UCRANIA COMO EJEMPLO DE UN MUNDO DIVIDIDO

¿Quieres entender la geopolítica del siglo XXI? La guerra de Ucrania te lo explica todo

El fin de la guerra en Ucrania arroja luz sobre el turbulento panorama geopolítico. Europa está dividida, EEUU en crisis interna, Rusia debilitada y China se posiciona como el gigante silencioso

Foto: Xi Jinping y Vladimir Putin. (Reuters)
Xi Jinping y Vladimir Putin. (Reuters)

La frase del primer ministro británico Neville Chamberlain en 1938 para describir la ocupación nazi de Checoslovaquia como “una pelea en un país muy lejano entre unas personas de las que apenas sabemos nada” se ha usado en numerosas ocasiones para alertar del olvido de Occidente de la guerra en el este de Ucrania. Desde que “hombres verdes” invadieran Crimea en 2014 y los rebeldes prorrusos celebraran referéndums ilegales en Donetsk y Luhansk, el conflicto se ha enquistado. Ahora, a las puertas de un posible acuerdo de paz, las superpotencias tratan de de sacar tajada. Aunque sea a costa de Ucrania.

La primera ronda de conversaciones en el Formato de Normandía tendrá lugar este lunes 9 de diciembre en París. Emmanuel Macron, Angela Merkel, Vladímir Putin y Volodymyr Zelenski tratarán de acabar con un conflicto que ha causado más de 13.000 muertos, dos millones de personas desplazadas en el este de Ucrania y miles de millones de dólares desperdiciados.

Zelenski ya ha adelantado que Ucrania quiere la paz, pero no a cualquier precio. Los políticos, soldados y académicos ucranianos consultados insisten en que cualquier acuerdo que no conlleve la retirada de las armas, logística y rebeldes prorrusos de la región será visto como una rendición por parte de los ucranianos. Al mismo tiempo, Zelenski necesita estabilizar el país porque la situación económica es crítica. Su PIB per cápita es de 2.639,82 dólares -menos que Cuba, Venezuela o Iraq-.

Algo similar ocurre con Rusia. Su incursión en Crimea le ha servido a Putin para recuperar popularidad en Moscú, pero por poco tiempo. Las sanciones de Occidente iniciadas en 2014 han resultado fatales (su economía es un 15% más pequeña respecto a 2013) y en ocasiones ni siquiera ha podido controlar a las milicias prorrusas en Donetsk y Luhansk, que han actuado como independientes señores de la guerra.

Pero lo que pueda ocurrir con Ucrania explica, además, la nueva reconfiguración geopolítica del siglo XXI. Del fin de la historia pasamos al "caótico multipolarismo". Más allá de las conversaciones de paz, de las que no se esperan de momento grandes progresos, se puede vislumbrar los intereses, defectos y virtudes de cada superpotencia, desde Estados Unidos a China, pasando por la Unión Europea y Rusia.

EEUU, sumido en una crisis política por el 'impeachment' a Donald Trump, se divide entre quienes apoyan a Ucrania frente a Rusia y quienes, como el propio presidente, difunden teorías de la conspiración contra Ucrania. Mientras EEUU se bate en retirada como policía del mundo, Europa sigue sin ser capaz de alzar una única voz en política exterior. En el otro extremo está China, que ofrece inversiones y dinero fácil a una Ucrania devastada por la guerra. Para los rusos, una Ucrania dependiente de China no es la peor de las opciones, ya que el primer objetivo del Kremlin es separar a Kyiv de la influencia occidental y que nunca se una a la OTAN.

¿El fin del policía del mundo?

Si “hombres verdes” no hubieran invadido Crimea y posteriormente facilitado la proclamación de las autodenominadas repúblicas del este de Ucrania en mayo de 2014, Donald Trump no estaría enfrentándose a un proceso de 'impeachment'. Así de sencillo. Los Demócratas iniciaron este juicio político contra Trump después de que se filtrara la congelación de la ayuda de 400 millones de dólares destinados a Ucrania -un décimo de todo el presupuesto ucraniano en defensa- hasta que Zelenski no ayudara a Trump con favores personales.

