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La guerra de Putin revienta la campaña francesa: donde dije digo, digo Diego
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el frente pro putin se diluye en francia

La guerra de Putin revienta la campaña francesa: donde dije digo, digo Diego

La campaña para las elecciones francesas ha quedado eclipsada por la guerra en Ucrania. Los candidatos Zemmour, Le Pen y Mélenchon se enfrentan ahora a su controvertida relación con Putin

Foto: Los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y Francia, Emmanuel Macron, durante su última reunión en Moscú. (Reuters)
Los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y Francia, Emmanuel Macron, durante su última reunión en Moscú. (Reuters)

A falta de menos de 50 días para la primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia (10 de abril, segunda vuelta con dos candidatos el 24), a la campaña electoral le ha costado mucho arrancar. Los bloques de la izquierda y la derecha están superpoblados de candidatos, Emmanuel Macron encabeza con holgura las encuestas y ningún tema conseguía imponerse en los debates. Hasta el jueves, cuando todo saltó por los aires tras la ofensiva rusa contra Ucrania.

Esa noche, la televisión pública francesa France 2 cancelaba su emisión dedicada a la campaña presidencial 'Elysée 2022' para difundir un programa especial sobre la invasión rusa. Los principales candidatos a las elecciones presidenciales fueron entrevistados, uno por uno, para explicar su postura en el conflicto y su visión de Vladímir Putin. Unas relaciones con el presidente ruso que, en el caso de los candidatos de la derecha identitaria, Marine le Pen y Eric Zemmour —y en menor medida, el líder de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon—, son vistas, cuanto menos, como “complacientes” con el hombre fuerte de Rusia.

La relación de Francia con Rusia es una de las más estrechas de Occidente desde los tiempos de la III República (1870 a 1940) y el zar Alejandro III. Entonces se buscaba hacer contrapeso al poder alemán en Europa y se produjeron los acuerdos de colaboración que darían lugar más tarde a la Triple Entente. Hoy, 160.000 personas trabajan para 500 empresas francesas instaladas en Rusia, lo que la convierte en el mayor empleador extranjero en el país, según la Dirección General del Tesoro, el órgano de análisis de política económica del Ministerio de Finanzas francés. En 2020, Francia era el segundo máximo inversor extranjero en Rusia, detrás de Reino Unido. El Grupo Renault, del que el Estado francés controla el 15% de las acciones, fabrica desde 2017 los míticos coches rusos Lada.

Con Macron —un presidente en el poder que aspira a la reelección aunque no haya oficializado su candidatura— en el centro de las fallidas negociaciones entre Rusia y Occidente, el conflicto en Ucrania se ha impuesto como el principal tema en el arranque de campaña electoral. El resto de candidatos ha aprovechado para mostrar sus diferencias en materia geopolítica, aún al precio de reformular su postura respecto a Putin.

La conexión Le Pen-Moscú

Jean-Marie Le Pen, presidente del Frente Nacional (FN por sus siglas, aunque rebautizado en 2018 como Agrupación Nacional) durante casi 40 años, veía en Rusia un aliado estratégico con el que desarrollar un eje París-Berlín-Moscú basado en valores “paneuropeos, cristianos y humanistas”. Este ideal lo recogió su hija y actual candidata presidencial, Marine Le Pen, en su programa electoral de 2012. Desde entonces, la heredera de la saga familiar Le Pen ha viajado en cuatro ocasiones a Moscú, tanto para reforzar sus lazos ideológicos como para buscar fondos para financiar sus campañas.

Recibida con la pompa de los mandatarios internacionales por el presidente de la Duma y el de la Comisión de Asuntos Exteriores en 2013, 2014 y 2015, Marine Le Pen consiguió que se le abrieran las puertas del Kremlin el 24 de marzo de 2017, un mes antes de la primera vuelta de las presidenciales. "Rusia no quiere inflluenciar las elecciones francesas, pero se reserva el derecho a reunirse con cualquier político francés", dijo entonces Putin.

