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La maldición de las estepas salvajes: ¿por qué es tan fácil invadir Ucrania?
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El corredor de las invasiones

La maldición de las estepas salvajes: ¿por qué es tan fácil invadir Ucrania?

¿Qué tiene la geografía de Ucrania para que sea tan vulnerable a invasiones? Excepto los Cárpartos, el resto del país es un corredor de invasiones, un factor que ha moldeado la historia del propio país

Foto: Soldados ucranianos, durante unos recientes ejercicios militares en Prípiat, cerca de Chernóbil. (Reuters/Gleb Garanich)
Soldados ucranianos, durante unos recientes ejercicios militares en Prípiat, cerca de Chernóbil. (Reuters/Gleb Garanich)

Es una época dulce para los analistas militares. El mayor despliegue de efectivos en Europa desde la Guerra Fría les ha dado un altavoz y ellos lo usan para demostrar sus detallados conocimientos sobre los equipos y la composición de las Fuerzas Armadas rusas. Les gusta decir la palabra “táctico”, “batallones tácticos”, y llenar sus artículos de complejas sopas de siglas técnicas. Pero hay elementos que no han cambiado desde hace siglos, como los análisis geográficos de Ucrania. La historia del país más grande de Europa, después de Rusia, ha sido marcada por una geografía relativamente llana, con excepción de los Cárpatos, y vertebrada por ríos navegables. Un paisaje amplio y expuesto a influencias, a invasiones y a posibles invasiones, como si la actual crisis solo fuera el último eslabón de una larga cadena histórica.

El asentamiento de los eslavos orientales, que hoy componen las poblaciones de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, comienza en el norte de este país, en las marismas que se extienden a lo largo del río Prípiat, frontera con Bielorrusia. Más de 100.000 kilómetros cuadrados de bosque y ciénagas. Una zona con cientos de años de historia que tocaron a su fin de manera abrupta en 1986. Lo que no pudieron las sucesivas guerras y ocupaciones, lo pudo el fallo técnico de un reactor nuclear soviético.

Estos humedales han visto desfilar ejércitos de todas las razas y condiciones. Si los eslavos que vivían allí fueron derramándose durante la Alta Edad Media hacia las actuales Polonia, República Checa y Eslovaquia, y posteriormente hacia los Balcanes, fue parcialmente debido a la constante presión militar de los nómadas que venían de Asia. Los hunos, los jázaros, los ostrogodos. Todos ellos marcharon por las llanuras del norte, cercanas al río Prípiat, como también marcharon, 1.000 años después, las tropas de la Wehrmacht en 1941. Una de las tragedias de Ucrania, que ha pasado por manos tártaras, lituanas, polacas y rusas, es su dramática exposición al mundo.

¿'Rasputitsa'? No estamos en 1812

Ahora, Moscú tiene en Bielorrusia, según los cálculos de la OTAN, unos 30.000 efectivos equipados con todo tipo de armas de última generación: desde misiles Iskander con capacidad nuclear a sistemas S-400 de misiles antiaéreos y aviones de combate SU-35. Rusia dice que están ahí para unas maniobras militares. Pero, como nos decía Konrad Muzyka, de la consultora de defensa Rochan Consulting, se han traído batallones del Distrito Militar Oriental de Rusia, lo cual es costoso y no tiene sentido para unas simples maniobras que, se supone, son por naturaleza defensivas.

Foto: Tropas rusas durante recientes movimientos militares en la región de Rostov. (Reuters/Sergey Pivovarov)

Las particulares de este terreno, hecho en gran parte de humedales, lo hace sensible a la meteorología. Estados Unidos lleva semanas insistiendo en que Rusia podría lanzar la invasión en torno al 15 de febrero, momento del invierno en que la tierra estará más fría o congelada, lo que permitiría el rápido desplazamiento de toda esa maquinaria hacia el territorio ucraniano. "Sé que [Vladímir Putin] casi está en posición de invadir, dando por hecho que la tierra está congelada por encima de Kiev", dijo el propio presidente de EEUU, Joe Biden. Los análisis de la Casa Blanca han encontrado eco en los análisis de medios como CNN o 'The Washington Post'.

