Biden promete "una nueva era de diplomacia" en la ONU, pero pocos se fían de EEUU
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¿La vuelta del Tío Sam?

Biden promete "una nueva era de diplomacia" en la ONU, pero pocos se fían de EEUU

Biden ha loado el multilateralismo durante su primer discurso frente a la Asamblea de las Naciones Unidas. Los hechos consumados de las últimas semanas lo ponen en entredicho

Foto: Joe Biden, durante la Asamblea de Naciones Unidas. (EFE)
Joe Biden, durante la Asamblea de Naciones Unidas. (EFE)

Sus edificantes palabras resonaron sobre el escenario de mármol verde, importado de Suecia, del que está hecha la tribuna de la Asamblea General de Naciones Unidas. En el contexto del 76 aniversario de esta cumbre, que acaba de comenzar en Nueva York, el presidente estadounidense, Joe Biden, apostó por la democracia y la diplomacia como pilares de las relaciones internacionales. El final de 20 años de guerra en Oriente Medio, dijo Biden, ofrece la oportunidad de emplear una “diplomacia incansable”, dejar atrás el arisco nacionalismo de Donald Trump y hacer que el 'sheriff' benévolo vuelva a patrullar las tierras y los mares de la ciudad global.

“Es una verdad fundamental del siglo XXI que, dentro de cada uno de nuestros países, y como comunidad global, nuestro éxito está ligado al éxito de otros. Para cumplir con nuestro propio pueblo debemos de involucrarnos profundamente con el resto del mundo”, declaró Biden en su debut presidencial ante la ONU. “Lideraremos en todos los grandes desafíos de nuestro tiempo, desde el covid al clima, la paz y la seguridad, la dignidad humana y los derechos humanos, pero no lo haremos solos”.

Foto: Imagen: Laura Martín.

El demócrata lleva desde el principio de su administración tocando las mismas cuerdas retóricas: el acento en el multilateralismo, la regeneración de alianzas, etc. Pero lo cierto es que, al subir la mañana del martes al estrado verdoso y añejo, había en la audiencia un callo de escepticismo generado por la actitud individualista de la Casa Blanca. Una actitud que contrasta con las continuas ofertas retóricas.

En sus ocho meses de recorrido, la administración Biden ha demostrado poco interés en afrontar los desafíos internacionales con apoyo de la ONU. Cuando volvió a estallar la violencia en la Franja de Gaza, su gobierno bloqueó una llamada oficial del organismo a un alto el fuego entre Israel y Hamás. Este verano, durante la evacuación de Afganistán, Estados Unidos ignoró nuevamente las propuestas que afloraron en el Consejo de Seguridad de la ONU (como establecer una zona segura en torno al aeropuerto de Kabul) y decidió actuar por su cuenta.

El mismo mensaje con distinto collar

Más allá de iniciativas concretas referentes al conflicto de Siria o Tigray, en Etiopía, o las tensiones políticas en Myanmar, y a una actitud más amable y accesible que la practicada por el equipo del anterior presidente, Estados Unidos no parece mostrar un gran interés en forjar consensos. Algo que no es original de esta administración.

“Biden y su círculo íntimo parecen estar contentos de trabajar a través de la ONU y otras instituciones internacionales allí donde es posible”, escribe en 'Politico' Richard Gowan. “Pero, cuando se trata de gestionar grandes asuntos de estado, no se sienten obligados a incluir esas instituciones y a menudo las quieren fuera. El multilateralismo está bien tenerlo, pero no es una necesidad”.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters)

El párrafo anterior se refiere a la actual administración estadounidense, pero se podría cambiar el nombre de Biden por el de Trump, Obama, Bush o Clinton, y el párrafo seguiría teniendo sentido. Cada uno de estos mandatarios tenía las riendas de la primera potencia del mundo. Según su visión, el peso de la púrpura suele requerir acciones confeccionadas en la intimidad de la sala del trono, no en una foro público donde sean examinadas y cuestionadas por otros poderes e intereses.

La negociación en secreto del Aukus, la alianza militar con Reino Unido y Australia, que suspendió un acuerdo de compra de submarinos franceses para hacerse con submarinos nucleares estadounidenses, habría sido la última y más clara señal de esta actitud individualista Washington. Una maniobra que los franceses han calificado de “puñalada en la espalda” y ha provocado su llamada a consulta de los embajadores en Washington y Canberra. Un berrinche que justifican numerosos observadores.

El director de Europe Centre del 'think tank' Atlantic Council, Benjamin Haddad, dijo que perder el contrato de los submarinos era lo menos importante. La verdadera ofensa a Francia fue prescindir totalmente de ella: el único país europeo con la bomba atómica, con silla permanente en el Consejo de Seguridad y con proyección militar en el Indo-Pacífico, que es donde se centran las acciones del Aukus.

Foto: El alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell. (EFE)

“La opinión en París es que EEUU formó una alianza en secreto con dos socios, minando toda la estrategia francesa en el Indo-Pacífico en la última década”, declaró Haddad en su cuenta de Twitter. “Por qué no se incluyó a Francia es inexplicable. En un momento en que la administración insiste en su objetivo de unir a los europeos para enfrentarse a China, Francia es el primer actor europeo en el Indo-Pacífico: conduce patrullas de libertad de la navegación en el Mar de la China Meridional”.

El exdiplomático francés y profesor de resolución de conflictos en la Universidad de Columbia, Jean-Marie Guéhenno, lanzó una flecha al secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken. Dijo que su dominio del francés (Blinken pasó la mayor parte de su infancia en París) era mucho mayor a su conocimiento de cómo piensan los franceses.

¿Una nueva Guerra Fría?

Durante su discurso, Biden también declaró que no quería ver un mundo dividido nuevamente en bloques, una segunda Guerra Fría, en clara referencia a Pekín. Un deseo de multilateralismo que choca con la realidad sobre el terreno de una política de contención cada vez más amplia y articulada. China ha arremetido contra el Aukus, que dividiría el mundo en “bloques excluyentes” ligados por “prejuicios ideológicos”. La propaganda ha llegado a decir que el acuerdo “potencialmente hará a Australia objetivo de un ataque nuclear si estalla una guerra nuclear”.

Aun así, dentro de la ONU, Washington da margen para trabajar. Nada más jurar el cargo, Joe Biden firmó la vuelta al acuerdo climático de París, restableció, en línea con las sensibilidades de la ONU, algunas políticas verdes y dijo que trataría de volver al acuerdo nuclear con Irán. Su administración parece dispuesta a trabajar con la ONU en dos frentes que son de naturaleza estrictamente global y que no muestran una candente, inmediata urgencia geopolítica: la lucha a largo plazo contra el cambio climático y el esfuerzo para distribuir la vacuna por los países en desarrollo.

Foto: Las emisiones de CO2 vuelven a dispararse. (Reuters)

La agenda estadounidense de estos días está completa con una reunión referente al covid y a la necesidad de ampliar las vacunaciones en el mundo, un encuentro con el grupo Quad (India, Australia y Japón), el miércoles, y una reunión sobre el cambio climático que se celebrará el jueves. La visita española, debido a la erupción del volcán en La Palma, ha sido en gran parte cancelada y se reducirá al discurso del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la noche del miércoles.

La púrpura le pesa mucho al emperador Biden. Cuando se trata de decisiones clave, esas palabras bellas se estampan contra la realidad de las decisiones ejecutivas. Estados Unidos, como quizás harían otras grandes potencias en su lugar, no quiere compartir los mandos con una vasta y compleja burocracia internacional.

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