Brexit, seis meses después: todos los frentes de la Global Britain
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Un balance tras medio año

Brexit, seis meses después: todos los frentes de la Global Britain

Los euroescépticos presentaron un Reino Unido fuera de la UE cual tierra prometida. Pero, de momento, es más bien un proyecto que se va construyendo sobre la marcha. Estos son los logros y desafíos

placeholder Foto: Johnson, al volante de un vehículo acorazado. (Reuters)
Johnson, al volante de un vehículo acorazado. (Reuters)

Reino Unido cumple seis meses a efectos prácticos fuera de la UE. ¿Cómo es la nueva Global Britain que los euroescépticos presentaron cual tierra prometida? De momento, parece que es más bien un proyecto que se va construyendo sobre la marcha. La clave del Brexit, al fin y al cabo, siempre fue la de “recuperar el control de” no “recuperar el control para”. En otras palabras, el objetivo era liberarse de la normativa comunitaria para recuperar la soberanía. Pero una vez conseguido, no es que hubiera un programa definido para posicionarse en el tablero global. Y los 'brexiters' dicen ahora que los beneficios del histórico divorcio no empezaran a notarse hasta pasado una década.

Con lo que tampoco se contaba era con una pandemia que ha puesto en jaque a los gobiernos de ambos lados del Atlántico. Downing Street comenzó a gestionar la crisis sanitaria de manera catastrófica, pero luego ha sabido remontar con un exitoso programa de vacunación. A nivel doméstico, el gran reto para un Gobierno conservador es preservar ahora su mayoría absoluta con políticas que mantengan el apoyo conseguido en las últimas generales en el Muro Rojo laborista del norte de Inglaterra. Y hacer frente al desafío soberanista escocés.

Foto: Boris Johnson, el primer ministro británico, frente a un gigante muñeco hinchable que lo representa. (Reuters)

A nivel internacional, está claro es que las relaciones con Bruselas están teniendo más bajos que altos por las diferentes interpretaciones que hacen ahora ambas partes sobre los pactos firmados. O más bien por la negativa de Londres a cumplir con su palabra. En octubre de 2019 se cerró el Acuerdo de Retirada (derechos de los comunitarios residentes, Protocolo de Irlanda y factura de divorcio). Y la pasada Nochebuena, a pocas horas de terminar el periodo de transición, se alcanzó un pacto de libre comercio y cooperación (que básicamente se ha traducido tanto para las empresas como ciudadanos en burocracia, retrasos y más coste). Con todo, fuera del bloque, la Global Britain ha puesto ahora sus miras en el Indo-Pacífico, una estrategia con la que busca también afianzar sus lazos con Washington.

Estos son sus logros y sus nuevos desafíos.

Escocia: la amenaza soberanista

En las elecciones de mayo al Parlamento de Edimburgo, los independentistas escoceses del SNP de Nicola Sturgeon se quedaron a un escaño de la ansiada mayoría absoluta. En cualquier caso, se trata de un triunfo histórico al conseguir su cuarto mandato consecutivo en Holyrood. Y ahora se comprometen a celebrar un nuevo referéndum de secesión. Consideran que el Brexit (rechazado por el 62% de los escoceses) cambia las reglas de juego. Una vez que la pandemia se haya controlado, están dispuestos a ejecutar su plan.

En el Reino Unido no hay Constitución escrita. Pero, si la convocatoria de un nuevo referéndum quiere hacerse por la vía legal (como ocurrió en 2014), Edimburgo tendría que solicitar a Londres la activación de la denominada Sección 30 del Tratado de Escocia de 1998 para la transferencia de poderes. Sturgeon considera que tiene claro mandato para sacar de nuevo las urnas. Por su parte, Boris Johnson defiende que tiene un claro mandato para denegarlo porque en el manifiesto del Partido Conservador con que ganó la aplastante mayoría absoluta en las últimas generales especificaba que la consulta de 2014 fue “única en una generación”.

placeholder Manifestantes proindependencia, en Escocia. (EFE)
Manifestantes proindependencia, en Escocia. (EFE)

Está por ver cómo mueve ahora cada uno sus fichas. Aunque el SNP siempre se ha distanciado del modelo catalán. En Londres cada vez hay más voces que recalcan que el 'premier' no podrá negarse eternamente.