Antes de reunirse con el mandatario ruso, Le Pen había buscado reforzar su relación preferencial con Rusia en la prensa y ante los representantes de la Duma, afirmando que su punto de vista sobre Ucrania “coincide con el de Rusia” y que “Crimea nunca había sido ucraniana”. El presidente ruso, por su parte, aprovechó la reunión de hora y media con la líder del Frente Nacional (FN) para alabar su espectro ideológico, “que crece rápidamente en Europa”.

Como reveló el diario digital francés 'Mediapart', en una investigación conjunta con el medio letón 'Re:Baltica', la relación del FN con Rusia ha influido en su posición sobre Ucrania. En septiembre de 2014, ante el bloqueo económico de los bancos franceses y con la crisis de Ucrania aún reciente, dos consejeros próximos del Ejército ruso (Mijáil Plisiuk y Alexander Vorobiev) intermediaron para conseguir un préstamo de nueve millones de euros del First Cezch Russian Bank (FCRB) a cambio de que el FN defendiera la postura rusa tras el conflicto de 2014.

Después de que el lunes Putin reconociera la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, Marine Le Pen lamentó el movimiento ruso pero defendió la idea de la autonomía de estos territorios del este de Ucrania frente a Kiev y Moscú, en el marco del acuerdo de Minsk.

Foto: Refugiados ucranianos en el paso fronterizo con Rumanía (EFE/Robert Ghement)

En los micrófonos de la radio RTL, Le Pen aprovechó también para cargar contra los esfuerzos diplomáticos del presidente Macron, quien ejerce desde enero la presidencia rotatoria de la Unión Europea. “Se aprovecha de un posible éxito diplomático para entrar en campaña”, dijo la política de extrema derecha, llegando incluso a ironizar con que el presidente galo estaría “buscando conseguir el Premio Nobel de la Paz”.

El jueves, después de que Putin lanzara su ofensiva, Le Pen se sumó al resto de candidatos a las presidenciales “condenando sin ambigüedad” la operación militar en Ucrania. Por la noche, en la emisión especial de la televisión pública France 2, pasó a la clave interna y electoral, pidiendo a Macron que las sanciones “no agravaran la situación económica de los franceses”, sobre todo en el precio de la energía, cuyo aumento sería “un drama”.

Los pro-Putin

De la extrema izquierda a la extrema derecha, la única medida que une los puntos divergentes de Marine Le Pen, Eric Zemmour y Jean-Luc Mélenchon, los tres candidatos más radicales a las presidenciales, es la salida de Francia de la OTAN. Los tres caminan sobre los surcos trazados por el padre de la política exterior del país, el general Charles De Gaulle (presidente de la República de 1959 a 1969), un ferviente anticomunista que mantuvo la independencia de Francia entre el bloque soviético y el bloque atlantista.

Zemmour, fascinado —como toda la derecha identitaria francesa— por la figura de Putin, alabó al líder ruso en 2018 por haber “cogido un país que era un imperio, que podría haber sido una gran potencia, e intentar levantarlo". Soñaba con un “Putin francés”. En 2016, en su libro 'Un quinquennat pour rien', Zemmour iba más allá al considerar que Putin era “el último resistente al huracán de lo políticamente correcto, que, partiendo de América, destruía todas las estructuras tradicionales: la familia, la religión y la patria”.

Foto: Una manifestación anti Putin

Desde que se inició la crisis, Zemmour argumentaba que el mayor problema era el avance de la OTAN hacia el este y, hasta hace unos días, apostaba por que no habría una operación militar rusa. En los dos comunicados publicados esta semana para condenar la acción rusa, Zemmour aprovechaba para recordar algunos de los temas clave de su campaña: que Francia no debía someterse “ni a Rusia, ni a Estados Unidos ni a nadie” y que la situación es resultado de la política de los occidentales y la OTAN, “que han ignorado las legítimas reclamaciones en materia de seguridad de Rusia”, por lo que (si es elegido presidente) firmará un nuevo tratado entre Europa y Rusia para “acabar con la expansión de la OTAN”.

