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Biden, ante el botón SWIFT: ¿está EEUU preparado para contener a Rusia en Ucrania?
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Si se produce la invasión

Biden, ante el botón SWIFT: ¿está EEUU preparado para contener a Rusia en Ucrania?

El presidente de Estados Unidos sopesa desplegar entre 1.000 y 5.000 tropas en los miembros bálticos y de Europa del Este de la OTAN, además de barcos de guerra y aviones

Foto: Tropas rusas, durante un ejercicio militar junto a Bielorrusia en Kaliningrado. (Reuters/Vitaly Nevar)
Tropas rusas, durante un ejercicio militar junto a Bielorrusia en Kaliningrado. (Reuters/Vitaly Nevar)
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A no ser que sea usted muy joven, lo más probable es que, cuando vino al mundo, el centro de gravedad geopolítico estuviese en Europa. Concretamente, en Berlín. Había dos civilizaciones, dos superpotencias, apuntándose a la frente las 24 horas del día. Luego una de esas superpotencias se hundió, y hoy, el centro de gravedad se ha desplazado al Lejano Oriente. Es ahí donde Estados Unidos centra la mayor parte de su atención: en el Mar del Sur de China, en Taiwán, en las Islas Spratly. Hasta que Rusia planta más de 100.000 soldados en la frontera con Ucrania y pugna por reequilibrar la balanza de seguridad europea, que, considera, se ha inclinado demasiado hacia el lado atlántico. Ahora, Washington, que sigue teniendo 70.000 tropas en Europa, se ve obligado a responder: ¿cuáles son sus opciones? ¿Usará la fuerza militar, las sanciones o ambas? Joe Biden ya ha dado algunas pistas.

El presidente de Estados Unidos, según publicó 'The New York Times', sopesa desplegar entre 1.000 y 5.000 tropas adicionales en los miembros bálticos y de Europa del Este de la OTAN, además de barcos de guerra y aviones. Una decisión que concretará esta semana. Además, el Pentágono puso a 8.500 soldados bajo alerta para asistir, en caso de ataque ruso, a los aliados de la OTAN.

Foto: Vladímir Putin, a lomos de un caballo en una imagen de archivo. (Reuters/Ria Novosti)

“Hemos estado consultando con nuestros aliados y despliegues y refinando los planes para cualquier escenario”, declaró Jen Psaki, portavoz de la Casa Blanca, antes de la conferencia de Biden con sus socios europeos este lunes. “Siempre hemos dicho que reforzaremos a nuestros aliados en el flanco este y esas conversaciones y debates han sido, ciertamente, parte de lo que nuestros cargos de seguridad nacional han estado hablando con sus contrapartes durante semanas”.

¿En qué piensa Biden?

Los movimientos que baraja la Administración Biden, al menos de momento, resultan paradójicos a la vista de las intenciones de Rusia. El objetivo del presidente Putin es detener el acercamiento de Ucrania a la órbita de la OTAN. Pero su abundante despliegue de tropas en la frontera, que comenzó la pasada primavera y que se sigue ampliando en estos momentos, está logrando la reacción contraria: EEUU ha enviado más armamento a Kiev y quiere mandar más tropas a los vecinos de Rusia, la OTAN ya ha anunciado que desplazará efectivos a Europa del este y la Unión Europea ha ofrecido “un paquete urgente de asistencia macro-financiera” a Ucrania, compuesto de 1.200 millones de euros en préstamos y subsidios.

La escalada atlántica también es paradójica, además, porque va a contracorriente de la tendencia general de los últimos 30 años. La mayor presencia militar de EEUU en el continente europeo se concentra en Alemania, donde tiene más de 33.000 soldados repartidos por 119 bases militares. Es un número formidable. Pero nada que ver con los 72.400 efectivos, más del doble, que tenía en 2006.

Foto: Banderas de Ucrania y Rusia. (EFE/Julian Stratenschulte)

A finales de su mandato, el presidente Donald Trump tenía previsto reducir aún más la presencia estadounidense en Europa. En julio de 2020, el entonces secretario de Defensa, Mark Esper, declaró que se recortarían en un tercio las fuerzas estacionadas en Alemania. Su anuncio reflejaba el pulso general del pensamiento estratégico estadounidense: una transición de prioridades militares hacia el Lejano Oriente, donde el ascenso de China demandaba más análisis y más recursos.

Así que el aparente cambio de tendencia de estos días, siempre y cuando EEUU y Rusia no lleguen a un acuerdo que incluya desescalar la presencia militar atlántica en Europa del este, refleja muy bien lo que sucedió en 2014. Poco después de que Rusia ocupase Crimea, EEUU inició la llamada Operación Resolución Atlántica: mandó soldados y recursos militares a Polonia y a las tres repúblicas bálticas, e inició maniobras en la región como respuesta expresa a la agresión rusa en Ucrania. Hoy, EEUU tiene en Polonia 4.500 soldados que rotan cada nueve meses. En torno a 4.000 uniformados están en Estonia, Letonia y Lituania. Los acontecimientos de 2014 también animaron a los vecinos de Rusia, otra paradoja, a multiplicar su gasto militar.