El 25 de julio de 2019, Donald Trump habló con el presidente Zelenski para felicitarle por su reciente victoria en las elecciones de Ucrania. Pero al final de la conversación, Trump le pidió a Zelensky “hacernos un favor”: investigar a uno de sus rivales políticos (Joe Biden) e indagar ante la posible interferencia en suelo ucraniano en las elecciones americanas de 2016. Durante los últimos tres meses, diversos expertos estadounidenses han ido testificando y aportando pruebas del 'quid pro quo' que se estableció a través del abogado personal de Trump, Rudolph W. Giuliani. Sin embargo, el 'impeachment' tiene pocas opciones de prosperar por la mayoría republicana en el Senado.

Mientras tanto, en Ucrania muchos se preguntan hasta cuándo durará el apoyo de un aliado fundamental como Estados Unidos. “Ucrania está avergonzada de que EEUU use a este país y a Zelenski como marioneta para sus propios intereses”, explica a este peródico Volodymyr Ariev, un político de la oposición.

La inmensa mayoría de la población ucraniana, sin embargo, apenas sigue el 'impeachment' "porque tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos", según declara una fuente del gobierno a este periódico. Pero los efectos colaterales del juicio político, como las constantes descripciones de Ucrania por parte de Trump como un país “completamente corrupto” lleno de “gente terrible”, pueden perjudicar aún más a la debilitada economía ucraniana.

Algunos analistas apuntan a que Ucrania debería crecer a un ritmo del 8% anual para que los ciudadanos notaran la mejora de la calidad de vida. Sin embargo, el crecimiento apenas ronda el 3% y la inversión internacional no termina de llegar. Palabras como las de Trump según las cuales Ucrania es un paraíso de corruptos no ayudan. Así lo explicaba Zelenski en una reciente entrevista con ‘The Time’:

“Estados Unidos es un indicador para el mundo. Cuando América dice, por ejemplo, que Ucrania es un país corrupto, es la peor de las señales. [...] Todo el mundo lo escucha: inversores, bancos, accionistas, empresas, compañías americanas o europeas que tienen capital internacional en Ucrania. Es una señal para ellos que les dice: “Ten cuidado, no inviertas” o “Sal de aquí”. Es una señal muy dura”.

La política exterior de EEUU con Donald Trump ha sido errática pero, sobre todo, ha sido poco intervencionista respecto a presidentes pasados. Pocos en Ucrania quieren la reelección de Trump en 2020.

La UE, el gas ruso y el porno alemán

En marzo de 2014, Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo por aquel entonces, dijo que la crisis de Ucrania cambiaba el mundo para siempre. Como apunta el académico Andrew Wilson, esta frase fue profundamente irónica, porque la Unión Europea hizo como si nada hubiera ocurrido después de la guerra en el Donbas y la invasión rusa.

Ese mismo año, Estados Unidos y la Unión Europea apostaron por sanciones económicas contra Moscú. Ucrania criticó la tibieza de la respuesta, especialmente la europea. Wilson cuenta que la escritora ucraniana Irena Karpa escribió una broma en Alemania: “Vuestro porno es más duro que vuestras sanciones”. Pero las sanciones no solo han perjudicado a los rusos, también a los propios europeos. En 2015, según diversas estimaciones, ya habían costado más de 100.000 millones de euros para los países de la UE.

En los últimos meses, se ha originado un intenso debate en los círculos académicos de política exterior después de que Macron asegurara en una entrevista con The Economist que la OTAN está en “muerte cerebral” y que Rusia no es el enemigo de Europa, sino un futuro socio para luchar contra el terrorismo islámico, pese a las reticencias de Berlín, Varsovia y otras capitales del este de Europa. En ese sentido, el formato de Normandía para alcanzar la paz en Ucrania, como ha señalado el experto en geopolítica Ulrich Speck, “es el primer paso hacia el reacercamiento”. Es decir, un reset completo de las relaciones. Aunque Macron no es el único que piensa esto.

