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"Nos están destruyendo": 'pinza' rusa para hacer caer a Mariúpol, puerto clave en el sur
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La ciudad, cercada por las tropas rusas

"Nos están destruyendo": 'pinza' rusa para hacer caer a Mariúpol, puerto clave en el sur

La toma rusa de la ciudad portuaria de Mariúpol permitiría un corredor terrestre entre Crimea y las autoproclamadas repúblicas separatistas del Donbás

Foto: Mapa del avance ruso en el sur (Laura Martín)
Mapa del avance ruso en el sur (Laura Martín)

Con todos los ojos puestos en Kiev y el convoy militar de más de 60 kilómetros de largo que cerca ominoso la ciudad, en el sureste del país, el estratégico enclave portuario de Mariúpol espera, a oscuras, sin electricidad ni suministro de agua ni alimentos, y bajo constantes bombardeos, la inminente entrada de tropas rusas. “El enemigo está asaltando la ciudad desde todas las direcciones”, asegura el alcalde, Vadym Boichenko, en una agónica llamada retransmitida por la televisión local. "Deliberadamente, durante siete días, han estado destruyendo infraestructura crítica, rompiendo los suministros de alimentos, estableciendo un bloqueo... como en Leningrado. Nos están destruyendo".

La toma rusa de la ciudad portuaria de Mariúpol, por su situación estratégica y simbolismo, sería la primera gran victoria, tanto militar como política, para Rusia, haciéndose con el control total del acceso al mar de Azov con un corredor de terrestre entre Crimea y las autoproclamadas repúblicas separatistas del Donbás. Reviviendo, de paso, las aspiraciones rusas de una 'Novorossiya' (Nueva Rusia) que una Transnistria hasta el Rostov.

Tras un rápido avance en el sur del país desde la anexionada Crimea y tras la toma de Melitopol este fin de semana y de Jersón el miércoles, las tropas rusas están ya a pocos kilómetros de Mariúpol por el oeste, mientras que al este y norte la ciudad se enfrenta a la ‘pinza’ de las tropas prorrusas de Donestk.

A principios de semana, los separatistas instaron a la población local a huir a través de “dos corredores humanitarios” para “salvar sus vidas y las de sus seres queridos” hasta “el miércoles”, en palabras del portavoz, Eduard Basurin.

Más de 21 horas de bombardeos

Eso coloca la fecha del inicio de su inminente asalto este jueves, y los bombardeos no se han hecho esperar. Según las autoridades ucranianas, los destrozos del fuego de artillería han dejado la ciudad sin suministro de electricidad, calefacción y con cortes de agua, y varios barrios habrían quedado prácticamente en ruinas por los bombardeos.

“La situación es terrible, estamos cerca de una catástrofe humanitaria. Llevamos más de 21 horas bajo continuos bombardeos sin pausa”, ha asegurado el vicealcalde de la ciudad, Serhiy Orlov, a varias cadenas de televisión. Aunque no hay cifras oficiales, las autoridades locales apuntan a “centenares” de muertos y el bloqueo de las tropas rusas impide la evacuación de los heridos a otras ciudades. Las tropas ucranianas en la región del este están quedando así peligrosamente ‘embolsadas’.

Hacerse con Novorossiya

Atascados en el norte por la inesperada defensa de Kiev, las tropas rusas avanzaron, sin embargo, a gran velocidad en el sur, llanuras difíciles de defender sin sufrir tremendas bajas bajo fuego de artillería aéreo. Las tropas estacionadas en la anexionada Crimea han avanzado en dos direcciones, hacia el oeste a Jersón y, más lejos, Odesa, y hacia el este, con Mariúpol como principal objetivo. El área de la ofensiva coincide con la resurrección del sueño putiniano de Novorossiya, un término de la época zarista para referirse al sureste de la actual Ucrania, bañado en los estratégicos mares Negro y de Azov.

La primera vez que el presidente Vladímir Putin usó el término fue en 2014, cuando los rebeldes separatistas avanzaban en el sureste de Ucrania. "La región de la que estamos hablando alguna vez se llamó Novorossiya. Lugansk, Donetsk, Jersón y Odesa no están incluidos como parte de Ucrania. Se los dio el Gobierno soviético", aseguró entonces. Una narrativa muy similar a la del discurso previo a la invasión de Ucrania, cuando negó la soberanía del país.

La conquista de esa Novorossiya significaría crear un corredor terrestre —con acceso continuo al mar y varios de los puertos más jugosos en el suministro global de grano o incluso metales— que enlazaría de manera continuada Rusia, las regiones separatistas del Donbás, con Crimea y Transnistria en el oeste. Dejando de paso al resto de Ucrania sin ningún acceso al mar. Algo incluso susceptible de ‘vender’ como victoria de la “operación militar especial” al público interno ruso. Sin necesidad de completar una difícil ocupación de todo el país.

