Es noticia
Menú
El granero de Europa, en llamas: el riesgo global de una invasión de Ucrania
  1. Mundo
directo al grano

El granero de Europa, en llamas: el riesgo global de una invasión de Ucrania

Un conflicto a gran escala entre Rusia y Ucrania, dos de los mayores exportadores de trigo del mundo, podría desatar una crisis alimenticia en el Norte de África y Medio Oriente

Foto: Cosecha de trigo cerca del pueblo de Hrebeni, en la región de Kiev. (Reuters/Valentyn Ogirenko)
Cosecha de trigo cerca del pueblo de Hrebeni, en la región de Kiev. (Reuters/Valentyn Ogirenko)

La llaman ‘chernozem’, 'tierra negra' en ruso. Es el fértil sustrato presente en las amplias estepas que dominan el paisaje de Ucrania y que convierten al país en el lugar idóneo para el crecimiento de cultivos agrícolas, especialmente los cereales. No por nada, durante siglos, la nación ha sido denominada como el granero de Europa. Antaño, en la época soviética, la república de Ucrania generaba el 25% de la producción agrícola de toda la URSS a pesar de suponer solo un 2,7% de su territorio total. A día de hoy, es uno de los mayores exportadores globales de trigo. De las extensas plantaciones de Kiev depende que llegue el pan a millones de mesas de todo el mundo. Pero ¿qué pasa si las llamas de la guerra alcanzan al trigo ucraniano?

Con la cosecha aún a meses de distancia, las principales zonas agrícolas de Ucrania se encuentran en la línea de fuego de un posible conflicto a gran escala con Rusia. El anillo de 'oblasts' ('provincias') que rodea las actuales zonas de combate de Donetsk y Lugansk, controladas por rebeldes prorrusos y tras las cuales el Kremlin ha situado al grueso de las tropas que lleva desplegando desde abril de 2021, contiene la mayor concentración de producción de trigo del país. Y, si las cosechas se ven afectadas por una multitud de posibles escenarios —desde la destrucción de infraestructura a raíz de los bombardeos hasta la huida de campesinos ante una posible invasión—, es altamente probable que las víctimas de esta guerra no se vean reducidas a las fronteras ucranianas.

Si bien, muchos países cultivan más alimentos que Ucrania, el país es el quinto mayor exportador de trigo del mundo. En 2020, Kiev contribuyó aproximadamente 18 millones de toneladas métricas de trigo al mercado global, un 75% de su cosecha total de 24 millones. En circunstancias normales, este 2022 las plantaciones ucranianas deberían generar un 12% de las exportaciones globales del cereal.

Un estudio publicado en 2014 en la revista científica ‘Food Security’ concluyó que Ucrania es uno de los países del mundo con mayor capacidad de desencadenar un ‘shock’ en el mercado global de cereales. Cualquier disrupción a gran escala en sus exportaciones de grano supondría el equivalente a un bidón de gasolina arrojado al fuego de la inflación de los alimentos, convirtiendo una situación de por sí complicada para los países vulnerables y dependientes de la importación de trigo en un escenario prácticamente insostenible.

El trigo, por las nubes

Las posibles consecuencias de una subida repentina y brusca de los precios de los alimentos básicos no deben ser infravaloradas. Especialmente en un momento en que su asequibilidad es una gran preocupación en gran parte del mundo tras el daño económico causado por la pandemia del covid-19. “En junio de 2021, la inflación de los alimentos en la región de Medio Oriente y el norte de África alcanzó el mismo nivel que durante la antesala de las protestas de la Primavera Árabe, hace una década”, advierte Michaël Tanchum, profesor de la Universidad de Navarra e investigador no residente del programa de Economía y Energía del Middle East Institute (MEI), en Washington D. C. Desde entonces, los precios no han parado de crecer.

Foto: Un soldado ucraniano descansa en una trinchera cerca de la ciudad de Horlivka, controlada por los rebeldes pro Rusia. (EFE/Anatolii Stepanov)

La masiva ola de protestas que recorrió la mayoría de los países árabes en 2011, la cual desembocó en múltiples cambios de Gobierno y las guerras en Siria y Yemen, comenzó a raíz de una serie de alzas de precio repentinas en los mercados alimentarios globales. ¿Una de las razones? “En aquel entonces, los precios vertiginosos del pan en Egipto y en otros lugares de la región fueron impulsados ​​al alza, en parte, por la caída extrema de la producción en la cosecha rusa”, explica Tanchum a El Confidencial.

Existen otros precedentes. El inicio del conflicto en el Donbás y la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014 provocaron que los precios del trigo se dispararan a nivel global durante los primeros meses del año, aunque se normalizaron a partir de mayo cuando resultó evidente que la respuesta de Occidente se limitaría a sanciones económicas y políticas contra Moscú y que las zonas más fértiles de Ucrania no se enfrentaban a ninguna amenaza logística. Sin embargo, la situación actual, comparada con la de siete años atrás, cuenta con dos problemas añadidos. El primero, que los precios globales del trigo se encuentran considerablemente por encima de los de aquel entonces (cerca de ocho dólares por 'bushel' frente a los cinco dólares de enero de 2014). El segundo, que Ucrania aporta hoy en día el doble del porcentaje de exportaciones globales del alimento (12% frente al 6% de entonces).

