EUROPA, MÁS VULNERABLE A LA PROPAGANDA RUSA

Esto es lo que Putin quiere que votes en las europeas... y así va a conseguirlo

La comunidad de inteligencia europea ha encontrado evidencias sólidas de intentos de influencia por parte del Kremlin en los recientes procesos electorales de Holanda, Alemania, Francia e Italia

Foto: El presidente ruso, Vladimir Putin. (Reuters)
El presidente ruso, Vladimir Putin. (Reuters)

Desde hace un par de años, la cuestión tiene a todas las grandes potencias preocupadas: la posibilidad de que Rusia consiga interferir exitosamente en las elecciones europeas, impulsando a partidos políticos con posturas prorrusas —que puedan votar, por ejemplo, en contra de las sanciones— o de carácter antieuropeísta. El peligro: una Eurocámara fragmentada y dominada por los populistas y los euroescépticos, o con un peso que imposibilite la toma normal de decisiones. Una Unión Europea, en suma, todavía más debilitada.

El temor no es infundado: pese a la narrativa de propaganda rusa, en la que Rusia es el conveniente chivo expiatorio para ocultar los problemas estructurales del proyecto comunitario, la comunidad de inteligencia europea ha encontrado evidencias sólidas de intentos de influencia por parte del Kremlin en los recientes procesos electorales de Holanda, Alemania, Francia e Italia, además de las elecciones de Estados Unidos en 2016 y las ucranianas, tanto de 2014 como las de este año.

Las europeas, entonces, serían solo el siguiente paso en esta estrategia: “No hay duda de que Rusia será un importante actor maligno [durante estos comicios]”, afirmó el ex secretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen en la Conferencia de Seguridad de Múnich del pasado febrero. “No es una guerra ideológica por parte de Rusia, no es una campaña orientada hacia la izquierda o la derecha, sino que la campaña intenta minar la confianza y el respaldo y dar paso al caos y la inestabilidad”, indicó.

¿Cuál es la misión rusa en esta oportunidad? “El objetivo de todo ello es explotar las vulnerabilidades y oportunidades que ofrecemos, borrar las distinciones entre lo que es correcto y lo que no, entre lo falso y la realidad”, aseguraba Chris Donnelly, director del Institute of Statecraft de Londres, en un reciente encuentro con especialistas y periodistas sobre amenazas híbridas al que asistió El Confidencial.

Parece confirmarlo un informe de inteligencia europeo revisado por la agencia DPA a mediados de abril, que describe los intentos rusos de influir en estos comicios, incluyendo el uso de las redes sociales y medios de comunicación como RT (el antiguo canal Russia Today) y dirigidos especialmente a los jóvenes. “En algunos casos, el objetivo es simplemente sembrar la duda sobre la importancia del Parlamento Europeo y reducir la participación”, según el informe, que señala no obstante que estos esfuerzos están siendo menos visibles que los de las elecciones estadounidenses o las presidenciales francesas de mayo de 2017 a través de la filtración conocida como MacronLeaks, que fracasó estrepitosamente.

Desfile militar en Moscú. (Reuters)
Desfile militar en Moscú. (Reuters)

De la indignación pasiva a la activa

¿Cómo se ejecutan estos intentos de injerencia? Además de los más directos —como la financiación de partidos o los 'hackeos'—, el Grupo de Trabajo de Comunicaciones Estratégicas para el Este (ESTF, por sus siglas en inglés) del Servicio de Acción Exterior de la UE destaca las operaciones de desinformación, que, asegura, son la forma más persistente y extendida de intromisión: “La fabricación o distorsión deliberada de contenido noticioso con el objetivo de engañar a una audiencia, contaminando el espacio informativo para oscurecer la realidad basada en hechos y manufacturar narrativas engañosas sobre sucesos o cuestiones clave para manipular a la opinión pública”, según su definición.

De acuerdo con el ESTF, la desinformación promovida por Rusia ya no se limita a los ciclos electorales, sino que es un elemento común del actual ecosistema informativo. “La interferencia electoral rusa es un juego de larga duración: muchos de estos métodos son usados en diverso grado mucho antes de las propias elecciones, y únicamente se intensifican durante los periodos de campaña”, indica esta institución.