Los comentarios acerca del deshielo de la tierra, evocadores de la 'rasputitsa' rusa que frenó el avance de las columnas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial al generar un mar de lodo, han enarcado las cejas de algunos observadores. “Alguien tiene que decirle [a Joe Biden] que no estamos en 1812 o en 1941”, tuiteó la corresponsal del diario ruso Kommersant Elena Chernenko. “El factor 'rasputitsa' solo parece existir en la Casa Blanca y en la CNN”. Se trata de una medida difícil, sobre todo a la luz de un invierno particularmente suave. Allí donde normalmente, por estas fechas, debería de haber una sólida capa de nieve, hay charcos, placas de hielo o suelos simplemente secos. “¡En esta época teníamos que estar a 10 bajo cero!”, comentaba este miércoles un kievita.

Si los rusos deciden entrar por el norte, desde Bielorrusia, la distancia con la capital de Ucrania es inferior a 100 kilómetros. Según unas filtraciones a diario alemán 'Bild' del pasado diciembre, los rusos habrían llegado a barajar un asedio prolongado a la ciudad de Kiev, al estilo medieval, lo cual no sería fácil. Como señalan expertos militares consultados por 'The Guardian', los puntos estratégicos se encuentran al oeste de Kiev, teóricamente bien defendidos gracias al río Dniéper, y no hay puentes cercanos, al sur de la ciudad, que los rusos puedan dinamitar para hacer un cerco efectivo. El primero está a un centenar de kilómetros.

La incursión por Bielorrusia tendría otro elemento: la contaminación radioactiva de la zona de exclusión de Chernóbil. El experto militar ruso Pavel Felgenhauer dijo al 'Post' que el paso de maquinaria pesada, o los efectos de las detonaciones y los disparos, podrían liberar la partículas nocivas que contiene allí la tierra y dificultar la operación, como ya la complica los abundantes casos de covid entre las tropas.

Foto: Los reservistas ucranianos asisten a un ejercicio militar en un campo de entrenamiento cerca de Kiev, Ucrania. (EFE/EPA/Sergey Dolzhenko)

Las cosas se simplifican a medida que nos desplazamos al este. El terreno se allana y la frontera rusa se acerca. Si uno vive en Járkov, la segunda ciudad ucraniana, los tanques rusos estarían casi a tiro de arcabuz. Solo 40 kilómetros, por el norte, separa Rusia de esta sofisticada ciudad de arquitectura constructivista. Pero aún hay provincias más orientales. El Donbás, que forman Lugansk y Donetsk y que está parcialmente en guerra desde 2014, fue la cuenca minera de la Rusia zarista y luego de la Unión Soviética. Pero su fama de territorio anárquico, indomable, presto a la turbulencia, antecede varios siglos a los tiempos soviéticos.

El llano salvaje

Cuando los territorios de la actual Ucrania fueron dominados primero por los tártaros y luego por la confederación polaco-lituana, algunos de sus habitantes huyeron a las zonas despobladas del este, el llamado “llano salvaje”. Como cuenta Hiroaki Kuromiya en su libro ‘Freedom and Terror in the Donbas: A Ukrainian-Russian Borderland, 1870-1990’, las actuales regiones del este de Ucrania se convirtieron en un imán para refugiados, forajidos, cazarrecompensas y nobles caídos en desgracia. Los elementos más cuestionables de lo que quedaba del reino de Rus se asentaron en la estepa. Los más aguerridos se volvieron cosacos. Una raza de nómadas que montaban sus caballos a pelo, bebían 'horilka' y batallaban indistintamente con amigos y enemigos. Los cosacos defendían a los campesinos de los tártaros, que venían desde Crimea a buscar esclavos que vender al Imperio turco.