A lo largo de 2021, el índice de precios de los cereales de la FAO no ha parado de crecer a un ritmo acelerado. Actualmente, se sitúa cerca de superar los peores niveles de las últimas décadas, impulsado por las mismas tensiones que afectan al resto de la economía mundial: interrupciones en las cadenas de suministro, altos costes del transporte, episodios climáticos extremos que lastran la producción y el precio descontrolado del gas natural, necesario para la producción de fertilizantes. “La suma de todos estos factores hace que un conflicto en Ucrania pueda tener un efecto multiplicativo, en lugar de aditivo, sobre los precios del trigo”, señala Alex Smith, analista para el Breakthrough Institute especializado en agricultura, en entrevista con El Confidencial.

Vulnerabilidad máxima

En un análisis publicado recientemente por el especialista en la revista 'Foreign Policy', Smith destaca la enorme vulnerabilidad que ciertos países afrontan por su dependencia del cereal ucraniano. Por ejemplo, en 2020, casi el 50% de todo el trigo consumido en Líbano procedía del país europeo. Esto, en un país donde el pan y otros productos derivados suponen el 35% de las calorías totales ingeridas por los ciudadanos y que se encuentra sumergido en la peor crisis económica en más de un siglo (desde finales de 2019, la libra libanesa ha perdido más del 90% de su valor). Situaciones similares pueden encontrarse en Yemen y Libia. “Si la invasión de Ucrania se vuelve inevitable, los gobiernos de todo el mundo deben estar preparados para reaccionar rápidamente para evitar la inseguridad alimentaria y una posible hambruna”, alerta el texto.

Foto: Tropas rusas, durante un ejercicio militar junto a Bielorrusia en Kaliningrado. (Reuters/Vitaly Nevar)

El problema no se reduce a Ucrania. Rusia es, coincidentemente, el mayor exportador de trigo del mundo. Si el Gobierno de Vladimir Putin decide finalmente invadir Ucrania, se enfrentaría a sanciones económicas que irían mucho más allá de las impuestas en 2014. En el paquete de medidas propuesto hasta ahora por los demócratas estadounidenses, la industria alimentaria y agrícola no aparece mencionada. Sin embargo, las sanciones contra las instituciones financieras —y el posible aislamiento de Rusia del sistema SWIFT (Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales)— dificultarían cualquier tipo de comercio internacional para Moscú, añadiendo un nuevo problema a la cadena de suministro de alimentos.

Además de Kiev y Moscú, Kazajistán y Rumanía, otros dos grandes productores de cereales, dependen para exportar los alimentos del libre tránsito en el mar Negro, el cual podría verse afectado en un contexto de conflicto. “Un conflicto entre Rusia y Ucrania dispararía los precios del trigo aún más. Si el conflicto es severo y llega a impedir o retrasar los envíos a través del mar Negro, las interrupciones en el suministro se volverían intolerables”, concluye Tanchum.

Foto: Encuentro entre Zelensky, Duda y Nauseda. (EFE)

En Mariupol, ciudad costera en el sureste ucraniano, saben que serían de los primeros objetivos que el Ejército ruso tomaría si finalmente se produjera una invasión. Además de estar a apenas pocos kilómetros de la actual línea de control con la zona del Donbás, cuentan con un elemento estratégico: su puerto es uno de los más importantes del país y es el acceso de Ucrania al estratégico Mar de Azov.

Con una mayoría de población rusoparlante, la ciudad es un ejemplo de lo que podría estar por venir para la infraestructura exportadora ucraniana. En 2014, ya fue controlada durante unos meses por los separatistas prorrusos y violentamente tomada por voluntarios nacionalistas ucranianos. Ocho años después, el puerto de Mariupol es una sombra de lo que fue y un ejemplo de lo que puede suceder si Ucrania es invadida por los rusos para la cadena de suministros del trigo.

En una reciente entrevista con El Confidencial, el director del puerto de Mariupol, Igor Barskyi, explicaba que tras la anexión rusa de Crimea, el tráfico de grano en el puerto de Mariupol se vio reducido a la mitad y Ucrania tuvo que redirigir parte de su capacidad al puerto de Odesa. Hoy día, debido al control efectivo ruso del Mar de Azov, que bloquea muchos de los barcos, y la construcción de un polémico puente en Crimea, que limita el tamaño de los barcos que entran, el puerto de Mariupol solo sirve grano a los países Bálticos y al Mediterráneo.

“[Si hay una invasión], es de esperar que se bloquee el puerto y todo nuestro tráfico, afectando no solo a este momento, sino al futuro también, por la pérdida de mantenimiento del puerto”, alertaba Barskyi.

La llaman ‘chernozem’, 'tierra negra' en ruso. Es el fértil sustrato presente en las amplias estepas que dominan el paisaje de Ucrania y que convierten al país en el lugar idóneo para el crecimiento de cultivos agrícolas, especialmente los cereales. No por nada, durante siglos, la nación ha sido denominada como el granero de Europa. Antaño, en la época soviética, la república de Ucrania generaba el 25% de la producción agrícola de toda la URSS a pesar de suponer solo un 2,7% de su territorio total. A día de hoy, es uno de los mayores exportadores globales de trigo. De las extensas plantaciones de Kiev depende que llegue el pan a millones de mesas de todo el mundo. Pero ¿qué pasa si las llamas de la guerra alcanzan al trigo ucraniano?

Ucrania Vladimir Putin FAO Primavera árabe