El problema con la desinformación es que no se sabe hasta qué punto es eficaz: el sujeto expuesto a ella puede creérsela o no, modificar su actitud conforme al mensaje que recibe o no. Por este motivo, las campañas están diseñadas para maximizar su efecto, buscando no tanto un cambio de opinión —algo que casi nunca ocurre— como un refuerzo de opiniones ya existentes o transformando una convicción pasiva en una activa, de forma similar, según los expertos, al modo en que se producen los procesos de radicalización.

“No podemos engañarnos pensando que no funciona. Sabemos que funciona, lo hemos visto en funcionamiento en el extranjero y también en Francia”, advertía Emmanuel Macron durante su discurso a la prensa en enero de 2018. “El proceso democrático se ve por lo tanto profundamente distorsionado porque la indignación que emana de estas ‘fake news’ es explosiva y prevalece sobre la reflexión”, concluía entonces el presidente galo.

¿Es posible defenderse?

El segundo elemento con el que juegan estas operaciones es su carácter masivo: las redes sociales posibilitan que el mensaje pueda llegar a millones de personas con un coste asombrosamente bajo. Según un informe de la firma de seguridad informática SafeGuard Cyber, hasta 241 millones de ciudadanos europeosla mitad de la población del continente han estado expuestos a algún tipo de desinformación promovida por el Kremlin tan solo entre el 1 y el 10 de marzo de este año. Los autores de este estudio han encontrado evidencias de las actividades de más de 6.700 “actores malignos” en internet, que incluyen ‘trolls’ humanos y ‘bots’ informatizados que amplifican el eco de los contenidos, por lo general adaptados a cada audiencia nacional. SafeGuard Cyber asegura tener una base de datos de 500.000 elementos de este tipo.

Sin embargo, Hannah Smith, directora del Centro Europeo de Excelencia para Contrarrestar las Amenazas Híbridas, con base en Helsinki, llama a no caer en el alarmismo. “Las investigaciones muestran que desde 2014 ha habido 18 elecciones democráticas en las que se ha detectado algún tipo de interferencia rusa. De esas, solo ha habido tres en las que la evidencia muestre que haya tenido una influencia significativa: las elecciones presidenciales de Bulgaria, el referéndum en Holanda sobre el Acuerdo de Asociación Ucrania-UE y las elecciones estadounidenses. En el resto ha sido cuestionable, lo que es interesante. ¿Por qué hacer esto si luego no puedes meter la mano en los procesos de toma de decisiones?”, se pregunta.

El presidente ruso, Vladimir Putin. (EFE)
El presidente ruso, Vladimir Putin. (EFE)

Respecto a estos comicios, Smith afirma: “Ahora estamos preparados. Antes solíamos darnos cuenta 'a posteriori', preguntándonos: ‘¿Qué ha pasado?’. Luego pasamos a un ‘está pasando’, y generando algunas reacciones. Así que el ‘hackeo’, entendido como una gran operación de influencia, no puede ser tan grande”, indica a El Confidencial. No obstante, no cree que sea motivo para bajar la guardia, puesto que Rusia usará las europeas “para aprender y poner a prueba” sus estrategias. “Mi apuesta es que habrá interferencia para poner a prueba algunas cuestiones. Porque en las elecciones de este tipo las sociedades salen a la superficie, los desacuerdos y los sentimientos están más a la vista”, afirma.

Puede que la interferencia rusa no llegue al punto de alterar significativamente los resultados. Pero solo el temor a que las redes del Kremlin colonicen importantes sectores de la opinión pública debería encender algún piloto de alarma en el sistema comunitario. ¿Qué hace que muchos de sus ciudadanos sean tierra fértil para los sembradores del desconcierto? ¿Por qué es efectiva la propaganda rusa y no la proeuropea? ¿Dónde está la vacuna que inmunice a Europa de los intereses de Putin?

“Para responder todo esto, primero debemos entender cómo funcionan nuestros sistemas sociales y de gobierno, y cómo están cambiando bajo nuestras narices sin que nos demos cuenta”, afirma Donnelly. “Porque si no nos comprendemos a nosotros mismos, no podemos entender cómo se siente un oponente respecto a nosotros”.

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