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Lavrov humilla a la ministra de Exteriores de UK: así 'trolea' Rusia a la diplomacia occidental
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Lavrov humilla a la ministra de Exteriores de UK: así 'trolea' Rusia a la diplomacia occidental

El viaje a la capital rusa de la responsable de la diplomacia británica -una de las favorita para suceder a Boris Johnson- acaba finalmente en estrepitoso fracaso

Foto: La ministra de Exteriores británica, Liz Truss, junto a su homólogo ruso, Sergei Lavrov (Ministerio de Exteriores ruso)
La ministra de Exteriores británica, Liz Truss, junto a su homólogo ruso, Sergei Lavrov (Ministerio de Exteriores ruso)

En plena tensión militar en la frontera con Ucrania; los líderes de Europa, Estados Unidos y la OTAN llevan semana intercambiando llamadas, reuniones y mensajes públicos con Rusia. Todos coinciden en mantener abiertas las vías de la diplomacia hacia la desescalada, pero a veces pareciera que Moscú está 'troleando' a la diplomacia occidental. El Kremlin tiene muchas tablas negociadoras, como demuestra la memorable encerrona al jefe de la diplomacia europea Josep Borrell con los políticos del 'procés', y mucha imaginación, como se vio con la ridícula mesa en la que Vladímir Putin recibió al presidente francés Emmanuel Macron. Ahora le ha tocado el turno a Liz Truss, ministra de Exteriores británica, quien visitó Moscú esta semana buscando emular a Margaret Thatcher y acabó convertida en un meme.

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En 1983, en Paisley, cerca de Glasgow, Liz Truss tuvo que interpretar el papel de Margaret Thatcher en un simulacro de elecciones realizado en su escuela. Tenía solo ocho años, pero recuerda que ya estaba “fascinada” con la Dama de Hierro. Convertida ahora en ministra de Exteriores, cuando el rotativo The Telegraph le pide que nombre a su 'tory' favorito de todos los tiempos, solo hay una breve pausa antes de que responda: “Siempre Thatcher, por supuesto. No por algo en concreto, sino más bien por su gran confianza en lo que el Reino Unido podría ser”.

La responsable de la diplomacia británica (46 años) sabe labrarse una buena imagen, no hay más que ver su exitosa cuenta de Instagram. Así que, antes de iniciar su visita a Moscú, concedió una entrevista al periódico considerado 'la biblia' para los conservadores. Se trataba de la primera visita de un ministro de Exteriores británico en más de cuatro años a Rusia. Había que recalcar el espíritu de liderazgo que la nueva Global Britain post Brexit quiere tener ahora en el tablero geopolítico ante las tensiones con el Kremlin. Pero, ante todo, quería potenciar su perfil como posible nueva líder del Partido Conservador. Con el puesto de Boris Johnson cada vez más cuestionado por el escándalo del Partygate, los candidatos favoritos para sucederle no dan ahora puntada sin hilo.

Foto: Liz Truss en 2020. (EFE/Neil Hall)

En este contexto, la reunión con su homólogo ruso, Sergey Lavrov, se presentaba como la mejor plataforma para su particular campaña interna. Pero la visita ha sido un auténtico fracaso. Truss quería replicar el mítico viaje Thatcher a Moscú en 1987, en plena Guerra Fría, pero ha acabado convertida en un meme.

El veterano ministro de Exteriores ruso (71 años), conocido como 'Mr. No' por su duro carácter negociador y su propensión a utilizar el veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la ridiculizaba a ojos de toda la comunidad internacional asegurando que no había venido “preparada” y que la reunión había sido pura “comedia” porque no había servido de nada. “Básicamente, ha sido como hablar con un sordomudo”, dijo.

De pie junto a ella en una gélida conferencia de prensa conjunta el pasado jueves, el ruso cuestionó por qué Truss había ido a Moscú si no tenía nada más que agregar a las declaraciones ya hechas previamente amenazando con sanciones. “Es como si nos oyéramos, pero no nos escucháramos. Nuestras explicaciones detalladas han caído en terreno no preparado”, añadió. La británica replicó que “no se había quedado muda” y que había “presentado el punto de vista del Reino Unido sobre la situación actual y el hecho de que, además de tratar de disuadir a Rusia de una invasión a Ucrania, también estaba muy decidida a seguir con la vía diplomática”.

Con el foco internacional puesto en Moscú, todo el mundo pudo ser testigo de la humillación diplomática a la que fue sometida Truss. De puertas adentro, las cosas no parece que fueran mejor. Al parecer, Lavrov dejó a Truss como una inculta al traer a colación la soberanía de las regiones rusas de Voronezh y Rostov, en la frontera con Ucrania, donde el Kremlin tiene presencia militar.

