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Tú sí, tú no: ¿por qué algunos Estados de la UE no quieren a Rumanía en Schengen?
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¿Schengen para todos?

Tú sí, tú no: ¿por qué algunos Estados de la UE no quieren a Rumanía en Schengen?

La UE votará en diciembre si Rumanía y Bulgaria entran en el espacio Schengen y una decisión negativa podría afectar a la cooperación en asuntos estratégicos

Foto: La bandera de Rumanía y la de la UE, en Bucarest, en diciembre de 2018.
La bandera de Rumanía y la de la UE, en Bucarest, en diciembre de 2018.

Han pasado 15 años desde que Rumanía y Bulgaria entraron en la Unión Europea, pero no ha sido hasta 2022 que estos dos países excomunistas aspiran a ser admitidos también en el espacio Schengen de libre circulación de mercancías y personas. La decisión final tendrá lugar en la reunión que los ministros de Justicia e Interior de los países del bloque celebrarán el 9 y el 10 de diciembre en Bruselas y el veredicto puede ser un factor decisivo para el futuro de la política en Rumanía y Bulgaria.

Si la UE vota a favor de la entrada de los candidatos a Schengen, se consolidaría el proyecto europeo en dos de los países que no han llegado a consolidar movimientos políticos críticos con el bloque, como es el caso de Polonia y Hungría. Sin embargo, Holanda, Suecia y Austria siguen dudando de la capacidad de Rumanía y Bulgaria de controlar las fronteras exteriores de la UE y luchar contra la criminalidad intracomunitaria. Por ello, se plantean vetar una vez más su ingreso en el acuerdo de libre circulación.

Foto: Ludovic Orban. (Reuters)

Un nuevo rechazo a la candidatura de Bucarest y Sofía —para el que bastaría el veto de un solo Estado— amenaza con alienar a dos países miembros que ya han dado muestras de descreimiento con algunas de las prioridades de Bruselas. En Rumanía, el segundo país excomunista de la UE en habitantes y extensión por detrás de Polonia, varios dirigentes de la gran coalición que rige los destinos del país desde hace un año han insinuado que una decisión negativa el 10 de diciembre podría afectar a su cooperación en asuntos estratégicos para el conjunto del bloque.

"Dios no lo quiera, pero un retraso o un rechazo en este momento puede crear corrientes peligrosas anti-UE", dijo a principios de octubre el europarlamentario Rares Bogdan, del partido (el PPE) del primer ministro rumano. Bogdan parece ser al mismo tiempo bombero y pirómano en esta posible crisis. Unos días antes de advertir de estos riesgos, había declarado ante la perspectiva de no entrar en Schengen. "¿Qué tenemos que hacer para ser tratados como iguales y respetados? ¿Provocar una crisis alimentaria a nivel europeo, bloquear en la frontera los centenares de camiones con cereales que transitan a diario Rumanía hacia los mercados occidentales? No nos obliguéis a jugar duro también a nosotros (…) No enviéis a los electores rumanos hacia los populistas y los euroescépticos".

El presidente de Rumanía, Klaus Iohannis, desmintió la posibilidad del boicot planteado por Bogdan, pero evitó condenar las palabras del eurodiputado y las disculpó como una salida provocada por un exceso de emoción. "Creo que se ha dejado llevar", apuntó.

Foto: La central térmica de Sofia Iztok. (Reuters/Stoyan Nenov)

Más recientemente, el diputado Pavel Popescu, compañero de filas de Rares Bogdan, se mostró muy crítico con la postura de algunos países europeos con un mensaje en Facebook el 20 de noviembre en que se comprometía a dedicar los dos años de legislatura que quedan a impulsar leyes que "tengan como objetivo directo a empresas e intereses austríacos y holandeses en Rumanía", como represalia a un hipotético veto de esos países. Popescu también acusó al primer ministro holandés, Mark Rutte, de intentar ampliar la coalición del no a Rumanía en Schengen. Además, afirmó que Austria y Holanda sufrirían "de inmediato el síndrome de abstinencia sin las sobredosis diarias de gas ruso y cocaína colombiana", en relación a las constantes referencias en círculos nacionalistas rumanos sobre la supuesta complicidad holandesa con el tráfico internacional de drogas.