Históricamente, Rusia ha sufrido una tradicional falta de puertos ‘calientes’, es decir, que puedan utilizarse todo el año, y sus gobernantes han buscado la forma de ampliar su acceso a todos los mares. La anexión —no reconocida internacionalmente— de Crimea en 2014, y con ella el puerto de Sebastopol, facilitó su acceso al mar Negro, antes mayormente controlado por Ucrania. Otro ejemplo de ese afán por la conquista de puertos sería el acuerdo con la Siria de Bashar al Asad para la inauguración en 2015 de la base naval rusa de Tartus, poniendo un pie en el Mediterráneo y eludiendo el ‘cerco’ de la OTAN (con Turquía en el Bósforo y los Estados bálticos en los mares del norte).

Algo incluso susceptible de ‘vender’ como victoria de la “operación militar especial” al público interno ruso. Sin necesidad de completar una difícil ocupación de todo el país.

Hacerse con Mariúpol y su puerto tendría un efecto inmediato, una suerte de ‘salvavidas logístico’ tanto para las tropas rusas como para las separatistas, en una campaña que en general ha sufrido serios problemas de abastecimiento. Y a más largo plazo, el acceso al puerto es básico para la viabilidad económica de las autoproclamadas repúblicas del Donbás. Antes de la guerra, Mariúpol era el principal puerto de exportaciones de Ucrania, apenas por detrás de Odesa, de los frutos de las mucho más industrializadas provincias de Donetsk y Lugansk, afirmaba el director del puerto de Mariúpol, Igor Barskyi, en una entrevista con El Confidencial en el propio puerto el pasado diciembre.

La 'desnazificación' rusa

La ciudad, de mayoría rusohablante y apenas a 18 kilómetros de la zona controlada por los separatistas, ya fue tomada brevemente en 2014. “Mariúpol fue liberada a los pocos meses por batallones de voluntarios… Cuya violencia hizo que la gente se hiciera más prorrusa, causaron muchos problemas. Al menos hasta que llegó la policía [y restableció el orden]”, según contaba Anatoliy, nativo de la ciudad.

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Los batallones de voluntarios a los que hace referencia Anatoliy son el batallón Azov, una formación paramilitar con lazos, ideología y simbología nazis, y cuya base está en la ciudad. En el marco propagandístico del Kremlin, que vendió la “operación militar especial” como una “desnazificación” de Ucrania, la captura de Mariúpol presenta también otra ventaja en la construcción de una 'victoria' que vender al público ruso.

Golpe geoestratégico

Si los rusos se hacen con Mariúpol, es previsible que los esfuerzos se trasladen a Odesa —pasando antes por Mykolaiv, a pocos kilómetros de la ya conquistada Jersón—, la joya de la corona portuaria de Ucrania. Estos tres puertos al mar Negro son el salvavidas económico de Ucrania para los mercados globales, gestionando casi dos tercios de todo el comercio exterior del país y el 80% de las exportaciones de grano.

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Solo asegurar —una tarea harto difícil, dada la resistencia ucraniana, que se tornaría entonces en insurgencia— el corredor terrestre de Crimea hasta el Donbás es un primer éxito. Una de las preocupaciones de Rusia era la crisis del acceso a agua potable que sufría Crimea tras la construcción de una presa en la zona controlada por Ucrania limitando el abastecimiento. Dicha presa fue una de las primeras víctimas de los bombardeos de los primerísimos compases de la invasión, y su destrucción fue alegremente anunciada por la propaganda rusa. Si Rusia, el mayor exportador mundial de trigo, consigue ampliar el corredor hacia Odesa y Novorossiya, el golpe geoestratégico es definitivo, con un acceso total al mar Negro, multiplicando sus puertos de exportación disponibles. Deja además el resto de Ucrania bajo la bota de su extorsión económica, siempre dependiente de Rusia.

Con todos los ojos puestos en Kiev y el convoy militar de más de 60 kilómetros de largo que cerca ominoso la ciudad, en el sureste del país, el estratégico enclave portuario de Mariúpol espera, a oscuras, sin electricidad ni suministro de agua ni alimentos, y bajo constantes bombardeos, la inminente entrada de tropas rusas. “El enemigo está asaltando la ciudad desde todas las direcciones”, asegura el alcalde, Vadym Boichenko, en una agónica llamada retransmitida por la televisión local. "Deliberadamente, durante siete días, han estado destruyendo infraestructura crítica, rompiendo los suministros de alimentos, estableciendo un bloqueo... como en Leningrado. Nos están destruyendo".

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