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¿Quién teme a Vladimir Putin? "Si trata de asustarnos haciendo el loco, lo ha conseguido"
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¿Quién teme a Vladimir Putin? "Si trata de asustarnos haciendo el loco, lo ha conseguido"

¿Está poniendo excusas para justificar un ataque? ¿O está estirando el chicle diplomático hasta nuevos límites para lograr nuevas concesiones?

Foto: Putin en una reciente reunión del Ministerio de Defensa. (Reuters/Pool/Sputnik)
Putin en una reciente reunión del Ministerio de Defensa. (Reuters/Pool/Sputnik)

“He escuchado más discursos de Vladimir Putin que la mayoría. He estado en encuentros con él durante cinco años. Y este discurso es distinto. La lista de amenazas completamente inventadas de Putin es verdaderamente impactante… y da miedo. Si está tratando de asustarnos haciendo el loco, conmigo lo ha conseguido”. Este es el nítido retrato del pánico que cunde en Occidente ante un Putin que luce más imprevisible que nunca. Si Rusia invadirá Ucrania, solo él lo sabe; que puede hacerlo en cualquier momento, eso lo sabemos todos.

El análisis es de Michael McFaul, profesor y reputado kremlinólogo de la Universidad de Stanford, quien lleva días ventilando su incredulidad en Twitter ante la beligerante narrativa que llega desde Moscú. En la intervención del martes que tanto inquietó a McFaul —y a muchos de sus colegas expertos en la materia—, Putin hizo inventario de los supuestos desagravios occidentales durante una reunión con el Ministerio de Defensa.

“Lo que Estados Unidos está haciendo en Ucrania está en nuestra puerta [...]. Y deberían entender que no tenemos donde retirarnos. ¿Creen que nos quedaremos mirando sin hacer nada?”, dijo el mandatario ruso, flanqueado por el alto mando militar. "Si la actitud agresiva de nuestros colegas occidentales continúa, tendremos que tomar medidas para dar una respuesta técnica y militar adecuada y reaccionar rápidamente a movimientos no amistosos", agregó sin llegar a especificar la naturaleza de estas medidas o detalles de estas amenazas.

La vida en la frontera de Ucrania y Rusia.

Hay consenso entre los analistas de que una ofensiva militar a gran escala tiene poco sentido para Rusia hoy día. La derrengada economía del país sufriría para sostener los costes de una guerra, agravados por las duras sanciones internacionales que vendrían aparejadas; un conflicto impopular para ocupar un territorio hostil probablemente acabaría enquistándose y generando mayor inestabilidad interna; los beneficios son escasos e inmateriales. A pesar de esto, el líder ruso plantea exigencias públicas —incluyendo el compromiso explícito de la OTAN de no expandirse en Ucrania y otros países del este de Europa, así como la retirada del Mar Negro— inaceptables para la comunidad internacional. Putin lo sabe y eso tiene a los analistas descolocados.

¿Está poniendo excusas para justificar un ataque? ¿O está estirando el chicle diplomático hasta nuevos límites para lograr nuevas concesiones? ¿Será la enésima cortina de humo para desviar la atención ante su creciente desgaste político? ¿Ha olfateado la debilidad de Occidente?

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En los kioscos de prensa de Kiev, los avatares de la pandemia se resignan a compartir portadas con otra gran amenaza omnipresente estos días. “[El presidente ucraniano, Volodimir] Zelenski pide a EEUU que aclare su posición con la OTAN”. “Guerra en la cabeza [de los rusos]”... Han sido semanas de titulares vertiginosos. “Ya ni siquiera miro ya las noticias”, asegura Yelina, una mujer de mediana edad que pasea por una calle comercial de Kiev. “Da miedo”.

Las informaciones apuntan a que algo más de 70.000 efectivos rusos se han movilizado junto a la frontera nororiental de Ucrania. Un informe clasificado de la inteligencia estadounidense —obtenido por el 'Washington Post'— asegura que estos movimientos son consistentes con un potencial plan de invasión con 175.000 soldados rusos tan pronto como este enero. El director de la agencia ucraniana de inteligencia militar, el general Kyrylo Budanov, cifra en más de 92.000 las tropas acumuladas en la frontera y apunta a un posible ataque para finales de enero o principios de febrero.

Moscú insiste en negar la mayor y se limita a asegurar que responderá “a las provocaciones” de la OTAN o de Ucrania en el este del país. “No vemos señales de que esta acumulación (de fuerzas militares) se esté deteniendo o desacelerando. Al contrario, continúa. Esta acumulación no tiene justificación. Es provocadora, es desestabilizadora y socava la seguridad en Europa”, afirmó al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en una reciente rueda de prensa junto al presidente ucraniano.

