LAS EUROPEAS SERÁN UN VOTO PRO O ANTI-MACRON

Macron: el 'pequeño Napoleón' se enfrenta a un decisivo referéndum en Europa

Francia ve estas elecciones europeas del 26 de mayo como un referéndum pro o anti-Macron, mientras que todos los sondeos dan un empate ajustado con el partido de Marine Le Pen

Foto: Emmanuel Macron. (EFE)
Emmanuel Macron. (EFE)

Un referéndum pro o anti-Macron. Nadie ve en Francia de otra manera el voto para las elecciones europeas del 26 de mayo. Dos años después de su victoria en las presidenciales, el jefe del Estado dudaba los últimos días si entrar de lleno en la campaña o dejar libre de su sombra a la cabeza de lista de su partido, empatada en los sondeos con el candidato de Marine Le Pen. La “amenaza nacionalista” le convenció de implicarse a fondo.

Emmanuel Macron se juega bastante más que la victoria en el escrutinio europeo. Si el partido Reagrupación Nacional (RN) de Le Pen se hace con el triunfo, la segunda parte del mandato podría convertirse en una penitencia para el presidente dentro de su país y resonaría como un fracaso también en el exterior. Sus ambiciones de liderazgo europeo quedarían mermadas gravemente.

La noche del 7 de mayo de 2017, Macron eligió “El Himno a la Alegría” como banda sonora para celebrar su espectacular victoria. Era más que un guiño; era una declaración de principios. Conquistada Francia, el joven candidato quería también seducir a Europa para reinar en el continente. Era el campeón de Francia y se proclamaba adalid número uno del europeísmo que sangraba ya por las heridas del Brexit y el nacionalpopulismo.

Protesta de chalecos amarillos. (Reuters)
Protesta de chalecos amarillos. (Reuters)

Estocada amarilla

Tras un inicio de mandato convertido en paseo militar y después de iniciar las reformas nunca cumplidas por sus antecesores, el aura de Macron empezó a diluirse con el “caso Benalla”, el guardaespaldas que se creía por encima de la ley. La débil y confusa respuesta oficial al escándalo demostró que el presidente era atacable. La coraza que le otorgaba su victoria electoral, y el consecuente rodillo parlamentario, empezaron a ceder. Sus ministros más galácticos preferían abandonar la aventura y la aparición de los chalecos amarillos le asestó la estocada de la que intenta reponerse y con la que llega muy herido a las urnas europeas.

La presión amarilla no se ha apagado. Macron se ha visto obligado a destrozar sus cuentas y emplear más de 15.000 millones de euros para calmar un nuevo tipo de protesta que, desde su aparición en noviembre, ha degenerado en violencia física y radicalidad reivindicativa. La posición política, grogui tras los últimos comicios, se despertó con el olor a sangre y quiere empezar a descabellar al presidente en las urnas el 26 de mayo.

Las medidas aprobadas por Macron tras el fin del llamado Gran debate Nacional se interpretaron también como el inicio de la campaña para las europeas. Un mal comienzo, pues no convencieron, según los sondeos. Menos convincente aún es la cabeza de lista elegida por el actual ocupante del Elíseo para representar al partido del gobierno. Hasta tres figuras políticas, entre ellas dos de los ministros mejor valorados, prefirieron declinar el honor. La cuarta opción, Nathalie Loiseau, fue finalmente la designada.

Error de 'casting'

Loiseau, ex ministra de Asuntos Europeos, diplomática con mucha experiencia internacional y ex directora de la ENA (Ecole National d’Administration, la escuela de los altos funcionarios del Estado), suponía decidirse por una especialista, por alguien que conoce los dosieres de la UE. En la realidad, se ha revelado como un fiasco.

Desde el inicio de la campaña Loiseau no ha parado de cometer errores de comunicación. Cuando se publicó que había militado en 1980 en un grupo ultraderechista en la Sorbona, su primera reacción fue negarlo. Más tarde lo admitió, justificando que no sabía que ese grupo de la universidad estaba ligado a la extrema derecha.

Entre sus meteduras de pata destacan la invitación a una misa a los periodistas, obviando la separación Iglesia-Estado; co-firmar un cómic en el que aparece un personaje polaco contrario al matrimonio homosexual; afirmar haberse sentido como “una gitana” cuando llegó al ENA; utilizar términos militares que se identifican con el nazismo, como “blitzkrieg” (guerra relámpago), o calificar su visita a Normandía de “desembarco”.

Nathalie Loiseau, cabeza de lista para las europeas. (Reuters)
Nathalie Loiseau, cabeza de lista para las europeas. (Reuters)

A sus errores de comunicación, los especialistas añaden su nula capacidad retórica para inflamar los mítines. Su voz es inaudible, su expresividad despista. Tras su primer encuentro en un debate televisado con Marine Le Pen, el veterano comentarista político, Alain Duhamel, un eurófilo histórico cercano al macronismo, juzgó la “performance” de Loiseau como “artificial, prefabricada, caricaturesca y lamentable”.

Consciente del problema, Macron alertó el jefe de gobierno, Edouard Philippe, y a sus ministros para arropar e intentar salvar al soldado Loiseau, y con ella, la ista de la mayoría gubernamental que bajo el nombre “Renacimiento”, agrupa a LReM, el MoDem del centrista François Bayrou, el minipartido “Agir” (derecha moderada) y al Movimiento Radical (social-liberal).

