REPASO A LAS FUNCIONES DEL MINISTRO

Los motivos por los que nadie en la Unión Europea quería el nuevo trabajo de Borrell

Josep Borrell será el futuro jefe de la diplomacia europea. Pese al nombre, es un trabajo poco agradecido por los miles de kilómetros que hay que viajar para el poco poder que acumula

Foto: Josep Borrell. (EFE)
Josep Borrell. (EFE)

Una de las pocas ideas claras que tenían los países negociadores de los puestos más importantes de la UE era que casi ninguno quería quedarse con el puesto de jefe de la diplomacia europea. De hecho, quienes más habían promovido la candidatura de Borrell para este cargo fueron los diplomáticos italianos, con el objetivo de que España no aspirara a un cargo económico en la Comisión Europea y así Roma contara con más opciones.

Los italianos tuvieron éxito en el río revuelto en el que se acabó convirtiendo la cumbre europea de principios de esta semana y España se hizo con el cargo de Alto Representante de la UE para Exteriores y Seguridad. Josep Borrell (Puebla del Segur, 1947), actual ministro de Exteriores en funciones, asumirá este cargo siendo un hombre muy importante en Bruselas por su pasado en la capital comunitaria.

Pero ¿en qué consiste este puesto? ¿Cuál es su influencia real? ¿Por qué los países no lucharon por él? La experiencia de la actual jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, explica a la perfección los inconvenientes: consiste en recorrer miles y miles de kilómetros, visitar países que pocos sabrían situar en el mapa y sufrir las limitaciones del cargo.

Pese a reunirse con decenas de líderes de máximo nivel, este trabajo no tiene un poder real. Es decir, cuenta con un corsé estrechísimo que impide que el puesto tenga relevancia a la hora de la verdad. Otra de las desventajas para España es que Borrell tampoco podrá hablar de Cataluña, por mucho que algunos crean que el ministro frenará una futurible internacionalización de la causa independentista tras la sentencia del 'procés'.

La principal ventaja es el 'glamour' del puesto. "Preside el Consejo de Asuntos Exteriores, representa la vicepresidencia de la Comisión Europea y participa en las reuniones del Consejo Europeo", defendió Pedro Sánchez tras la finalización del encuentro de líderes el pasado martes. Es cierto que, además, sumará las competencias de Ayuda Humanitaria y Cooperación al Desarrollo claves en la relación de la UE con África, una de las prioridades de España. Sin embargo, uno no debe dejarse engañar por la gran retahíla de cargos.

La experiencia de Mogherini

Federica Mogherini (Roma, 1973) ha sido la predecesora de Borrell en el cargo, y, como él, era ministra de Exteriores del Gobierno italiano en 2014, cuando Matteo Renzi era el Pedro Sánchez de hace un lustro. El antiguo primer ministro consiguió más del 40% de los votos en las elecciones europeas con toda la socialdemocracia en crisis. Tras cinco años de viajes de Mogherini y pocas reuniones influyentes, los italianos han entendido que no querían repetir en el cargo.

La lección es sencilla: en Bruselas muchas veces manda más quien mueve los hilos por detrás que quien sale en la foto. Para España era más interesante obtener una buena vicepresidencia económica de la Comisión Europea que el cargo que ocupará Borrell. Un ejemplo más de esta tónica europea es que para la gestión de la crisis catalana ha sido más importante tener técnicos y jefes de gabinete que otros puestos políticos. La influencia en la capital comunitaria casi siempre está a la sombra de los focos de televisión.

La crisis en Venezuela ha demostrado hasta qué punto el cargo que ostentará Borrell tiene limitaciones. La UE reaccionó más tarde que nadie a nivel global a la proclamación de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela porque no había forma de ponerse de acuerdo. Cada capital podía expresar su posición, pero la UE, como tal, tiene que coordinar posturas por la regla de la unanimidad (los 28 países miembros tienen que dar su aprobación).

Por qué no tiene poder

Realizar un comunicado conjunto puede ser un auténtico dolor de cabeza. Un Estado miembro no quiere que aparezca esa palabra, otra capital llama para pedir que desaparezca un párrafo. Así, una reacción a un evento que genere cierta divergencia de posiciones entre países puede tardar muchas horas en ver la luz. E implica una paciencia por parte del Alto Representante que debe ir más allá de lo habitual.

El gran éxito de la política exterior europea ha sido, hasta el momento, el acuerdo nuclear con Irán en 2015. Sin embargo, la salida de EEUU del acuerdo en 2018 y el posterior endurecimiento de las sanciones sobre Teherán ha hecho que los persas empiecen a incumplirlo, demostrando hasta qué punto el brazo de la UE en asuntos exteriores tiene poca musculatura. Buena parte del trabajo de Mogherini en los últimos meses y años de mantener vivo este acuerdo ha sido en balde.

Federica Mogherini, Alta Representante de la UE. (Reuters)
Federica Mogherini, Alta Representante de la UE. (Reuters)

Este viernes cinco de julio Mogherini ha estado en Polonia. Este sábado tendrá que volar hasta Turkmenistán y desplazarse el domingo a Kirguistán. Además, el lunes visitará Kiev para desplazarse el martes a un grupo de países del Sahel y pasar allí hasta el próximo viernes. Así será la vida de Borrell durante los próximos cinco años.

Por esa gran cantidad de viajes representando a la UE, aunque sea vicepresidente de la Comisión Europea, Borrell no podrá acudir a muchas reuniones de los comisarios.

Por si fuera poco, Borrell sufrirá de un control férreo. Cualquier palabra será vigilada de cerca. La UE no tiene una política exterior común, y eso convierte a su cargo en una anomalía. Las capitales son muy celosas con sus relaciones exteriores y no quieren que el Alto Representante vaya por libre y quieren tenerlo atado en corto. Mogherini lo sabe, porque ha vivido infinidad de reuniones que han servido para que los ministros del ramo abronquen a la italiana.

Por qué Borrell lo pasará mal

Además de tener 73 años, lo que supondrá un reto a la hora de mantener la actividad exterior que exige el cargo, Borrell tendrá que hacer frente a unas audiencias del Parlamento Europeo que acostumbran a ser unas auténticas carnicerías. Es raro que cada año no caiga al menos un candidato. Además, al ministro le sacarán a relucir sus problemas con la CNMV, con el Instituto Universitario de Florencia y sus desaires en una entrevista con una televisión alemana.

Borrell ha sido muy importante en Bruselas, donde fue presidente del Parlamento Europeo de 2004 a 2007. Nadie duda de su preparación. Pero tiene un carácter difícil y el cargo le exigirá tener una paciencia que pocos piensan que tenga.

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