entrevista con gwenda blair

La biógrafa de Trump: “No tiene tanto dinero como dice. Derrochó de una forma salvaje”

Gwenda Blair comenzó a entrevistar a Trump en los años ochenta. Ahora describe a un vendedor sin escrúpulos que domina el ruido mediático mientras cambia la cara del Gobierno federal

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump, durante una reunión con miembros del Congreso en la Casa Blanca, en Washington. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump, durante una reunión con miembros del Congreso en la Casa Blanca, en Washington. (Reuters)

¿Cómo piensa Donald Trump? ¿Quién ha sido su inspiración en política? ¿Hasta qué punto sigue una estrategia o toca de oído? Los titulares y escándalos diarios tejen una nube de gritos sobre el presidente de EEUU. Para entender algo mejor su carácter y sus motivaciones, hemos entrevistado a una de las personas que más lo ha estudiado. La escritora y profesora de periodismo en la Universidad de Columbia, Gwenda Blair (Washington DC, 1943), comenzó a entrevistar a Trump en 1988. Durante años trazó sus pasos y los de su familia, y publicó un completo retrato en su libro ‘Los Trump: Tres generaciones de constructores y un presidente’ (1) (Simon & Schuster).

Gwenda Blair describe a un astuto vendedor sin escrúpulos que lleva décadas aplicando las mismas técnicas, los mismos instintos, para alcanzar sus objetivos. Un hombre que domina el ruido mediático al mismo tiempo que cambia, “en silencio, bajo radar”, la cara del Gobierno federal.

PREGUNTA. ¿Está cambiando Donald Trump la presidencia de EEUU?

RESPUESTA. Sí, pero es difícil decir cuál es el mayor cambio. Quizás sea el hecho de que él nos ha revelado cuánto de la presidencia era una cuestión de costumbre, hábito, tradición y confianza. Que no sólo era un trabajo legalmente definido. El presidente tiene un poder del que no éramos conscientes, incluido mentir, no tener que revelar su información financiera y negarse a reconocer la importancia de la verdad o de los hechos. Él nos ha hecho conscientes de ese hueco.

P. ¿Le ha sorprendido algo del comportamiento de Trump como presidente?

R.: No estoy sorprendida. Su manera de hacer negocios durante su carrera ha estado basada en buscar aquello que le diera a él lo máximo posible, y, a la otra parte, lo mínimo. Él ve el mundo de una manera binaria. Toda interacción es transaccional. Hay un ganador y un perdedor. El ganador debe de intentar llevarse lo posible y no tiene ninguna responsabilidad de cuidar del perdedor. Así funcionaba en los negocios y así quiere funcionar en la Casa Blanca.

P. A lo largo de su vida ha sido flexible en cuestiones como el aborto, la sanidad o incluso la inmigración. ¿Tiene alguna ideología base, que se haya mantenido estable?

R. Su ideología es él mismo y aquello que lo beneficia. Eso que has mencionado, el aborto, la inmigración... Realmente no tiene principios al respecto. Él busca lo que le beneficia a él, como he dicho. En palabras de Chuck Schumer, el líder de la minoría demócrata en el Senado, esta característica hace que negociar con él sea como negociar con gelatina: está en movimiento constante, de acuerdo a lo que él sienta que le beneficie en cada momento. En los negocios solía ser una forma útil de funcionar; en la presidencia es diferente.

P. ¿Quién es su inspiración en política? Algunas personas han sido muy cercanas a él, por ejemplo Roy Cohn (abogado y mano derecha del senador Joseph McCarthy en la “caza de brujas”), el asesor republicano Roger Stone, o su propio padre. ¿Quiénes son sus modelos?

R. Las personas que has mencionado no son necesariamente políticos, pero fueron figuras muy influyentes en él. Su padre y Roy Cohn, ambos eran tipos muy, muy duros, sin escrúpulos. La medida de lo que haces es hasta qué punto puedes salirte con la tuya, por ejemplo con el abuso. El abuso funciona. La mayoría de la gente cede. Si coges aquello que alguien te ha lanzado y lo devuelves diez veces más fuerte, funciona. Casi siempre.