Foto: El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, visita el frente con fuerzas prorusas en la región de Donetsk. (EFE/Servicio de prensa de la presidencia ucraniana)

El Gobierno ucraniano se teme lo peor. Estos días, Kiev está flexionando todo su músculo diplomático, con encuentros, llamadas y cumbres con sus aliados. El miércoles de la semana pasada, se reunió con los líderes de la UE y el vecindario oriental; el jueves conversó por teléfono con Joe Biden y el viernes se entrevistó con Stoltenberg. Este lunes, Zelenski recibía a los mandatarios de Polonia y Lituania, otros países que sienten la amenaza rusa a sus puertas.

Europa no se siente a salvo con un loco en Moscú, pero nosotros somos los más cercanos a la frontera [con Rusia]”, asegura Yevheniia Kravchuk, parlamentaria del partido de Zelenski, en un encuentro con El Confidencial en Kiev. "Si no hay una reacción fuerte hoy, nadie puede estar seguro de que Putin no vaya a ir hasta Vilna [capital de Lituania]", advierte.

Pero, por el momento, lo único que ha obtenido de sus aliados es mucho respaldo político y poco compromiso militar. Ante esta situación, el Gobierno ucraniano también está moviendo sus tropas hacia el este del país, junto a las zonas controladas por los rebeldes prorrusos, y acelerando la compra de material de defensa. Kiev busca sistemas antimisiles y antiaéreos, pero los aliados occidentales no quieren que el suministro de armas pueda ser considerado una provocación por parte del Kremlin y un pretexto para la escalada. Una situación de la que se lamentó amargamente el nuevo ministro de Defensa ucraniano, Oleksiy Reznikov, en una entrevista con el 'Financial Times'.

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“El asunto no es el miedo. El asunto es que nuestros vecinos, no solo Ucrania, han alcanzado un cierto punto de ebullición que realmente nos obliga a tomar ciertos pasos radicales. Al menos, a pensar de forma diferente”. El viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Abndrei Rudenko, justificaba así esta semana las masivas maniobras militares a medios locales.

Sobre el papel no hay mucho debate. Incluso con más equipamiento, el Ejército ucraniano difícilmente podría contener una invasión rusa sin ayuda externa. Las imágenes de satélite -limitadas- de los movimientos de tropas rusas muestran sus amplias posibilidades para abrir frentes imposibles de defender para el país vecino. El más probable, según el propio ministro de Defensa ucraniano, sería desde el este, con el avance de cerca de 40 batallones rusos desde el Donbáss. También podrían enfrentar potenciales asaltos anfibios contra Odesa y Mariupol desde Crimea e incluso una incursión terrestre a menor escala a través de Bielorrusia, cuyo líder, Alexandr Lukashenko, muy necesitado del apoyo de Putin, ya ha asegurado que en caso de conflicto tomarían partido por Rusia.

Foto: Encuentro entre Zelensky, Duda y Nauseda. (EFE)

Un 75% de los batallones tácticos rusos han sido movilizados, con respaldo de artillería, blindados y defensas antiaéreas. También unidades de ingenieros para levantar puentes, artificieros, retroexcavadoras e ingentes cantidades de equipo. Según fuentes del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), el Ejército ruso ya tenía material militar en la zona que dejó de su anterior movilización en abril, lo que indica que Moscú tenía intención de repetir la maniobra. Todo pensado para una efectuar campaña de fuego pesado que tome con rapidez -la velocidad resultaría clave- el territorio al este del río Dniéper.

“Si Rusia invadiera Ucrania, también emplearía herramientas masivas de guerra cibernética y electrónica, así como munición de precisión guiada de largo alcance, con el objetivo de crear ‘conmoción y pavor’ entre el Ejército ucraniano, haciendo que las defensas o la voluntad de lucha de Ucrania colapsen”, detalla William Courtney, exembajador estadounidense en varios países de Europa oriental y director general para Rusia, Ucrania y asuntos Euroasiáticos del Gobierno de Bill Clinton, en conversación con El Confidencial.

Sin embargo, una ofensiva en territorio ucraniano tampoco sería un paseíllo para los rusos. El país no es el mismo que en 2014 no pudo impedir la revuelta de milicianos prorrusos en el este -con apoyo de Moscú- tras la anexión rusa de Crimea. Y aunque su capacidad de defensa aérea y electrónica es limitada, están en mejores condiciones de ofrecer resistencia. En estos años se han provisto de contra-artillería y radares, con tropas mucho más profesionales y endurecidas con experiencia en combate.

“Los ucranianos son ahora una fuerza bastante capaz. El Ejército ucraniano es uno de los mayores de Europa. Rusia no lo tendrá tan fácil; no se enfrenta ahora a la improvisación [ucraniana] de 2014, se enfrentarán a un Ejército que ha sido entrenado por Occidente”, apunta Courtney, quien actualmente ejerce como investigador del grupo de análisis ‘Rand Corporation’.

