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Hundir la flota rusa: la gran batalla naval que se está preparando en el mar Negro
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No mire a tierra, mire al mar

Hundir la flota rusa: la gran batalla naval que se está preparando en el mar Negro

Toda la atención se centra en las operaciones terrestres y en los más de 120.000 efectivos concentrados en las fronteras, pero hay un factor decisivo en el que Rusia flaquea: su flota militar

Foto: Crucero ruso Moskva, buque insignia de la flota del mar Negro. (Mil.ru)
Crucero ruso Moskva, buque insignia de la flota del mar Negro. (Mil.ru)
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La crisis ucraniana se intensifica a pasos agigantados y cada vez se ve más probable que se desencadenen acciones militares. Todas las miradas se centran en las operaciones terrestres y en los más de 120.000 efectivos concentrados en las fronteras, pero se nos olvidan otros factores que pueden ser decisivos en determinadas fases del ataque, si este llega al fin a producirse. Nos referimos a la flota rusa y a las operaciones navales que sin duda se llevarían a cabo. Siempre que la OTAN no lo impida.

Rusia ha tenido un problema con su marina de guerra, impuesto por la geografía. Cualquier mapa nos revela que tiene tres zonas costeras con intereses, necesidades y circunstancias bien distintas. Por un lado, están las obvias salidas al océano Atlántico, por el mar del Norte y por el Báltico y luego hacia el Pacífico. Pero no nos podemos olvidar de que también tiene importantes intereses —cada vez más— en asegurarse la salida al Mediterráneo, cuyo paso previo es el control del mar Negro. Esta realidad geográfica plantea a la marina rusa el problema de tener que dividir sus fuerzas, si quiere estar presente en todos esos escenarios.

Foto: Piezas de artillería lanzacohetes BM-27 Uragan. (Russian MinDef)

El mar Negro es un escenario complicado. Aunque grande en extensión, su salida es difícil por tener que atravesar el Bósforo y los Dardanelos. Tras la ruptura de la Unión Soviética, la presencia rusa en la zona quedó desdibujada al tener la flota soviética Sebastopol como base principal, que pasó a ser ucraniana. El conflicto de 2014, que culminó con la anexión de Crimea por parte de Rusia, cambió radicalmente el panorama.

Rusia se hizo con la base de Sebastopol, la mayor de todo el mar Negro, incautándose de casi todos los buques importantes, aunque, a decir verdad, muy mal mantenidos por los ucranianos. En ese momento la flota del mar Negro rusa era anticuada y estaba en pésimas condiciones, pero los rusos hicieron un enorme esfuerzo de modernización y puesta al día y esa misma flota, a día de hoy, es algo bien distinto.

Una buena puesta a punto

La flota rusa del mar Negro constituye una fuerza muy a tener en cuenta. Utiliza, además de su base principal en Sebastopol, otras bases en Novorossiysk —la principal antes de la anexión de Crimea—, Feodosia y Donuzlav, antigua base ucraniana, más otras de menor importancia en Tuapse y Temryuk. Su flota está compuesta por un crucero, cinco fragatas y siete submarinos, más una flotilla de corbetas, buques para operaciones anfibias, patrulleros y lanchas.

El crucero es el Moskva, un buque de la clase Slava heredado de la época soviética (botado en 1983) pero modernizado y muy bien armado. Es un buque de 12.500 toneladas y es con diferencia el mayor y más potente que opera en esas aguas. Va armado con 16 misiles antibuque de largo alcance del tipo P-500 Bazalt, aunque recientemente se le ha instalado la más moderna versión, el P-1000 Vulkan. Completan su armamento 65 misiles antiaéreos S-300F (muy buenos elementos) y un cañón doble (montaje bitubo) de 130 mm.

placeholder Corbeta Volgodonsk de la clase Buyan-M. (Mil.ru)
Corbeta Volgodonsk de la clase Buyan-M. (Mil.ru)