Su ideología es él mismo y aquello que lo beneficia. El aborto, la inmigración... realmente no tiene principios al respecto

La tercera persona que añadiría, por supuesto, es el Dr. Norman Vincent Peale, un predicador que escribió un libro titulado 'El Poder del Pensamiento Positivo', que fue un enorme éxito en Estados Unidos cuando Donald Trump era joven y que influyó mucho a sus padres. El libro predicaba el evangelio de insistir en tu propio éxito, no pensar nunca en fracasar, agarrarse a la imagen de uno mismo como alguien exitoso, no claudicar, y Donald Trump es el ejemplo vivo de esa forma de pensar. Haga lo que haga, es un éxito. Eso requerirá replantear las cosas, mover la portería, como se suele decir... Da igual. Hay que seguir diciendo que es un éxito y hacer que sea un éxito. Fracasar, nunca.

P. Desde que empezó a entrevistar a Donald Trump en los años ochenta, ¿ha cambiado o evolucionado en algo?

R. Siempre ha sido un vendedor. Es difícil dar con una palabra para describirlo, pero ciertamente la candidata sería “vendedor”. Lo que significa que siempre está mirando al mercado, al cliente, más recientemente al votante. Qué quiere escuchar esa persona, y le dice a ese “blanco” lo que quiere escuchar. Es muy, muy bueno en eso. No en cuál es la verdad o cuáles son los hechos. Eso no es lo mismo. Dice a la gente lo que esta quiere oír y, como él ha dicho a menudo, ¡funciona! Comprarán tu producto, apostarán en tu casino, te votarán. Esa es la conexión. Es un tipo de conversación diferente a la de los medios tradicionales, donde los lectores buscan los hechos, la verdad. Él no da eso, él da otra cosa.

P. Donald Trump ha sido muy subestimado, sobre todo al principio de la campaña. Cuando muchos medios lo trataron como a un bufón que duraría dos semanas, ¿cuál fue su reacción? ¿Cómo se lo tomó usted?

R. No creo que haya ninguna duda de que él fue subestimado. En junio de 2015 se anunció diciendo que México está mandando criminales y violadores a través de la frontera. Y esa fue su apertura de campaña y el inicio de venderse a sí mismo a su blanco: la gente que siente que la globalización no ha funcionado para ella, que está fuera de lugar y que se pregunta quién tiene la culpa. Y ahí llegó él con su bandeja de plata y los inmigrantes en ella. Y dijo: estos tienen la culpa. Y yo lo voy a arreglar. Se estaba vendiendo a sí mismo como el tipo al mando. Y siguió haciendo eso durante la campaña.

P. La mayoría de medios tradicionales regalaron a Trump sus portadas y espacios de máxima audiencia, ¿qué papel jugaron en su ascenso?

R. Igual que su padre, él es muy astuto y conoce la manera en que funcionan las cosas; no cómo funcionan teóricamente, sino cómo funcionan de verdad. Se aprovechó del sistema de bancarrotas, se aprovechó de los medios de comunicación y ahora podríamos decir que se está aprovechando de la Casa Blanca. Él entiende dónde están los resortes, las palancas.

Respecto a los medios, él habla el lenguaje de la televisión, el lenguaje de la CNN, Fox News: un lenguaje de cortes de voz, frases incompletas, no mucho vocabulario, muchas acusaciones, haciendo siempre algo inesperado, tuiteando. Es muy fluido en ese lenguaje y las televisiones no tenían otra forma de lidiar con eso que no fuera cubriéndolo. Y la prensa tradicional quedó fuera de juego, porque habla un lenguaje diferente: frases completas, causa y efecto, hechos, transparencia. Ese no es el lenguaje de Donald Trump.

P. Usted ha dicho que Hillary Clinton es una lectora y Donald Trump un televidente. Una manera de explicar cómo interactuaron con el público.

R. Absolutamente. Ella es una lectora, Barack Obama es un lector, personas que se leen informes larguísimos cada noche, con datos, para tomar decisiones racionales e informadas con mucha ayuda de expertos. Saben que no lo saben todo y que necesitan asesoría. Trump no parte de ahí. Él confía en su instinto y considera que puede tomar decisiones sin problema, y esa es la forma en la que se ha presentado, y lo que ciertas audiencias quieren escuchar: que no necesitan a un puñado de expertos que les digan qué hacer y que ellos mismos son capaces de decidir. Donald Trump les habla directamente a ellos. Podéis confiar en mí porque no tengo a toda esa gente diciéndome qué hacer. Hay mucha gente que quiere oír eso: que Washington está corrupto y lleno de esnobs que nos miran por encima del hombro. Él dio en el clavo.