Bogdan y Popescu no han sido los únicos políticos rumanos, ni los de más alto rango, que han vinculado la decisión europea sobre Schengen a los esfuerzos rumanos para ayudar a Ucrania. El 20 de octubre, después de que el Parlamento holandés pidiera al Gobierno de La Haya que vetara el ingreso de Rumanía y Bulgaria por su falta de progresos en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado, el líder del Partido Social Demócrata rumano y futuro primer ministro según el acuerdo rotatorio de gran coalición alcanzado por las dos grandes partidos gobernantes, Marcel Ciolacu, recordó la importancia de Rumanía a la hora de dar salida al cereal de la vecina Ucrania y advirtió: "Esta posible injusticia nos pondría en una dirección que no queremos".

Los 'enemigos' de ampliar Schengen

Aunque tanto el Parlamento Europeo como la Comisión han dejado claro en numerosas ocasiones que Rumanía, Bulgaria y Croacia (otro país de la UE que aspira a ingresar en Schengen) cumplen todos los requisitos técnicos para ser admitidos y deben ser aceptados en el club cuanto antes, algunos gobiernos europeos continúan mostrando reservas sobre la idoneidad de expandir el espacio de libre circulación de mercancías y personas.

Uno de ellos es Holanda, cuyo Parlamento votó recientemente una resolución propuesta por parte de un diputado del partido de Rutte en la que se instaba al Gobierno a cerrar las puertas de Schengen a Rumanía y Bulgaria debido a sus "problemas persistentes de corrupción y crimen organizado". A la iniciativa del Parlamento holandés se ha unido en noviembre el de Suecia, cuya Comisión de Justicia pidió al Gobierno que ejerza su derecho al veto para dejar fuera de Schengen a Rumanía, Bulgaria y Croacia.

Foto: El nuevo primer ministro rumano, Nicolae Ciuca. (EFE/Robert Ghement)

La última señal negativa para Bucarest y Sofía ha venido de Austria. Su ministro del Interior, Gerhard Karner, dejó clara su oposición a expandir Schengen el pasado viernes: "El sistema es disfuncional. La situación en Europa ha mostrado claramente que la protección de las fronteras exteriores ha fallado". "Si un sistema falla, no debe expandirse", añadió. La postura austríaca tiene que ver con la inmigración ilegal. Según datos del Ministerio del Interior austríaco, las autoridades del país han interceptado en lo que va de año a más de 90.000 indocumentados.

A través de la frontera rumana con Serbia, decenas de miles de inmigrantes irregulares de países como Afganistán, Siria e Irak intentan entrar en Rumanía para poner un pie en la UE y proseguir su camino hacia Austria o Alemania cruzando la frontera rumana con Hungría en el remolque o los bajos de un camión. Si Rumanía es admitida en Schengen, la frontera rumano-húngara desaparecería, lo que supondría la eliminación de un filtro adicional en el camino de quienes aspiran a entrar en la Europa próspera sin los papeles que se requieren para hacerlo.

Foto: Aleksandr Lukashenko. (EFE)

Otra de las preocupaciones de quienes temen incluir a Rumanía y Bulgaria en el espacio de libre circulación es el tráfico de personas. Rumanía es el principal país de origen de la trata de blancas en el bloque, un capítulo en el que también destaca Bulgaria por sus estadísticas negativas. Tanto si se dedican a los robos y la mendicidad como si su actividad es la explotación sexual, las mafias constituidas en Rumanía y Bulgaria podrían mover libremente a sus víctimas por la mayor parte de Europa sin necesidad de ser controlados como hasta ahora en las fronteras.

Un tercer motivo de desasosiego son las supuestas deficiencias a la hora de controlar la entrada de mercancías, y las sospechas de corrupción que recaen sobre algunos funcionarios de fronteras rumanos y búlgaros, a través de las aduanas de estos dos países en sus fronteras no comunitarias. Si Rumanía y Bulgaria entran en Schengen, los productos ilegales o de contrabando que se introduzcan en ambos países podrán ser exportados a la mayor parte de países de Europa sin controles adicionales.