Los zares acabaron llegando hasta Crimea, y bautizaron el este de Ucrania como Nueva Rusia. Los cosacos fueron doblegados, pero el “llano salvaje” conservó su espíritu de terquedad y violencia. Cuando los técnicos descubrieron que el carbón en esta zona de Ucrania yacía muy cerca de la superficie, y empezaron a abrir minas y altos hornos, los fugitivos seguían buscando refugio en la estepa. Se disimulaban en el tumulto de las minas, siempre necesitadas de mano de obra. Cuenta Kuromiya que hasta los buscados por la NKVD de Stalin encontraron allí un respiro; se disimulaban entre las caras cubiertas de hollín. Durante la Guerra Civil rusa, el poder en el Donbás cambió de manos 20 veces en tres años. León Trotsky, impresionado, dijo que para viajar al Donbás “hay que llevar una máscara de gas política”.

Foto: Militares ucranianos movilizados ante la amenaza rusa, en el puerto de Mariúpol. (Getty/Martyn Aim)

Las guerras mafiosas de finales de los años 90, los asesinatos, los ajustes de cuentas, y la cultura caudillista y clientelar cristalizada en el imperio de Rinat Ajmétov, el oligarca más poderoso de Ucrania, estuvieron a la altura de la leyenda. La guerra que empezó en 2014, con esos prorrusos vestidos de personajes de 'Mad Max', con chaqueta de cuero negro, pasamontañas y un pedazo de tubería en la mano, tampoco desentona, a su modo y trágicamente, con esta cultura cruda y empecinada.

El problema estratégico, para los rusos, es que la llamada “línea de contacto” entre el Donbás y el resto de Ucrania, el frente de guerra, está relativamente fortificada. Así que es posible que los tanques rueden hacia Mariúpol, la ciudad costera que los ucranianos lograron recuperar a los tres meses de la sublevación prorrusa, y cuyos habitantes han llenado los alrededores de tetrápodos para ralentizar la ofensiva. Otro punto clave del sur es Zaporiyia, donde está una presa enorme que una ambas orillas del Dniéper. El río, que divide Ucrania por la mitad, sería el límite al que llegarían, según los análisis más alarmistas, las tropas rusas.

Además de Donetsk y Lugansk, Odesa vivió episodios de fuerte agitación en 2014. Los combates callejeros acabaron con el incendio de la Casa de los Sindicatos, donde murieron 42 personas, la mayoría activistas prorrusos. Odesa tiene el puerto más importante de Ucrania. Por él entra la mayor parte del petróleo, de las mercancías y de las drogas. Una de las opciones que se rumorean es que Rusia, en caso de lanzar un ataque ambicioso, trataría de cortar a Ucrania el acceso al Mar Negro.

Según el Gobierno de Ucrania, Rusia ha situado en Crimea 10.000 soldados extra y los ha colocado en el máximo nivel de alerta. Una razón práctica de la posible invasión es que Crimea, al depender tradicionalmente del agua que le suministra la Ucrania continental, está padeciendo graves sequías. Conectarla con Rusia por tierra sería uno de los potenciales objetivos militares de Moscú. El Estrecho de Kerch, que divide el mar Negro del mar de Azov, es otro de los nudos estratégicos.

Avanzando un poco más, siguiendo las agujas del reloj, pasando Odesa, llegamos al enclave de Transnistria. Una región separatista de Moldavia en la que Rusia, que la controla de facto desde 1992, tiene tropas desplegadas. Tropas que ahora mismo están haciendo maniobras militares, completando la pinza sobre Ucrania, cuya geografía continúa siendo uno de sus rasgos más distintivos y trágicos.

Es una época dulce para los analistas militares. El mayor despliegue de efectivos en Europa desde la Guerra Fría les ha dado un altavoz y ellos lo usan para demostrar sus detallados conocimientos sobre los equipos y la composición de las Fuerzas Armadas rusas. Les gusta decir la palabra “táctico”, “batallones tácticos”, y llenar sus artículos de complejas sopas de siglas técnicas. Pero hay elementos que no han cambiado desde hace siglos, como los análisis geográficos de Ucrania. La historia del país más grande de Europa, después de Rusia, ha sido marcada por una geografía relativamente llana, con excepción de los Cárpatos, y vertebrada por ríos navegables. Un paisaje amplio y expuesto a influencias, a invasiones y a posibles invasiones, como si la actual crisis solo fuera el último eslabón de una larga cadena histórica.

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