P. Los reporteros que destaparon el 'caso Watergate', Bob Woodward y Carl Bernstein han criticado, cito, la “petulancia” y “superioridad moral” de muchos periodistas en su cobertura de Donald Trump. Usted es profesora de periodismo, ¿qué piensa de la cobertura diaria en medios tradicionales como 'The New York Times'?

R. Hay una petulancia inherente a enarbolar los hechos y decir: mira, esto era verdad. No funciona. Porque Trump, en Twitter y en la tele, lleva diez millas de ventaja. Los medios no han encontrado una forma de hablar tan atractiva. Y han caído en una petulancia. Cada vez que se ríen de Trump, eso le ayuda con sus seguidores porque lo ven como si el mundo se riera de ellos. Ha sido un gran problema.

Donald Trump durante su intervención en el evento USA Thank You en Hershey, Pennsylvania. (Reuters)
Donald Trump durante su intervención en el evento USA Thank You en Hershey, Pennsylvania. (Reuters)

P. Hay un debate abierto sobre la salud de la democracia en Estados Unidos. La polarización política está en máximos, la confianza en las instituciones no deja de caer, y Trump ataca a menudo a los medios y se enreda con el poder judicial. ¿Hay un tirano en él?

R. No hay ninguna duda. Algunos dicen, de hecho, que ya ha pasado ese límite. Él cree que debe de ser capaz de decidirlo todo, y se muestra frustrado, o enfadado, cuando hay alguna resistencia. ¿Por qué no podría decidirlo él todo? Lo hizo en los negocios, ¿por qué no también en la Casa Blanca? De hecho, cuando estaba en la carrera presidencial, esa era su propuesta: dirigí un negocio, tuve éxito, voy a usar mi talento para llevar la presidencia de la misma forma. Los votantes dijeron: bien. Lo que no es parte de esta postal es que ser presidente no te da la propiedad del país, sólo te da la ocupación temporal de una oficina en la que hay otros socios iguales, fuerzas iguales.

P. Trump ha sido acusado de ser un misógino, entre otras cosas. Suele responder diciendo que ha contratado muchas veces a mujeres ejecutivas, o arquitectas, como la que construyó la Torre Trump de la Quinta Avenida. ¿Cómo ve a las mujeres?

R. En un sentido más amplio, ha sido acusado de ser un misógino, un racista, un nacionalista... Ciertamente todas estas cosas son parte de lo que vemos, pero estas palabras no son lo suficientemente grandes. La manera de describirlo es como oportunista. Es un oportunista, en cualquier cuestión.

Se aprovechó del sistema de bancarrotas, se aprovechó de los medios y ahora se está aprovechando de la Casa Blanca. Entiende dónde están los resortes, las palancas

Respecto a la misoginia, sí que contrató a mujeres y las colocó en puestos prominentes. A mí me dijo que una mujer tenía que trabajar el doble de duro para demostrar que es buena. Cuando las contrató, ¿reconocía sus habilidades o se aprovechaba de que tenían que trabajar el doble? Quizás las dos cosas.

En sus relaciones personales, ha estado casado con tres modelos. Tres mujeres entrenadas para entrar en una habitación y captar la atención de todo el mundo, cogerle del brazo y respaldar su estatus de macho. Accesorios, creo, para ese papel de macho alfa que él quiere jugar. Quizás sean más que eso, pero así es como él las veía en general.

P. Durante la campaña, un seguidor de Trump me dijo: “Cuando los medios critican a Donald Trump, él solo tiene que responder con dos cosas que la gente respeta: sus edificios y sus hijos. Nadie puede falsear a los hijos”. Los mayores guardan bien la compostura, parecen muy leales a su padre. ¿Cuál ha sido la relación de Donald Trump con sus hijos?

R. Creo que fue un padre ausente la mayor parte del tiempo. Estaba ocupado trabajando; todo va sobre el trabajo y sobre cómo ganar dinero. Presumía de no haber cambiado nunca un pañal. La primera mujer crió mayormente a sus primeros tres hijos; Tiffany, la hija del segundo matrimonio, vive sobre todo en California; él le manda tarjetas, por lo que sabemos de la Convención.

Ese tinglado de que, dado que estos chicos no están en la cárcel, eso dice algo bueno de Donald Trump, ha sido muy exitoso. Él ha instrumentalizado a esos niños. En la Convención Republicana, donde, tradicionalmente, sólo ves al candidato al final, vimos a alguien de apellido Trump cada minuto de cada día. Dando discursos, sobre el escenario; él realmente dominó esos procedimientos. Usó a los hijos para ello. No tengo nada en contra de que no estén en la cárcel, pero ¿por qué tiene eso que probar nada?