Protocolo de Irlanda: Londres 1 - Bruselas 0

Durante los largos y tortuosos años que duraron las negociaciones del Brexit, el escollo principal siempre fue evitar frontera dura entre la República de Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte, para no poner en peligro la paz sellada en 1998 entre católicos y protestantes. Se idearon diferentes fórmulas. Alguna de ellas sirvió para dar la última puntilla a Theresa May. Finalmente, cuando Boris Johnson tomó la batuta se acordó un protocolo por el cual Irlanda del Norte queda ahora dentro de la unión aduanera del Reino Unido, pero al mismo tiempo, dentro de la unión aduanera de la UE y alineada con el mercado único.

La táctica de Johnson fue firmar el protocolo para evitar un Brexit duro

En otras palabras, la frontera se ha 'movido' al mar de Irlanda que separa Irlanda del Norte de Gran Bretaña (Escocia, Gales e Inglaterra). Los controles se deben realizar ahora en los puertos norirlandeses y los unionistas se sienten sumamente traicionados. El 'premier' era plenamente consciente de que era una solución compleja que iba a causar problemas logísticos y tensiones políticas. Como así ha sido. Todo se podía haber simplificado si el Reino Unido se hubiera quedado dentro de la unión aduanera. Pero los 'tories' se negaron porque aquello habría supuesto dejarles sin maniobra para poder firmar acuerdos comerciales con terceros países. Así que la táctica de Johnson fue firmar el protocolo para evitar Brexit duro y lidiar con las consecuencias más tarde. O directamente, no cumplir lo pactado. Y, de momento, el plan va funcionando.

Después de que Londres decidiera unilateralmente alargar el periodo de gracia para determinados controles aduaneros y amenazar luego con negarse a cumplir las nuevas reglas respecto a carne refrigerada, Bruselas ha acabado cediendo, permitiendo un aplazamiento de tres meses hasta septiembre para los nuevos controles que debían entrar en vigor en junio. Se trata de una “tregua” de la llamada “guerra de las salchichas”. Aunque el conflicto por la frontera sigue sin resolverse. Si el Reino Unido siguiera las normas sanitarias y fitosanitarias europeas, desaparecerían en un instante del 80% de los controles previstos en el protocolo. Pero Londres no está por la labor.

Gibraltar, la víctima colateral

Las tensiones entre Londres y Bruselas por el Protocolo de Irlanda han acabado afectando a la otra única frontera terrestre que existe ahora entre el Reino Unido y la UE: la de Gibraltar. El pasado 31 de diciembre, a pocas horas de que terminara el periodo de transición, Londres y Madrid conseguían cerrar 'in extremis' un principio de acuerdo para evitar los estrictos controles que habrían sacudido a la economía tanto del Peñón como de las regiones españolas aledañas.

Foto: El Peñón de Gibraltar, visto desde La Línea de la Concepción. (Fernando Ruso)

Cada día, la frontera es cruzada por 15.000 trabajadores, entre ellos, más de 10.000 españoles de una zona como la del Campo de Gibraltar, donde pocas veces se baja de una tasa de paro del 30%. El texto contenía las directrices para cerrar un tratado entre la Comisión Europea y el Reino Unido sobre la Roca. Hay dos puntos clave. El primero, la posibilidad de que el Peñón entre, por primera vez, dentro del área Schengen de libre movimiento europeo de personas. El segundo, la posibilidad de dejar a Gibraltar como parte del régimen aduanero de la UE para el tráfico de mercancías y transporte.

El preacuerdo daba un plazo orientativo de seis meses para poder cerrar el acuerdo final. Pero no se ha realizado ningún avance. El Peñón ya prepara planes de contingencia. El pasado 28 de junio, celebró el Consejo de Preparación para un Desenlace No Negociado a fin de coordinar con Londres los preparativos.