Los P-1000 son unos misiles muy peligrosos. Tienen un alcance de entre 550 y 700 km y viajan a una velocidad de 2,5 Mach (3.087 km/h). Son enormes, con casi 12 metros de largo y 4,8 toneladas de peso. Su cabeza de guerra es de 1.000 kg de alto explosivo y podría llevar ojivas nucleares. Es un arma muy peligrosa para cualquier buque enemigo. Se utiliza disparando salvas de cuatro misiles, de tal manera que uno vuela a gran altura (entre 5.000 y 7.000 m) y realiza una búsqueda activa de objetivos, mientras que los otros tres vuelan más bajos (entre 2.000 y 3.000 m) en modo pasivo y sin revelar su posición. En la última fase del ataque, todos ellos bajan a ras del agua (entre 10 y 40 m) para no ser detectados. Se trata de un enemigo temible para cualquier buque de la OTAN, pues con él se puede atacar desde una distancia fuera del alcance de los misiles occidentales, como el Harpoon.

Las fragatas son dos de la veterana clase Krivak (años ochenta), pero una de ellas ha sido modernizada. Son buques ya con sus años, pero útiles. Desplazan 3.300 toneladas y van armados con cuatro misiles antibuque SS-N-14, con un alcance máximo de unos 90 km. Las otras tres son de la clase Admiral Grigorovich, muy modernas y recién entradas en servicio. Se trata de unidades de unas 4.000 toneladas, muy bien armadas con un lanzador vertical para ocho misiles, que pueden ser los 3M-54 Kalibr o a futuro los Zircom hipersónicos. El Kalibr es un misil muy peligroso. Hay varias versiones con distintos alcances y capacidades, pero lo interesante en este caso es que tienen capacidad para actuar sobre objetivos en tierra, por lo que podrían utilizarse en apoyo de operaciones terrestres.

Foto: Misil antibuque P-800 Onyx (SS-N-26). (Boevaya mashina)

Los submarinos son todos SSK, es decir, convencionales (no nucleares) y de la clase Kilo, basados en Novorossiysk. Todos menos uno (que podría no estar en servicio) son de la versión mejorada, Project 636 en denominación rusa. Son buques no muy grandes, con poco más de 70 metros de eslora y unas 2.350 toneladas en superficie y 3.000 en inmersión. Van armados con 18 torpedos de 533 mm y cuatro misiles Kalibr. Son bien conocidos en Occidente, pero actuando en aguas costeras (y familiares para ellos) pueden ser muy escurridizos.

Muy importante papel pueden jugar en este conflicto las fuerzas anfibias. La flota rusa dispone en la zona de varios buques para operaciones anfibias de la clase Alligator y Ropucha. Los primeros son buques antiguos de los años sesenta y setenta y los segundos, de los ochenta y noventa, todos originales de la época soviética. Aunque no son unidades modernas y puede que algunas estén fuera de servicio, con superioridad local pueden ser muy útiles para realizar operaciones de desembarco y apoyar los avances terrestres por la costa del mar de Azov.

placeholder Submarino convencional Krasnodar, de la clase Kilo mejorada, en el mar Negro. (Mil.ru)
Submarino convencional Krasnodar, de la clase Kilo mejorada, en el mar Negro. (Mil.ru)

Por último, no hay que despreciar (todo lo contrario) la flotilla de corbetas basadas en Novorossiysk. Se trata de seis navíos modernos, dos de la clase Dergach del año 2000 (que han sido modernizados) y el resto de la modernísima clase Buyan-M, de muy reciente construcción. Estos son unos buques de casi 1.000 toneladas, dotados de una moderna electrónica y sistemas y armados con lanzadores verticales para ocho misiles Kalibr.

La minúscula flota ucraniana

Frente a esta potente flota rusa, los ucranianos poco pueden poner en liza. Se vieron expulsados de Sebastopol, donde perdieron la gran mayoría de sus buques, consiguiendo tan solo salvar una fragata. Sus bases están ahora en Odessa y Mykolaiv, más la base de Berdyansk, en el mar de Azov, adonde llevaron un par de sus unidades menores en 2018.

Su activo principal (y único relevante) es la fragata Hetman Sahaydachniy, de la clase Krivak III, similar a los buques rusos de igual clase, pero con algunas modificaciones locales. El resto son todo patrulleros ligeros y embarcaciones menores de escasa capacidad militar. Poner esta maltrecha marina de guerra en situación de poder enfrentarse a una fuerza naval mínimamente seria es algo muy difícil.

