ELECCIONES EUROPEAS DEL 23-26 DE MAYO

Qué dicen las encuestas para las europeas: la Eurocámara, más política y menos predecible

Las encuestas muestran un Parlamento Europeo menos euroescéptico de lo previsto hace meses, pero eso no simplificará las cosas

Foto: Una bandera de la Unión Europea. (Reuters)
Una bandera de la Unión Europea. (Reuters)

A solo unos días de que comiencen las elecciones europeas, que arrancan el 23 de mayo y finalizan el domingo 26, las encuestas dibujan una Eurocámara donde los euroescépticos no van a tener una gran influencia. Sin embargo, eso no significa que la vida vaya a ser más fácil en el Parlamento Europeo.

Quedan muchas preguntas por responder, pero las encuestas ya nos señalan cuál podría ser la composición de la próxima Eurocámara, en donde están en juego 751 eurodiputados. La previsión que se pueda realizar depende, claro está, de en qué clave se lean las proyecciones de asientos.

La suma de los principales grupos euroescépticos, que son los Conservadores -Europa de la Libertad y la Democracia Directa (EFDD)-, y la Europa de la Libertad y las Naciones (ENF) -de Matteo Salvini y Marine Le Pen-, nos indica que el bloque podría rondar los 180 escaños.

¿Son pocos? Puede ser. Pero si esto fuera un referéndum sobre aprobación y rechazo de la UE podríamos decir que el casi el 24% de los asientos estarían controlados por estos partidos.

Vida política influyente

Las peores perspectivas en Bruselas apuntaban a la posibilidad de que alcanzaran el 30% de los escaños. La situación podía ser crítica llegado ese umbral, y la vida diaria del Parlamento Europeo se vería totalmente sacudida por una nueva realidad. Pero el 24% es una cifra muy alta.

La suerte para el resto de fuerzas es que los euroescépticos son fuerzas demasiado heterogéneas para unirse. Si Salvini hubiese tenido éxito en su empresa de unir a todos los eurófobos en una sola formación habría cambiado todo el juego. Por poner en perspectiva: tras las elecciones el nuevo grupo podría rozar los 180 escaños, quizás algunos más si Viktor Orbán finalmente era expulsado del Partido Popular Europeo (PPE).

Eso significa que estarían disputándole el primer puesto mano a mano al mismísimo PPE, que ha dominado la política europea desde casi el inicio del proceso de integración.

Pero las divisiones son demasiado grandes. El PiS polaco se niega a sentarse en el mismo grupo que el AfD alemán o los diputados de Le Pen, por motivos históricos y por sus vínculos con el Kremlin. No se llevan muy bien con Salvini.

El italiano, que se ha convertido en el ‘princeps’ de los euroescépticos tras llegar al Gobierno italiano en 2018, sigue luchando por ese objetivo. De hecho, este sábado organizó una manifestación de fuerzas eurófobas en Milán, en un intento de hacer una demostración de fuerza.

Salvini empieza a despedirse del sueño de ese grupo único, entre otras cosas por culpa del Brexit. Incluso si el italiano fuera capaz de poner a todo el mundo de acuerdo este bloque contaría con dos partidos británicos, el Brexit Party de Nigel Farage y los tories de la todavía primera ministra británica Theresa May. Y esa convivencia es imposible.

Los esfuerzos se centran ahora en limitar la dispersión. Buscar que la división se limite a dos grupos, que, en cualquier caso, tendrían un muy buen volumen en la próxima Eurocámara. No es lo mismo que estar disputando la primera plaza, pero da acceso a cargos, recursos y posibilidades que nunca antes habían tenido los euroescépticos.

Resistencia socialista

Mientras el PPE trata de frenar su propia sangría, cayendo, según las proyecciones de los actuales 217 escaños hasta los 180, una auténtica debacle que hace tambalearse a la familia política más poderosa del continente, los socialdemócratas tratan de limitar los daños.

Se espera que caigan de los actuales 186 eurodiputados hasta los 149 asientos. Pero como en España, a los socialistas les duele menos perder posiciones si el contexto cambia. Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea y candidato de la familia europea para presidir el Ejecutivo comunitario, ya ha lanzado varios mensajes para buscar una “mayoría alternativa”. Timmermans quiere un pacto con Los Verdes, la familia liberal y algunos eurodiputados de la izquierda radical.

Sería la primera vez que el PPE quedaría fuera de la fórmula de gobierno del Parlamento Europeo en la historia de la democracia europea. Parece un escenario poco probable, pero Timmermans apuesta por él y por obtener mejores resultados de los que les dan.

Liberales, hacia un nuevo futuro

Una de las sorpresas podría ser el resultado de los liberales. El actual grupo ALDE, que cuenta con 68 escaños en la actualidad, rondaría los 100 asientos cuando se sumen los eurodiputados del partido de Emmanuel Macron. Es una incógnita cómo se comportará este grupo, pero en los últimos días se han visto movimientos que hacen prever que las fronteras serán más porosas de lo esperado: Antonio Costa, primer ministro de Portugal, ha mostrado su apoyo público a la campaña de Macron, y el presidente francés cuenta con bastante aliados en el Partido Democratico italiano.

Los liberales serán claves para el futuro funcionamiento de la Eurocámara, independientemente de qué mayoría se conforme. Si Timmermans logra sacar adelante su idea de una coalición progresista los escaños de este grupo serán claves. De la misma forma ocurrirá si negocian con el PPE. Eso les dará poder y acceso a puestos clave.

La llave verde

Los Verdes aumentarán ligeramente su presencia según las proyecciones. De los 52 escaños actuales pasarían a unos 57. Al partido se le está dando bien el Benelux y Alemania.

El grupo ecologista, liderado por la alemana Ska Keller, puede ser clave en el próximo Parlamento Europeo. Si los euroescépticos obtienen un mejor resultado de lo esperado y PPE, Socialistas y liberales no suman suficientes escaños, Los Verdes pueden jugar la carta final y definitiva en la partida.

El Parlamento Europeo que comenzará a diseñarse en una semana nada se parece al actual. Los resultados inmediatos tampoco nos darán una imagen real de cómo será durante los próximos cinco años. La clave estará en la negociación que se entable después y en cómo se organicen los distintos grupos.

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