“Cuando hablamos de Rusia, tenemos que mantener las sanciones hasta que haya progresos. Y hasta el momento, no ha habido progresos. Pero, al mismo tiempo, no podemos ignorar la presencia de un país muy grande que nos provee con energía con el que nos tenemos que comprometer”, decía Josep Borrell hace unos días en su comparecencia como nuevo jefe de la diplomacia europea.

Y tiene razón. Rusia es el principal proveedor de energía de Europa, suministrando la mitad de gas al continente. La mitad atraviesa Ucrania y reporta hasta 3.000 millones de dólares cada año a Ucrania en tasas (2% del PIB). Por eso Rusia quiere bordear el país ucraniano, consiguiendo que Europa ceda en la construcción del Nord Stream 2, un gasoducto que doblará el envío de 55.000 millones de metros cúbicos de gas de Rusia a Alemania.

“[Nord Stream 2] dará a la Federación Rusa un enorme poder sobre Ucrania y un martillo con el que golpearles”, dijo recientemente el subsecretario de Estado John Sullivan. “Si los rusos cortan el envío de gas a través de Ucrania, este país perderá miles de millones en divisa fuerte que necesita desesperadamente”.

Para Kyiv, esto significa que las prioridades de la UE pasan por tener gas más barato y no por contrarrestar la agresión militar rusa. “El Nord Stream 2 fortalece a Rusia y debilita a Europa”, dijo el propio Zelenski. El 87% del gasoducto se ha construido ya, según Gazprom.

En una columna reciente en el Financial Times, Tony Barber recuerda que China es uno de los factores esenciales por los que Europa está reconsiderando un nuevo acercamiento a Rusia. “En la opinión de algunos estrategas en Washington, un acuerdo con Moscú que descartara un alineamiento completo de Ucrania con Occidente podría traer otro premio. Ellos buscan una Rusia menos agresiva, que se distancie de China, el principal rival de Occidente a largo plazo", escribe Barber.

Los intereses económicos y la inexistencia de una respuesta común en política exterior hacen que Francia y Alemania puedan meter otros intereses ajenos a Ucrania en las conversaciones de paz con Rusia. Un mal acuerdo de paz podría incentivar futuras incursiones de "hombres verdes" rusos en países fronterizos. En medio de la tormenta sobre el futuro de la OTAN, ni siquiera los países bálticos están seguros. Como decía un diputado lituano, “Lituania estará a salvo [de Rusia] solo cuando sea transferida a Madagascar”.

El callejón sin salida ruso

La agresión prorrusa en el este de Ucrania se ha comparado con la mordida de un perro muy peligroso que, con el tiempo, ha sido incapaz de soltarse de su presa y ha quedado indefenso. Según explica Wilson en su libro 'Ukraine Crisis: What It Means For The West', el papel de Rusia en la globalización es el de un empresario que compra un pequeño porcentaje de acciones de una compañía pero que, una vez dentro, hace cualquier cosa para torpedear al resto y tomar el control.

“El alargamiento del conflicto ha conllevado una pérdida de control sobre los 'proxies' [rebeldes rusos en el este de Ucrania]. El golpe en Crimea se llevó a cabo en unos días, antes de que se prestara demasiada atención en quiénes eran esos rebeldes. En el Donbás estuvieron ante las cámaras demasiado tiempo. Una negación plausible se volvió cada vez menos plausible”, apunta Wilson.

Oleksii Iliashenko, viceministro de los territorios ocupados y de la integración europea del gobierno de Zelenski, explica a este periódico que Ucrania está preparada para un acuerdo de paz, pero pase lo que pase seguirán sin fiarse de la Rusia de Putin: “Estamos en guerra y la agresión rusa es muy peligrosa. Nosotros somos vecinos de los rusos, pero Putin y su gobierno son nuestros enemigos", añade en una entrevista con un grupo de periodistas europeos en Kyiv.

