Tanques y soldados rusos en la frontera: ¿se está preparando Putin para atacar Ucrania?
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TENSIÓN EN EL FLANCO ESTE DE EUROPA

Tanques y soldados rusos en la frontera: ¿se está preparando Putin para atacar Ucrania?

En los últimos días, miles de efectivos rusos han sido desplazados a la frontera con Ucrania en un momento en el que la guerra en el Donbás se recrudece. La estrategia del Kremlin no está clara

placeholder Foto: Vladimir Putin, en una imagen de archivo de 2019, asistiendo a las maniobras del ejército ruso. (EFE)
Vladimir Putin, en una imagen de archivo de 2019, asistiendo a las maniobras del ejército ruso. (EFE)

“Malas noticias para Ucrania: cada vez se habla más sobre una guerra”, decía este domingo ante las cámaras Dmitry Kiselyov, uno de los presentadores más famosos de la televisión rusa. Detrás de él se veía una imagen de un soldado ucraniano y un letrero que se preguntaba: “¿Una segunda guerra fratricida?”.

El mensaje que difundía Kiselyov, portavoz informal del Kremlin, era claro: Ucrania se dirige hacia una nueva guerra civil. Sin embargo, al igual que hizo el aparato propagandístico ruso en 2014 tras la invasión de Crimea, el presentador volvió a omitir el decisivo papel de Moscú en los recientes acontecimientos. Sí, suenan tambores de guerra, pero también los tocan oficiales rusos. En los últimos días, Rusia ha desplegado miles de soldados, varios grupos tácticos y tanques en su frontera con Ucrania en la mayor escalada militar de los últimos años. Es tan grave que hasta los analistas se han puesto a debatir en directo en un programa de la televisión estatal si sería conveniente o no usar bombas nucleares contra Ucrania si esta les ataca. El objetivo, dicen, sería dejar claro a EEUU que Rusia no va en broma.

Foto: El presidente de Rusia, Vladímir Putin. (Reuters)

La pregunta que surge ante esta escalada militar es: ¿qué pretende el Kremlin? En estos momentos, es prácticamente imposible saber qué se le pasa por la cabeza a Vladimir Putin. Algunos analistas consideran que no es más que un chantaje para conseguir concesiones de Ucrania —un país atravesado por diversas crisis— o provocar a la nueva Administración de Joe Biden. Otros consideran que podría ser el principio de una operación de 'falsa bandera' para tener una excusa para terminar de anexionarse el Donbás. Pero todos coinciden: cuantos más soldados haya en la frontera, más peligrosa es la situación.

“Estos movimientos siempre tienen múltiples objetivos”, explica en una entrevista Andrew Wilson, uno de los mayores expertos en Ucrania y autor del libro ‘Ukraine Crisis, What it means for the West’. “Uno de ellos es testar el ánimo de Biden y otro es castigar a Ucrania”, afirma el experto británico, en referencia a recientes operaciones de Kyiv contra oligarcas rusos, muchos de ellos aliados de Putin, así como el cierre de tres canales de TV afines al principal partido de la oposición y que cubre el espacio anterior del Partido de las Regiones.

Desde entonces, el tono ruso se ha endurecido. Y Moscú, que no niega sus desplazamientos militares, se ha justificado asegurando que lo hace para “defender su territorio” ante inminentes amenazas.

placeholder El presidente Zelensky visita el frente de guerra en el este de Ucrania. (EFE)
El presidente Zelensky visita el frente de guerra en el este de Ucrania. (EFE)

“El presidente Putin dijo esto hace poco, pero sigue siendo relevante hoy: aquellos que traten de empezar una nueva guerra en el Donbás destruirán Ucrania”, aseveró el ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov. Sus palabras suponían un claro mensaje dirigido a la OTAN y a EEUU, después de que el secretario de Defensa, Lloyd Austin, reafirmara el apoyo de su país a Ucrania en una llamada a su homólogo del país europeo en la que aprovechó para expresar sus condolencias ante los últimos acontecimientos en el frente.

