PUEDE HACER DESCARRILAR LAS NEGOCIACIONES

La UE quiere que Irlanda del Norte esté más cerca de Dublín que de Londres tras el Brexit

La UE lo tiene claro: Reino Unido está apostando por un 'Brexit duro', así que ahora tienen que asumir las consecuencias. Por ejemplo, en lo que respecta a Irlanda del Norte

Foto: Señales del grupo Border Communities Against Brexit en la frontera en la frontera entre County Cavan, Irlanda, y County Fermanagh, en Irlanda del Norte. (Reuters)
Señales del grupo Border Communities Against Brexit en la frontera en la frontera entre County Cavan, Irlanda, y County Fermanagh, en Irlanda del Norte. (Reuters)

La Unión Europea lo tiene claro: Reino Unido decidió poner en marcha el Brexit, y está apostando por una separación “dura”, así que ahora tienen que asumir las consecuencias. Por ejemplo, en lo que respecta a Irlanda del Norte, una cuestión especialmente delicada para los británicos, que amenaza con crear una tormenta capaz de hacer descarrilar las negociaciones.

Bruselas apuesta por que Irlanda del Norte siga en la unión aduanera, incluso cuando el resto del Reino Unido la abandone. La UE quiere evitar a toda costa que el Brexit obligue a levantar una frontera que separe este territorio del resto de la isla de Irlanda. Y así lo ha planteado, negro sobre blanco, en el borrador del Acuerdo de Retirada, es decir, del Brexit. Una idea que ha caído como un jarro de agua fría en Reino Unido.

En realidad la propuesta “no es una sorpresa”, tal y como ha recalcado el negociador comunitario, Michel Barnier. Sigue los planteamientos defendidos desde el principio por los europeos, “que se mantienen solidarios” con Irlanda. Y Dublín quiere evitar a toda costa que el Brexit corte el cordón umbilical asegurado por el Acuerdo de Viernes Santo que puso fin en 1998 al sangriento conflicto de Irlanda del Norte.

Si Irlanda del Norte se mantiene en la Unión Aduanera y el resto de Reino Unido no, tal y como defiende el Gobierno de Theresa May, será necesario que se pongan controles fronterizos en el Mar de Irlanda, a lo que Londres siempre se ha opuesto. Barnier se lava las manos: “Nosotros no hablamos de frontera”, dice. Lo que Bruselas pide a los británicos es que presenten de una vez una propuesta y, por si acaso ésta no funcionara, idear un “plan B”, que huele a control fronterizo.

Los europeos dejan ahora en manos de los británicos encontrar una “solución regulatoria” que evite esa frontera en el Mar de Irlanda, pero a la vez permita a Irlanda del Norte permanecer en la Unión Aduanera. La cuadratura del círculo. Barnier les ha recomendado, no sin ironía, la fórmula que su homólogo británico, David Davis, siempre recetaba a los europeos: “creatividad e imaginación”. Y avisa: su propuesta no es ninguna provocación, va en serio.

Sin acuerdo sobre el periodo de transición

El borrador del Acuerdo de Retirada, que cuenta con 119 páginas y traduce a términos legales los pocos acuerdos políticos que se han sellado hasta ahora, aborda también el periodo de transición que la UE podría conceder a Reino Unido para evitar un Brexit brusco el 29 de marzo de 2019. Un punto en el que “confirmo que, francamente, sigue habiendo divergencias importantes, demasiado importantes”, ha dicho el negociador.

Bruselas exige que los ciudadanos europeos que lleguen a Reino Unido durante la transición tengan plenos derechos y no menos que los que lleguen antes del 29 de marzo de 2019. También que hasta que termine la transición, el 31 de diciembre de 2020 según los europeos, Reino Unido siga aplicando todas las reglas europeas, incluso aquellas nuevas que entren en vigor. Barnier ya ha avisado a los británicos que la transición no es asunto resuelto y que si no se ponen de acuerdo, no se la concederán.

El negociador jefe de la Unión Europea para el Brexit, Michel Barnier, ofrece una rueda de prensa en Bruselas. (EFE)
El negociador jefe de la Unión Europea para el Brexit, Michel Barnier, ofrece una rueda de prensa en Bruselas. (EFE)

Demasiadas cuestiones por resolver sobre el divorcio

Barnier avisa también de que no se ha avanzado en ninguna de las cuestiones del “divorcio” aún pendientes por resolver, como Euroratom, la propiedad intelectual o el acceso a los mercados públicos. Sobre estos dos últimos, dice el negociador, ni siquiera han recibido las posiciones británicas para empezar a negociar.

Además, ha recalcado que el Tribunal de Justicia de la UE tendrá que “jugar un rol en la interpretación y la aplicación del acuerdo de retirada cada vez que se plantee”, una cuestión que crea una gran controversia al otro lado del Canal de la Mancha.

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