Pero este posible despliegue adicional no significa que los soldados estadounidenses vayan a enzarzarse a tiros con el Ejército ruso, sino que entra dentro de las señales que se están enviando los adversarios. Mientras negocian, como acordaron sus ministros de Exteriores el viernes en Ginebra, Moscú sigue reforzando su presencia militar junto a Ucrania, con el envío de misiles Iskander y fuerzas especiales a Bielorrusia, y de combustible y artillería, según Ucrania, a los rebeldes del Donbás. Estados Unidos estaría respondiendo con medidas parecidas. Otras señales sería la evacuación parcial del personal diplomático ruso, y después estadounidense, en Ucrania.

Foto: El mortífero misil ruso TOS-1 en acción. (Vitaly V. Kuzmin)

La Casa Blanca también ha apostado por acelerar el envío de armas a Ucrania. La Administración mandó el año pasado 650 millones de dólares en asistencia militar a Kyiv, y ya están en camino otros 200 millones, además de instructores militares de élite. Otros miembros de la OTAN, Reino Unido y Turquía, hicieron lo propio. De hecho, es posible que el uso de un dron turco por parte de las fuerzas ucranianas en el Donbás, el pasado otoño, fuese la gota que colmase el vaso de Rusia. No hay visos de que Ucrania sea parte de la OTAN en el corto plazo, pero la asistencia militar de sus miembros ha ido creciendo en los últimos dos años.

Una medida muy probable, si la situación no se desescala y Rusia vuelve a atacar a Ucrania, la Casa Blanca añada sanciones más severas a los castigos que ya impone a Rusia como consecuencia de Crimea y el Donbás. Washington aplicaría más sanciones bancarias, congelaría los activos financieros de altos cargos rusos, trataría de bloquear el acceso ruso al clave mercado de los semiconductores y limitaría el cambio de rublos a dólares.

El botón SWIFT

La medida más enérgica, pero también más difícil de implementar, porque requeriría la colaboración de otros países, sería bloquear la participación de Rusia en el sistema de mensajería bancaria SWIFT: la manera más popular para hacer transferencias internacionales. Esta sería la 'opción nuclear financiera'. Un país apartado del SWIFT, Irán, vio cómo sus relaciones comerciales descendieron un 30% y, sus ingresos por la venta de crudo, a la mitad. Alemania, sin embargo, se ha mostrado escéptica al respecto por los posibles efectos colaterales de la medida.

La ventaja de las sanciones es que a Washington le resultan relativamente cómodas y baratas. El inconveniente es que las sanciones impuestas a Rusia no parecen haber tenido el efecto buscado: los mandamases rusos, pese a que tienen más problemas a la hora de blanquear sus fortunas en lugares como Florida, siguen siendo aparentemente leales a Putin. Y Rusia ha seguido funcionando, adaptándose a los castigos. Hoy tiene una clientela gasista consolidada, empezando por Alemania, Austria e Italia, y sus reservas de divisas superan los 600.000 millones de dólares: un récord, y un colchón financiero que le permitiría margen de maniobra. Pese a las debilidades a largo plazo de Rusia, el precio del gas europeo tocó máximos el año pasado y puede ser una de las múltiples razones que refuerza la mano de Putin.

Otro de los elementos que tiene en cuenta Joe Biden, que en este punto de su mandato es el presidente más impopular desde que hay registros, con la única excepción de Donald Trump, es la opinión pública estadounidense. Una reciente encuesta de Convention of States Action y de Trafalgar Group refleja que solo 15% de los estadounidenses, menos de uno de cada seis, apoyaría la idea de mandar tropas estadounidenses a combatir a Ucrania en caso de una nueva invasión de Rusia. Un elemento que seguro que también tiene en cuenta Putin.

El escaso apetito militar estadounidense concuerda con la postura de un candidato que ganó la presidencia prometiendo, entre otras cosas, “llevarse bien” con Rusia: Donald Trump. Pese a que no lo consiguió, ya que sus intereses fundamentales, como le recordaban su equipo y su partido, colocan a EEUU y Rusia frente a frente, la sintonía política con Putin existía y se manifestó, al menos, verbalmente.

El hartazgo de dos largas guerras en Oriente Medio, el ascenso al poder de un candidato populista y el creciente desapego de las instituciones han ido acompañados de mayores actitudes aislacionistas. Sin embargo, la opinión pública de EEUU sí que ha ido viendo a China, cada vez más, como una potencia enemiga. En línea con la maquinaria de defensa y de política exterior de Washington. Siempre que Vladimir Putin no los distraiga con otro órdago militar en el corazón de Europa.

A no ser que sea usted muy joven, lo más probable es que, cuando vino al mundo, el centro de gravedad geopolítico estuviese en Europa. Concretamente, en Berlín. Había dos civilizaciones, dos superpotencias, apuntándose a la frente las 24 horas del día. Luego una de esas superpotencias se hundió, y hoy, el centro de gravedad se ha desplazado al Lejano Oriente. Es ahí donde Estados Unidos centra la mayor parte de su atención: en el Mar del Sur de China, en Taiwán, en las Islas Spratly. Hasta que Rusia planta más de 100.000 soldados en la frontera con Ucrania y pugna por reequilibrar la balanza de seguridad europea, que, considera, se ha inclinado demasiado hacia el lado atlántico. Ahora, Washington, que sigue teniendo 70.000 tropas en Europa, se ve obligado a responder: ¿cuáles son sus opciones? ¿Usará la fuerza militar, las sanciones o ambas? Joe Biden ya ha dado algunas pistas.

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