Este mismo mes, la guerra en el Donbás, un conflicto en el este del país entre separatistas prorrusos y Ucrania que se ha cobrado 14.000 vidas desde 2014, ha vuelto a rebrotar después de que cuatro soldados ucranios murieran tras un intercambio de artillería “inusualmente prolongado”. Días más tarde, la Inteligencia ucrania publicó un artículo asegurando que no descartaban "una invasión rusa" y el Parlamento nacional de Kiev aprobó una 'escalada' dando por hecho que el alto el fuego se había roto.

Los rusos respondieron rápido. En otra rueda de prensa, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, justificó los movimientos militares asegurando que temían que acciones “provocativas” del bando ucraniano iniciaran una “guerra”. Cuando fue preguntado por este término, matizó: “Me refiero a una guerra civil”. Diversos propagandistas rusos han aseverado que los rusos del Donbás deben vivir dentro de Rusia, como es el caso de Margarita Simonian, directora del canal RT.

Foto: Foto: Reuters

¿Está allanando Rusia el terreno para una nueva intervención en Ucrania? ¿Podría ocurrir algo similar a la invasión de Crimea en 2014? Responde Wilson. “Sí, por supuesto. ¿De la misma forma? Seguro que no. ¿Con el mismo objetivo de debilitar a Ucrania? Eso es totalmente posible, porque a Moscú le gustaría convertir Ucrania en un Estado fallido, un país que no existiera. En definitiva, un país Error 404 que no pueda unirse a la OTAN”, afirma el experto británico y profesor en la London School of Economics.

Otros analistas también descartan una intervención militar directa del Kremlin porque, aunque los movimientos militares rusos en la frontera sean similares a los de 2014, su función esta vez sería coaccionar a Ucrania y poner a prueba a Joe Biden y a la Unión Europea, que han reiterado su apoyo a la “integridad territorial de Ucrania”. “Rusia no quiere más territorio de Ucrania, sino el control de Donbás, para impedir la entrada de Ucrania en la OTAN”, destaca Mira Milosevich, analista del Instituto Elcano.

Foto: Xi Jinping y Vladimir Putin. (Reuters)

Además, Milosevich considera que un ataque ruso no está en los intereses de Moscú porque echaría por tierra los Acuerdos de Minsk II, firmados en 2015 con la mediación de París y Berlín y que congelaron el conflicto. De hecho, Kyiv reniega de los acuerdos de Minsk II —firmados hace seis años durante una ofensiva prorrusa—, ya que lo ve perjudicial para sus intereses en el este del país.

En cualquier caso, las jugadas en política exterior casi siempre tienen una lectura interna.

Estos movimientos militares, afirma Wilson, podrían tener un efecto de distracción en un momento delicado para Rusia. Por un lado, tiene que hacer frente al descrédito internacional y al descontento de una parte de la población por el encarcelamiento de Alekséi Navalni, opositor ruso que sufrió un intento de envenenamiento en 2020 y fue atribuido al propio Kremlin. Por otro, el crecimiento económico lleva años estancado y, aunque las ventas de gas y petróleo se han estabilizado, Rusia no ha hecho los deberes de diversificar su economía.

Foto: Vladímir Putin, en una teleconferencia con su equipo de seguridad. (Reuters) Opinión

Además, en septiembre de este mismo año se celebran las elecciones a la Duma, la Cámara Baja del Parlamento ruso, y en Moscú tendrán muy presentes los comicios en Bielorrusia que casi deponen del poder al último dictador de Europa, Aleksandr Lukashenjo. “La principal lección que aprendió el Kremlin de Bielorrusia es que un fraude mal hecho puede iniciar unas protestas”, afirma Wilson. “Putin no tendrá problema en ganar las elecciones, porque siempre las gana, pero cada vez es más difícil cocinar los resultados sin que se note”.

Las encuestas indican que Putin no pasa por su mejor momento. Pese a que goza del 65% de popularidad entre su población, según la casa de encuestas Levada, está ante uno de los porcentajes más bajos de la última década. La cifra es muy similar a la de 2013, cuando Rusia invadió Crimea. “Los dictadores que se dan por supuestos al final acaban encontrándose con problemas”, explica Wilson.