Mélenchon, menos influido por el imaginario gaullista que Le Pen y Zemmour, defiende desde sus primeras elecciones presidenciales (en 2012) una posición “no alineada” y “altermundialista” para su país, en línea con sus posturas antiimperialistas. En 2014, tras la anexión de Crimea, se desmarcaba de las posiciones de la OTAN y de la Unión Europea afirmando que “los franceses no tenemos que animar las provocaciones contra los rusos” y que los puertos de la península era “vitales” para la seguridad rusa.

Foto: Ciudadanos ucranianos se refugian en el sótano de un colegio en Kiev. (EFE/ EPA/ Sergey Dolzhenko)

En el contexto actual, Mélenchon ha seguido afirmando su posición en contra de la Alianza Atlántica, explicando que el “verdadero agresor era la OTAN”: “Hemos metido a 10 países del este en la OTAN (...) debemos hacer lo posible para que Ucrania no entre en la OTAN. Es normal que los rusos digan que se sienten amenazados”. Al tiempo que buscaba alejarse de las acusaciones que le sitúan como próximo a Putin, afirmando que su “modelo” en Rusia es Serguéi Udaltsov, presidente del Frente de Izquierda, que pasó cuatro años en prisión por “preparación de disturbios masivos”.

Unidos en la condena de la acción militar rusa y la inutilidad de las sanciones contra Moscú, Le Pen y Zemmour se habían metido solos en la esfera pro-Putin. Sin embargo, a Mélenchon lo metieron sus declaraciones anti-OTAN y sus contrincantes de la izquierda: Anne Hidalgo, alcaldesa de París y candidata del Partido Socialista, y el ecologista Yannick Jadot (que representan, respectivamente, el 2% y el 3-5% de estimación de voto en las encuestas).

En un discurso grabado el jueves, Hidalgo lo incluía, junto a Zemmour y Le Pen, entre los “cómplices de los nacionalistas agresivos y de los imperialistas” que “encuentran excusas y olvidan condenar la agresión de Vladímir Putin (...) convirtiendo a los agresores en agredidos”.

Foto: La torreta de un tanque ruso abandonada (EFE/Sergey Kozlov)

El candidato ecologista, Jadot (que ha sido el primer líder político en organizar manifestaciones de apoyo a Ucrania frente a la embajada rusa en París), acusó el viernes a Mélenchon de ser “complaciente con las dictaduras”, en un comunicado enviado a las redacciones y revelado por el periodista Nils Wilcke, después de que el líder de izquierda afirmara que era una “estupidez” mandar armas a Ucrania (como había pedido Jadot), ya que “la guerra está perdida”.

Con las presidenciales a la vuelta de la esquina, en un país en el que la política internacional apenas tiene peso en los debates electorales, Zemmour, Le Pen y Mélenchon mantienen sus agendas. En el campo socialista, el senador Patrick Kanner afirmó que “Hidalgo no le hará el regalo [a Putin]” de alterar la suya, aunque el viernes se reunió con miembros de la diáspora ucraniana. Macron, que como presidente de la República es el jefe de los ejércitos, ha reducido su presencia el sábado en el tradicional Salón de la Agricultura de París (un ritual casi obligado para todos los políticos franceses) para centrarse en la crisis. Con el presidente enfundado en su traje de cabeza de la nación, la campaña electoral ha virado hacia el este.

A falta de menos de 50 días para la primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia (10 de abril, segunda vuelta con dos candidatos el 24), a la campaña electoral le ha costado mucho arrancar. Los bloques de la izquierda y la derecha están superpoblados de candidatos, Emmanuel Macron encabeza con holgura las encuestas y ningún tema conseguía imponerse en los debates. Hasta el jueves, cuando todo saltó por los aires tras la ofensiva rusa contra Ucrania.

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