El año que Polonia vivió peligrosamente: las fronteras elásticas que tantea Varsovia
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'polexit' judicial

El año que Polonia vivió peligrosamente: las fronteras elásticas que tantea Varsovia

Las tres fronteras que Polonia está tanteando son la judicial, la ideológica y una tercera, esta última física, que tiene a Bielorrusia al otro lado

Foto: Una bandera polaca en Swinoujscie (Polonia). (EFE)
Una bandera polaca en Swinoujscie (Polonia). (EFE)

Un comentarista polaco comparaba hace unos días a su país con un explorador, un tanto inconsciente, que inició hace tiempo una peligrosa travesía explorando fronteras y ha llegado a una especie de Triángulo de las Bermudas. Los tres lados, las tres fronteras que Polonia está tanteando son la judicial, la ideológica y una tercera, esta última física, que tiene a Bielorrusia al otro lado.

Los acontecimientos de los últimos días, con una desafiante sentencia del Tribunal Constitucional declarando ilegal parte del Tratado de Adhesión a la Unión Europea, hacen pensar que Polonia acaba de cruzar el primero de esos límites. Un Tribunal compuesto por 15 jueces, de los cuales 10 han sido nombrados por el actual gobierno, actuó como correa de extensión del Ejecutivo polaco para declarar lo que, en última instancia, supone la desvinculación del derecho polaco del europeo y coloca a la Constitución nacional por encima de las leyes comunitarias europeas: un 'Polexit legal'.

El Tribunal cuenta en sus filas con figuras como la de Krystyna Pawlowicz, quien se ha distinguido repetidamente por sus irrespetuosos ataques verbales a políticos de la oposición, defensores de los derechos civiles de las personas LGBT, feministas y cualquier persona no afín a sus creencias y que declaró en una ocasión estar "en contra de la UE", además de afirmar: "Rezo para que se derrumbe por sí sola". O como Stanisław Piotrowicz, que ejerció como fiscal del Estado durante el régimen comunista y es conocido por haber perseguido con saña a opositores demócratas y por bloquear un caso de agresiones sexuales a un menor por parte de un sacerdote. Durante la sesión del Tribunal del pasado jueves, Piotrowicz se refirió a la legislación europea como a "leyes extranjeras".

Cuando, hace unos meses, el primer ministro Morawiecki pidió a ese Tribunal que decidiese entre la preeminencia de la ley polaca o la europea, le estaba entregando una bomba en la que, por seguir con la metáfora, tanto el cable rojo como el cable azul provocarían una explosión. Si en lugar del fallo que emitió, el Tribunal hubiese decidido que el derecho europeo prevalece sobre el polaco, habría obligado al gobierno a, entre otras cosas, acatar e implementar todas las órdenes que han llegado de Europa para desmantelar la Sala Disciplinaria con la que controlan a la judicatura. Eso obligaría a anular los traslados forzosos, levantamientos de inmunidad y sanciones a jueces con los que el ministro de Justicia polaco, Zbigniew Ziobro, ha hecho de la Justicia polaca su feudo personal. Ziobro, además de ministro de Justicia, es el fiscal general del Estado y vicepresidente del gobierno, una aberración más que explica la falta de independencia judicial que Europa le achaca a Varsovia.

La otra frontera que Polonia comenzó a explorar desde que en 2015 el PiS (siglas del partido Ley y Justicia, en polaco) llegó al poder es la ideológica. El nacionalismo como seña de identidad, la reforma de la enseñanza para inundarla de doctrinas en sintonía con el programa del PiS y crear “un nuevo polaco” a base de premiar a las escuelas que promocionen el “espíritu patriótico” y sean “más decentes”, como ha dicho el ministro de Educación Przemysław Czarnek, y finalmente la crispación de la vida política y el coqueteo con grupos declaradamente nazis, han sido los mojones que han delimitado el campo ideológico del gobierno polaco.

Foto: Banderas polacas en Varsovia. (EFE)

El nombramiento de Czarnek como titular de la cartera de Educación, hace casi exactamente un año, no comenzó con un buen pie: al conocerse la noticia, 350 miembros de la comunidad académica y científica polaca, incluyendo a algunos de sus colegas en la universidad Católica de Lublin, pidieron al gobierno que se revocase la decisión. Czarnek, que ha acusado a los homosexuales de profesar una ideología con las mismas raíces que el nazismo y les ha llamado “desviados, fetichistas indecentes que no deberían tener los mismos derechos que la gente normal”, no dudó en compartir estrado con un grupo calificado como “nazi” en sentencia judicial y cuyos uniformes y símbolos son tan poco sutiles como el vocabulario del ministro. Además de defender los castigos corporales a niños como parte de la educación, el encargado de dirigir la educación pública en Polonia ha jurado eliminar las “mentiras marxistas” del programa educativo, incorporar “la visión de la vida y las enseñanzas de Juan Pablo II” y convencer a las niñas de que “tener una carrera” antes que un hijo "es peligroso y no es aquello para lo que fueron llamadas por Dios".

La frontera física

Finalmente, la frontera con Bielorrusia se ha revelado últimamente como una de las costuras peor cosidas de la Unión Europea y una difícil prueba para Polonia. Varsovia se ha presentado como vigilante del flanco Este de la OTAN y guardián responsable de la mayor frontera de la Unión Europea con la 'osa mayor' (Rusia) y la “osa menor" (Bielorrusia). Pero un sonrojante informe de Amnistía Internacional de finales de septiembre demostró, con grabaciones efectuadas desde satélites y reconstrucciones digitales del terreno, que la Guardia Fronteriza polaca expulsó ilegalmente a 32 personas que solicitaban asilo y que ya se encontraban dentro de sus fronteras.

Foto: Un manifestante sostiene un cartel contra el presidente bielorruso en Vilnius, Lituania. (Reuters)

La directora de la Oficina de las Instituciones Europeas de Amnistía, Eve Geddie, aseguró que "Polonia ha estado reteniendo en su frontera a este grupo de personas de manera cruel durante semanas". Las imágenes de refugiados acampados al aire libre, sin suministros y teniendo que utilizar el agua de un arroyo cercano mientras las temperaturas nocturnas bajaban de cero grados, impulsaron a activistas y políticos de la oposición a pedir explicaciones al gobierno sobre qué estaba pasando en la zona.

La respuesta fue declarar el estado de emergencia durante 90 días, una medida inédita en los últimos 30 años y que ni siquiera se puso en práctica durante los peores días de la pandemia. Ahora, la libertad de movimientos se ha restringido en el área y ningún no residente puede pernoctar en las zonas puestas en alerta en las tres provincias fronterizas, y se han sucedido los altercados de las autoridades con periodistas que trataban de informar sobre el terreno. La imagen de un activista corriendo campo a través con bolsas de plástico llenas de comida y medicinas en sus manos, intentando atravesar el cordón de soldados polacos para llegar a los refugiados, y cayendo en un barrizal, se explica por sí sola.

Estas tres fronteras, que delimitan el abismo al que se asoma Polonia, la colocan en una encrucijada sin precedentes, y el camino que tome el gobierno en cada caso definirá la identidad, el lugar en el mundo y el futuro de todo un país.

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