la premier gana una importante batalla

¿Es viable el plan de May? Cómo interpretar el acuerdo sorpresa del Gobierno británico

Contra todo pronóstico, el ejecutivo conservador del Reino Unido ha logrado consensuar su propuesta a Bruselas en un tiempo récord y sin dimisiones. Queda por ver si es aceptable para la UE

Foto: El Gabinete de Ministros británicos durante la reunión con la primera ministra Theresa May en Chequers, el 6 de julio de 2018. (EFE)
El Gabinete de Ministros británicos durante la reunión con la primera ministra Theresa May en Chequers, el 6 de julio de 2018. (EFE)

La premier Theresa May finalmente ha conseguido que su Gabinete llegue a un acuerdo sobre la relación que el Reino Unido tendrá con la UE tras el Brexit. Ha sido necesario esperar más dos años desde que tuviera lugar el histórico referéndum y secuestrar -literalmente- a los 26 miembros del Consejo de Ministros en la casa de campo de Chequers para consensuar la propuesta que se entregará ahora a Bruselas.

El plan apuesta por crear un área de libre comercio para bienes industriales y agrícolas con el bloque, basada en un “reglamento común”. Y aunque cierra la puerta a la libre circulación de personas, tal y como se entiende en la actualidad, se trata de un enfoque muy suave, un Brexit blando, alejado de la ruptura total con el club comunitario que demandaba el ala más euroescéptica del Partido Conservador.

A la llegada a una reunión que se prolongó el viernes durante 12 horas, ministros y secretarios de Estado tuvieron que desprenderse de sus móviles. May no quería ni distracciones ni filtraciones a la Prensa. Y bloqueando la comunicación también se evitaba que los llamados Brexiteers estuvieran en contacto con el núcleo duro del euroescepticismo más recalcitrante, cuyo líder Jacob Rees-Mogg -un tory sin cartera pero con inmenso poder en la formación- había advertido de rebelión si se sobrepasaban algunas líneas rojas. Desde luego que los ánimos en el sector euroescéptico no son los mejores.

De momento, no ha habido dimisiones. Pero el fin de semana es largo y todo puede cambiar el jueves cuando se presenten en profundidad los detalles en el llamado Libro Blanco.

En definitiva, con el acuerdo del Gabinete, la premier ha ganado una importante batalla y no hay que quitarla méritos, teniendo en cuenta que su liderazgo está en permanente escrutinio. Pero ahora queda la gran guerra: el plan debe ser aprobado por todo el Partido Conservador y por Bruselas. En la carta que May ha enviado a todos los diputados tories, de manera estratégica, no se menciona ni el mercado único ni la unión aduanera que se ha comprometido a abandonar después del periodo de transición que terminará en diciembre de 2020.

Por su parte, el negociador de la UE se ha congratulado por el hecho de que, después de tantos meses, la premier no vaya con las manos vacías a la cumbre europea de octubre, donde se debe encontrar solución a la frontera entre la república de Irlanda e Irlanda del Norte, la única física que existirá tras el divorcio. Pero, al mismo tiempo, el galo ha matizado que espera que el plan sea “viable y realista”. Y esta es la gran pregunta: ¿lo es?

La primera ministra Theresa May se dirige a su Gabinete en Chequers, ayer, 6 de julio de 2018. (Reuters)
La primera ministra Theresa May se dirige a su Gabinete en Chequers, ayer, 6 de julio de 2018. (Reuters)

"Armonización" barriendo para casa

May propone que haya una “armonización” con las normas comunitarias sobre el comercio de bienes, que cubran solo las áreas necesarias para garantizar un comercio sin fricciones. En este sentido, se compromete a seguir la legislación de la UE para una gran parte de la economía, incluida la industria y agricultura. Señala en cualquier caso que Westminster tendrá la última palabra sobre cómo estas normas se incorporan en la legislación británica, conservando el derecho a rechazarlas.

Por otra parte, respecto al sector servicios -responsable del 80% de la economía británica-, y aquí se incluye a la City, se plantea una mayor “flexibilidad reglamentaria” y “fuertes acuerdos recíprocos”. En cuanto a la libertad de movimiento, la premier quiere que llegue a su fin “en su forma actual”, aunque abre la puerta a un “marco de movilidad” que garantizará que los ciudadanos británicos y comunitarios puedan continuar viajando y solicitar estudio y trabajo.

Para el acuerdo aduanero, Londres quiere controlar sus propios aranceles y desarrollar una política comercial independiente. Y, por último, respecto a la jurisdicción del Tribunal de Justicia Europeo -uno de los asuntos más delicados para los tories euroescépticos- se quiere poner fin, aunque “tener en cuenta” sus decisiones en ámbitos en los que estén en vigor normas comunitarias.

¿No es esto el llamado “cherry-picking” -el tomar de aquí y de allá para quedarse con lo mejor de ambas esferas- que siempre ha querido evitar Bruselas? La UE además difícilmente aceptará trocear las libertades fundamentales.

En este sentido, Vince Cable, líder de los Liberal Demócratas -partido europeísta que pide una segunda consulta- ha llegado a plantear que los “Brexiteers han podido aceptar la propuesta de su líder estratégicamente sabiendo perfectamente que Bruselas no la va a aceptar para así culpar luego a la UE de que las negociaciones no marchan por su culpa”.

Todo puede pasar. Si en política cada semana es un mundo, con el Brexit cada semana es una eternidad.

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