P. Se trata de imagen y es algo que por lo visto cala en el votante.

R. Es muy efectivo. Se lo ha vendido a ese hombre que entrevistaste: mis hijos son un éxito, por tanto seré un buen presidente. No hay una conexión lógica. Pero es algo que él ha presentado y ha sido aceptado. Es muy bueno en eso: la gente tiene hijos y es algo con lo que se puede identificar.

P. Me hace pensar en las teorías del lingüista George Lakoff. Él dice que tendemos a ver a los políticos como figuras paternas: la familia como una metáfora de gobernar. También dice que Trump es muy bueno en fijar los términos del debate, en adjudicar marcas efectivas a los adversarios, “Low energy Jeb”, “Lying Ted”, en marketing. No sé si Trump habrá leído a Lakoff, pero parece tener una forma de comunicarse con la parte del ser humano que toma las decisiones, aunque no tenga un aparente sentido lógico.

R. Me sorprendería que hubiese leído a George Lakoff, pero creo que intuitivamente opera de esa manera. Desde el principio, él quería ser famoso: lo dijo explícitamente y entendió el poder de ser famoso. No sólo eso de que te reconozcan por la calle, sino como algo que sería de gran valor. Una serie de habilidades que podrían ser utilizadas. Entendió eso muy pronto y emprendió la construcción de una marca. Algo que no era tan comprendido, esperado y aceptado como es ahora. Luego empezó a insistir en la palabra “éxito” y en la palabra “milmillonario”. Que las asociaran con su marca.

Cuando fue incluido por primera vez en la lista de milmillonarios de 'Forbes', la mayoría de la gente de esa lista sonrió, actuó más o menos modestamente, contenida, dignificada. Él no. Él dijo “Tengo más dinero que eso”, y montó un escándalo. Esa insolencia, esa insistencia en ser exitoso e increíblemente rico, eso lo entendió pronto. En la veintena abrazó la idea de construir esa marca y con el tiempo ya vería de qué le serviría.


P. ¿Sabía que acabaría presentándose a presidente?

R. No de forma literal. Pero es su manera de hacer negocios. Ni siquiera ha sido tan exitoso en los negocios, según estándares ordinarios. Gran parte de ello es exageración. No tiene tanto dinero como dice tener. Derrochó de una manera salvaje, sumó una deuda colosal, pero entendió la manera en que funciona la bancarrota... Que podría usarla para su beneficio. Y de hecho lo hizo cuatro veces. Donald es muy, muy astuto al respecto. La manera en que ha hecho las cosas y la forma en que algo que no ha sido tan exitoso parezca exitoso para la gente que importa. No para todos, sino para la gente que cuenta.

Parte por la cual todo esto funciona, es porque él no está equivocado en todo. En absoluto. Tenía razón en eso de que la globalización no ayudaba a todo el mundo. Que muchos empleos se han perdido como resultado. Que la OTAN necesita algunas reformas. Que muchas cosas no están funcionando de la manera en que deberían. Hay cosas que están basadas en la realidad. No todo es fantasía. En muchos casos está respondiendo a situaciones reales.

P. Ha hecho muchas cosas, construcción, mundo del espectáculo, ahora política. ¿Cree que puede llegar a ser exitoso como presidente?

R. ¿Cómo definimos “éxito”? Si significa no ser expulsado de la presidencia, no creo que sea expulsado de la presidencia. Pero es un listón bajo. Otra medida del éxito sería qué ha conseguido realmente. Pese a todo ese drama, todos los titulares, los tuits, los escándalos y el griterío, muchas cosas están cambiando en el Gobierno federal. Se están implementando muchos, muchos cambios, la mayoría de ellos en silencio, bajo el radar, porque la mayoría de la gente está demasiado ocupada y distraída con sus actuaciones. En todos los niveles de la vida americana hay un tejido de protecciones gubernamentales que está siendo desmantelado. Para hacer un mercado libre empresarial completo.

P. Después de todo es un trabajador duro.

R. Lo es. Si tu trabajo se define por ver la televisión cuatro horas diarias, sí es un trabajador duro. Y eso es lo que él considera su trabajo. Está viendo lo que sus seguidores ven, cómo se forma su manera de ver el mundo; está respondiendo a esa forma de ver el mundo. Y lo está haciendo de forma muy efectiva.

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