovia, bajo la lupa constante de los derechos humanos. Las ONG se han llevado las manos a la cabeza con la última medida de la Comisión Europea, en lo que ha sido visto una concesión más a Polonia ante el drama migratorio en esta frontera caliente.

Meses antes de que estallase la dramática situación en la frontera polaca, Lituania había servido de simulacro. Ante la llegada de miles de migrantes y refugiados, la UE logró congelar los vuelos procedentes de Irak. La escalada de tensión no tuvo un impacto tan mediático y desestabilizador como la actual. Lukashenko iba así poniendo a prueba la reacción del bloque comunitario y dio con la diana: presionar en la frontera polaca. El Gobierno de Varsovia llegaba a esta crisis humanitaria en el clímax de la crisis política que desde hace años mantiene con Bruselas por sus ataques al estado de derecho y a la independencia judicial.

Foto: Una manifestación pro democracia en Varsovia. (Reuters)

La última cumbre de líderes europeos elevó la tensión del resto de capitales con Varsovia, que acababa de desatar el 'Polexit legal' declarando la supremacía del derecho nacional sobre el acervo comunitario que emana del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE). Hay quienes afirman que este ataque de Minsk ha venido bien al Gobierno polaco para distraer el foco de atención y para arañar una inusual muestra de solidaridad y unidad del resto de la UE hacia el país.

Vladimir Putin, principal patrocinador de Lukashenko, lleva años intentando dividir a las capitales europeas. Lo ha hecho a través de campañas de desinformación, de ofertas de vacunas y aproximándose al otro líder díscolo de la UE: el húngaro Víktor Orbán. Promover la tensión en la frontera de un país como Polonia, fuertemente opuesto a la migración y en el punto de mira de Bruselas, era una apuesta segura para conseguir el objetivo. Consciente de ello, en la UE ha primado la consigna de evitar todo atisbo de división interna. Bruselas ha quedado, así, haciendo un funambulismo casi imposible para vender fortaleza fuera y blindar los derechos fundamentales dentro.

Migrantes como pelotas de ping-pong

Las informaciones recogidas en la capital comunitaria apuntan a que funcionarios bielorrusos habrían viajado a países como Irak o Siria para pactar con agencias de viajes que promocionasen ofertas jugosas. Ofrecían a las personas más desesperadas un billete directo a la UE. "Les vendieron una fantasía, una ilusión, una mentira", denuncia Margaritis Schinas, vicepresidente de la Comisión para Promoción del Estilo de Vida Europeo.

Evros, Ceuta o Bialowieza. Los dictadores y líderes autoritarios que comparten vecindad europea reproducen desde hace años un mismo patrón: juegan con el miedo europeo a una potencial crisis migratoria. Con los fantasmas de 2015 todavía sobrevolando el Viejo Continente, la UE ha quedado presa de sus propios temores y de su incapacidad para fijar una política de asilo y migratoria común. Las diferentes posturas entre los Veintisiete son insalvables y hacen de ello una de sus principales asignaturas pendientes.

La UE ha quedado presa de sus propios temores y de su incapacidad para fijar una política de asilo y migratoria común

Entretanto, la UE sortea las llegadas irregulares de migrantes a través de parches terrestres y marítimos. En crisis como la que se desarrolla en estos momentos, algunos Estados miembros como Grecia o Polonia han sido acusados de realizar devoluciones en caliente vulnerando el derecho internacional a pedir asilo.

El reciente informe de Human Rights Watch "Muere aquí o ve a Polonia: la responsabilidad compartida de Bielorrusia y Polonia en los abusos de la frontera" acusa a ambos países de utilizar a los migrantes como una "pelota de ping-pong". El documento recoge agresiones por parte de las fuerzas de seguridad de ambos países así como restricciones al derecho al refugio. Activistas sobre el terreno informan de que muchas de las personas atrapadas en la frontera proceden de Siria o Afganistán, países que reunirían los requisitos para tramitar el asilo.

Objetivo: frenar las llegadas

A día de hoy, según las cifras que maneja Bruselas, hay unos 10.000 migrantes en territorio bielorruso y unas 7.500 personas habrían conseguido cruzar desde ahí a Polonia, Lituania y Letonia. Se trata de la primera vez que existe una campaña orquestada y organizada para transportar a personas a países terceros con el objetivo de usarlas como arma política. En respuesta, la UE se ha armado con la primera lista negra para castigar a operadores de transporte (terrestres, marítimos o aéreos) que hayan participado en este tráfico de personas conscientes o de forma indirecta. Bruselas está coordinando las futuras sanciones con Washington, al que ha transmitido que lo que está ocurriendo no es "una crisis migratoria al uso, sino un intento de un régimen autoritario de desestabilizar a sus vecinos democráticos".

Dentro de suelo comunitario, la Comisión Von der Leyen ha triplicado los fondos a los tres países del Este para que fortalezcan sus fronteras. Por primera vez se habla de forma abierta de financiar muros con presupuesto europeo. Existen diferencias sobre la legalidad o no de esta acción; pero, sobre todo, hay distintos puntos de vista intra-institucionales y entre las capitales. Aunque una decena de países están a favor, el resto —junto a la Comisión y el Parlamento— estiman que supondría pagar un precio demasiado alto en términos de valores y principios.

La crisis bielorrusa anticipa cambios que pueden perpetuarse en la UE. Como pronto, allana el camino sobre las nuevas batallas del Siglo XXI, que ya no se libran rifle en mano. De momento, la lección principal que deja en suelo comunitario es el imperativo de parecer unidos ante los ataques externos. "Aquellos que nos han atacado instrumentalizando el sufrimiento humano han fracasado. Lukashenko ha calculado mal. Está poniendo a prueba nuestra fuerza y unidad. Pero juntos aprobaremos el examen porque cuando trabajamos unidos somos imparables", afirma Schinas.

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