Foto: Destructor (clase Arleiht Burke) USS Winston S. Churchill (DDG 81) del Flight II-A. Foto: US Navy

Facilitar buques modernos de combate a Ucrania es algo que se estuvo analizando en el seno de la OTAN, pero se vio que los costes operativos podían ser demasiado para ellos. Otra de las alternativas que se barajan es la cesión de algunas fragatas de segunda mano y Estados Unidos contempla la posible cesión de al menos dos fragatas de su clase Oliver H. Perry, unos buques ya dados de baja en la US Navy, pero que otros países como España (fragatas F-80 de la clase Santa María) o Turquía aún mantienen en activo.

Lo único que puede salvar a Ucrania en este terreno es la OTAN, y en este sentido ya se están empezando a movilizar activos para trasladarse a la zona de conflicto. España, por ejemplo, ha enviado el BAM Meteoro para actuar como buque de mando de la Standing NATO Mine Countermeasures Group Two (SNMCMG2) o agrupación de medidas contraminas que actúa en el Mediterráneo. El BAM no es un buque con capacidad de lucha contra minas, pero su tamaño y disposición interior lo hacen muy útil para buque de mando de los cazaminas, más pequeños y con escasa habitabilidad a bordo. A esta agrupación se unirán el buque español de medidas contraminas Sella y otras unidades similares de otros países.

placeholder Fragata Blas de Lezo. (Armada española)
Fragata Blas de Lezo. (Armada española)

En cuanto a buques mayores, España también ha enviado la fragata Blas de Lezo, de la serie F-100. Se trata de un buque muy bien valorado en el extranjero, con una extraordinaria capacidad de defensa antiaérea gracias a su sistema Aegis. En tránsito se encuentra también la fragata canadiense HMCS Montreal, que partió el pasado 19 de enero.

Por su parte, ya están por la zona dos buques que integran la agrupación permanente de la OTAN en el Mediterráneo. Se trata de la fragata italiana Carlo Margottini (de la clase Bergamini) y la fragata turca Göksu —precisamente de la comentada clase Oliver H. Perry—, a las que es previsible que se vayan uniendo otras unidades ante la petición del mando de la OTAN de agilizar al máximo las incorporaciones.

Foto: Los buques USS Nitze (izquierda), USS Bainbridge (derecha) y, al fondo, el USS Leyte Gulf. (US Navy)

Pero lo más importante, lo que más puede equilibrar (o desequilibrar) la balanza en el mar Negro, es la US Navy. Se trata del grupo naval del portaaviones Harry S. Truman, que ahora se encuentra en aguas próximas a Grecia. El CSG (Carrier Strike Group) es una formidable fuerza que reúne un portaaviones nuclear con todo su grupo aéreo más los buques de escolta, en este caso el crucero USS San Jacinto (CG-56) de la clase Ticonderoga, más los destructores USS Cole (DDG-67), USS Bainbridge (DDG- 96), USS Gravely (DDG-107) y USS Jason Dunham (DDG-109), todos ellos de la clase Arleigh Burke, a los que se ha unido en esta ocasión la fragata noruega HNoMS Fridtjof Nansen (F310), un buque como recordarán de diseño y fabricación española. Y no nos olvidemos de que andarán por allí uno o dos submarinos nucleares.

La situación está al límite. El mar de Azov ya está vetado 'de facto' a los ucranianos y ahí mismo se han estado produciendo múltiples incidentes de manera continuada. Rusia no cede terreno, pero la OTAN cada vez acumula más fuerzas en las inmediaciones. A medida que pasen los días, veremos cómo más buques de la Alianza comienzan a moverse por una zona cada vez más llena de medios militares. Esperemos que no se produzca un incidente grave, aunque todo apunta a que Rusia llevará adelante alguna acción militar.

La crisis ucraniana se intensifica a pasos agigantados y cada vez se ve más probable que se desencadenen acciones militares. Todas las miradas se centran en las operaciones terrestres y en los más de 120.000 efectivos concentrados en las fronteras, pero se nos olvidan otros factores que pueden ser decisivos en determinadas fases del ataque, si este llega al fin a producirse. Nos referimos a la flota rusa y a las operaciones navales que sin duda se llevarían a cabo. Siempre que la OTAN no lo impida.

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