Foto: Un manifestante en Bucarest contra la mafia maderera. (Reuters)

El informe técnico con el que la Comisión Europea justificaba su respaldo a la entrada inmediata de Rumanía y Bulgaria en Schengen concluía que "Rumanía garantiza una vigilancia y unos controles de frontera de alta calidad". Según ha denunciado la publicación rumana G4Media, las evaluaciones presentadas por los autores del informe no incluían el puerto rumano de Constanza, que es la principal puerta de entrada a Europa de mercancías por el mar Negro, ni los pasos fronterizos rumanos con Ucrania y Moldavia, por los que entra la mayor parte del contrabando de cigarrillos y otros productos menos tasados y controlados fuera de la UE. La omisión parece indicar que el apoyo de la Comisión a un ingreso inmediato de Rumanía y Bulgaria tiene motivaciones políticas, que podrían tener como objetivo evitar un nuevo foco de euroescepticismo en el este.

Sea como fuere, las explicaciones de quienes, desde otras capitales europeas, siguen rechazando la candidatura rumana no convencen a todos en la opinión pública rumana, en la que son populares teorías de la conspiración. Una de las más extendidas atribuye la oposición holandesa a los intentos de La Haya de mantener el puerto rumano del mar Negro de Constanza en la periferia de Europa, de manera que no pueda quitar negocio al puerto de Róterdam.

placeholder El presidente de Rumanía, Klaus Iohannis. (EFE/EPA/Robert Ghement)
El presidente de Rumanía, Klaus Iohannis. (EFE/EPA/Robert Ghement)

Una tabla de salvación para la clase política rumana

Más allá de las ventajas que el ingreso en Schengen tendría tanto para los ciudadanos como para las importaciones y la exportaciones rumanas, que se ahorrarían miles de horas de controles fronterizos y aduaneros cada año, la admisión en el espacio de libre circulación europeo es de vital importancia para la clase dirigente rumana.

Tras ser reelegido en el cargo en 2019 con un mensaje contra la corrupción y las tendencias antidemocráticas e inmovilistas del Partido Social Demócrata, el presidente rumano encargó en diciembre de 2020 a la formación de la que surgió, el Partido Nacional Liberal, formar un Gobierno con los centristas de USR PLUS. Ambos partidos compartían un discurso reformista y juntos obtuvieron la mayoría de los votos en las elecciones del 6 de diciembre de 2020.

Foto: El presidente interino rumano Klaus Iohannis. (EFE)

La alineación ideológica entre el presidente reelegido y el Gobierno recién instaurado hacía pensar en cuatro años de paz política en Rumanía que debían servir para acometer las reformas pendientes y acercar el país a los estándares europeos. Pero la coalición se rompió en octubre de 2021, debido, en parte, a las reticencias del Partido Nacional Liberal y de Iohannis a hacer los cambios estructurales que exigían sus socios de USR PLUS, un partido hoy escindido más idealista y agresivamente reformista.

Ante la ruptura del Gobierno, Iohannis y el Partido Nacional Liberal optaron por un Gobierno de gran coalición con los socialdemócratas que traiciona el discurso de ambos en los últimos años. Con el electorado reformista profundamente decepcionado y desmovilizado, el esperado ingreso en Schengen es el único logro político en el horizonte para un presidente Iohannis que parece amenazado, aunque le queden todavía casi tres años de mandato.

Han pasado 15 años desde que Rumanía y Bulgaria entraron en la Unión Europea, pero no ha sido hasta 2022 que estos dos países excomunistas aspiran a ser admitidos también en el espacio Schengen de libre circulación de mercancías y personas. La decisión final tendrá lugar en la reunión que los ministros de Justicia e Interior de los países del bloque celebrarán el 9 y el 10 de diciembre en Bruselas y el veredicto puede ser un factor decisivo para el futuro de la política en Rumanía y Bulgaria.

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