Cuando la City dejó de ser la capital financiera de Europa

En enero, el mes en que ejecutó ya a efectos prácticos la salida del Reino Unido de la UE, Ámsterdam arrebató a Londres su título histórico como principal mercado bursátil del Viejo Continente. El sector servicios en general representa el 80% del producto interior bruto (PIB) británico. Y, en concreto, los servicios financieros representan el 7% del PIB, 1,1 millones de empleos y el 11% de la recaudación tributaria del país. Sin embargo, quedaron fuera de las negociaciones comerciales entre Londres y Bruselas que finalizaron con el acuerdo 'in extremis' de Nochebuena

El ministro del Tesoro dice que ha abandonado sus esperanzas de que Bruselas vaya a dar ahora a la City acceso a los mercados de la UE

Downing Street siempre descartó cualquier pacto que otorgara a los pescadores comunitarios acceso a las aguas británicas a cambio de mejores condiciones para la City. A pesar de que la pesca tan sólo representa el 0,12% del PIB británico, su importancia política era totémica para la causa euroescéptica.

Desde el 1 de enero, las instituciones financieras con sede en el Reino Unido han perdido el acceso automático al mercado único. Por lo tanto, solo podrán prestar sus servicios en la UE sin tener que abrir sucursales en uno de sus estados miembros si la Comisión Europea decide otorgarles los derechos de equivalencia, es decir, reconocer que la legislación británica del área en que trabajen es “equivalente” a la comunitaria. Se trata del mismo sistema con el que la UE opera con los Estados Unidos, Japón o Suiza. Pero queda muy lejos del acceso ilimitado que tenía antes.

El ministro del Tesoro, Rishi Sunak, dice que ha abandonado sus esperanzas de que Bruselas vaya a dar ahora a la City acceso a los mercados de la UE. En este sentido, plantea una revisión del sistema con más laxitud normativa y flexibilidad.

¿Un Singapur a orillas del Támesis? No parece tampoco que ese sea el camino. Se quiere apuntalar a la City como parqué de referencia, pero dentro de una arquitectura regulatoria. Y además no se puede obviar que el G-7 firmó recientemente un pacto histórico para imponer un impuesto mínimo de sociedades de al menos un 15% y la imposición a las empresas con márgenes de beneficio superiores al 10% de que paguen al menos una parte de sus impuestos en el territorio en el que operen, y no donde tengan su sede.

Foto: Vista aérea de Ámsterdam. (Reuters)

Acuerdos comerciales con terceros ¿Qué pasa con EEUU?

El gran lema del Brexit siempre fue el de “recuperar el control”. El Reino Unido podría haber salido de la UE, pero haberse quedado como miembro del mercado único (donde destina la mitad de sus exportaciones). Pero eso le habría obligado a respetar la libre circulación de personas. Podría haberse quedado también dentro de la unión aduanera, pero eso le habría impedido cerrar acuerdos comerciales con terceros. Por lo tanto, optó por una salida total. Pero de momento, la gran Global Britain no ha cerrado suculentos pactos para su economía.

Cuando el Reino Unido era miembro del bloque se beneficiaba automáticamente de cualquier acuerdo comercial que la UE hubiera negociado con otro país. En el momento del histórico divorcio, la UE tenía alrededor de 40 pactos comerciales que cubrían más de 70 países. De momento, los británicos han renovado pactos con 66 de estos países. Pero fuera de ahí, tampoco se han visto grandes avances. La lista de nuevas alianzas alcanzadas hasta la fecha es más bien escueta.

En septiembre de 2020 se cerró acuerdo con Japón, que por cierto bebía del alcanzado entre Tokio y Bruselas el año anterior. El comercio de Londres con Tokio representa solo el 2% del total del Reino Unido, por lo tanto, el aumento esperado del PIB del 0,07% a largo plazo representa tan sólo una pequeña fracción de todo lo que han perdido al salir del bloque.

Foto: La bandera de Jersey ondea en un puerto de la isla. (Reuters)

El 4 de junio de 2021 firmaron un acuerdo con Noruega, Islandia y Liechtenstein, un impulso para el comercio entre las cuatro naciones no pertenecientes a la UE que ya tenía un valor de alrededor de 24.000 millones de euros.

