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Bruselas propone flexibilizar Schengen ante la desconfianza de España
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Más mecanismos de control policial

Bruselas propone flexibilizar Schengen ante la desconfianza de España

La Comisión ha propuesto cambios en el código Schengen con los que pretende que el control fronterizo sea el “último recurso”, pero del que países como España o Italia desconfían

Foto: El comisario para la Promoción del Estilo de Vida Europeo, Margaritis Schinas. (EFE/Julien Warnand)
El comisario para la Promoción del Estilo de Vida Europeo, Margaritis Schinas. (EFE/Julien Warnand)

El Ejecutivo comunitario ha presentado este martes una propuesta para hacer cambios en el Código de fronteras Schengen, defendiendo que con esta reforma los controles fronterizos dentro de la zona de libre circulación se convertirían en una solución “de último resorte”, siendo sustituidos por ejemplo por controles policiales en las regiones fronterizas. Países como España han mostrado su inquietud ante lo que consideran que pueden ser controles fronterizos encubiertos.

“Schengen se creó para la libertad de movimientos dentro del espacio europeo, para la libertad de movimientos de los ciudadanos europeos, y ese logro es un logro de la construcción europea. España no va a permitir que se vaya atrás en él”, defendió este lunes José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, tras la celebración de una reunión con sus homólogos en Bruselas. “Los que creemos en Europa consideramos que tiene que avanzar, no retroceder”, añadió el español. Francia mantiene todavía una decena de pasos fronterizos en los Pirineos controlados por la policía gala.

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Schengen “es la joya de la corona”, ha defendido Margaritis Schinas, vicepresidente de la Comisión Europea que supervisa todo el dosier migratorio. Pero, según el griego, necesita una actualización, una reparación tras más de un lustro de crisis total. Primero en 2015 y 2016, cuando las costuras estuvieron a punto de saltar por los aires tras el colapso de Siria y la llegada de más de un millón de refugiados a Europa. Después, una serie de atentados terroristas volvieron a tensar la zona Schengen. Finalmente, la pandemia obligó al cierre de fronteras interiores en 2020.

Aunque la propuesta presenta una mayor cooperación entre Estados miembros en distintos campos, como, por ejemplo, en la respuesta a situaciones sanitarias como la vivida en los dos últimos años, la oposición de países de primera línea, como es España, muy expuestos a los flujos migratorios, se encuentra centrada en las medidas para frenar los llamados “movimientos secundarios”: cuando un inmigrante se mueve de manera ilegal del país al que ha llegado a otro Estado miembro. Con la propuesta que hace la Comisión, una operación policial conjunta, y Bruselas espera que esa sea garantía suficiente, podría, si intercepta un movimiento secundario, devolverlo de nuevo al país del que salió.

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Ylva Johansson, comisaria de Interior, ha señalado que hay algunos Estados miembros, como Bélgica, están “superados” por el número de solicitantes de asilo que llegan como “movimientos secundarios”. Sin embargo, los países de primera línea son los que tienen que gestionar toda la presión migratoria después de que el pacto migratorio saltara hace ya años por los aires. Preguntados por si esta propuesta no deja todavía más expuestos a estos Estados miembros, Johansson y Schinas han señalado que están “discutiendo fronteras, no migración”, e invitan a las capitales a aprobar el pacto migratorio que precisamente Madrid o Roma no ven con buenos ojos porque carga demasiada presión sobre los países de primera llegada.

La reforma del Código de fronteras en cualquier caso deja también abierta la posibilidad de establecer controles cuando haya un riesgo de una gran cantidad de movimientos secundarios, como, por ejemplo, una crisis migratoria como la vivida en 2015 y 2016. El artículo 25 del código reformado señalaría, si se adoptara como propone la Comisión, que se puedan introducir controles cuando haya “una amenaza grave para el orden público o la seguridad interior” que podrían provenir de actividades terroristas, emergencia de salud pública, como durante la pandemia, o precisamente “movimientos no autorizados a gran escala de nacionales de terceros países entre los Estados miembros”.

placeholder Un control de policía en la frontera entre España y Francia. (EFE/Guillaume Horcajuelo)
Un control de policía en la frontera entre España y Francia. (EFE/Guillaume Horcajuelo)

Países como España, Italia o Grecia, que ya se encuentran sometidos a fuertes presiones migratorias, no recibirán bien esta propuesta de la Comisión, sobre la que distintas fuentes se mostraban ya preocupadas en los últimos días. Bruselas parte de la idea de que los Estados miembros ya establecen controles fronterizos cuando los ven necesarios, y Schengen está continuamente siendo estirada por uno de sus lados, forzando sus costuras de manera continua. Por eso, la lógica del Ejecutivo comunitario es centrarse en que el nuevo código establezca muchos mecanismos de cooperación y controles fronterizos que se basen en operaciones policiales conjuntas en la medida de lo posible para evitar precisamente la tensión que se genera a los dos lados de una frontera sobre la que se establecen controles.

La migración como chantaje

Bruselas también pone esta propuesta encima de la mesa como una manera de luchar contra aquellos flujos migratorios interesados que son utilizados por países terceros para obtener cesiones por parte de los socios europeos, como hizo en 2020 Turquía o recientemente Marruecos o Bielorrusia en la frontera polaca. Pero Albares aseguró este lunes que dentro del actual Código de fronteras hay espacio para tomar medidas sin necesidad de reformar las reglas. “España hace mucho que conoce los movimientos migratorios irregulares y ha demostrado que hay formas muy eficaces de cooperar con los países de tránsito y origen y de prevenir”, explicó en una rueda de prensa.

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Hace solamente algunos días, Emmanuel Macron, presidente francés, propuso durante la presentación de las prioridades de la presidencia francesa del Consejo de la Unión Europea, que se extenderá de enero a finales de junio, que la reforma de Schengen incluya un “pilotaje político” de la zona, con su propia reunión de ministros del Interior de los países que participan en la misma, como ya ocurre con los ministros de los Estados miembros que comparten la moneda común. La politización de Schengen no es algo bien visto en algunas capitales, especialmente en aquellos países que están en primera línea de los principales flujos migratorios, que en una situación de crisis migratoria seria sienten que podría dejarlos más expuestos a un cierre de fronteras por parte del resto de Estados miembros.

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