Sin embargo, como apunta el propio Wilson, después de la anexión de Crimea, muchos empezaron a preguntarse si Rusia tenía los recursos para desestabilizar a todos sus vecinos al mismo tiempo. “Si Ucrania tenía éxito conteniendo el problema separatista en el Donbás, esto reduciría de forma gigantesca el riesgo de contagio en otras áreas. Si no, todos los vecinos de Rusia, amigos y enemigos, tendrían razones para estar preocupados”.

Tanto los proucranianos como los rebeldes imaginaron desde el principio un escenario similar al de Transnistria. Es decir, la formación de un pequeño estado “lo suficientemente fuerte para sobrevivir por sí solo”. Ucrania trata de recuperar en las conversaciones de paz aquello que perdió en el frente. Pero un alto el fuego solo es el principio para recuperar una región muy dividida. Como dijo Semen Semenchenko, el comandante nacionalista del batallón del Donbás, “primero tendremos una sangrienta y larga guerra, seguida de muchos años con un escenario al estilo Ulster".

¿Somalia o Islandia? La respuesta, en chino

El primer ministro ucraniano Volodymyr Groysman anunció hace dos años que 2019 se declararía como el “Año de China” en Ucrania. ¿El motivo? La suculenta inversión asiática que puede sacar al país de los efectos devastadores de la guerra.

Los intereses de Beijing en Ucrania son diversos. Es un sitio de paso muy atractivo para su mastodóntico proyecto Belt and Road (BRI), la iniciativa que pretende unir a China con los mercados europeos. Pero China también ha invertido miles de millones en infraestructura, agricultura y energía ucranianas y ha puesto sus zarpas en la industria militar ucraniana, algo que ha hecho saltar todas las alarmas en Washington.

Xi Jinping se convirtió en presidente de China en marzo de 2013. En septiembre, China anunció la cesión de tres millones de hectáreas de tierra cultivable ucranianas. Con un precio de 2.600 millones de dólares, fue la mayor compra de terreno cultivable en el extranjero jamás realizada por China. Según el Banco Nacional de Ucrania, China ha sobrepasado a Rusia y a Polonia como el mayor socio comercial de Ucrania (sin contar a la Unión Europea como conjunto).

“Las inversiones chinas se han vuelto importantes para Ucrania porque, siendo francos, no hay otra inversión de la que hablar”, dijo Vadim Karasyov, director del Instituto de Estrategias globales en Kyiv, a CSMonitor. “Nadie más está interesado en nuestras industrias. Rusia ha lanzado un programa agresivo para reemplazar los bienes ucranianos. Estados Unidos y otros países occidentales tienen sus propias industrias militares y no están interesadas en ayudarnos para preservar la nuestra. Solo son los chinos los que necesitan nuestro ‘know how’ y otras tecnologías”.

En agosto, el antiguo asesor de seguridad nacional estadounidense John Bolton voló a Kyiv para frenar la venta del 50% del conglomerado militar Motor Sich a China. “Las tecnologías militares no deben llegar a nuestros enemigos”, dijo Bolton en la visita. “Le hemos advertido a nuestros amigos y socios sobre el peligro de la inversión china”.

El interés de los chinos por la industria militar ucraniana es un gran problema para Ucrania si en el futuro quiere unirse a la OTAN. “Nos han dejado claro que no les gusta la idea de vender parte de nuestras industrias a China. Pero si no nos ayudan, a quiénes se las podemos vender?”, apunta Karasyov.

“De una forma u otra, Ucrania tendrá que elegir. No pueden estar eternamente integrados con China mientras miran a Occidente”, dijo recientemente una fuente diplomática occidental al 'Washington Post'.

En general, la mayoría en Kyiv aboga por mantener la senda hacia la UE. Otros, como el economista Alexey Kushch, creen que el elefante en la habitación es más sencillo de resolver. “¿Cómo se desarrollan las economías emergentes? Es sencillo: debemos reemplazar el consenso de Washington por el consenso de Beijing, el cual nos ayudaría a dejar de ser “la Somalia del Este de Europa” y convertirnos en la Islandia del Este de Europa”.

Europa

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