“Usted reconoce la soberanía de Rusia sobre las regiones de Rostov y Voronezh, ¿no es así?”, preguntó el ruso. La británica respondió que “el Reino Unido nunca reconocerá la soberanía de Rusia sobre estas regiones”; a lo que Deborah Bonnert, la embajadora británica, tuvo que intervenir de inmediato para explicar que las regiones en cuestión estaban en Rusia, y no son las disputadas en Ucrania, según relata el rotativo ruso Kommersant citando a dos fuentes diplomáticas no identificadas. Una fuente del Foreign Office justifica ahora que “todo fue un malentendido”.

La semana pasada, Moscú ya se burló de Truss al confundir el mar Negro con el Báltico. “Si alguien necesita que lo salven de algo, es el mundo, de la estupidez e ignorancia de los políticos anglosajones”, recalcó ácidamente Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Exteriores.

'Troleo' a Occidente

Lo de Truss es ya parte de un patrón en el que siguen cayendo diplomáticos y mandatarios occidentales. El eurodiputado polaco Radek Sikorski, presidente de la delegación UE-EEUU en el Parlamento Europeo, tuiteó que “podría ser bastante útil para los políticos occidentales hacer esos peregrinajes a Moscú y ser humillados allí. Solo entonces se podrán hacer una idea de a lo que nos hemos estado enfrentando en Europa Central durante 300 años”.

En definitiva, en uno de los momentos más tensos desde la Guerra Fría, Truss —que aspiraba afianzar su imagen tanto dentro como fuera de sus filas— ha sido ridiculizada en todos los ámbitos. Los rusos la han presentado como una política sin preparación y sin conocimiento geográfico del terreno. Y los británicos consideran que tan solo fue a la Plaza Roja a lucir palmito con un 'outfit' de sombrero de piel y abrigo idéntico al que se plantó la exprimera ministra en los 80. “Ha sido como una alfombra roja de 'photoshoot' pagada por los contribuyentes”, apuntaba The Times.

En Reino Unido, la imagen ha protagonizado todo tipo de memes en redes sociales. Y en Rusia también fue motivo de mofa. “Salió a dar un paseo por Moscú nada más bajarse del avión. ¿O tal vez salió a lucir su sombrero? Gracias a Dios, no se llevó una balalaika [instrumento típico] ni un samovar [vasija para calentar el té]”, recalcó en tono irónico el presentador de 60 Minutos, el principal programa de noticias de la televisión estatal rusa, haciendo referencia también a la poco oportuna temperatura relativamente templada de esos días en Moscú para el grueso abrigo y gorro de Truss.

El empeño de la ministra por emular a Thatcher llega ya, según sus críticos, a un nivel histriónico. El pasado mes de noviembre, en su viaje a Estonia, se subió a un tanque, recreando una de las fotos más icónicas de la que fuera 'premier' británica cuando visitó la entonces Alemania Occidental en 1986. Y es tan solo una de tantas.

Aunque tampoco se puede decir que a Boris Johnson le hayan ido mejor las cosas esta semana. El mismo jueves, protagonizaba un viaje a Bruselas y Polonia para reforzar el papel del Reino Unido en la OTAN y mostrarse como un actor principal en la defensa de Europa. Pero ni aun así podía librarse de la polémica del Partygate.

En Londres, el ex primer ministro conservador John Major, quien nunca ha mostrado especial simpatía por el actual inquilino de Downing Street, atacaba a su colega 'tory' por haber erosionado la imagen pública del Ejecutivo con sus “desvergonzadas excusas”. Señaló que Johnson había enviado regularmente a sus ministros a “defender lo indefendible”, considerando la verdad como “opcional” y que estaba empañando gravemente la reputación del Reino Unido en el extranjero con una “diplomacia de megáfono” de estilo populista.

“Eso ha hecho que se perciba al Gobierno con sospecha de manera colectiva”, lamentó en su discurso en el reputado think tank, Institute for Government. “Las mentiras descaradas generan desprecio”, apuntó.

En plena tensión militar en la frontera con Ucrania; los líderes de Europa, Estados Unidos y la OTAN llevan semana intercambiando llamadas, reuniones y mensajes públicos con Rusia. Todos coinciden en mantener abiertas las vías de la diplomacia hacia la desescalada, pero a veces pareciera que Moscú está 'troleando' a la diplomacia occidental. El Kremlin tiene muchas tablas negociadoras, como demuestra la memorable encerrona al jefe de la diplomacia europea Josep Borrell con los políticos del 'procés', y mucha imaginación, como se vio con la ridícula mesa en la que Vladímir Putin recibió al presidente francés Emmanuel Macron. Ahora le ha tocado el turno a Liz Truss, ministra de Exteriores británica, quien visitó Moscú esta semana buscando emular a Margaret Thatcher y acabó convertida en un meme.

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