"hay que pasar el umbral del 29 de marzo"

El Gobierno británico reconoce lo inevitable: habrá que retrasar el Brexit

El titular de Exteriores Jeremy Hunt admite por primera vez que es casi imposible que se cumpla el calendario oficial, lo que obligará a una ampliación "a modo técnico" del proceso

Foto: Un taxi pasa por detrás de varios carteles en contra del Brexit en Londres, el 30 de enero de 2019. (Reuters)
Un taxi pasa por detrás de varios carteles en contra del Brexit en Londres, el 30 de enero de 2019. (Reuters)

El Gobierno británico admite, por primera vez, que el Brexit podría retrasarse. Hasta ahora, la premier Theresa May se ha negado a solicitar a la UE una extensión del artículo 50 para evitar el temido divorcio caótico. A menos de dos meses de que se cumpla la fecha para la salida, sigue sin ratificarse un Acuerdo de Retirada. En Londres confían que Bruselas siga el habitual “modus operandi” de resolver la situación siempre en el último momento. Pero incluso si se lograra firmar un pacto el 28 de marzo -un día antes de la fecha marcada para la ruptura-, la ampliación de plazos sería inevitable. Westminster tiene luego que “transformar” la actual normativa europea en británica, un proceso del que no se habla tanto pero que es igual de necesario para oficializar la salida del club.

El responsable de Exteriores, Jeremy Hunt, se ha convertido este jueves en el primer representante del Ejecutivo en admitir que, a día de hoy, es prácticamente imposible cumplir con el calendario oficial. “Es verdad que si terminamos aprobando un acuerdo días antes del 29 de marzo, entonces podemos necesitar tiempo adicional para aprobar legislación esencial”, ha manifestado durante una entrevista con Radio 4 de la BBC. “Si podemos hacer progresos antes, entonces eso puede que no sea necesario. Pero no podemos saberlo ahora con exactitud”, añade.

De firmarse un pacto antes de finales de marzo, la ampliación del artículo 50 sería, en principio, “a modo técnico”, por unos meses, a fin de no dificultar las elecciones europeas. Aunque el miedo entre los euroescépticos siempre ha sido que cualquier extensión pueda alargarse “sine díe”.

A día de hoy, ni Londres ni Bruselas parecen querer moverse de sus líneas rojas. Después de que el martes la Cámara de los Comunes apoyara una enmienda, respaldada por el Gobierno, donde se solicitaba cambiar la polémica salvaguarda para evitar frontera dura en Irlanda por fórmulas alternativas, el miércoles, una vez más, la UE fue muy tajante en su mensaje: el Acuerdo de Retirada cerrado en noviembre no está abierto a la renegociación.

En cualquier caso, May -perseverante como pocos- insiste en que, para evitar el problema de la frontera, se podrían discutir soluciones tecnológicas o un marco de “reconocimiento mutuo con normas comunitarias” a fin de evitar los controles. También plantea un límite de tiempo para el cumplimiento de esta salvaguarda y un mecanismo de “salida unilateral”.

Todas estas demandas han sido rechazas en infinidad de ocasiones por Bruselas. Pero la estrategia de la premier es intentar partir de nuevo de cero, como si nada hubiera pasado, como si no se hubiera negociado todos estos puntos durante los últimos dos años, como si no quedaran menos de dos meses para tener que salir del club.

El secretario de Exteriores Jeremy Hunt (izquierda), a su llegada a Downing Street el pasado 29 de enero de 2019. (Reuters)
El secretario de Exteriores Jeremy Hunt (izquierda), a su llegada a Downing Street el pasado 29 de enero de 2019. (Reuters)

Nueva cita el 13 de febrero

Al menos en casa, la fórmula le ha funcionado. Hace tan sólo dos semanas, cosechaba la peor derrota de la historia del país y sobrevivía, por apenas 19 votos, a una moción de confianza contra su Ejecutivo. Se negó, en cualquier caso, a presentar una alternativa. Y, como si nada hubiera pasado, el martes se presentó en la Cámara de los Comunes pidiendo, una vez más, una nueva oportunidad para abrir, de nuevo, las negociaciones con la UE. Y ante la sorpresa de muchos, consiguió su propósito.

En una larga sesión parlamentaria, salió adelante la enmienda del conservador Graham Brady, respaldada por el Gobierno, que pedía eliminar el backstop, y se rechazaron prácticamente todas las demás propuestas, incluida la de la laborista Yvette Cooper, que solicitaba una extensión del artículo 50 si para el 26 de febrero no se había aprobado ningún pacto de salida.

El responsable de la diplomacia británica recalca que es “difícil saber” si las negociaciones con Bruselas llegarán ahora hasta finales de marzo, pero resalta el cambio en el ambiente político en el Reino Unido. “Hay muchos, muchos obstáculos, nadie está diciendo que no va ser de gran desafío, pero ahora tenemos un consenso en el Parlamento. Podemos utilizar ese consenso, siempre que podamos atender estas preocupaciones, preocupaciones muy razonables de nuestros amigos en Irlanda sobre tener una frontera dura”, agregó. Lo cierto es que el único consenso que ha demostrado la Cámara de los Comunes es su rechazo a una salida sin convenio. Pero, a día de hoy, sigue siendo una incógnita qué opción de pacto cuenta el respaldo de la mayoría de sus señorías.

La premier ha prometido a los diputados presentar una alternativa el próximo 13 de febrero una vez haya hablado con los Veintisiete. Pero, de momento, no tiene pensado acudir a Bruselas. Estos días prefiere escuchar las distintas voces de Westminster. El miércoles se vio con el líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, y este jueves se entrevistará con Jacob Rees-Mogg, responsable del núcleo duro euroescéptico de su formación. El mutismo de May está muy medido para generar aún más presión al otro lado del Canal de la Mancha.

Se da prácticamente por hecho que Westminster cancelará el receso marcado del 14 al 25 de febrero, aunque, a día de hoy, no hay ninguna moción prevista para esa semana. Todo apunta a seguir jugando con el reloj y esperar a que se solucione la crisis en el último momento.

Según ha podido saber El Confidencial, entre las filas tories, lo que quieren muchos es pasar “como sea” el umbral del 29 de marzo con algún tipo de pacto, y “ver luego ya qué pasa con la fase de negociaciones de futuras relaciones comerciales”, que podría extenderse durante años.

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