Foto: Vladímir Putin en el consejo de seguridad en Moscú. (EFE)

Otros, como Rubén Ruiz-Ramas, profesor de Ciencias Políticas de la UNED y editor del libro 'La Unión Europea y Rusia, cara a cara', considera que el balance de Putin no es tan negativo, pues sus índices de popularidad, aunque hayan decrecido, siguen siendo altos. Pero sí vislumbra un problema de cara al futuro entre el sector más joven de la población.

“El último año, con la pandemia, pero también con el caso Navalni, ha evidenciado en todo caso una fractura generacional que se manifiesta de manera más evidente en la que ya se denomina la 'generación Putin', aquellos jóvenes rusos que desde que nacieron han vivido en una Rusia gobernada por él”, explica Ruiz-Ramas. “Un 46% de rusos entre 18 y 24 años desaprueba a Putin, cuando hace un año esa cifra era del 31%. Conforme se avanza en las cohortes de edad, la aprobación de Putin crece”.

placeholder El opositor Navalni, detenido en Rusia desde hace dos meses. (EFE)
El opositor Navalni, detenido en Rusia desde hace dos meses. (EFE)

Pero no todo son malas noticias en Moscú. Pese a lo que vaticinaban algunos medios occidentales, la crisis del coronavirus no ha tenido los efectos devastadores que se esperaban en la Rusia de Putin. En primer lugar, porque la gestión de la pandemia se ha delegado a las regiones y no depende del Gobierno central, según explica Milosevich. Y, como recuerda Ruiz-Ramas, las cifras de muertes no han sido muy distintas a las de las principales grandes potencias del mundo.

En segundo lugar, porque la 'diplomacia de las vacunas' de Rusia, con Sputnik V a la cabeza, ha sido un éxito. “En la proyección internacional, la pandemia ha permitido exhibir la medicina y ciencia rusas, con el desarrollo de tres vacunas propias, a la Sputnik V del Instituto Gamaleya le siguen la EpiVacCorona y la CoviVac”, explica Ruiz-Ramas. “Además, el escepticismo ante ellas en Occidente facilita al Gobierno ruso emplear el marco de defensa de su soberanía en un entorno internacional hostil”.

Es posible que los rumores de una nueva guerra se disipen como ya ha ocurrido con otros. Pero si no, nadie se debería sorprender

Mientras Rusia se esfuerza por vacunar a su propia población —apenas ha inyectado 12 millones de dosis, cuatro más que España, pese a triplicarla en población—, el Kremlin quiere mandar un mensaje claro a Occidente. Como escribe el analista James Sherr, es posible que los rumores de una nueva guerra se disipen como ya ha ocurrido con otros. Pero si no, nadie se debería sorprender.

La conclusión del 'establishment' militar ruso [sobre los recientes acontecimientos] la resume bien Pavel Felgengauer: “Occidente está emprendiendo una guerra híbrida contra Rusia en diversos frentes: en Bielorrusia, en Ucrania, con Navalni. Y Rusia no debe sentarse y quedarse a la defensiva, sino contraatacar”. O, como zanja Ruiz-Ramas, Rusia quiere recordar a Washington y a Bruselas que, pese a todo, sigue ahí.

¿Sale Putin reforzado de la pandemia?

Rubén Ruiz-Ramas, profesor de Ciencias Políticas en la UNED y experto en Rusia: "Putin y su legitimidad como mandatario ante los rusos se refuerza en el conflicto, interno e internacional. El conflicto le permite omitir la gestión y enarbolar el “Yo o el caos”, que le ha acompañado siempre en sus periodos de crecimiento, consolidación y reafirmación como líder de Rusia (contra el terrorismo, el caos liberal yeltsinista, las amenazas externas a la soberanía, los “extremismos”, etc.). El 'Yo o el caos' no es un eslogan de campaña sin más, forma parte de una estrategia de neutralización permanente de potenciales adversarios políticos. El gran éxito en la comunicación política de Putin ha sido convencer al ciudadano medio ruso de que no alternativa buena a él, no ya una mejor, sino una mínimamente buena".  

“Malas noticias para Ucrania: cada vez se habla más sobre una guerra”, decía este domingo ante las cámaras Dmitry Kiselyov, uno de los presentadores más famosos de la televisión rusa. Detrás de él se veía una imagen de un soldado ucraniano y un letrero que se preguntaba: “¿Una segunda guerra fratricida?”.

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