El 15 de junio, sellaron pacto con Australia, otro que es más significativo en términos políticos que económicos, ya que, según las propias estimaciones del Gobierno, supondrá tan solo un incremento a largo plazo de un 0.02% al PIB y el impacto en los precios será más bien insignificante. Además, no está exento de polémica porque los agricultores británicos temen enfrentarse a una mayor competencia de sus homólogos australianos en su propio país.

Pero de los Estados Unidos, de momento, no hay noticias. Joe Biden ya ha advertido a Londres de que si no cumple el Protocolo de Irlanda no habrá acuerdo de libre comercio. En cualquier caso, el presidente estadounidense parece estar más interesado en pactos multilaterales que bilaterales. Y en este sentido, Downing Street, de manera estratégica, pidió en febrero su adhesión al tratado comercial Transpacífico (integrado por 11 países entre los que se encuentra Japón, Australia, Canadá, Chile, México y Perú), con la idea de que, una más que posible inclusión de Washington en un futuro cercano, sirva para acercar posturas.

placeholder Reunión entre Joe Biden y Boris Johnson en Cornualles, durante una cumbre del G-7. (Reuters)
Reunión entre Joe Biden y Boris Johnson en Cornualles, durante una cumbre del G-7. (Reuters)

Relación con China: no me fio de ti, pero te necesito

En su “Revisión Integrada” de su política exterior y seguridad nacional —calificada como la “mayor revisión” desde la Guerra Fría— la Global Britain pone ahora sus miras en el Indo-Pacífico. Se insiste en que Estados Unidos sigue siendo el principal socio, se reafirma el liderazgo del Reino Unido en la OTAN y la seguridad euroatlántica. Se muestra un compromiso con el multilateralismo y la defensa de los derechos humanos y las economías abiertas. Pero, al mismo tiempo, Asia es vista ahora como el nuevo centro geopolítico del mundo y, por lo tanto, para que el Reino Unido siga siendo relevante, el Gobierno considera que debe involucrarse en la zona. Y es aquí cuando se plantea el gran reto: China.

Downing Street considera que con Pekín se necesita un enfoque híbrido de rivalidad y cooperación. Sobre todo porque las crisis globales como el cambio climático no se pueden resolver sin China. Eso sí, para fortalecer una relación comercial más estrecha con el régimen de Xi Jinping, Londres intensificará la defensa en torno a la infraestructura clave. El definitiva, no me fio de ti, pero al mismo tiempo te necesito.

Foto: Johnson en una sesión del consejo de seguridad en febrero. (EFE)

El problema es que el enfoque de Boris Johnson no es compartido por un influyente sector de sus filas, que quieren marcar más las distancias. De la misma manera que lo busca Joe Biden, para quien Pekín representa un auténtico rival.

En la última cumbre del G-7, el presidente norteamericano logró el respaldo de las democracias más ricas del mundo para la iniciativa 'Build back better for the world', una clara respuesta al proyecto chino One Belt, One Road, que pretende revitalizar la conocida como Ruta de la Seda, mediante la modernización de infraestructuras y telecomunicaciones para mejorar la conectividad entre Asia y Europa. Johnson actuaba en el G-7 como anfitrión y terminó cediendo.

Relación con Rusia: enemigo hostil

A diferencia del enfoque híbrido hacia China, Downing Street ve a Rusia como un estado activamente hostil que necesita ser tratado como tal. El reciente incidente protagonizado con la Armada del Kremlin en el mar Negro por la presencia de un destructor de la Armada británica han puesto en evidencia las grandes tensiones que existen entre Londres y Moscú. Los documentos confidenciales encontrados luego por accidente en una parada de bus han revelado que el Gobierno de Boris Johnson sabía que enviar un buque de guerra de la Royal Navy frente a las costas de Crimea provocaría a Rusia. La misión fue llamada Op Ditroite.

Foto: El presidente ruso, Vladímir Putin (Reuters)

El Ministerio de Defensa discutió una ruta alternativa que habría evitado enfrentamiento con Rusia, pero los funcionarios consideraron esta opción como una cobardía que podía mostrar al Reino Unido como “asustado” o “huyendo”, lo que “permitiría a Moscú afirmar que Londres había aceptado el reclamo del presidente Vladimir Putin sobre las aguas territoriales de Crimea”.

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