Evitar la catástrofe

El presidente no descarta intervenir personalmente y participar en un mítin al lado de la cabeza de cartel. Ello supondría “remacronizar” la campaña y situarse de nuevo en medio de la melé, nacionalizando aún más el debate y subrayando al tiempo el carácter de referéndum de la consulta. Todo por evitar la catástrofe.

Macron aprovechó la “cumbre” europea de Sibiu para desprenderse de la pretendida neutralidad de presidente y convertirse en animador número uno de sus tropas. “La alternativa está clara”, dijo en Rumanía, “hay que elegir entre los que quieren construir Europa juntos y los que quieren destruirla y volver al nacionalismo”. Y para dejar claro que no se refería a ningún líder extranjero, recalcó: “Pondré toda mi energía para evitar que Reagrupación Nacional (RN) gane las elecciones del 26 de mayo”.

Señalar al enemigo habitual, Marine Le Pen, es repetir la final de las presidenciales para motivar a los votantes menos excitados por unas elecciones europeas. Una especie de tercera vuelta. Ya no se trataría de ganar votos a derecha o a izquierda, sino de centrar la batalla en el interior del Hexágono, aunque Europa quede en segundo plano.

Marine Le Pen. (Reuters)
Marine Le Pen. (Reuters)

Le Pen: “si pierde, debe dimitir"

Para Marine Le Pen, la declaración del presidente implica que la elección se convierte claramente en un referéndum y si Macron lo pierde- enfatizó- “debería dimitir si tiene el mismo sentido del honor que Charles De Gaulle”, que abandonó el poder tras una consulta perdida en las urnas. Para el joven cabeza de lista de RN, Jordan Bardella, que Macron defina las elecciones europeas como un duelo entre él y el partido de Le Pen es positivo: “Nos favorece y nos refuerza; va a atraernos a los votantes de “todo menos Macron”.

El resto de la oposición ya había criticado bastante antes la intención del presidente por convertir la pelea electoral en un lance restringido a Le Pen. Tendrán difícil evitarlo. “Los Republicanos” se darían por satisfechos si llegan al 15%, de la mano de su nueva cara europea, el joven filósofo neoconservador François-Xavier Bellamy.

“La Francia Insumisa” sufre las consecuencias de sus múltiples disensiones internas y la pérdida de apoyo popular de su caudillo, Jean-Luc Melenchon, instalado en una radicalidad que asusta más que suma. Su cabeza de lista es una joven militante asociativa, Manon Aubry, a la que los sondeos le otorgan apenas un 10%. Más triste es la situación del Partido Socialista, que ha preferido mezclar sus siglas en la plataforma “Plaza Pública”, dirigida por otro filósofo, Raphael Glucksman. Las intenciones de voto apenas llegan al 5%, el límite para obtener eurodiputados.

Divorcio de Merkel

Emmanuel Macron sabe que el resultado que obtenga su grupo el día 26 será también motivo de debate fuera de sus fronteras. Es evidente que el Macron de hoy no es tampoco la figura europea que pretendía empujar la renovación de la UE. Su apuesta exclusiva por el tándem Berlín-París no ha funcionado. Angela Merkel ha frenado cualquier intento por avanzar en asuntos fiscales, bancarios, militares, ecológicos, la postura hacia el Brexit o las relaciones con Estados Unidos.

Dos años de relaciones de pareja política con la Canciller alemana en el escenario europeo han acabado en una separación de hecho que ha ayudado a Macron a abrir la caja de los reproches. Ese mismo 25 de abril, ante una pregunta de una periodista alemana, el presidente francés vació el saco: “Alemania está sin duda viviendo el final de un modelo de crecimiento que se ha beneficiado mucho de los desequilibrios de la zona euro. Un modelo productivo que se basa también en un cierto desequilibrio, en el hecho de que haya países con bajos costos, algo contrario al proyecto social que defiendo a nivel europeo”.

Cuatro días más tarde, en la cumbre berlinesa sobre los Balcanes, Macron volvió a subrayar sus diferencias con Merkel e insistió en cómo la economía alemana se ha aprovechado de los desequilibrios de la eurozona y puso de relieve “el sufrimiento generado por las medidas de austeridad en Grecia, Italia o España”.

Macron reconoce también así su fracaso. Es consciente de que en Berlín se reprocha a París la falta de rigor presupuestario y la impotencia para aplicar reformas similares a las que Gerhard Schroeder lanzó en 2005. Sabe además que las imágenes que todo el mundo ha podido ver cada sábado en las protestas de los chalecos amarillos han dañado gravemente su imagen internacional. La andanada contra Angela Merkel es también una manera de defenderse y justificarse.

Elecciones sin red

Si Macron ha optado por renacionalizar la campaña, algunos de sus homólogos no olvidarán que su pretensión por abanderar a los “progresistas” europeos en su lucha contra “la lepra nacionalista” no le ha aportado tampoco muchos apoyos exteriores.

El presidente francés ha utilizado electoralmente el paralelismo en su lucha interna contra el “populismo” francés y el continental. Atacar a Matteo Salvini o a Víktor Orban era atacar a Marine Le Pen y viceversa. Una argucia electoral que en su propio país y en unas elecciones como las europeas no es una garantía de éxito.

En 2014, el Frente Nacional ganó las europeas. Los comicios presidenciales a dos vueltas obligan a los votantes a elegir entre Le Pen y su rival, lo que finalmente dio el triunfo al moderado Macron. Pero en las europeas no hay segunda vuelta. El “cordón sanitario” no funcionará esta vez.

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