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La semana pasada, la subsecretaria del Departamento Estado estadounidense, Victoria Nuland, se conectaba a una mesa redonda organizada por la embajada norteamericana en París con una veintena de periodistas de Francia, Italia, Alemania, Reino Unido y España para tratar las tensiones con Rusia. La alta funcionaria quiso reiterar los mensaje clave para la crisis, pero aportó pocos nuevos detalles: están abiertos a sentarse a negociar con Moscú en ciertos formatos, su respaldo a Ucrania se limitará a ser “defensivo” y que si Rusia ataca será "sancionada rápida y profundamente".

Creo que Putin no ha tomado la decisión final. Pero nuestra preocupación es que está situando todas las herramientas que necesitaría para moverse agresivamente contra Ucrania”, aseguró Nuland en la conferencia con varios medios. “Las encuestas muestran que los rusos mayoritariamente no quieren ir a la guerra con Ucrania, no es su prioridad. Entonces, ¿por qué querría el presidente Putin enfocar toda su atención en otra aventura militar en Ucrania, con riesgo extremo para sus militares y jóvenes soldados? Porque los ucranianos no van simplemente a entregar las llaves. Esto podría ser un baño de sangre”, avisó.

Foto: rusia-invasion-ucrania-otan

Como ya hemos dicho, no hay respuesta clara. En casa, Putin está alimentando la narrativa de que una Ucrania independiente en la órbita occidental es inaceptable. El verano pasado, el mandatario publicó un artículo en el que abundaba en la idea de que ucranianos y rusos “eran un solo pueblo, un solo todo” (según la traducción al inglés publicada en la web del Kremlin). "Paso a paso, Ucrania fue arrastrada a un peligroso juego geopolítico destinado a convertirla en una barrera entre Europa y Rusia, y en un trampolín contra Rusia", escribió el mandatario.

El relato, al menos en parte, ha calado internamente. En una encuesta reciente realizada por el instituto de investigación sociológico ruso Levada, el 75% de los rusos entrevistados creen que podría haber una guerra entre Rusia y Ucrania (el 3% creen que es inevitable, el 36% que es muy probable y el 38% que es posible; solo el 15% creen que es imposible). ¿Quién es el culpable? Para un 50%, la OTAN, y para el 16%, Ucrania. Apenas el 4% cree que Moscú sea responsable de la escalada. Sin embargo, solo un 17% apoya la unificación de los dos estados.

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En los pasillos de Bruselas, nadie quiere especificar qué tipo de medidas se tomarían contra Rusia en caso de guerra. Preservar el secreto -insisten- es fundamental para que las sanciones mantengan su capacidad disuasoria. Se dice que será un castigo sin precedentes, pero no hay más detalles. “Un arsenal de sanciones económicas que estarían encaminadas a cortocircuitar la economía rusa de la del resto del mundo”, se limitó a decir el Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, Josep Borrell, recientemente.

Ucrania quiere que la Unión Europea asuma ya la línea dura, y se ha quejado en las últimas semanas de que Alemania haya estado vetando la llegada de material por parte de la OTAN, como un sistema antifrancotiradores. Los Estados miembros del este, más expuestos a una hipotética agresión de Moscú, también abogan por tomar medidas más ambiciosas. Pero la mayoría, y la Comisión, apuestan por la desescalada. “Hoy por hoy hay que evitar una escalada y no hacer nada que pueda inducir o justificar acciones por la otra parte”, explicó el jefe de la diplomacia europea

Foto: Ejercicios militares de Rusia y Uzbekistán. (EFE)

La semana pasada, el debate de líderes europeos se realizó sin dispositivos electrónicos para evitar cualquier tipo de filtración, lo que se ha convertido en una tradición cuando se discute de las tensas relaciones con Moscú. Pero el resultado fue otro comunicado proforma: “El Consejo Europeo subraya la urgente necesidad de que Rusia reduzca las tensiones provocadas por la concentración militar en su frontera con Ucrania y por su retórica agresiva”. En Washington y Bruselas, todavía algunos confían en que todo esto sea un farol geopolítico de Putin y que Moscú acabe retirando las tropas, como hizo en primavera. Pero este es un lujo que en Kiev no pueden permitirse.

No queremos que Occidente luche nuestras batallas, pero queremos que nos permitan comprar armas [para defendernos de Rusia]”, insistía la parlamentaria ucraniana Kravchuk. "Porque la idea clave es que lo que pase en Ucrania es una amenaza para el resto de los países europeos", avisó.

“He escuchado más discursos de Vladimir Putin que la mayoría. He estado en encuentros con él durante cinco años. Y este discurso es distinto. La lista de amenazas completamente inventadas de Putin es verdaderamente impactante… y da miedo. Si está tratando de asustarnos haciendo el loco, conmigo lo ha conseguido”. Este es el nítido retrato del pánico que cunde en Occidente ante un Putin que luce más imprevisible que nunca. Si Rusia invadirá Ucrania, solo él lo sabe; que puede hacerlo en cualquier momento, eso lo sabemos todos.

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