ELECCIONES EUROPEAS

Holanda se convierte en el nuevo 'poli malo' de la Unión Europea tras el Brexit

Países Bajos tuvo que dejar de esconderse detrás de Londres el día que el Reino Unido votó a favor del Brexit. Ahora ha dado un paso adelante para modelar la Unión Europea a su manera

Foto: Mark Rutte, primer ministro de Países Bajos. (Reuters)
Mark Rutte, primer ministro de Países Bajos. (Reuters)

Holanda tuvo que dejar de esconderse detrás de Londres el día que los británicos votaron a favor del Brexit. Le tocó dar un paso adelante y asumir las ideas que antes defendía su hermano mayor. El Reino Unido casi siempre trató de frenar los procesos de integración propuestos por el tándem franco-alemán y propulsar una Unión Europea (UE) que no gastara demasiado.

Con apenas 17 millones de habitantes, Holanda fue uno de los Estados fundadores de la Unión. Siempre ha necesitado a Bruselas. A pesar de sus críticas a lo que considera una “unión anticuada” que hace de “salvamento” de los países del sur, Países Bajos es uno de los mayores beneficiarios del mercado único.

Ahora, el Brexit exige al Ejecutivo de Mark Rutte, primer ministro del país, replantear su mapa de alianzas. Nunca tendrá el peso ni la influencia de Reino Unido, pero sí la capacidad de ser el contrapeso de Francia y Alemania y pulir la UE a su imagen y semejanza. Sobre todo porque se mueve muy bien en los despachos.

Rutte ha aprovechado también para convertirse en el “chico malo” dentro de la UE occidental. Pide que se ponga fin a "una Unión cada vez más estrecha", uno de los principios fundacionales del proyecto y que, de hecho, ya está recogido en los Tratados. Su oposición demuestra hasta qué punto Holanda está dispuesto a sacudir los pilares de la UE.

La Nueva Liga Hanseática

Holanda trata de crear un espacio que le permita ejercer su influencia crítica dentro de la UE y pueda aplicar mano dura con los países del sur, unos “derrochadores” natos para ellos, pero también de los alemanes. Por eso, La Haya se intenta acercar a Berlín con un discurso conciliador, subrayando que ambos países comparten visiones comunes

Para lograr un acuerdo sobre la reforma de la Eurozona, La Haya coordinó la llamada “Nueva Liga Hanseática” (Irlanda, los nórdicos y los bálticos), una alianza de Estados miembros ortodoxos, “halcones” dispuestos a frenar cualquier reforma de la Eurozona que les obligue a compartir riesgos con el sur.

Esta agrupación de ocho gobiernos del norte, fiscalmente conservadores, lleva la “responsabilidad financiera” por bandera. Exige a Bruselas que limite las normas de gasto, cumpla el déficit, minimice el riesgo financiero y se olvide de la idea de tener un presupuesto común.

Día tras día, Holanda ha colocado palos en las ruedas para frenar la creación de un presupuesto común europeo. Su argumento es claro: no está en el interés de los holandeses dar más dinero a Bruselas.

Aún guarda rencor a países como España, Italia o Grecia por echar mano del dinero común en los peores años de la crisis económica. “Durante la crisis del euro, los países del norte de la eurozona han mostrado solidaridad con los países afectados… pero quien la exige, también tiene obligaciones. No puedo gastarme todo mi dinero en copas y mujeres y luego pedir ayuda”, dijo en 2017 el que era entonces presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, también ministro de Finanzas holandés.

Hubo mucho revuelo por las palabras de Dijsselbloem, pero poco ha cambiado. En la misma línea se pronunció su sucesor, Wopke Hoekstra: “Cualquier Estado que no haga reformas, use la financiación europea de manera imprudente o no respete el Pacto de Estabilidad y Crecimiento no debería tener derecho a más fondos europeos”, apuntó.

Sin embargo, aunque Holanda quiera frenar los procesos de integración económica, critica a Alemania por no ser más valiente en política exterior y defensa. En plena campaña europea, Hoekstra protagonizó un discurso europeísta en la Universidad alemana de Humboldt. El ministro de finanzas criticó la postura "demasiado egocéntrica" de Berlín. “Quiere ser como Suiza: quedarse al margen de todo y vivir feliz para siempre”, dijo.

Mark Rutte y Emmanuel Macron. (Reuters)
Mark Rutte y Emmanuel Macron. (Reuters)

Alemania es un país "demasiado grande e importante para actuar así", dijo el actual ministro de Finanzas holandés. Pidió a Merkel que su país "jugara un papel más prominente" y tendió la mano para buscar “políticas más liberales” que permitan a las instituciones europeas centrarse en políticas globales, que no “interfieran” en las soberanías nacionales.

Tras la crítica a Alemania, Hoekstra sorprendió a la audiencia cuando reconoció que Francia "tiene buenas ideas" sobre el papel internacional de Europa: “El Brexit obliga a que tengamos una nueva visión. Los holandeses compensamos su partida trabajando estrechamente con Alemania y mucho más con Francia. Eso también es posible. Holanda tiene mucho en común con el Gobierno francés".

“Eliminar fronteras fue una gran idea, pero eso solo funcionará si la UE hace lo que Alemania y Holanda solían hacer: decidir quién entra y para qué"

Holanda quiere una mejor defensa europea, convertir la seguridad en una prioridad y promover una mejor cooperación entre los ejércitos de los Estados miembros. “Nuestro continente es incapaz de defenderse, incluso con el apoyo de EEUU. A día de hoy, no podemos cumplir con nuestra responsabilidad más básica para con nuestros ciudadanos: garantizar su seguridad”, alertó el ministro.

No se trata de deshacerse de la OTAN, dijo, más bien de reforzar todas las herramientas de defensa de la Unión. “Eliminar nuestras fronteras internas fue una gran idea, pero solo puede funcionar si la UE hace lo que Alemania y Holanda solían hacer: decidir quién entra y para qué”, agregó.

En casa también tienen problemas

En general, el país suma una mayoría proeuropea, pese al ascenso de una ultraderecha bastante euroescéptica: “No hace falta decir que estamos dispuestos a asumir el desafío, pero al mismo tiempo, Holanda sabe dónde está su sitio. somos un país de tamaño mediano y, a pesar de nuestro potente motor económico, no tenemos el mismo peso que Alemania o Francia”, reconoció en su discurso.

La presión a nivel nacional por evitar más integración europea también influye. El auge de Foro para la Democracia (FvD) -la ultraderecha que se ha convertido en el primer partido del Senado-, junto a la división cada vez más evidente de la sociedad holandesa, exigen al primer ministro liberal Mark Rutte atender también su imagen dentro de las fronteras de su propio país, que gobierna desde 2010.

Las críticas, tanto en la calle como en el Parlamento, exigen, por una parte, una renovación en las instituciones europeas (demasiadas y costosas, a su juicio). Por otra, una mayor inversión en inteligencia artificial y nanotecnología, así como promover empresas fuertes con sello europeo que pongan a la UE al mismo nivel que Asia, EEUU y Canadá.

En definitiva, Holanda quiere vender a los suyos una Europa de oportunidades y no una de gastos. Y, sobre todo, que esa revolución sea conducida por La Haya.

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